Palencia es una emoción:

05 febrero 2016

Orgullo y amor propio también negocian

Supongo que cada pueblo genera los políticos que le corresponden, semejantes a sus propios ciudadanos, con sus defectos y virtudes. ¿Significa eso que cada pueblo tiene los políticos que se merece? Hitler ascendió democráticamente, recordemos.

¿Nos merecemos los políticos que pretenden gobernarnos? Rajoy, nos ha sacado de una crisis que a punto estuvo de costarnos ser gobernados desde Bruselas, pero ello a costa de grandes desigualdades y sueldos de miseria. Después de permitir por dejadez la corrupción que afecta profundamente a su partido es un estorbo que dificulta la gobernabilidad de España; apartándose, cediendo en sus derechos como cabeza visible del partido más votado, haría un gran favor a España, con otro líder los pactos que nos sacasen de este marasmo serían infinitamente más fáciles. ¿Su amor a España no debería estar por encima de sus intereses particulares o partidistas?

Pablo Iglesias, la estrella ascendente, el maná del que se alimentan cinco millones de votantes, con la prepotencia con la que ningunea al PSOE nos ahonda más en una situación inestable y peligrosa; con su negativa a incluir a Ciudadanos en los pactos (sean de investidura solo o de gobernabilidad)  nos mantiene en una situación tensa y contraria a los intereses del pueblo que solo beneficia al excluyente cabecilla bolivariano. ¿Su amor a la clase obrera a los desheredados no debería llevarle a facilitar la salida de la actual crisis política? ¿Tirará más de su voluntad el deseo egoísta de unas nuevas elecciones?

Pedro Sánchez, el dios terrenal que nos va a sacar de todos los problemas aunque no queramos, incluso contra la voluntad de su propio partido; il capo di tutti capi que se negó a tomar una taza de café con Rajoy al que ha insultado repetidamente, el que ha menospreciado a su propia comisión ejecutiva, ha puesto en peligro su propio partido y puede poner en riesgo a España. Ha puesto sucesivos palos en las ruedas de todo intento negociador… hasta que empezó él mismo a negociar, momento en que, oh, Dios, todo el mundo ha debido rendirle pleitesía. ¿Por qué ese empeño personalísimo contra todos, sus amigos incluidos, en considerarse el único salvador posible de la situación tan comprometida en que estamos? ¿Tanto le cuesta apartarse y aceptar que otras ideas y otras personas de su propio partido también pueden salvar a los parias de la tierra?


Supongo que cada pueblo genera los políticos que le corresponden, semejantes a sus propios ciudadanos, con sus defectos y virtudes. En el momento presente los nuestros anteponen su visión personal, egoísta y egocéntrica a los intereses generales de España. Todos ellos, dominados por su orgullo y su amor propio, se creen únicos, irrepetibles, faros y guías imprescindibles de la política española; todos ellos piensan que sin ellos España está perdida. Malditos sean. 

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