Palencia es una emoción:

27 julio 2009

En Cuba no pasa nada.

Tras varios siglos de dictadura, centenares de presos de conciencia y miles de exiliados, en Cuba no pasa nada. Sin novedad en el frente, tonto el que se mueva. O enemigo de la Patria, del Pueblo y de la Revolución. Cuba sigue siendo un referente para la izquierda española que siempre peregrinó en disciplinada masa a dar el abrazo a Fidel como otros aprovechan estos días para dárselo a Santiago en Compostela.

En Cuba no pasa nada y si pasa qué importa y si importa qué pasa. En Cuba no pasa nada, ni el tiempo. Cuando Fidel, porque siete horas de discurso, siete horas de vacío, siete horas de nada, eran lo habitual. No pasaba ni el tiempo. Y cuando Raúl, porque aunque sus peroratas sólo sean de media hora tampoco sirven para nada, no pasa nada en sus discursos, no hay novedad para el cubano. Salir de la isla por medio de una balsa o por medio del matrimonio con un español despreocupado sigue siendo la tónica habitual, no pasa nada nuevo.

Ha hablado Raúl Castro y ha dicho a los cubanos que no pasa nada, que no les va a mejorar las condiciones de vida, que no va a soltar a los presos políticos, que no les va a devolver la libertad a los ciudadanos. Que no pasa nada. Sólo pasa que hay que trabajar más, sudar más, ahorrar más. Que la Patria lo exige, que la Revolución lo demanda y el Pueblo lo necesita.

No pasa nada en Cuba, no hay novedad. La izquierda española sigue en el limbo de la estupidocracia, la misma izquierda que exige al maestro armero que digamos “españoles y españolas” (bueno, no, en realidad la izquierda no exige eso, bastardo nacionalismo españolista, la izquierda lo que pide es “ciudadanos y ciudadanas”), la misma izquierda que demanda el lenguaje políticamente correcto calla comodonamente cuando le conviene. En Cuba nunca pasa nada, en la izquierda española tampoco.

¿Y la derecha? ¿Qué derecha? ¿La que ni se entera, la resignada, la que no sabe, la que se deja regalar trajes y convolutos, la que mira para otro lado? Ah, ésa. Está ocupada buscando un buen abogado.

26 julio 2009

Berlusconiana Italia

De Italia me gusta todo menos il presidente del Consiglio. Berlusconi, vaya. A Berlusconi en cualquier tiempo pasado se le hubiera llamado abiertamente viejo verde, pero como en los tiempos actuales vale todo los italianos van y le votan. O sea, que cómo será la oposición.

Acabo de pasar una semana en Verona. Allí he gozado de lo bueno y de lo malo del país. Es difícil que un país adelantado, culto y económicamente poderoso tenga peores hoteles que Italia, claro que si los llenan todo el año para qué van a gastarse pasta gansa en renovarlos. He estado alojado en el Hotel Mastino durante una semana, qué error. No voy a describir la habitación para ahorrarme el dolor de memoria y una narración innecesaria a los lectores, pero a pesar de ello la ciudad merece la pena. La pena y el calor húmedo que algunos días hemos pasado. Santa Anastasia, il Ponte de Pietra o el río Adige lo merecen todo, lo soporto todo por pasear a la caída del sol por la piazza Bra, por la calle Mazzini o por tomarme una birra en la piazza dell‘Herbe. Para esto último la terraza del Café Coloniale tampoco estaba nada mal, fresca, agradable y bien atendida.

Me gusta un país donde los ciudadanos todavía sonríen y son, hablando en general, educados y respetuosos con los demás. Se vive despacio en una ciudad que es tomada por hordas de turistas ansiosos de tocarle una teta a Julieta, y perdonen el ripio. Colas de pálidos vikingos y de aguerridos mediterráneos esperaban pacientemente turno para sacarse la foto en tal circunstancia. Yo también lo hice, pero los que amamos madrugar nos pasamos las colas por el arco de la inteligencia. Le eché la mano a Julieta a tal parte, pero ni se inmutó, demasiado fría y metálica me pareció la pájara.

La piazza Bra, sempiternamente presidida por L’Arena, está llena de pizzerías y establecimientos del ramo. Yo había escogido ya el año anterior la pizzería Nastro Azzurro, donde con seguridad ofrecen las mejores pizzas e insalatone de toda Italia. Es imposible alabar en pocas palabras las atenciones de los camareros, especialmente de Gianpaolo, cuya profesionalidad, amabilidad y competencia nos hicieron repetir este año. Sin duda alguna la profesión de camarero tiene en Italia unas condiciones que no se dan en España, donde los camareros con frecuencia no son profesionales, sino que ejercen tal tarea siempre “a la espera de que me salga un buen trabajo”. De lo mejor de Verona, Gianpaolo, Nastro Azzurro y sus pizzas.

