Palencia es una emoción:

30 diciembre 2006

A ESTO NOS HA LLEVADO ZAPATHUERO

Hemos perdido el tiempo y el Gobierno no ha sabido comprender e interpretar correctamente los reiterados mensajes de rearme que le enviaba la banda terrorista ETA. Siempre ha habido un empeño gubernamental en forzar los análisis para interpretar estas acciones de la manera más conveniente a sus intereses, recordemos los días que pasaron hasta que se aceptó oficialmente que las 350 pistolas habían sido robadas por la banda criminal.
Yo siempre he defendido que Zapatero estaba haciendo bien en intentar la negociación con ETA, así lo puede leer quien lo desee en otras páginas de este blog. Siempre he defendido que ETA tiene 200.000 colaboradores de la banda que en cada elección le demuestran fielmente su apoyo. Por eso no se puede acabar con ETA como se puede acabar con el GRAPO. Esos 200.000 votantes son potenciales sustitutos de cada etarra encarcelado, ni se puede ganar por goleada a ningún ejército de asesinos terroristas tan numeroso ni hay cárceles tan amplias para tantos miles de terroristas potenciales.
La prueba de todo ello es que los tres últimos presidentes del Gobierno lo han intentado, todos ellos han buscado, si bien de modos distintos y con intensidades diferentes, el final pactado de los asesinatos, de la extorsión y de los secuestros. Zapatero estaba pues en pleno derecho a intentar buscar el bien de España por ese camino. Las urnas iban a dictar con el tiempo el veredicto ajustado a sus esfuerzos, su voluntad su acierto y sus resultados. En ese esfuerzo Zapatero se jugaba mucho, nos lo jugábamos todos y todo indica ahora que lo hemos perdido.
Él, el presidente del Gobierno, ha ofrecido permanentemente una expresión de endeblez que trasmitía indeleblemente la imagen de cesión ante la banda, no ha sabido hacer comprender a los asesinos que todos, hasta ellos mismos, estamos bajo el imperio de la Ley. La sociedad percibía una excesivamente grande disposición del Gobierno a ceder, reinterpretando la Ley a favor de los terroristas. Ahí posiblemente, en la falta aparente de firmeza, en el aire continuo de cesión haya estado parte del problema.
Quizá sus esfuerzos estaban condenados de antemano al fracaso porque ETA no es una asociación de señoritas de beneficencia, pero tanto la labor de sus compañeros del País Vasco (recientemente Ramón Jáuregui pedía un nuevo estatuto que pudiera aceptar Batasuna, lo que era pedir que la ley se adaptara a los deseos de cada ciudadanos y aceptar que con la fuerza se pueden obtener réditos políticos) como las declaraciones faltas de consistencia de diferentes miembros del Gobierno han terminado por dejar crecerse a la banda.
Todavía no ha hablado en público el presidente cuando escribo estas líneas, España ignora su postura oficial, salvo las escuetas manifestaciones de Rubalcaba pero deseo encontrarme un presidente que no minimice de nuevo la situación, que no niegue la realidad de lo sucedido, especialmente grave si como parece debemos poner un muerto más en el haber de ETA.
Esto puede no haber sido más que un envite, quizá un órdago, un puñetazo encima de la mesa de la banda para seguir negociando. Los amarrakos que ha usado han destrozado varias plantas de un moderno aparcamiento y todo apunta a que han matado a una persona. Sospecho que el diálogo, la negociación o como se quiera llamar, continuará dentro de unas semanas, pero confío sinceramente en que mi presidente no se arrugue, no reinterprete la realidad a su gusto y sepa estar en su sitio, en el sitio más importante de España, representándonos a todos y defendiendo los intereses generales.

