Palencia es una emoción:

21 mayo 2012

España mísera, segunda parte


¿Y si todo lo que nos pasa en el orden económico tuviese otras raíces ajenas a la incapacidad de nuestros políticos? ¿Y si la decadencia económica de un país que jugaba en la Champions Ligue y ahora está en segunda división no sólo hubiera dependido del desconocimiento en materia económica de quien vio brotes verdes cuando y porque quiso? A un descenso tan profundo y tan vertiginoso sólo se puede llegar si la inmoralidad es aceptada por la mayoría social, si alcanza a todos los órdenes de la vida, si el mal se ha incardinado tan profundamente en la sociedad que ya forma parte intrínseca de ella llegando a todas las capas que la forman.

Solamente cuando la podredura moral es tan profunda que aceptamos la indecencia pública con naturalidad, consintiéndola con apatía, se explica que un país esté regido por personas que hacen de la indecencia matrimonial parte de su vida cotidiana durante décadas; sólo si un país acepta, consiente y calla las ofensas privadas de su máximo dirigente puede entenderse que la descomposición se haga también pública sin que tiemblen los cimientos de la sociedad. Un país que permite sin inmutarse que su primera personalidad mienta y engañe en su vida privada se merece que le mientan y engañen en la vida pública. ¿Cuando esa persona sale públicamente representándonos a todos no cae sobre todos nosotros la sombra de su indignidad? ¿No nos sentimos ofendidos por su libertinaje, no nos afecta a los demás, no nos mancha?

Porque la miseria de España y de los españoles alcanza cotas tan elevadas que el pueblo se encuentra indiferente ante políticos que nos engañan en las cuentas públicas y enmascaran déficits económicos que no deberían haberse producido y que sólo confiesan bajo amenazas de intervención de las cuentas autonómicas por las autoridades del Estado. Sólo miedo al escarnio, a la desautorización pública. Ningún respeto ni consideración con sus jefes: nosotros, los dueños del dinero. ¿Para cuándo se ha fijado la fecha del juicio a esas autoridades nacionales o autonómicas, económicas privadas o públicas, bancarias, sindicales o populares? ¿Para nunca? ¿Se irán con la pasta? ¿Y qué piensan nuestras autoridades? ¿Y no nos importa? ¿Y les dejamos? ¿Y si todo lo que nos pasa en el orden económico tuviese otras raíces ajenas a la incapacidad de nuestros políticos?

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