Palencia es una emoción:

29 marzo 2006

CIUDADANOS CUCHARA, CIUDADANOS OMBLIGO

Ciudadanos cuchara, ciudadanos ombligo
Yo me había hecho propósito de no hablar de la tregua, el cese el fuego o el espérate hasta ver, da igual, de ETA, pero es imprescindible hacerlo porque marca el calendario para los próximos tiempos.
Porque esta tregua traerá también un nuevo impulso a la reforma de las estructuras del Estado por el camino del futuro Estatuto de Autonomía vasco, que sin duda contará con el inestimable apoyo del PS de Euskadi, y por el renacer del plan Ibarretxe. Al Estado no le va a conocer ni los padres constitucionales que le parieron. La segunda Transición, la zapateril, nos va a proporcionar un Estado formado por cuatro naciones: Cataluña, Galicia, Euskadi y España. Mediante negociación entre el Estado y los respectivos gobiernos autonómicos se irán cambiando las relaciones internas de las partes del Estado. Y su funcionamiento. Y su sistema económico y mercantil. Y sus relaciones de poder e influencia en las futuras decisiones.
Y ya de paso esta tregua va a conllevar elecciones adelantadas para que Zapacero pueda recoger los frutos de su política autonómica en Cataluña y Euskadi y seguir saliendo en la tele cuatro años más. Jesús, qué pereza, con la alegría de vivir que transmite cuando habla, que a uno le entran ganas de bailar jotas. ¡Qué marcha¡
Y todo ello sin contar con usted, amable lector. Usted no tendrá nada que decir, a usted le llamarán para que deposite mansamente su voto en las elecciones internas que proceda y punto. Usted será uno más de los ciudadanos cuchara, que ni pinchan ni cortan en esta reforma, usted es un ciudadano castellano, qué mesetario atraso. A usted no le van a reformar el Estatuto, ni le van a nombrar nación, ni siquiera a nivel unipersonal, con lo que a mí me encantaría. Usted es, usted seguirá siendo, un ciudadano de tercera.
El caso es que no pintamos nada, no cuentan con nosotros, somos ciudadanos marginales a pesar de ocupar el centro; somos el ombligo, pero el ombligo ni ve, ni piensa, ni opina, ni toma decisiones. Ni se le informa, simplemente sufre las consecuencias. Ciudadanos cuchara, ciudadanos ombligo. El caso es que Castilla construyó este Estado matricida que fagocita a su anciana progenitora, un Estado que prefiere a aquellos que le niegan, que le presionan, un Estado que reniega de los sumisos y que premia a los rebeldes, como los malos padres.
Detrás de toda la gran reforma del Estado que se va a acometer, que estamos acometiendo, está el PSOE y sus partidos satélites, PS de Catalunya y PS de Euskadi. ¿Cómo va a intervenir el PS de Castilla si Castilla no existe? ¿Por qué existe Cataluña, Euskadi y Galicia pero no existe Castilla? ¿Qué pecado cometimos los castellanos, allá cuando la primera Transición, para no existir?
¿Dónde están, en su defecto, los partidos socialistas de las comunidades castellanas? ¿Por qué callan? ¿Por qué no quieren para nosotros lo que sus colegas vascos o catalanes quieren para sus ciudadanos? ¿Por qué nos tienen adormecidos? ¿Por qué se conforman, por qué no protestan, por qué se esconden? ¿Por qué no opinan, por qué no nos defienden, por qué no tratan de influir en la marcha del Estado?
Qué diferente sería una España en la que hubiese una autonomía castellana fuerte, con capacidad de decidir, de impulsar, de orientar y de influir. Pero la perdimos cuando los inútiles partidos de la transición se rindieron cómodamente ante los partidos nacionalistas periféricos con el único fin de atraerlos hacia las nuevas instituciones, esos mismos partidos que ahora hablan de independizarse, de federalismo asimétrico, o “federalismo embudo” en el que no todas las partes son iguales, que “Cataluña no es como Murcia,” que “Cataluña no es como La Rioja”.
No pintamos nada, somos ciudadanos cuchara, ciudadanos ombligo. Gracias, PSOE de Castilla y León.