27 diciembre 2006

LA IGLESIA DEBE SUPRIMIR LA NAVIDAD

La idea no es mía, que la he leído hace unas fechas en “Cartas al Director” de uno de los periódicos nacionales firmada por Berta Ibáñez desde Ávila. Y me pareció esencialmente buena idea puesto que el vínculo entre la actual celebración navideña y la Religión es mera coincidencia, sobre todo si relacionamos los orígenes reales de las celebraciones navideñas con los actuales festejos sociales. Nada más alejado de la realidad original cristiana que los actuales fastos, los excesos absurdos y la vorágine consumista de una sociedad que ha perdido la referencia religiosa de unas fiestas que han quedado en unas grandes celebraciones folclóricas y poco más.
La Navidad es la celebración de un intento inútil de cambiar el mundo, porque la sociedad egocéntrica, egotista y egoísta prefirió escoger como verdadero dios al dinero y no a un Niño nacido en la marginación social. La sociedad laica y hedonista ha fagocitado una fiesta que nació para ser exclusivamente religiosa, pero el capitalismo puede con todo y hemos perdido el objetivo primitivo, desvirtuando unos sucesos esencialmente religiosos y revolucionarios (Así les fue a los primeros cristianos), convirtiéndolos en pólvora mojada, desproveyéndoles de su sentido natural, de solidaridad, de justicia, de salvación, trasladando la alegría íntima que ello debía producirnos a pantagruélicos gastos de millones de euros, que viajan despreocupadamente de bolsillo en bolsillo sin aparentemente detenerse nunca.
¿Dónde está el espíritu cristiano, no ya navideño, de una sociedad laica, mal que nos pese a algunos, que durante estos días ha puesto su objetivo en comer mucho y bien, en vestir caro y elegante y en autocomplacerse con enormes dispendios mientras a su lado la injusticia que aquel Niño vino a corregir florece con energía primaveral? Y todo ello tiene lugar ante la presencia de unas autoridades eclesiásticas que deberían esforzarse inteligentemente en desengancharse de una sociedad que previamente se ha desenganchado de ellas, La Iglesia debe desconectarse contundentemente de quien de ella se ha desconectado tan zafia y groseramente.
Seamos sinceros, se trata de tener fiesta porque sí, sin importarnos el motivo. A los ciudadanos, a una inmensa mayoría de ciudadanos, el impulso (¿o el pretexto?) religioso le trae sin cuidado, sólo importa que al día siguiente podamos contar en la oficina lo bien que lo hemos pasado, dónde hemos cenado y bailado y con quién, cuándo y dónde nos hemos ido a la cama. Ah, y lo muchísimo que nos ha costado todo eso. Todo lo demás sobra. Es una fiesta pagana, una fiesta porque sí, porque nos apetece sin más.
En la actualidad la sociedad carece de motivos festivo-filosóficos que excedan de lo buena que estaba aquella chavala del cotillón. ¿Lo demás qué importa en una sociedad tan radical e intolerante que llega a arrojar a la basura los “belenes” que elaboran los niños en la escuela?Si el día 25 de diciembre fuese un día de trabajo, puesto que la Iglesia no facilitaría a los sindicatos la excusa religiosa, la Navidad sería una celebración sincera, pura y profunda, sin mezcolanzas folclóricas populares. Sólo lo celebrarían cristianos convencidos y comprometidos, que harían un hueco en su horario laboral para cumplir las obligaciones adquiridas con... su propio espíritu. Además ahorraríamos millones de euros en estúpidos gastos de iluminación de nuestras laicas avenidas y plazas, contribuyendo de esta forma a un mundo menos contaminado. La Iglesia marcaría así una envidiable distancia con un mundo con el que no puede estar más en desacuerdo, al menos si, insisto, nos fijamos en la Iglesia primigenia, la original, la de Cristo y los primeros cristianos.

26 diciembre 2006

SÍ, HABÍA QUE HABLAR CON ETA

Sí, estoy convencido de que la idea de Zapatero de hablar con ETA es buena, hasta el momento escogido fue bueno. Débil cansada y a punto de la derrota, ETA estaba en las condiciones adecuadas para sentarse a negociar, para que la sentaran a negociar. Claro que hay que hablar con los repugnantes asesinos de ETA, aunque sólo sea porque no son el GRAPO, porque detrás de ellos hay 200.000 ciudadanos que colaboran con la banda en cada elección. ETA por sí sola no es un problema, como no lo es el GRAPO, al menos de la misma magnitud, el problema está en los casi doscientos mil votos que los apoyan. La prueba de que con ETA hay que hablar, digo hablar, es que los tres últimos presidentes del Gobierno lo han hecho uno tras otro.
Pero con ETA no se puede estar hablando todo el tiempo que los terroristas quieran, no se puede hablar indefinidamente. Esta situación tiene un costo para la Democracia y un desgaste para los gobiernos. Sí, ya sé que las negociaciones han de ser necesariamente prolongadas por su propia naturaleza secreta y delicada, pero no pueden durar todo el tiempo que los asesinos necesiten para descansar, reagruparse o rearmarse. Ni se pueden mantener negociaciones, contactos, conversaciones o llámenlo como quieran mientras envían cartas de extorsión, roban cientos de armas, mientras vigilan polvorines y almacenan explosivos, mientras revientan cajeros e incendian autobuses, mientras llenan de zulos los montes. Mientras siguen con su actividad habitual, su actividad terrorista.
No puede haber conversiones de paz mientras se roban armas y se construyen zulos y se atacan autobuses y cajeros y oficinas de correos. Las paces siempre se han negociado en situaciones de absoluta tregua. El Gobierno debe hacer saber a los terroristas y a sus enviados que en estas condiciones no hay proceso de paz (por cierto... ¿paz de qué guerra? ¡Qué insensatez!), porque estas condiciones no son las que aprobó el Parlamento. Y no debe tardar más, las conversiones deben empezar a dar algún fruto que llevarnos a los titulares o se debe acabar con ellas. No se puede prolongar indefinidamente la actual situación de violencia de la que ETA saca partido para presionar al Gobierno, para acosar a la Democracia, ése no puede ser el camino a la paz. El Gobierno debe mantenerse fuerte y no debe ceder en algo que es esencial, el respeto a la ley y a las condiciones aprobadas por las Cortes.El Gobierno apostó fuerte para solucionar el principal problema de España, como era su obligación, la obligación de todos los gobiernos. La idea era buena y Zapatero no quiso esconderse, ofreciéndose de frente para acabar con el terrorismo, exactamente igual que sus antecesores. Si concluye con éxito su tarea y alcanza una solución justa, legal y adecuada, los españoles se lo premiarán prolongando su estancia en el Palacio de la Moncloa. Pero las cosas no apuntan a un buen camino, y si todo esto termina en nuevas bombas, nuevos secuestros y asesinatos, si todo vuelve por donde solía, habremos perdido el tiempo, puede que la dignidad, y los ciudadanos, que exigen cuentas cada cuatro años, estarán en el derecho y la obligación de pedirle a Zapatero que abandone la residencia oficial. Ésa es la fuerza actual de ETA.
En las actuales condiciones el Gobierno debe enviar una señal clara, perfectamente legible, visible y audible de que no hay nada de qué hablar, nada de qué negociar. Lo contrario es ceder. Porque todo indica que ETA se está rearmando, se está preparando para volver a las andadas, a sus andadas.
¿O sólo está enviando al gobierno una señal perfectamente legible, visible y audible?