A Verona fui por segundo año a la temporada de ópera. Para que nadie se llame a engaño diré que de ópera entiendo lo justo. Simplemente hace tres años pasamos por Verona en una excursión “todo incluido” por toda Italia, vimos la piazza Bra un tanto de pasada y quedé enamorado. En el exterior de L’Arena estaban los decorados de alguna ópera que no recuerdo esperando el momento adecuado para ser instalados, supongo. El flechazo me hizo prometer que volvería al año siguiente y eso hice hace doce meses. Fueron mis primeras óperas, quedé impresionado de tanta sublime belleza y he pasado todo este tiempo deseando que volviera el verano para repetir.

He presenciado Turandot, magnífica, magnífica, Carmen, muy inferior a la representación del año pasado, quizá por los efectos de la crisis en el montaje de Franco Zeffirelli, y Aida, sublime, sublime de nuevo. Mi recién surgido amor por la ópera no hace más que aumentar. Con el tiempo aprenderé algo al respecto.

Pero lo más maravilloso ha sido la gente de Verona y el ambiente de alegría y despreocupación con que reciben al visitante. De Italia me gusta todo menos il presidente del Consiglio. Berlusconi, vaya. A Berlusconi en cualquier tiempo pasado se le hubiera llamado abiertamente viejo verde, pero como en los tiempos actuales vale todo los italianos van y le votan. O sea, que cómo será la oposición.

25 julio 2009

España y Contraespaña

Cinco horas de espera en un aeropuerto atestado de gente dan para mucho, la observación de los demás y de sus actitudes enseñan mucho sobre la vida. Mientras espero el vuelo que me traiga de vuelta a mi casa desfilan ante mí todas las Españas posibles. Uno aprende mucho de lo que ve y de lo que tendría que haber visto y no ha visto.

Frente a mí tengo a una pareja que entiendo son parte integrante y satisfecha de la España actual. Son jóvenes y su educación, su aspecto y sus actitudes son manifiestamente mejorables, como las grandes fincas de marquesotes y duquesonas. Se sientan con el culo en el borde del ancho sillón, bien tumbados hacia atrás, con las rodillas bien abiertas y los pies separados. Hablan y mascan chicle, vocean y gesticulan con absoluta indiferencia hacia los demás.

Visten de esa manera especial que denota que “pasan” y que son “pogres”, pantalones anchos y sin forma, casi de aspecto de cazador descuidado, de colores indefinidos por indefinibles. Su camiseta conserva manchas de algunos días, por la parte de atrás de la cintura enseñan sin ningún cuidado las respectivas ropas interiores; los tirantes del sujetador de ella y sus axilas se exhiben impúdica y repetidamente. Sus peinados, el de ella absolutamente abandonado, el de él inexistente, demuestran su atildado abandono, su cuidada afectación en el aspecto; nada es casual, buscan con ello manifestar su estatus “contra”. Contra el sistema, contra los conservadores, contra el capitalismo, contra la sociedad. Contra todo, que pa eso están ellos. No sé si son la España o la contraespaña, no sé si son un retrato fiel de la sociedad que nos acongoja o un esperpento valleinclanesco, el hipercrítico negativo de esa misma fotografía.

No mucho tiempo después el paisaje de la sala de espera cambia, esta pareja de novios en permanente excitación sexual es sustituida por la otra España, igualmente orgullosa de sí misma y satisfecha de haberse conocido. Son dos chavalillas, pongamos que entre dieciséis y dieciocho años, que por nada del mundo intentarían disimular sus orígenes sociales; todo en ellas indica la máxima atención a su aspecto, el cabello exquisitamente limpio, largo y liso; sus camisas luminosas y coloridas sugieren unas trasparencias bajo las que se esconden atractivos tops a juego. Hablan alocadamente, ríen con fuerza de la menor tontería y manifiestan su alegría de vivir de la manera más ruidosa y estridente.

Ya en el avión se sientan detrás de mí; su conversación se vuelve estúpida y molesta; pasa de “lo neurótica de los nervios que se pone mi madre” a “el mogollón que se montó el otro día en casa de Andrés, “saes como e digo”?” A la persona que va conmigo en la fila anterior a la suya le dicen que puede echar hacia atrás la butaca, “que detrás no hay nadie”, lo que me tomo como una indicación de que yo no lo haga, porque detrás si hay alguien. Por cataplines al cabo de un rato lo hago.

Trato de olvidarme y de dormir, para entretenerme me planteo cuántas Españas existen. Una posible respuesta la encuentro cuando esta mañana he salido a comprar el pan. De la Escuela Castilla (un establecimiento de la Junta para la formación y la ocupación del ocio y del tiempo libre) sale un grupo de personas a las que debo ceder el paso en el primer semáforo; son unos quince o veinte jóvenes y niños. Al menos cuatro de ellos van en silla de ruedas, otros cuantos son visiblemente discapacitados mentales. Todos ellos van escoltados y protegidos por cuatro o cinco vigorosos jóvenes que les ayudan a cruzar calles y aceras y se disponen a acompañarlos permanentemente.

Termino sin saber si hay dos Españas, si la del aeropuerto es sólo una, o si España es múltiple y variada como somos cada uno de sus habitantes, ni cuál de todas ellas nos va a herir el corazón. Si tenemos corazón.

16 julio 2009

Zapaterismo. Zapacerismo. Zapacuentismo. Zapasocialismo.