23 marzo 2006

POSADERAS MUNICIPALES

Permítanme ser contundente desde la primera línea. Lo de la superioridad ética de la izquierda es un bulo, una leyenda urbana que sólo algunos crédulos aceptan de antemano. Nos lo acaban de demostrar en el pleno municipal del jueves pasado.
Uno, que se sabe en otra trinchera diferente de aquella en la que combaten, casi siempre dialécticamente, izquierdas y derechas, siempre se ha cuestionado cuántos votos más caen en la saca electoral de los partidos de izquierdas procedentes de aquellos votantes que toman esta superioridad como algo incuestionable. Es una inercia que supone muchos votos, de la misma forma que hay muchos votantes que siempre votan al partido ganador o los hay que siempre votan al Gobierno, sean estos últimos, el presunto ganador de unas elecciones y el partido en el poder, los que sean. Claro que en política hay muchas inercias, como la de que sólo la derecha sabe garantizar la unidad de España o que la economía sólo va bien con la derecha. Bulos, a mi parecer, ya digo.
Lo de que la izquierda es necesariamente superior en moral y ética a la derecha debió quedar borrado del acervo cultural español cuando lo de Filesa o lo de Juan Guerra. Como muy tarde. Ciertamente la derecha española ha contribuido generosa e insensatamente a alimentar esta leyenda, bien con corruptelas de todos conocidas (que incluso en estos días están de actualidad) o metiéndonos de hoz y coz en una guerra insensata, injusta y rechazada muy explícitamente por millones y millones de ciudadanos de bien que fueron absurdamente desoídos por el Gobierno. Esa contribución se explica tanto por los innumerables complejos de una derecha incapaz de censurar al franquismo como por la desfachatez de una parte de la izquierda que ve la mota de polvo en el ojo ajeno pero ignora en el propio la viga de las dictaduras de izquierdas, a las que incluso ve con satisfacción.
Pero de corruptelas sabe también suficientemente la izquierda, no sólo por los casos nacionales aludidos más arriba, pues actualmente anda el pobre Tony Blair subiéndose por las paredes porque se acusa a su partido de recibir pagos para la campaña electoral a cambio de títulos de nobleza. Por cierto, la izquierda de Tony Blair entró con suma alegría y desenfado en esa misma “guerra insensata, injusta y rechazada por millones y millones de ciudadanos de bien”.
Aún sin pretender sacar aquel comentario de su original y exacto contexto, y sin acusar de sexismo a nadie, que una concejala socialista hable de las posaderas como parte del debate municipal es tan inadecuado y tan estúpido que parece impropio de esa izquierda culta, tolerante y moderna que algunos nos quieren vender. Que nos querían vender. Que el alcalde de Palencia en vez de dar una larga cambiada salga en defensa de las nalgas socialistas nos demuestra que el descuido va por partidos y que en todas partes cuecen habas.
A mí personalmente me da lo mismo la perenne sonrisa estereotipada del presidente de la F.E.M.P. que la cabeza gacha, la frente arrugada y el rostro hierático de un Eduardo Zaplana que parece a punto de embestir cuando ofrece una rueda de prensa. O lo mismo que el rostro calculador, la mirada fija y la lengua afilada de José Blanco. Todos están convencidos de que la verdad es sólo suya, todos están convencidos de ser la encarnación de la verdad, todos son incapaces de encontrar en el rival nada que no sea perverso, incluidas las posaderas. Unos están convencidos de que la derecha tiene siempre la solución a todos los problemas. Otros, de que la razón es siempre de izquierdas. Sistemáticamente, ambos. Excelente ejemplo de comportamiento cívico.
Puestos a elegir por posaderas yo tengo claro cuáles escogería, aunque preferiría escoger por los ojos, sólo como ejemplo. En cualquier caso mi elección seguiría siendo la misma.