23 diciembre 2006

UN COBERTIZO CORONADO DE CARÁMBANOS

Aquella cruda tarde de principios de invierno Fermín empezó a dar señales de impaciencia antes de lo que venía siendo habitual. Solía bastarle con dos salidas al día, pero cuando el frío arreciaba, como aquellos días, yo tendía a acortar sus paseos ¡Con lo calentito que se estaba en casa! Ahora que ya ha pasado todo pienso que sin duda el paseo de aquella mañana debió ser demasiado breve y de ahí, su impaciencia.

Ya había anochecido, tan temprano como anochece en diciembre, tan sorprendentemente temprano que parece que nunca es del todo de día. La fuerte helada y una densa niebla que no había llegado a levantar habían metamorfoseado el paisaje, formando a mi alrededor imágenes fantasmales e irreconocibles, de modo que las proximidades de mi propia casa me resultaban casi ajenas. Alguien, con paso rápido, cruzó junto a mí, ofreciéndome un saludo helado y una estela de vaho. Creo que todo empezó poco después, cuando de pronto, a lo lejos, se oyeron carreras. Fermín, seguramente llevado por su instinto, dio un brusco tirón, escapándoseme sin que yo pudiera evitarlo y alejándose a gran velocidad.

Le llamé y le silbé, pero desapareció por la primera esquina arrastrando la correa. Siempre había sido un perro bonachón y obediente, pero por más que insistí no aparecía. ¡Con aquel frío! Eché a correr guiándome torpemente por sus ladridos. La ciudad y las luces acababan allí, el resto era sombra helada y Fermín seguía corriendo.

Cuando le perdí por completo me encontré en un descampado batido por el frío y la oscuridad. Empezaba a sentirme desorientado cuando le volví a oír. Corrí hacia él y de pronto me vi ante un cobertizo coronado de carámbanos en el que sin duda alguien se había guarecido para pasar la noche. Una joven pareja se acurrucaba en un rincón tratando de proporcionar algo de calor a un Niño moreno y con ojos profundos y somnolientos.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. No sabía dónde me encontraba ni cómo había pasado, pero enseguida supe con Quién estaba. Fermín me miraba con esa mirada fija, expectante, inquisitiva, que tantas veces antes, en circunstancias tan distintas, yo había contemplado. Sabía que me estaba diciendo “Vamos, venga, haz algo, ¿no ves que tienen frío?” Pero yo no podía moverme, había clavado mis ojos en el Divino Niño y me sentía figura de arcilla, anclado al suelo, incapaz de dar un paso o tomar una sola decisión. Sólo el castañeteo de mis dientes me hacía sentir vivo.

Reaccionó él antes que yo. Lamió los divinos pies y se frotó contra ellos, acurrucándose encima. Pero eso servía de poco. Sé que lo que hizo después no tiene explicación racional, lo sé, el lector tiene total libertad para creerme o dejar de leer, pero también sé que fue él quien, con su lastimero ladrido, convocó allí a todos los animales de las proximidades. Bueyes y vacas, mulas y ovejas, dos pequeñas cabritillas y uno de los pocos lobos que van quedando acudieron a su llamada para dar calor al Niño-Dios. Entre todos le rodearon, entre todos avivaron aquella inhóspita estancia, convirtiendo el áspero cobertizo en celestial receptáculo.

Bajó un buey su aliento al divino rostro y lo exhaló sin ruido, y sus ojos fueron tiernos, como llenos de rocío. Fermín, inquieto, frotaba de vez en cuando su vellón suavísimo contra la dulce carita y, moviendo satisfecho su rabito, se paseaba entre los animales, como pasando revista, deseando, orgulloso, retener para siempre en su retina aquel mágico momento. El Niño... yo diría que le guiñó un ojo, que le dio una galleta, que le llamó por su nombre, que le rascó el lomo. Yo diría que le dio las gracias.