Sería para llenar plazas y calles, sería para marcharse de España y no volver. Sería para llorar. Lo que están haciendo con España. Unos y otros. Todos.

Yo estaba convencido de que a los españoles no nos movía más que el dinero. De que aguantábamos todo a un gobierno sin inmutarnos. Cualquier cosa. Desde apoyar una guerra injusta y cruel sin impresionarnos hasta aprobar cualquier tipo de leyes liberticidas. Que nos quitaran la patria potestad de nuestras hijas, por ejemplo. Todo en silencio, siempre en silencio. Sería para llenar calles y plazas, sería para marcharse de España, sería para llorar. Pero yo sabía que todo lo aguantábamos sin protestar. Por que lo hace el gobierno, caso del silencio doloroso de la mayoría del pueblo cuando la guerra de Irak, o simplemente porque es progre y, no, yo facha, nunca, faltaría más, iba yo a oponerme a eso tan progre.

Yo estaba convencido de que a los españoles no nos movía más que el dinero. De que nada más que por el dinero saldríamos a reclamar al gobierno, de que tocando el dinero se acababa el poder del gobierno o dejaban de ser atractivas las cuestiones progres. Pero estaba equivocado. Sería para llenar plazas y calles, sería para marcharse de España y no volver. Sería para llorar, pero no vamos a hacer nada, ya no nos mueve ni el dinero. Tonto el que se mueva.

El partido socialista nos va a repartir el dinero. El dinero que no tenemos, pero nos lo va a repartir. Nuestro dinero, claro, el de nuestros impuestos. Y le va a dar más dinero a los ricos, nuevo socialismo, dar más al que más tiene. Y el pueblo les va a seguir votando. Ya no nos mueve ni el dinero. Dar más al que más tiene, socialismo de nuevo cuño. Zapaterismo. Zapacerismo. Zapacuentismo. Zapasocialismo.


Pero usted y yo, mis vecinos, sus vecinos, los señores de la cola de la panadería, las cajeras del híper, el barrendero de todas las mañanas nos vamos a aguantar, nos vamos a conformar, lo vamos a tolerar. No, no, no nos moverán. No nos moveremos. Lo aguantamos todo, hasta injusticias que harían levantarse a nuestros abuelos. Que se fastidien los ciudadanos de segunda. Que nos fastidiemos los ciudadanos de segunda. ¿Que no les llega el futuro? Que sigan votando a los mismos. A los mismos que redactan esta ley-trágala, a los mismos ineptos que no saben defender sus posturas contrarias.

Los españoles lo aguantamos todo, aguantamos todos los gobiernos, todas las oposiciones, todas las guerras injustas, las leyes injustas, el injusto pechar. Por el injusto pechar empezó lo de los Comuneros, ay, pero entonces no había fútbol, no había televisión, no existía Operación Triunfo, no había liga en la Sexta, no había Champions en la Cuatro. O en la Dos o en la otra.

Todo en silencio, siempre en silencio. Sería para llenar calles y plazas, sería para marcharse de España, sería para llorar. Ya ni el dinero nos mueve, ya ni la injusticia nos mueve. A no ser que sea la injusticia con los indios Chupinaras, pobricos, en alguna impenetrable y desconocida selva muy lejana. O no, que Irak, en un impenetrable y desconocido desierto, no nos movió. Hasta que los bombazos nos tocaron a nosotros.

Sería para salir a la calle, pero nos perderíamos la telebasura. Sería para llorar, pero si lloramos nos perdemos el capítulo 487 de Escenas de Matrimonio. Sería para marcharse de España, pero nos perderíamos los cinco partidos de la liga que da la Sexta el sábado que viene.

Yo estaba convencido de que a los españoles no nos movía más que el dinero. De que nada más que por el dinero saldríamos a reclamar al gobierno, de que tocando el dinero se acababa el poder del gobierno o dejaban de ser atractivas las cuestiones progres. Pero estaba equivocado. Sería para llenar plazas y calles, sería para marcharse de España y no volver. Sería para llorar, pero no vamos a hacer nada, ya no nos mueve ni el dinero. Tonto el que se mueva. Zapaterismo. Zapacerismo. Zapacuentismo. Zapasocialismo. España.

14 julio 2009

Carta a Risto Mejide

Estimado señor Evaristo, dándome cuenta del alcance que pueden llegar a tener mis palabras, no por mí sino por el periódico que las va a publicar, no puedo más que ser extremadamente cauto en mi expresión y contenido en el verbo; voy a cuidar al máximo mi discurso y cerrar el paso cautamente a todo cuanto en mi interior pugna violentamente por salir al teclado que pasivamente espera mis ideas. Aplicaré el cedazo más fino que encuentre. Aún así, me temo que de mis labios sólo pueden salir palabras de desprecio para usted.

Como quiero ser absolutamente honesto debo aclararle que tengo el honor de no ver, de no haber visto jamás, ninguno de los ¿programas? de televisión en los que usted participa, no por usted sino por buen gusto. Hay cosas que hablan a las claras de los participantes, pero también de los espectadores, yo nunca me quedaría a ver un robo, un ataque a emigrantes o unos insultos en plena calle. Hay programas que son eso, un atentado a la estética, a la ética y a la inteligencia. A la Humanidad. Que yo sepa, informado por la prensa, todos en los que usted participa, o al menos todos a los que yo recuerdo unido su nombre, son de ese tipo.

