Palencia es una emoción:

03 septiembre 2013

El indecente precio de Bale

Alguien ha sido, disculpen mi ignorancia pero estos personajes me traen al pairo, el que ha dicho que el precio de Bale, esos noventa millones de euros, es una indecencia. Enhiesto sobre mis pequeños tacones me encumbro para sumarme a la idea. Nada hay terrenal que valga noventa millones de euros, y si lo hay es una indecencia, una muestra más de la baja estofa humana, de la baja categoría mental, social y ética de quienes nos representan y se hacen valer por nuestros líderes.
Que por un futbolista, gladiador de los tiempos modernos, se paguen esas disparatadas cantidades es muestra de que somos mentecatos, despectivos y egoístas. Si en una época de escasez, de millones de parados en todo el mundo, de niños malnutridos en Cataluña (y en toda España), se acepta pagar esa desorbitada cantidad es que tenemos muy confusos los conceptos de humanidad, solidaridad y moral. Que a gran cantidad de futbolmaníacos les parezca aceptable explica a la perfección el rumbo que lleva la sociedad. Que el dios-euro todo lo ampare y contemple la posibilidad de aceptar acciones semejantes sin escándalo es una inmoralidad que explica a la perfección que la corrupción se haya instalado en España, explica que los discos duros de Bárcenas se hayan borrado "inocentemente", que los sobresueldos del PP sean legales aunque no sean legítimos y que en Andalucía al PSOE Y UGT les llegue la suciedad, la inmundicia y la cochambre hasta límites incompatibles con la dignidad humana.
Y sí, es cierto, habrá muchos lectores que estarán pensando que igualmente de indecente es el sueldo de Mesi y de Cristiano Ronaldo y de tantos otros que además disponen de gentes a sueldo para crear artificios contables que les permitan ahorrar unos millones de impuestos que repercutirían en beneficio de la sociedad, ancianos, disminuidos y gentes necesitadas. Sí, eso también es una indecencia inexcusable, maldita sea, somos así. La pregunta es cómo nadie hace nada contra inmoralidad tan absoluta... Ah, esperen, se llama libertad, de mercado, creo. Terminaré por militar en el SAT para expropiar clubes de fútbol, en vez de supermercados. ¿Cuántos carritos de la compra harán falta para acarrear esos noventa milloncetes?

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