Palencia es una emoción:

28 diciembre 2016

Mi perro y los petardos (*)

Qué tal, señores, cómo están? Espero que la indigestión y la resaca hayan pasado pero el espíritu navideño permanezca todavía. Les confieso que estas fechas dejaron de ser mi época favorita hace mucho tiempo, así que estoy deseando ya que pasen las navidades del año que viene. Más que de fiesta y jolgorio yo soy de contemplar el cielo y gozar de la tranquilidad de Palencia. De contar estrellas, vaya! No, no, mejor de contar nubes, como el inútil aquel de León pero con pragmatismo mezclado con ciertas dosis de poesía.
Fermín

Hoy quiero hablarles de mi amigo Zoilo, pero no puedo hacerlo sin hablarles primero de Fermín. Fermín fue durante quince años mi mejor amigo, mi compañero, mi igual. Mi protector y mi protegido. Era un orgulloso perro de agua, de increíble estampa, de lanas blancas y negras que le daban un aspecto elegante y solemne. Su suficiencia y su seguridad en sí mismo no le impedían ser al mismo tiempo tierno y humilde, reconocerme en una sola vez como su jefe y su criado. Hubo entre nosotros una afinidad, un conocimiento mutuo, un afecto que solo quienes hayan tenido una mascota y la hayan querido igual podrían entender.

Valiente y osado, confiado y seguro, se volvía en cambio un perro asustadizo cuando llegaban los cohetes. San Antolín, Navidad y noche vieja eran para él un suplicio, como para la mayoría de los canes. Resistía los primeros petardos, simplemente estirando el cuello y mostrando sus dientes al invisible enemigo, pero enseguida venía buscando protección y se sentaba no sin cierta altanería entre mis pies. Al cabo de un rato, al cabo de unas caricias, todo se calmaba y se limitaba a arquear las cejas y abrir los ojos cuando el petardo sonaba demasiado cerca.

Fermín me dejó una tarde de lágrimas y angustias y sustituí su hueco por Zoilo. Solo su hueco, jamás su cariño o su recuerdo. Nunca dos perros son iguales, claro, cada uno tiene su personalidad, amén de otras consideraciones inherentes a  la raza, por ejemplo… Zoilo es un beagle dulce, cariñoso, mimoso, increíblemente tierno e increíblemente atemorizado. Pasó a formar parte de mi familia cuando tenía seis meses y desconozco qué le pudo pasar hasta entonces, pero evidentemente le dejó huella. Zoilo es asustadizo, timorato. La antítesis de aquel Fermín que salía a la calle ladrando hasta a las sombras, avisando a sus posibles rivales: “Eh, atentos todos, que llego yo”. Zoilo, en cambio, se mete en el más increíble rincón para pasar desapercibido, antes de salir al parque mira a derecha e izquierda, delante y detrás, olfatea y se asegura bien antes de doblar una esquina.
Zoilo

Yo he tenido con él profundas y serenas charlas para convencerle de que no se debe vivir atemorizado, de que vivir con miedo no es vivir, de que a la vida hay que echarle un par de …guirnaldas inguinales, pero no hay remedio, no encuentro terapia que valga la pena. Él me mira de abajo arriba con cara de “¿Y si soy así, qué le voy a hacer yo?” y va corriendo a esconderse bajo la alfombra.

Estos días son una tortura para Zoilo, como lo fueron para Fermín, como lo son para todos los perros. No comprende de dónde vienen esos intensos ruidos, qué significan, por qué, para qué, de qué son portadores, qué anuncian… Zoilo se aterroriza, como todos los perros en mayor o menor medida, quisiera no salir de su cuna nunca jamás pero tiene que salir dos o tres veces, claro. Y cada salida es una tortura, un intento permanente de fuga, de vuelta atrás, de huida, una vuelta a casa urgente cueste lo que cueste, un sacrificio intolerable. Todos los perros viven estos días con el rabo entre las piernas, temiendo que el cielo se derrumbe sobre sus cabezas, sospechando que esas explosiones tan increíbles no signifiquen alegría sino dolor, destrucción, quién sabe si muerte…

Si este relato mío consiguiera que uno o dos de ustedes se ahorraran los petardos estos días yo me daría por satisfecho y todos los perros de Palencia se lo agradecerían. Sé que para muchos de ustedes un perro es solo un perro, un animal inferior e indigno, pero están equivocados, son seres sensibles y muy dignos, cariñosos, primarios, sí, pero nobles. Estos días están padeciendo un inútil sufrimiento.


Y si ustedes quieren más guerra, en tuiter me tienen a su disposición, @pedrodehoyos se despide hasta la semana que viene, a ver si pasa pronto todo esto.
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(*) Mi artículo semanal en Onda Cero Palencia

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