No quiero quedarme en la crítica a una televisión cromañona, pitecátropa y enana mental, como lamentablemente es buena parte de la que se hace en España. La España televisiva, por activa o por pasiva, es así de burra, atrasada y zarrapastrosa, por eso usted tiene tanto éxito entre los mentecatos, analfabetos y estultos españoles que le siguen babeando indecentemente. No quiero quedarme en una televisión barriobajera hecha por guionistas sin dos dedos de frente para espectadores adocenados, analfabetos e inanes mentales, no. Además quiero señalarle a usted como corresponsable, sólo uno de tantos, no se enorgullezca de ello, del atraso mental del español medio, corresponsable del vacío cerebral, corresponsable de la hediondez intelectual, de la caspa espiritual de media España, de la suciedad animal del televidente medio. No, no, no se lance tan deprisa, al hablar de espiritualidad no estoy hablando de religión, no por ello empiece a insultarme con su florido verbo.

Usted basa su éxito en su personaje televisivo basto, ordinario, despectivo y despreciable; usted está utilizando la cortedad interior del español, su falta de formación, su escasez de cultura, sus limitaciones intelectuales para ganarse el pan, lo que es una forma sumamente deshonesta, barriobajera, andrajosa, indecente, chula, harapienta y zarrapastrosa de poder comer, por muy críticos que sean los tiempos que vivimos. Según leo en la prensa de hoy acaba de insultar, de menospreciar y de ofender en público a una chavalilla menor de edad que quería ser cantante. Delante de toda España.
Es usted el bufón extravagante de una corte de infelices mentecatos atrasados que le cultivan a usted y a otros harapientos mentales como usted. Mentecato. Infeliz. Ignorante. Chulo. Ridículo. Grotesco.

12 julio 2009

Camps, Rajoy y el hartazgo popular

Las revelaciones continúan, la prensa no para en su papel descubridor de entuertos políticos y de nuevo le toca a Camps. De nuevo le toca a El País. Se suman las acusaciones, pasa el tiempo.

Pasa el tiempo, se suman las acusaciones y Camps, Rajoy el PP no mueven un músculo, impasible el ademán. Parece que la cosa no va con ellos, llevamos semanas en la misma situación con un continuo goteo de acusaciones sin que nadie se decida a dar una explicación, aquellos que pueden darla (lo de las anchoas no vale, alcaldesa, es una salida de pata de banco), ni nadie tome una decisión definitiva, aquellos que pueden tomarla.

Pero el goteo se está convirtiendo en diluvio, las concretas acusaciones que hoy se publican exigen una respuesta concreta de los dirigentes valencianos y nacionales del PP. Hay multitud de datos que señalan en una sola dirección, necesitamos una explicación, necesitamos una respuesta, necesitamos la verdad. Y si fuera necesario necesitamos dimisiones. De quien corresponda. A la altura que corresponda.

El PP no está a la altura de las circunstancias y puede que las circunstancias lo dejen a la altura del betún, es una cuestión de bigotes. O de correas, como se quiera. Si hay algún miembro gangrenado lo inteligente es amputar para que el mal no se extienda. Amputar cuanto antes, quizá se esté haciendo tarde y las dimisiones deban alcanzar un nivel superior al que habrían alcanzado hace unos meses.

En cualquier caso la táctica del PP es la más torpe posible, es la perfecta manera de dar la razón a las razones de sus enemigos, la perfecta manera de concentrar todos los focos sobre la inacción, el dontancredismo, el silencio del PP. Lo malo es eso, lo malo no es una mala explicación (bueno, una mala explicación es peor), lo malo es el silencio, que el calla otorga.

Y sí, ya sé que en el otro bando (en España hace tiempo que todo se trata de bandos, qué pena de país) también hay explicaciones que dar. Que se apliquen el mismo cuento antes de que vuelvan a tener el mismo problema. O terminarán siendo todos los mismos.

10 julio 2009

El culo que le gusta a Obama

Leer periódicos, de papel, de los de verdad, de los de siempre, no por Internet, es uno de mis vicios favoritos. Pero como estoy de vacaciones, viva el verano, sólo leo tres periódicos al día. No obstante siempre está Internet al alcance del teclado por si un aquel.

En dos de los tres periódicos que me he llevado hoy al campo aparecía Obama mirándole “el lugar donde la espalda pierde su honorable nombre” a una chavala que seguramente estaba de buen ver y mejor palpar. La mirada no es casual, no es una mirada sin intención, no, no, no. Mister Obama giró medio cuerpo, volvió la cabeza y le echó los ojos encima a la chavala. Ergo Obama es un hombre, sólo un hombre. No sé si confiamos demasiado en él.
Siendo un gesto llamativo el Obama, lo que más me gusta de la foto es la sonrisa irónica de un Sarkozy que ha pillado al americano en el gesto mientras parece pensar “Anda éste, mira en qué está pensando en momentos tan trascendentes como los presentes”. Genial Sarkozy.