15 marzo 2006

Amistades peligrosas

Cuando me acuerdo de ellos siempre pienso que jamás había conocido una amistad tan intensa, que jamás había visto a dos amigos compartirlo todo durante tanto tiempo. Eran tan inseparables que ver a uno de ellos indicaba que el otro estaba cerca. Emilio siempre pensaba que las grandes amistades como la suya se basan simplemente en compartir pequeñas cosas, las cosas insignificantes de todos los días, que no es necesario realizar ninguna heroicidad para ganarse el cariño del otro, que basta la compañía cotidiana, que basta saber que el otro está ahí por si lo necesitas. Su amistad era de ésas, perenne.

Se conocían y se complementaban perfectamente, lo que les llevaba a quererse y respetarse profundamente. Habían compartido emocionantes partidos de fútbol desde el sofá del salón y nostálgicas puestas del sol desde los tesos que coronaban las bodegas del pueblo. Juntos habían dado largos paseos por el pinar, contemplando durante largas tardes de verano como el Pisuerga se resistía en vano a entregarse al Padre Duero, e incluso habían ido juntos de caza en multitud de ocasiones. La caza, cuánto les gustaba la caza, cuánto les unía la caza. 


Claro que ambos habían tenido sus correrías individuales, pero eran discretos y cuando alguno de los dos tenía alguna aventura amorosa el otro sabía desaparecer sin llamar la atención. Emilio era más abierto a nuevas experiencias, era más independiente y con frecuencia conocía a chicas nuevas que le sorbían el seso durante una temporada. Al cabo de unas semanas todo acababa y los dos amigos reanudaban su relación sin que aparentemente su amistad hubiera sufrido. Hasta que llegó Clara.


Clara significó un antes y un después, fue la primera vez que Emilio se enamoró sinceramente y la primera vez que una chica joven y atractiva le abandonó. No hubo explicaciones, no hubo razones, simplemente Clara se había divertido y con el final del verano se marchó de nuevo a la ciudad y desapareció para siempre. Lo mismo que Emilio había hecho en diferentes ocasiones, sólo que era ahora su corazón el que había quedado roto. Y como tantas otras veces al quedarse solo pensó en su amigo y fue a buscar consuelo en su compañía.


Sabía que no iba a tener que darle explicaciones, no se las iba a pedir. Salieron lentamente del pueblo y caminaron por encima de las bodegas, esperando el momento siempre mágico de la puesta del sol, pero aquella tarde debía ser traicionera y parecía no querer despedirse nunca. Bajaron hasta el Pisuerga y pasearon por el pinar. Siempre juntos, siempre en silencio. Ambos se tumbaron cuan largos eran junto a uno de los pinos más frondosos, se miraron a los ojos durante unos eternos segundos y Emilio acarició la cabeza de su amigo. Se le erizó el vello.


Todo pareció olvidarse cuando comenzó de nuevo la temporada de la caza. La vida feliz comenzaba para ellos con la caza, cómo lo disfrutaban, cómo se felicitaban mutuamente por los éxitos respectivos. Qué unidos se sentían con la caza. Aquello era otro mundo, aquello hacía que el verano de Clara fuese una gota de amargura en un océano de felicidad. Cuando finalizada la jornada ambos volvían a casa se sentían felices, se sabían miembros de un mismo equipo, satisfechos de haber compartido una jornada intensa, repleta de emociones y de triunfos.


Todavía helaba cuando se acabó la temporada. La escarcha resaltaba el camino al pinar, pero a ninguno les importaba, aquél parecía ser otro paseo más, uno de tantos paseos junto al río. Cuando llegaron Emilio se volvió a su amigo y casi sin mirarle le puso una cuerda alrededor del cuello. Él le miró expectante, seguramente se trataría de un nuevo juego y le dejó hacer para saber en qué consistía. Emilio empezó a tirar. Lupo no entendía el juego, aquello le hacía daño, le apretaba el cuello, apenas le dejaba respirar. Intentó reiteradamente buscar el suelo con sus patas traseras, pero lo único que consiguió fue empeorar las cosas. Su mirada se fue nublando lentamente, mientras veía alejarse a su amigo.


Me encontré a Emilio en el bar del pueblo y le pregunté por el perro.
- En el pinar estará, le dejé esta mañana tocando el piano. Ya no me valía pal año que viene.

