Palencia es una emoción:

06 febrero 2016

El carnaval de Carmena

Uno tiene la tentación de decir a los madrileños que allá ellos y que disfruten lo votado, pero luego cae en la cuenta de que no, de que los madrileños no votaron a Carmena, sino que ésta está puesta por la casi desaparecida federación socialista madrileña. Ahora sí: Allá ellos.

La izquierda lleva una enorme ventaja a la derecha, al menos en España. Mientras la derecha está acobardada y escondida, la izquierda, y no hablo de los políticos sino del pueblo, saca pecho y piensa siempre en hacer apostolado, en predicar su teoría incluso entre niños de tres años. Si hablo de la nueva izquierda debo decir además que es revanchista, extremista y leninista. Y chula, como se demuestra en cada comparecencia de Pablo Iglesias. Uno de los aciertos de Iglesias es haber conectado con el chulo sabihondo que todos llevamos dentro. Y haberlo despertado. El eslogan de esta gente es sin duda “¿Quién como yo?”.

A esta nueva izquierda no le sirve nada que no fluya desde el extremismo al radicalismo pasando por el absurdo, sea la cabalgata de reyes, sea el carnaval; ellos son los nuevos profetas divinos que vienen a explicarnos la verdad suprema a los pedestres humanos. Pero no nos engañemos, la verdad suprema son ellos, sus discursos tan floridos casi sobran. No pretenden ganar la sociedad sino educarla, convertirla, dominarla, domarla, gobernarla. Someterla por al arte de la demagogia. La democracia es para ellos un vehículo momentáneo, del que se bajarán cuando proceda; la libertad de expresión es una excusa permanente para evangelizar al pueblo infiel, sea en las televisiones, sea Cortes o en un teatro de títeres.

Todo es para ellos un mitin, nunca desprecian una oportunidad de convertir a los descarriados. Cualquier modo de llevar su mensaje es válido, cualquiera que sea su público es aceptable, nunca se equivocan, su fe en sí mismos es inacabable, son profetas señalados por la mano de Maduro. O Chávez. O Castro. O Evo Morales. O todos ellos más Lenin.

Son personas tan convencidas de poseer la verdad que jamás tolerarán que otro ser humano esté a su altura cultural o dialéctica, por lo tanto como seres altamente cualificados no aceptarán jamás un argumento superior a los suyos, si no encuentran modo de rebatirlo acudirán al “facha, que eres un facha”. Tenemos la izquierda más radicalizada de Europa, no podían presuponer que su obra de ahorcados, monjas o brujas violadas, jueces asesinados iba a molestar a nadie, ni siquiera a niños de seis años. ¿Se imaginan su sorpresa al ver la reacción de los padres de estos niños? ¡Qué fachas todos! ¡Qué franquistas!

Si las cosas van como cabe temerse estos padres y sus hijos son carne de cañón, serán los primeros en ser destinados a los campos de reeducación, donde serán educados en la verdadera fe del pueblo. Y después de treinta años de trabajos forzados serán reinsertados y enterrados. Pero alegrémonos, son nuestros políticos, elegidos libre y democráticamente por el pueblo de Madrid y, luego sí, aupados por el PSOE.

Han hecho de promocionar lo vergonzoso su modo de vida; de lo ruin, su prédica; de su altanería, ejemplo. Pretenden convertir lo marginal en habitual. Cuando escribo no se saben aún las consecuencias políticas de todo esto, pero la izquierda suele salir inmune de disparates como este, manipular la mente de niños de seis años y orientarla políticamente debiera ser gravísimo. La extrema izquierda tiene bula, cuenta con las simpatías suficientes entre los desesperados causados por la crisis económica que hasta les ríen las gracias.


¿Saben? La reacción final de los padres solo vino después de haber aguantado estoicamente escenas de asesinatos, violencia y abusos. Con niños de tres años delante. ¿No les llama a ustedes la atención tanto aguante paterno? Sólo con la pancarta proetarra el agua desbordó el vaso. A estos les ha puesto Carmona y sus socialistas madrileños, los mismos que quedaron los cuartos en Madrid el pasado 20 de diciembre. A tomar nota.

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