Puede que sólo fuera un sueño, puede que fuese efecto del intenso frío o de la espesa niebla, pero les aseguro que yo lo vi. El cobertizo..., sigue ahí, donde siempre había estado. Y su entrada está llena de huellas de animales. Incluidas las de un lobo.


* Basado en “Romance del establo de Belén”, de Gabriela Mistral.

CUENTO, BASTANTE IMPOSIBLE, DE NAVIDAD

Tengo que escribir un artículo sobre la Navidad. Es la época, toca. Pero tengo que encontrar una idea nueva, distinta. Por lo general, la idea de Navidad va asociada a otras más ajadas, más manidas, y que ya no sirven. Abandono el ordenador y trato de pensar.
¿Pero es que no se ha escrito ya todo sobre Navidad? Vienen a mi memoria viejos libros, recuerdo viejas estampas de las que siempre decimos que son nuevas... ¡Cuántas cosas viejas recuerdo! No es ese el camino, por ahí no puede ir mi artículo sobre la Navidad.
Intento distraerme, pensar cómo pasarán la Navidad personas distintas; personas que no tengan nada en común, que no se hayan visto nunca, personas que aunque hablaran el mismo idioma no lograran comprenderse. Llevamos dos mil años pensando en los mismos protagonistas..., ya está bien, hay que buscar nuevos actores.
Por ejemplo, Marisa, aunque a sus clientes siempre les dice que se llama Jenny. Ni la conozco ni sé si existe, pero seguro que existe. Malvive en cualquier callejuela, oscura seguramente, con olor a orines. Ella, Jenny, huele a perfume barato, parecido. Un día su señor padre la puso de patitas en la calle. No importa la razón, la echó. Para subsistir Jenny vende lo que tiene. Y lo vende bien. Bueno, bonito y barato. Es 24 de Diciembre y Jenny bebe en cualquier mugriento bar. Jenny está desesperada. Jenny no llora para que no se le corra el rimel. Jenny clava sus uñas en el vaso de güisqui. El vaso estalla. Jenny sangra. Jenny llora.
Dicen que en Belén nevaba la noche del 24, por lo menos haría frío. ¿Y la Navidad en África? En Somalia, por ejemplo. Hay gentes famélicas, niños panzudos, hombres que limpian su fusil. Salen, entran, corren y disparan. Pero no han puesto el Nacimiento, ni veo por ningún lado los tres Reyes Magos. ¡Ah!, es que no son cristianos, para ellos el 24 es un día más, un buen día para morir si la causa es buena. Y mueren.
Mientras echo una mano al Matías con el árbol, no puedo evitar que entre tanto la imaginación se me escape con Jenny. Ya no sangra. Está en casa. Se mira al espejo. Vive bien. En Somalia ha caído un niño más. Gana buen dinero, tiene buena clientela. Es un piso bonito. Debe ser feliz, pero está llorando. A lo peor sólo necesita que alguien se le acerque ofreciéndole amor, en lugar de exigírselo. A lo peor.
Obligo a mi imaginación, decididamente la historia de Jenny no sirve como artículo de Navidad. Quizá lo de Somalia, pero no creo. Demasiada muerte y destrucción, y ésta es una fecha de turrón y felicidad, de anuncios de colonia con la familia reunida ante la tele.
¡Condenado artículo! Sólo necesito una idea que me permita hablar de la Navidad sin caer en los tópicos al uso. Creo que Jenny terminará por suicidarse.
Tengo que encontrar una historia creíble, de nuestros días, de nuestra sociedad. Me acuerdo de Don Luis, tal vez me sirva su historia, no sé.
Jenny se sienta frente al espejo. Don Luis va a pasar las fiestas con su familia. Vendrán las niñas con sus maridos. Don Luis cerró ayer un magnífico negocio. Jenny se sube la manga. Con una comisioncilla muy interesante. Le va a permitir engordar un poco más su cuenta corriente. Sus cuentas corrientes. Jenny duda. Pero antes de la cena Don Luis va a arreglar un último asunto, venga, Ramírez, me paga usted los cienmil y en paz.
Y Ramírez dice que no puede, que por favor, que si unas semanas más, que si patatín, Jenny se decide, que si patatán...
Mire, Ramírez, ya le he dado demasiado tiempo, arrégleselas como pueda, lo necesito antes de fin de mes, si no...
Don Luis va por el champán. Jenny tiembla. En Somalia luchan. Don Luis descorcha. Jenny pincha. En Somalia disparan. Don Luis sirve. Jenny se inyecta. Somalia estalla. Don Luis levanta la copa. Jenny tira la jeringuilla. En Somalia mueren. Don Luis se pone en pie. Jenny cae al suelo. En Somalia lloran...
Bueno, lo dejo por imposible. No escribiré ningún artículo sobre Navidad. Trataba de escribir saliéndome de las viejas ideas, pero no he encontrado más que ideas absurdas, sin relación alguna con las fechas tan jubilosas que conmemora la cristiandad toda.