09 marzo 2006

LA CUADRATURA DEL CÍRCULO FEMENINO

Hablábamos el otro día en la tertulia televisiva del día de la mujer trabajadora. La verdad es que estos temas tan manoseados me fastidian bastante, más que nada porque ya está todo dicho y hay una verdad oficial que suele coincidir con lo que yo creo que es la verdad real, lo que me impide abandonar caminos trillados y demasiado políticamente correctos.
Estoy convencido de que la primera obligación de quien escribe es salirse de lo políticamente correcto e inventar nuevos caminos, por lo que me molesta sobremanera tener que repetir mansamente lo que todo el mundo va diciendo. Bueno, y también me fastidia dar la razón al poder, que también creo firmemente que a toda persona bien nacida le tiene que fastidiar dar la razón al poder.
Me temo que es mucha verdad eso de que la mujer está discriminada en el trabajo por tener la capacidad de embarazarse, que es algo que a lo mejor ya quisiera alguno. Lo de embarazarse, digo, no lo de ser discriminado. En la tertulia fui a añadir algo de que la discriminación no sólo podía venir por nacimientos y bebés, sino que cuántas veces alguna mujer ha renunciado a su carrera profesional por cuidar a los ancianos pero ya no me dio tiempo. A joderse y ser más ágil la próxima vez.
Alguno de mis contertulios decía que lo de las cuotas le parecía mal. A mí también, pero me siento incapaz de cuadrar el círculo de la discriminación cuyo centro es la política de cuotas. Vamos, que no me sé la solución, lo que es absolutamente intrascendente ya que gracias a Dios no estoy en el Gobierno.
La política de cuotas a calderadas que impulsa alguno de los más impresentables ministros es una chorrada que llevaría a que un puesto de trabajo se tuviese que entregar a la segunda persona mejor preparada, si el mejor preparado para ese puesto fuese del sexo ... esto... ¿inapropiado? No, a ver, si fuese del sexo... mayoritario en la empresa. (En este momento resisto la fuerte tentación de escribir una digresión sobre la política de cuotas para personas de sexo ambiguo, ambivalente o multiforme, expresión que tomo de un/a amigo/a mío/a muy machote/a durante los días laborables, pero de sexualidad ubicua durante los fines de semana) Pero la verdad es que no siempre se otorga un puesto de trabajo al más preparado, sino al más barato, es decir al que no se embaraza, al que no tiene que llevar los niños al médico o al que no tiene que dejar una reunión para ir a buscarlos a la salida del colegio.
Esto Jolivuz lo tiene contado en muchas pelis. Me viene a la cabeza una de George Clooney, que hace de periodista de investigación que se quiere llevar al huerto a una señora de coge pan y moja que tiene un hijo, por cuya causa está a punto de perder el trabajo. El Clooney también tiene un hijo, pero no parece que su trabajo peligre, ya ve usté. Al final ella se pone a llorar delante de los jefes y no la despiden. Puro Jolivuz, ya digo. No consigo acordarme del nombre de la peli ni del de la señora, ya lo siento, que estaba muy bien (la señora, no la peli).
Pero lo de las cuotas tampoco me vale, que corremos riesgo de discriminar a alguien para no discriminar a un rival que tenga la suerte de ser del sexo apropiado, que hace años que esto ocurrió en Alemania, donde dos personas de sexo opuesto (y complementario, diría yo) competían en igualdad de méritos para un determinado puesto. El afán de lo políticamente correcto llevó a que, sin deshacer el empate, el trabajo fuese para la señora, como forma de combatir la discriminación femenina. Que pasó a ser discriminación masculina. Por otra parte, lo de poner a señoras por poner... me recuerda a los que las ponen en cueros para anunciar un Citroën, por ejemplo.
Posdata: Señores del Gobierno, menos mal que han rectificado, porque si un día mi hija llega a decirme “Oye, progenitor B, dame la propina” la envuelvo en papel charol y se la envío a ustedes anexada a un correo-e para que la eduquen con cargo a los presupuestos generales del Estado. He dicho.