09 julio 2009

La encíclica papal, la Conferencia Episcopal y nosotros

Es revitalizante que el Papa haya hablado sobre aspectos sociales de la vida pública. Si todas las críticas que recibe la Iglesia fueran como las que llevo leídas sobre esta encíclica otro gallo le cantaría a los seminarios, otro visión tendrían los ciudadanos, en nuestro caso los ciudadanos españoles, sobre los curas y los obispos, otras cosas serían las misas dominicales.

No es caso excepcional que los papas se pronuncien con su autoridad moral sobre problemas que hemos dado en llamar “sociales” (¿Realmente no lo son todos?), antes al contrario, llevan muchas decenas de años haciéndolo. Sin embargo parece que algunos descubren ahora el Mediterráneo. Carrillo (¡Glup!) dice nada menos que el Papa ha copiado a Marx. ¡A ver si ahora los católicos se van inscribir en masa en el Partido Comunista, como si todavía existieran partidos comunistas por el mundo civilizado! (¿de veras todavía existe el Partido Comunista de España?). Digo el mundo civilizado, Cuba no cuenta. Ni China.

El caso es que la encíclica está ahí, poniendo al Papa en el lugar por donde sangra la sociedad, por donde se duelen los débiles, por donde se lloran las injusticias. Y eso significa que es la hora de los obispos y de los curas, es la hora de las conferencias episcopales, es la hora de que salgan en rueda de prensa a explicarnos detalladamente su contenido, a hacer públicas sus más duras acusaciones. Con inteligencia, con profundidad, con energía. Con la misma inteligencia, profundidad y energía que usan para cargar, justamente, contra las sucesivas leyes de aborto. Queremos oír sus voces en los telediarios, en los boletines informativos, en los titulares de prensa, queremos que se hagan oír por todos quienes prestan oídos a las críticas amargas y atravesadas que no siempre se merecen.

Que salgan los obispos a cantar las cuarenta a quienes hacen del materialismo económico su única razón, a quienes se basan en las leyes del mercado para crear injusticias o agrandarlas, que salgan las conferencias episcopales a criticar con exigencia y firmeza los grandes males de esta sociedad plagada de becerros de oro, que señalen con palabras y gestos a quienes se enriquecen a costa de los EREs, a quienes negocian leyes favorecedoras de injusticias y que pongan nombre a los culpables de tantos desmanes con los que convivimos a veces tan confortablemente, que los abochornen, que expulsen sus mercados de los templos sociales en que les hemos acogido.

Termino, les dejo y me voy a leer lo que al respecto dicen los lectores de Público, anda que no me suelo pegar “jartadas” de risa con lo que sueltan… Si mañana no escribo es que sigo con las mandíbulas desencajadas.

08 julio 2009

El mejor cartel electoral del PSOE

El mejor cartel electoral del PSOE es por ahora Patxi López. Cualquiera que en el espectro ideológico del PP tuviera dudas al respecto del pacto en el País Vasco debería haberlas aclarado ya… a no ser que la nueva oferta del PNV tenga trampa y López se la trague. Por sus declaraciones parece que no.

El mejor cartel electoral del PSOE es el lehendakari que va a limpiar las calles del País Vasco de la propaganda terrorista, no cabe mejor publicidad para el PSOE. No defiendo una política anti Herri Batasuna sin contemplaciones, no. Antes al contrario, hay que tentarse muy bien la ropa al tratar con una corriente de opinión de 180.000 votantes, no se les puede ignorar ni menospreciar. Y sin embargo la política que hasta ahora había llevado acabo el PNV era una política de “sólo contemplaciones y paños calientes” que ya ha demostrado su partidismo contra la democracia. Sin ceder un ápice fuera de la ley, ni por exceso como el GAL, ni por defecto como, en otro sentido, hacía el PNV hay que empezar a conseguir que la Ley impere en Euzkadi.

Limpiar las paredes de las calles y las plazas vascas de ofensas a la democracia, a las víctimas, y de loas al fascismo, al terrorismo como arma política, es una tarea noble para cualquier gobernante. López se la ha propuesto con entereza, sabiéndose respaldado por la ley, por las leyes democráticas y por las más elementales normas de convivencia. Cierto que López fue en su momento defensor de la negociación con los terroristas, como antes lo habían sido muchos otros políticos de derechas y de izquierdas. Fue un intento noble de acabar con ETA por la vía pacífica, un intento que de no haber sido por la cabezonería, el “optimismo antropológico” y el sectarismo de Zapatero tendría que haber acabado al comprobar que el pacifismo de ETA pasaba por robar 500 pistolas en Francia, preparar zulos y poner bombas en la T-4.

Pero el intento fue bueno, tan bueno como los de González y Aznar, y ésa es parte de la legitimidad de Pachi López para desmontar los muros vergonzosos que pueblan Euzkadi. Naturalmente el PNV, el de la oferta democrática actual, ya ha sacado sus pies del tiesto enarbolando la crítica correspondiente. Cualquier cosa antes que permitir que alguien moleste a los que agitan el nogal, no vaya a ser que dejen de caer nueces. Antes defender la autonomía municipal, aunque se use para ir contra la democracia, que facilitar el terreno a los españolistas, PNV en estado puro.