21 diciembre 2006

POR FAVOR, NO ME ENVÍEN SMS

Sí, ya sé que ustedes van a decir que me he puesto ñoño y melancólico, y también que me estoy haciendo mayor. Más mayor. Pero es que desde hace unos años se está desarrollando en mí un rechazo a las fiestas navideñas, pido perdón.
Cuando llegan estas fechas me vienen a la cabeza momentos de mi infancia, santa infancia ya tan lejana, y la comparación es más odiosa que nunca. Melancólico y ñoño, ya digo. Cuando yo era niño la Navidad era una celebración social y costumbrista, como ahora, pero también y sobre todo, íntima y familiar al mismo tiempo. Había para su celebración una causa próxima a los sentimientos más nobles del ser humano que nos impelía a reunirnos, a estar alegres y satisfechos dentro de la precariedad de aquella época y satisfacer a los demás, causa de la que ahora a veces se prescinde.
La Navidad era entonces un regocijo íntimo que se celebraba en familia, nunca empezaba antes de que los niños de San Ildefonso dieran la señal de partida con su salmodia habitual. Su monótona letanía burlaba puertas y ventanas y llegaba hasta las calles heladas por las que transitábamos camino de la escuela. Sólo entonces empezaba aquella Navidad que todos llevábamos esperando tanto tiempo, sobrecogidos por la emoción y misterio que la envolvía.
Hoy en cambio, época de prisas y ansiedad, la Navidad empieza cuando le da la gana al Corte Inglés y generalmente suele ser una larga etapa que va desde que acaban los “ocho días de oro” hasta que empieza la “quincena fantástica”. Yo ya he visto colocar los adornos urbanos de mi ciudad a 31 de octubre. El acto familiar más importante de la Navidad actual es acudir en masa el domingo por la mañana al hipermercado, zapatos de tacón y chándal de firma por delante, a llenar el carrito. De lo que sea. Cueste lo que cueste.
Consumir frente a vivir, ésa es la diferencia. Antes vivíamos la Navidad, en singular y con mayúscula. Ahora consumismos las navidades, plural y minúscula. Las consumimos. Hemos pasado de una sociedad ingenua en la que cualquier pequeña novedad provocaba general satisfacción a otra permanentemente insatisfecha aunque deje vacíos los hipermercados, y en ese ¿avance? hemos ido desprendiéndonos estúpida y banalmente de algunas de tradiciones y sentimientos que venían siendo usuales, sustituyéndolos por otras costumbres extranjerizantes y en buena parte laicistas, para estar en consonancia con los tiempos zapateriles. ¿Por qué todo lo extranjero tendrá entre nosotros ese predicamento? ¿Por qué las canciones, los relojes, los electrodomésticos, las modas y todas las cosas importadas nos gustan más que las nuestras? ¿Por qué esa rendición incondicional ante todo lo que viene de fuera?
¿Por qué no nos bastan nuestras tradiciones? ¿Por qué necesitamos colgar de nuestros balcones ese horrible hombre del saco vestido para llamar la atención, ese espantajo con pinta de Papá Noel enano que más parece sanguinolento piojo reventón? ¿Por qué parece que nos ha invadido una horrorosa plaga de papanoeles de trapo dispuestos a escalar todos los edificios de la ciudad? ¿Por qué necesitamos llenar de horteras luces multicolores las fachadas, ventanas y balcones de nuestras casas particulares? ¿Quién ha convocado esta competición de vulgaridad, mal gusto y ordinariez? ¿Qué necesitamos demostrar a quién? ¿Por qué?
Y la última moda salida de la estupidez colectiva, esa nueva tontuna social que consiste en enviar miles de SMS navideños y de fin de año con el único afán de descubrir quién es el más ingenioso de la clase, el que inventa la consonancia más tosca y provoca las mayores risotadas de la pachanga familiar. Cuando se acercan estas fechas los dueños de las empresas telefónicas deben frotarse las manos con la chocarrería colectiva, millones de SMS que pueblan el éter yendo y viniendo de teléfono en teléfono sin parar, reclamando nuestra atención entre sobresalto y sobresalto, con estúpidas rimas incongruentes, con deseos artificiales, con buenas intenciones de cartón piedra.
Por favor, que no, que no me anden enviando SMS, ya ven que estoy ñoño y melancólico. Ya vale.

20 diciembre 2006

¿QUIÉN SE HA EQUIVOCADO, ESPAÑA O AZNAR?