02 marzo 2006

LOS MÁS GRANDES DECORADOS DEL MUNDO

Soy de pueblo, nací en un pueblo y trabajo en un pueblo. Y si no vivo en un pueblo es porque en su momento no encontré la casa adecuada. Incluso ahora, tantos años después, me gustaría vivir en un pueblo (ofertas, por favor, es en serio) pero no consigo encontrar el lugar adecuado. Me gusta la vida en los pueblos. En los pueblos está la raíz de la vida y el origen de la sociedad.
Pero la despoblación y el envejecimiento se ceban tercamente en el entorno rural. Es una sentencia de muerte a plazos. A plazo fijo. A plazo cerrado. Ahora mismo en la mayoría de los pueblos la vida transcurre repos…., ahora mismo en la mayoría de los pueblos la vida languidece reposadamente, con la indiferencia de quien sabe que nada puede hacer por cambiar su destino. Claudicación. ¡Cuántos de nuestros pueblos no existirán en unos años! ¡Qué será de Villarmentero, de Palacios del Alcor, de Los Llazos, de Rueda de Pisuerga!
Es una pescadilla que se muerde la cola, no hay servicios porque no hay gente y la gente se va porque no hay servicios. Sí, ya, no sólo porque no hay servicios, claro. Quizá porque hemos decidido que necesitamos salir a la calle y ver escaparates, coches zumbando, tomar un café aunque nos cobren un euro cincuenta, quizá porque todos queremos un hospital cerca, claro. Y una comunidad de vecinos con la que discutir.
Preferimos asfalto, plástico y neón y abandonamos retazos de la Historia, castillos, palacios, villas, abadías y ermitas que decaen mortecinamente, grandes obras de la arquitectura civil, militar y religiosa que se convierten en herrumbre dentro de nuestros pueblos. Todavía junto a sus arruinados muros caminan indiferentes aquellas pocas personas que se enfrentan con resignación a la decadencia, la dejadez, la falta de inversiones, de imaginación, de energía y de iniciativa.
Estamos dejando a un lado escenarios centenarios formados por grandiosos ábsides, torreones o capiteles que se mueren de soledad y aburrimiento en nuestros pueblos. Estamos marginando teatros de la Historia, vivimos con indiferencia la presencia de referentes arquitectónicos, pictóricos y escultóricos imprescindibles en la Cultura europea. Cuánta Historia puede contar la abadía de Husillos, cuánta Historia ha corrido bajo las murallas de Astudillo; cuánta Historia se ha escrito en el cerro de San Pelayo.
Y sin embargo qué muertas están las almenas, los atrios, los castros. En los pueblos caminamos junto a ellos, coexistimos indolentemente con sus estructuras legadas por nuestros antepasados que sin embargo no forman parte de nuestra vida cotidiana, como si viviéramos en otra dimensión. Sólo forman parte del pasado, del decorado antañón de nuestros pueblos, han dejado de ser antiguos y sólo son viejos estorbos, a veces parece que ya sólo esperamos su caída, su derrumbe. La poca vida que en los pueblos va quedando pasa al lado, al margen. ¿Por qué las Diputaciones, los Gobiernos autónomos no ayudan a que la vida retorne a sus pasillos, a sus escaleras de caracol, a sus torres del homenaje, a sus salas capitulares? ¿Por qué no hacer que los ciudadanos vivan esos monumentos? ¿Por qué limitarnos a verlos perecer lenta e indiferentemente? Que formen parte activa de nuestros pueblos, de los afanes y quehaceres cotidianos de nuestras gentes, del ocio o del negocio de cada día, ya hemos asistido a demasiados conciertos en las catedrales de Tierra de Campos, muertas el resto del año; recuperémosles para que los ciudadanos sean actores de sus propias existencias, que la vida penetre activa y habitualmente, que tanta magnificencia no se quede en un espléndido decorado inerte, que se impregne de vida, de la vida de nuestros pueblos. Que el patio de armas de los castillos se convierta en el centro del pueblo, que vuelva la vida a tanto conjunto histórico artístico ineficaz, que tanta piedra muerta cobre vida.

De nada, Señor Herrera.

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