Palencia es una emoción:

24 agosto 2013

Cristina Cifuentes y la España bastarda


Hace mucho tiempo que tengo bastante claro que vivimos en un país cainita, malintencionado y rencoroso. De ignorantes, analfabetos sociales, sectarios y rencorosos.  Sí, otra vez "rencoroso". Lo sucedido tras el accidente de Cristina Cifuentes es buena muestra de ello, lo que leo y lo que veo me han animado a interrumpir mis vacaciones y ponerme al teclado.
¡Cuánto odio manifiestan algunas personas a las que Dios ha dotado de dedos para tuitear pero les ha negado la mente para pensar y el corazón para sentir! Y ustedes perdonen que nombre a Dios un tanto sin venir a cuento, lo he hecho adrede, claro. Las manifestaciones desvergonzadas, desproporcionadas y mentecatas sólo hablan de cuánto falla en España el sentido común, el respeto y la claridad de conciencia. Y la Educación, sí, claro, la Educación, con mayúscula.
La alegría que inundaba algunos teclados era sólo comparable a la falta de sanidad mental de muchos ciudadanos; que algunos de ellos fuesen líderes sociales, culturales o incluso políticos de España reincide en lo ya expuesto, nuestras limitaciones en sentido común, humanidad y mente y corazón despejados, si ésos son los que encabezan la sociedad, la cultura o la política en España es porque los demás les hemos dotado de ese estatus. Culpa nuestra, entonces.
Cabe destacar la manifestación de empleados de la sanidad que a las puertas del hotel reclamaban el traslado de Cristina Cifuentes a la sanidad privada; se puede estar absolutamente en desacuerdo con su gestión en Madrid, se debe criticar fuertemente aquello con lo que no se esté de acuerdo pero nunca se debería ca en la astracanada. Los líderes sindicales que lideraron esa manifestación (la redundancia es voluntaria, "líder" es el que va delante, señalando el camino) son enfermos mentales que deberían ser depurados por sus jefes y apartados del puesto: si son capaces de mofarse así de una persona moribunda son incapaces de comprender, gobernar y ayudar al ser humano.
Ni puedo ni quiero olvidarme de Gaspar Llamazares, que aprovechó la grave situación por la que pasaba la víctima para hacer política barriobajera, guerracivilista y tercermundista. Que gente así tenga seguidores nos describe como país políticamente tercermundista, un país de siquiatra.

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