Esta semana hemos tenido nuevos penosos ejemplos de la clase de grotescos políticos que padecemos. ¿Cómo puede aspirar a dirigir un gobierno, una provincia o un pueblo quien ni siquiera sabe dirigirse a sí mismo? ¿Cómo puede darnos lecciones de honradez, limpieza y ética quien es absolutamente ignaro en estos temas, quien sigue un comportamiento repugnante en su vida individual?
¿Cómo pueden arrancar votos a nadie personajes tan siniestros como Pepe Blanco, sectario hasta el extremo, de planteamientos radicalmente egocéntricos, incapaz de dar marcha atrás, reconocer sus errores y ofrecer sus disculpas? Encontrase con personajes así, rastreros y zarrapastrosos pero autosituados por encima del bien y del mal, pretendiendo dirimir cual juez imparcial las cuitas políticas de los españoles, ofrece ante el elector apartidista una imagen bien triste de la realidad política de nuestro país.
La actuación del PSOE en el caso escandaloso del cojo (¿por qué algunos medios esconden esta palabra sustituyéndola por un eufemismo?) es la misma que tantas películas de vaqueros nos ofrecen de los ricos potentados que tenían en su puño pueblos enteros a los que sometía por las buenas o por las bravas a su imperio. Más aún, asemeja su imagen a la del típico señorito andaluz decimonónico dueño de vidas honra y hacienda de sus trabajadores. ¿Cómo pretende el PSOE ganar el voto de millones de españoles imparciales, íntegros e indecisos poniendo en nuestras pantallas a todas horas a personajes tan siniestros como éste muñeco diabólico? El PSOE no es ni nunca ha sido tan absolutamente incompetente e impresentable como este personajillo que jamás podrá llegar a más.
Su última labor para ayudar al PSOE (Por favor, que deje ya de ayudarle tanto, que se van a estrellar), el siniestro vídeo manipulador que ha entregado a los periodistas en la copa que les ha ofrecido ayer, es la prueba del nueve de su maldad, de su doblez, de su capacidad de ingenio para el mal. Si será siniestro el portavoz del PSOE que no ha tenido reparo en incluir la imagen de la recién fallecida Loyola de Palacio en un regalo diabólico, lógico en alguien como él, que hasta han repudiado los periodistas más adictos a la causa socialista.
Y sí, tienen razón los lectores “progres” que hayan llegado hasta aquí, probablemente rechinando sus dientes y echando fuego por la nariz: En el otro lado de la batalla política los manejadores de la dialéctica conservadora parecen hacer esfuerzos por asemejarse e incluso dejar pequeño a este emperador de la verdad socialista. Si los lectores de esta columna pueden estar habituados a leer las críticas que me merecen la mediocridad y la desfachatez de personajes como Zaplana y Acebes deben saber que hoy sólo están ocupando lugares intermedios en la chabacanería política de su partido, a todo hay siempre quien gane y José Manuel Soria, presidente del PP canario, les ha sacado varios cuerpos de ventaja en esta carrera de insensateces.
Al señor Soria le ha sentado tan mal las detenciones de la banda de urbanizadores corruptos de su partido que gobernaban el Ayuntamiento de Telde que ha creído que lo mejor para él y su partido era echar la culpa al PSOE, que todo lo manipula (¿también la corrupción del PP?) a través del “aparato” del Estado y volver a sacar de paseo a los muertos del Gal para demostrar lo magníficamente puros, virgíneos y limpios que son ellos en comparación: “El Partido Socialista cuando ha gobernado si ha tenido que matar, ha matado.../... Y el PSOE cuando ha gobernado y ha tenido que secuestrar ha secuestrado." Mire, disparate por disparate me parece que hasta alguien tan horroroso como Pepiño sale ganando ante frases como éstas del señor Soria con las que sin duda pretendía distraer la atención de la corrupción.
De remate sale Aznar y declara: “Soy una persona encantadora y simpática». Joé, o me he equivocado yo de país o Aznar se ha equivocado de país. O este país se ha equivocado de Aznar. ¿Cómo puede creer que conoce un país quien no se conoce a sí mismo?