¡Hasta ahí podríamos llegar!

05 julio 2009

Paraíso en el Cerrato

Desde hace muchos años presumo de Palencia y de Castilla en general, siempre he pensado que uno debe sentirse orgulloso de sus raíces, respetarlas y pregonarlas. Quizá por ser del árido Cerrato siempre he sentido una especial predilección por la fresca y quebrada línea de la montaña palentina, allá donde los Picos de Europa abrazan a León, Palencia y Cantabria, rodeándolos de frescor, belleza, arte e historia.
Cada vez que he tenido oportunidad he paseado a mis allegados por Aguilar de Campóo, Cervera de Pisuerga o Velilla del Río Carrión. El nacimiento de los dos ríos palentinos por excelencia ha sido ha sido objeto de numerosos salidas de mis allegados. Según la oportunidad de tiempo y lugar, los numerosos pueblecitos de la carretera de los pantanos unas veces, Valderredible y diversos lugares próximos de Burgos otras, pasaban también a formar parte de las excursiones familiares. Así aunábamos la convivencia, el hermoso paisaje (siempre he dicho que si los Cardaños estuviesen en Suiza nos pelearíamos por ir a esquiar) con el románico y la Historia de la formación de Castilla. (Lo que de paso me sirve para recordar que Brañosera también fue durante un tiempo parte de estas salidas familiares.)

Confundir a Castilla con la meseta es un grave error que supongo deberemos cargar en el debe de la generación del noventa y ocho, a quienes sin embargo tantísimo debemos, pero sin embargo yo mismo estaba cayendo en el error contrario, huía de la estepa árida, del secarral inmenso de Tierra de Campos y de los hermosos y recónditos valles del Cerrato, esa comarca repartida entre Burgos, Valladolid y Palencia. Si me permiten la corrección, Castilla no es sólo montaña, así que quiero ahora compensar, siquiera parcialmente, tal descuido y entonar el correspondiente mea culpa.

Les estoy escribiendo en mi primer día de vacaciones, estoy en pleno campo, en pleno Cerrato, rodeado de árboles, pájaros, trinos y silencio, mucho silencio. Estoy absolutamente solo, que es muy buena manera de estar cuando se ha escogido voluntariamente. Por aquí se partió la clavícula Lance Armstrong, el campeonísmo norteamericano, al caerse de la bici en su participación en la vuelta a Castilla y León. El pueblo en cuyas proximidades me encuentro se llama Antigüedad y a cuatro kilómetros se encuentra la ermita de nuestra Señora de Garón. ¿Si les digo que el lugar es paradisíaco me creen?
Supongo que todo depende de qué entendemos cada uno por paraíso. No, Benidorm no es ningún paraíso. En este momento ni París ni Venecia. El paraíso es esta isla de soledad y silencio, sólo rota por algún camión camino de no se sabe dónde en esta abandonada planicie. Si a ustedes le apetece una paella a la orilla del mar vengan a este lugar a probar unas chuletillas de cordero lechal a la brasa. Lechal, insisto, que ahí está la diferencia. Claro, claro, aquí no hay un alma, ya les he dicho lo solitario del sitio. No hay un bar, ni un restaurante ni un camarero. Se lo tendrían que hacer ustedes solitos, algo así como Ikea en plan gourmet campestre.

Garón es una sombra alfombrada de verde. Acaba de iniciarse julio, es la una de la tarde, los campos deben arder, la ciudad ya estará inflamada y a las cuatro no habrá quien resista sobre aceras y asfalto, pero Garón es una sombra fresca y vivificante cubierta de césped verde brillante. A veinte metros de la mesa desde la que escribo suena un arroyo de cuyas aguas con frecuencia llenan botellas y garrafones lugareños y forasteros. Enormes árboles cubren este espacio, dejándolo permanentemente fresco y lozano, la brisa no cesa en su empeño de ir y venir produciéndome una sonrisa al acordarme de los aires acondicionados de bares y cafeterías. Por un breve instante en mi cabeza se suceden en una mezcolanza imposible el ajetreo urbano (“uno solo, dos con leche, tres tostadas y tres fantas de naranja y una de limón. Oído, cocina”) con el ulular de un búho o una lechuza (mi ignorancia en estos temas es sólo comparable a mi atrevimiento) que es lo único que rompe la monotonía calma y serena que me envuelve.
Garón es una sombra envuelta en las sábanas sedosas del frescor, del silencio y la serenidad y por eso es un paraíso que hay que guardar, como los mandamientos cuando España era católica y no laica, y hacer guardar, como la Constitución, que ése es el miedo que me da, que nos adaptamos a todo con facilidad.

