Palencia es una emoción:

18 mayo 2012

España mísera


Algo hemos hecho mal cuando estamos en una crisis como la presente, en algún punto tomamos sin darnos cuenta el descenso hacia la situación actual. Para llegar a esta grave situación en algún momento debimos darnos cuenta de que la marcha general no era la adecuada. A una crisis económica tan profunda no se llega sin más. No, no es sólo economía.

Antes, mucho antes de caer en las garras de la catástrofe económica nos hemos hundido, y la indiferencia es el grave error, en una crisis ética y moral de dimensiones infinitamente mayores. Sólo desde la atalaya del desprecio generalizado a la ética y a la moral se cae en la podredumbre social que lleva a seis millones de parados. Sólo desde el egoísmo más rabioso se desprecia lo suficiente a los demás como para que alguien encuentre justas las indemnizaciones multimillonarias.

Cuando todo vale, cuando admitimos indiferentes cualquier valor social no se puede acabar en otro estado de cosas. Cuando el gusto cerril del pueblo facilita que las televisiones ganen millones a espuertas con bazofia corrompida es síntoma de enfermedad moral, ética y educativa. Cuando no hay diferencia entre lo honesto y lo desvergonzado o cuando la deshonestidad no avergüenza al deshonesto es hora de plantearse los fundamentos de nuestra vida. Algo ha fallado en la educación del pueblo. La educación no es sólo conocimiento, sino adquisición de valores.

Cuando tanto importa salir a la calle con aspecto de potentado, mientras contar las vacaciones en el Caribe sea imprescindible para la autoestima personal, cuando no importa que para pescar compradores (de colonias, de coches) haya que utilizar señuelos en paños menores, mientras iletrados y catedráticos tengan igual reconocimiento social, cuando se trata con equiparación a maestros y alumnos es que algo hay que corregir en el viaje social.

El enriquecimiento porque sí, a costa de quien sea, a costa de lo que sea, el materialismo por encima de todo y de todos, tan propio de la sociedad capitalista, el desprecio de las emociones y sentimientos, de lo inmaterial, el desdén indiferente hacia todo lo que suponga pasado indica una arraigado error social. A una crisis tan profunda no se llega sin más, no se trata sólo de encontrar una alternativa económica sino ética, fundamentalmente ética. ¡Cuánto tenemos que aprender de culturas "inferiores" a nosotros!

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