13 diciembre 2006

EL SECTOR CRÍTICO

Cuando yo era niño había un concejal de mi pueblo que entraba siempre a los plenos del Ayuntamiento subiéndose las mangas y diciendo: “A ver de qué vamos a hablar hoy que voy a votar que no”. Y eso en tiempos de Franco, tiempos de unanimidades casi forzosas. Y así se mantuvo veinte años, siempre le he tenido por el perfecto paradigma del sector crítico.
Usted los conoce muy bien, se los encuentra con frecuencia, le acometen tanto en las asambleas de vecinos, sí, sobre todo en las asambleas de vecinos, como en las reuniones de amigos, en la oficina y hasta en la peña futbolística. Qué digo, son personajes especialmente imprescindibles en toda oficina carpetovetónica. Hasta hay ocasiones en que ni en la propia familia te puedes librar de ellos. Son los eternos descontentos, la cáscara amarga de la sociedad, aquellos que se pasan la vida protestando contra una cosa y contra la contraria, todo está mal y ellos han sido enviados a este mundo para recordárnoslo pertinazmente, siempre atentos para presentar un problema para cada solución.
A pesar de los años transcurridos desde lo del concejal ese, y del enorme progreso social, económico y cultural, sobre todo cultural, esta acreditada sección de la fauna nacional no sólo no ha desaparecido sino que ha evolucionado perfeccionándose, permaneciendo presentes en nuestras vidas, siempre dispuestos a atormentar la vida de sus semejantes. Son los eternos descontentos, obcecadamente convencidos de que el mundo está equivocado y de que ellos están llamados a salvarlo, porque de poseer necesariamente la razón han hecho la causa de su vida.
Son los mismos que se quejan de que las fiestas las tengan que organizar siempre las compañeras o las esposas, que hay que ver qué machistas son en esta empresa. Pero si un año se cambiara y se ofreciera la organización a los hombres su respuesta sería “Hala, de todo se encargan los hombres, qué machismo hay en esta familia”. Como aquel concejal de mi pueblo.
Siempre tienen listo un comentario amargo que arrojar a los demás, viven con la más mordaz crítica dispuesta a saltar de sus labios y acogotar a los demás en cualquier momento. Presentes en todas las asambleas de vecinos te recordarán eternamente aquello que dijiste o que callaste en un momento especialmente desafortunado y a pesar del paso de los años sabrán sacarlo a colación en el momento más inesperado. Y más doloroso para ti.
Una de sus virtudes más destacadas es controlar la vida de los demás. Saben qué coche tiene cada vecino, saben cuándo ha fracasado la empresa de su cuñado, dónde están los demás compañeros en cada momento de la jornada y a qué reuniones llegan tarde o qué webs visitan desde su puesto de trabajo. Son de esas personas que permanecen siempre con un ojo en su cliente y con otro observan las veces que vas al váter o cuánto tiempo se quedan los demás junto a la máquina de los refrescos, lo que les servirá más tarde para llamar la atención a sus propios colegas, ejerciendo una autoridad que nadie les ha conferido. ¡Nadie como ellos para defender la empresa! Los demás viven aterrados, porque saben que les controlan y que lo mantienen apuntado en la cabeza. Todo. Siempre. Saben que esperarán a que llegue el oportuno momento de usarlo. Contra ti, claro.Y no tienes solución.
Son brillantes en sus hirientes apostillas porque trabajan, descansan y se divierten preparando las reuniones familiares, sociales o profesionales en las que señalarán el fallo de los demás con un comentario amargo y una crítica destructiva, nunca para echar una mano y colaborar sumando esfuerzos, no, no, no. Su labor no es ésa, ellos han sido enviados a este mundo para recordarnos que nos equivocamos, que sólo somos débiles humanos, que no tenemos la fortuna de ser como ellos, que jamás alcanzaremos su perfección, su entrega a la profesión y su dominio de la expresión verbal para zaherir al infeliz que haya caído en desgracia.

10 diciembre 2006

Yo me pido el puesto de Pepiño Blanco

Yo me pido el puesto de Pepiño Blanco. Y llevaría al PSOE a las más altas cotas de poder, lo juro. Nunca más volvería el PP al Gobierno y los millones de españoles que lo presenciaran comprobarían que el socialismo existe para mejorar la vida de los ciudadanos, para preocuparse por cosas importantes que afecten a una mayoría de ciudadanos y no sólo a las minorías gays que, querámoslo o no, son cuatro gatos a la hora de votar.
Empezaría por dejar de tocar los cataplines de Endesa, de E.on, de Gas Natural y de todas esas empresas en perpetuo litigio, de esa forma nadie tendría motivos para pensar que el Gobierno tiene intereses ocultos en esa batalla y que la culpa de que el precio de la energía eléctrica suba un diez por ciento es de la política intervencionista de un Gobierno que tiene que conseguir el favor de estas poderosas empresas. No sólo eso, agarraría por la pechera a sus más altos dirigentes y les anunciaría que si querían seguir suministrando energía a todos los edificios e instalaciones del Estado, desde el más pequeño ayuntamiento o escuela rural al mismísimo palacio de la Zarzuela, deberían demostrar por qué, ganando la millonada (en euros, señores, no ya en pesetas) que ganan, necesitan subir aún más y más sus tarifas a costa del ciudadano. De esa forma conseguiría que revocasen la decisión, mi partido socialista quedaría como un rey y podría realmente presumir de ser tanto el defensor de las capas sociales más desfavorecidas como de las capas medias, con lo que todos ellos besarían por donde piso y me ganaría sus votos, así no tendría que andar todo el día dando la matraca de lo malísima que es la derecha extrema.
Advierto que entre las dos clases sociales que he mencionado estarían casi todos los jóvenes que andan a la busca de su primer piso o de su primer trabajo de mileurista, también entrarían casi todos los homosexuales, la mayoría de los jubilados y buena parte de los fumadores pasivos españoles. Incluso puede que muchos de los consumidores de esas extrahamburguesas perseguidas por la ministra de Sanidad. Lo que ya no tengo tan claro es que estuvieran casi todos los diputados socialistas.
Item más: Daría orden al Gobernador del Banco de España de que revocara el permiso que ha concedido a los Bancos para cobrar por las transferencias recibidas. Sí, digo bien, revocaría el permiso que acaba de conceder el Gobernador del Banco de España (nombrado por el PSOE, recuerden) para poner precio a las transferencias de dinero que reciben los bancos (¡¡ !!).
A continuación me reuniría con toda esta caterva de sibaritas multimillonarios propietarios, les entregaría una pala y una escoba y les diría que o me explicaban clarito clarito cómo es posible que ganando miles de millones al año quieran cobrarnos por recibir nuestro dinero o les pongo a abrir zanjas y a barrer oficinas públicas, escuelas y mercados populares. Con ello recuperaría para mi partido la imagen original y genuina que Pablo Iglesias quiso darle, la de Obrero, me ganaría la voluntad de millones de españoles y arrasaría en las próximas elecciones autonómicas y en las futuras elecciones generales sin necesidad de insultar a la inteligencia y al buen gusto de los españoles.
¿Saben lo único malo de todo este invento? Que ni harto de vino yo querría ser Pepe Blanco.