Me dicen que los fines de semana “este lugar se pone a reventar de gente, oigausté, señor”. Que no cuenten conmigo, claro, por aquello del silencio y la soledad, pero que lo disfruten, que sepan gozar de lo que la naturaleza ha dado a esta Castilla mesetaria, olvidada de Dios y de los hombres. Y que el Ayuntamiento sea consciente de lo que tiene y lo cuide con mimo y eficacia, que la molicie y el abandono llegan en cualquier momento.

Termino y me da miedo salir del sombrío, aunque han empezado a surgir algunas nubes, fuera de estas espesas sombras, lejos de estos enormes chopos la temperatura sin duda debe ser elevada ya. Aquí sin embargo la brisa sopla fuerte y sin cesar; mi garganta reclama un sorbo del arroyo que canturrea por aquí. Algún día traeré unas chuletillas para ser hechas a la brasa en cualquiera de los lugares que están convenientemente dispuestos. Aunque con esto de los incendios no sé yo… Preguntaré antes, no se líe la de Guadalajara. Agur.

03 julio 2009

España vergonzosa

Dicen las malas lenguas habituales que de esto entienden que José Bono, supremo califa de las Cortes, ha tenido que emitir una fatwa pidiendo al público visitante de la sede de la soberanía popular que se vista correctamente o al menos que se vista. Siguen diciendo los dobles filos de costumbre que un visitante quiso pasearse por la Casa de la Soberanía Española (ya me gustaría que se llamase así habitualmente) con pantalón corto, chancletas y camiseta de tirantes. Somos gilipollas, qué le vamos a hacer.

Hemos decidido que en España todo vale, algo falló en la conciencia popular cuando la Transición y todos empezamos, por ejemplo, a llamarnos de tú, como si fuésemos amiguetes de toda la vida. Entrábamos a un autobús y saludábamos (en el excepcional caso de que lo hiciéramos) con unos modos de colegueo que hicieron furor entre todos nosotros. Cualquier desconocido tenía derecho a tutearte y como tú no correspondieras de igual manera quedabas inmediatamente tachado de pobre facha imperialista que qué se habrá creído ese gilipollas si todos somos iguales, oyetú.

Y no nos paramos ahí. No sólo todos éramos por real decreto popular exactamente iguales, sino que sin quererlo nos habían igualado por abajo. No éramos todos iguales al catedrático de universidad, sino que todos éramos iguales al bruto del pueblo, catedrático universitario incluido. Que una cosa era ser iguales, que no, oigausté, y otra tener los mismos derechos esenciales, que sí, eso sí.

Y puesto que todos éramos iguales, viva la madre que nos parió, ya todo daba igual. Y empezamos una decadencia de costumbres y maneras que nos ha llevado sin parar a pasearnos por las Cortes como quien va a la charcutería a por cuarto y mitad de jamón de York “que tiene menos colesterol”. Al colegueo con las antiguas autoridades sociales, digamos para simplificar extraordinariamente que me refiero al cura, al maestro y al boticario de antaño, hemos unido la marranería como uso social habitual. ¿Cuántas veces ha visto usted entrevistas a personajes de la farándula (cito expresamente a Miguel Bosé porque me acuerdo perfectamente de la circunstancia, pero como él hay muchos más) en la que el entrevistado aparecía afectadamente descuidado, exhibiendo barba rala de tres días de cuidadoso abandono? Pues causó furor y cundió el ejemplo. Ir limpio y afeitado pasó a mejor vida y la cosa siguió hasta que llevar corbata pareciera fuera de lugar y propio de eclécticos varones, de clasistas burgueses que buscan marcar distancias con el populacho.

Ya nos parece normal entrar en un restaurante y tener que comer al lado de un sudado y malencarado padre de familia de greñas prolongadas hasta los hombros, pantalones por las ingles y camiseta de jugador de baloncesto, que hemos pasado de ser un país de rudos segadores de estepa a excéntricos baloncestistas multimillonarios. Eso sí, sólo si la camiseta es de la NBA y lleva la bandera de los Estados Unidos (“No, la española, no, facha yo no, faltaría más”) y alguna referencia a Los Ángeles o Niu Yor. Esto es un avance social, estoy convencido, que antes la camiseta era una nuestra, cuanto más usada mejor, y ponía “Villarrubia del Páramo. Fiestas de la Virjen. Peña los borrachos”. Falta de ortografía incorporada, por supuesto.

Eso lo da la cultura. Bueno, la incultura, quiero decir. Que en España hemos confundido los derechos con los torcidos, el poder con el querer y el saber con el “lo ha dicho la tele”. Y es que la cultura la impone la Tele, sí, con mayúscula. Lo ha dicho el informe reciente del defensor del menor de la comunidad de Madrid, el poder que tiene la tele. Que es que la tele la educadora de millones de jovencitos que ven con normalidad el sexo intrascendente, el sexo de alumnos y profesores, la faltas de respeto a todo lo que represente poder (padres, ancianos, profesores), la falta de autoridad y la falta de responsabilidad. Porque lo ha dicho la tele. O sea, la superficialidad de la vida, la futilidad de todo lo que no sea egoísmo y “es que yo tengo derecho a”. De “tengo la obligación de” nadie habla.

