Palencia es una emoción:

06 septiembre 2013

Vidas trabadas

Esta noche el viento ha cambiado, sopla más fuerte y más cálido que ayer. Del Carrión no viene hoy ningún frescor aunque la fuerte brisa huele a humedad y acarrea noticias de septiembre. Los chopos se cimbrean y parecen inclinarse solemnes y ceremoniosos a nuestro paso. Hasta nosotros sólo llega el apagado rumor de algún coche que quiere devorar la ciudad con sus neumáticos y el canto de un acelerado grillo al que el tiempo se le echa encima.

A la calle le estalló la burbuja inmobiliaria dejando huecos en sus aceras inacabadas, vanos oscuros por los que el otoño quiere colarse en la ciudad. Entre hueco y hueco alguna casa adosada detiene el viento y nos protege. Enormes farolas para gigantes velan el cielo de luz naranja y encubren las estrellas. O tal vez sean negras nubes que pregonan esas lluvias que llamamos mal tiempo pero limpian la ciudad de mal humor.

Esta noche el viento ha cambiado y sopla más fuerte y más cálido que ayer, nuestro paso es más sereno y satisfecho. Acompañamos el silencio de la noche con el nuestro, escoltamos el ritmo de la noche con el nuestro. Llamamos a la noche y viene a recibirnos, llamamos al viento y viene a abrazarnos. Nosotros, despreocupados, le dejamos rular por la siguiente esquina sabiendo que nos esperará un poco más allá.

Nos unen manos que llevan treinta años sin soltarse, arrostrando impávidas éxitos y fracasos, trabajo y hogar, júbilos y desconsuelos, manos juntas que llevan treinta años afrontando la vida sin rebatir sus argumentos, apoyándose la débil en la fuerte, la nerviosa en la serena, la torpe en la hábil, alternándose según el día, según la circunstancia, en mantener el timón, en proteger el rumbo, en sostener a la otra. En quererse y cuidarse. En tenerse.

Algo más allá de las farolas se oye al Carrión protestar. Resuenan contra la noche nuestros desconcertados pasos por el puente, no es el Ponte Pietra ni el Adigio pasa por debajo pero somos nosotros, vemos marchar las aguas y abrirse camino en la negritud. De repente una ventolera algo más agresiva nos recuerda que es septiembre y es Castilla. Camino de vuelta.


El regreso es más noche y más viento y manos entrelazadas. El regreso es una promesa de otros treinta años de manos confabuladas, de vida trabada.

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