¿Que por qué mezclo todo esto de la tele con lo anterior? Porque me da la gana, porque es verdad y porque todo ello es consecuencia de una torpérrima evolución social que no se ha detenido ni se va a detener, maldita sea. Sí, ya sé “torpérrima” no existe y además es un término “forgiano”. Sí, pero es clarificador.

Dentro de poco los jueces administrarán justicia en camiseta, los policías irán en chanclas y los maestros darán clase en pantalón corto. Al tiempo.

02 julio 2009

Garoña, antinucleares y nucleares

Yo también he sido antinuclear. A mí a antinuclear no había quien me ganara. ¿Nucleares? No, gracias. Hasta lo pregoné por Munster, en Alemania, en uno de esos viajes por toda Europa que todo joven recién emancipado sueña llevar a cabo sin la ayuda de papá. Bueno, no sé si los jóvenes ahora sueñan con emanciparse o con vivir a costa de papá pero sin las normas de papá, ¡no te jode!

El caso es que yo era tan antinuclear como usted, o más. Con el tiempo me di cuenta de que lo que importa es la realidad. Que las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran. La realidad es la que es, tanto para aceptarla como para combatirla y cambiarla. Así que dejé de ser rojo y progre y me hice pragmático. ¿Queremos aire acondicionado? Energía eléctrica. ¿Queremos frigo, tele, lavavajillas, lavadora, ascensores? Energía eléctrica. ¿Queremos industrias competitivas, que creen puestos de trabajo, que proporcionen riqueza? Energía eléctrica, coño. Perdonen que hable así de mal, pero por una parte es que hoy me he levantado de mal humor y por otra es que acabo de leer en un semanal a dos de mis columnistas favoritos y uno de ellos hablaba –escribía- mal y el otro parecía estar cabreado. De ellos, mis palabras y mis modos.

Que dejé de hacer el chorra cuando descubrí que más valía ser realista y práctico que presumir de “modelno y pogre”. Es síntoma de maduración, creo, que se produjo hace ya años, cuando González, don Felipe, nos bendijo con sus últimos años de trono. El caso es que me cansé de incongruencias y en un desliz sin intención pero continuado me fui convirtiendo en este facha que ustedes llevan leyendo algunos años. Perdónenme.

Perdónenme, repito, pero si necesitamos energía habrá que crearla. Si necesitamos empleos habrá que crearlos, si necesitamos progreso habrá que crearlo. Y si tenemos incongruencias habrá que desecharlas, digo yo, e ir al grano. España siempre ha sido antinuclear, tanto por razones fundadas como por la “modelnez y pogresía” que siempre han vestido mucho a ciertas capas sociales. Pero al mismo tiempo comprábamos a Francia la energía nuclear que necesitábamos y no producíamos, “comiéndonos” además del precio que imponían los gabachos los residuos proporcionales a la energía comprada. Toma energía, toma precios y toma residuos. Residuos nucleares, naturalmente. Pero eso sí, nos hacíamos los despistados, “¿Resíduos nosotros?”, o los castos, “No, nosotros somos totalmente contrarios a la energía nuclear”, o los locos, “Que nosotros no hemos sido, de eso no sabemos na de na, oigausté”.

Eso conlleva una gilipollez nacional supina, que nos la cogíamos con papel de fumar para parecer inmaculados, y un sinvivir contradictorio, comprando la energía (nuclear, naturalmente) que necesitábamos a raudales, pero vistiéndonos cada mañana de antinucleares convencidos. Eso sí, nadie hacía determinadas preguntas políticamente incorrectas: “¿Será buena tanta dependencia energética de un país extranjero? ¿y dónde metemos los residuos nucleares franceses que nos tenemos que comer?”

El caso es que tenemos que escoger entre la modernidad, sin zeta, de las industrias, de los electrodomésticos, de la competitividad, sin zeta, y la pesadez, con zeta, reiterativa del “nucleares, no, gracias”, al mismo tiempo que participamos de la supina memez, con zeta, de ser cómplices del proceso productivo y comercial de las nucleares francesas y enterramos sus “nuestros” desechos radiactivos. Y deberíamos escoger con razones profundas, auténticas y bien calibradas, asesorados por expertos, conociendo las razones en ambos sentidos de técnicos especializados en dichas cuestiones. No deberíamos escoger motivados por razones de apariencia social, no por aparecer “vestidos” con tal o tal otra imagen políticamente correcta. Desde luego, no basta ser “rojo” y presidente del gobierno para tomar una decisión.

Cuando escribo el gobierno está a punto de hacer pública su decisión sobre Garoña, los últimos teletipos hablan de que se va a conceder una prórroga de un par de años (justito para salvar las elecciones próximas) para mientras tanto levantar un parador de turismo (hubo un tiempo que se llamaban “paradores nacionales”, pero eso ya no parece políticamente adecuado). Tengo ganas de que eso ocurra para irme a pasar un fin de semana, algo en mi cuerpo me demanda que un físico nuclear me sirva una cocacola con reverencias, que un técnico en fusión nuclear me haga la habitación o que un ilustre científico me pregunte “¿Nesecita algo más el señor”?

Pero qué gilipollas podemos llegar a ser con tal de ir vestidos políticamente correctos.

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