08 diciembre 2006

Españoles, el Gobierno tiene razón

Como voy a hablar de la bandera de España y obviamente voy a hablar bien ya doy por descontado lo que algunos lectores me van a llamar. Para aquellos amigos que me lean desde el extranjero debo decir que el mío es un país muy original. En España la derecha se apropió egoístamente de la bandera y del sentimiento nacionales durante el Régimen de Franco y desde ese mismo momento los abandonó muy generosamente la izquierda. ¿Hay quién encuentre más cerrazón en menos tiempo? Aunque España y su bandera nos siguen representando a todos no es bien vista por todos. Y en esta ocasión no me refiero a la obvia situación de los independentistas de diverso cuño que tanto se ofenden si alguien les dice que son españoles, sólo me refiero a ciudadanos españoles plenamente convencidos de serlo.
Resulta algo incomprensible pero muy lógico si entendemos que vivimos en un país en el que sentirse español puede en algunos lugares significar que a uno lo excluyan socialmente o que lo cataloguen como “facha” perdido. Aún están recientes las expresiones de Artur Mas que calificó de españolista al presidente de la Generalidad catalana por ordenar la reposición de la bandera de España que había retirado un compañero de su gobierno, miembro de la independentista Esquerra Republicana de Cataluña. Tampoco se me olvidan otros comentarios en los que se relacionaba pobreza, económica y cultural, conste, con las personas que hablaban castellano en vez del otro idioma de las islas Baleares.
Y perdónenme que añada un cuentecito más que viví personalmente hace unos meses: Un amigo me estaba enseñando con muy legítimo orgullo las flores que con esmero cuidaba y mimaba para que adornaran su jardín. Después de ensalzarme los diversos macizos que había plantado y de mostrarme las esperanzas que tenía en ellos me señaló otro grupo de flores que tenía en el centro de su jardín rodeando un madroño que se había hecho traer y dijo: “Ésas son .... (dijo el nombre) pero no terminan de convencerme, porque son rojas y amarillas y yo de facha, nada”.
Bueno, pues que el nuestro sea un país tan raro se debe la tradicional estupidez de la que nuestras derechas e izquierdas se saben rodear con harta frecuencia. Acabamos de celebrar el aniversario de la Constitución y como todos los años en la plaza de Colón se ha izado la bandera de España, la enorme bandera de España, aquella enorme bandera de España que el PSOE rechazó en su momento porque.... esto... porque.... era muy grande y porque... eso, porque era muy grande, lo que sin duda debía ser malo para España. Hay que ser imbéciles, digo yo.
Pues hoy después de varios siglos de dominación zapaterista la bandera sigue siendo la misma que tanto criticaron algunos. Bueno, no, eso no se lo puedo jurar a ustedes, me imagino que en realidad la habrán sustituido, que digo yo que los vientos de una plaza tan abierta y amplia como la de Colón habrán causado mil averías en tantos metros y kilos de tela. Pero lo que sí les puedo asegurar es que el PSOE que tanto criticó tan obtusamente el tamaño de la enseña no ha recortado ni uno sólo de sus metros cuadrados. Me alegra poder decir: “Españoles, el Gobierno ha acertado”
Vivimos en un país en el que la derecha fue tan estúpida y ciega como para querer quedarse con el monopolio del amor a la patria al tiempo que la izquierda fue tan majadera y cerril como para darle la razón en nombre del internacionalismo proletario.
Si ahora, tantos años después, echamos un vistazo a la realidad contemporánea, ¿hemos mejorado algo?
Y ahora ya pueden empezar a llamarme esas cosas tan habituales.

05 diciembre 2006

EL CONTRAPESO DE CIUTADANS

Dicen ya las primeras encuestas serias que Ciutadans de Cataluña crece y empieza a ganar, de momento sólo por unas décimas, al PP. Y como me considero un ferviente observador de todo este proceso de creación de un partido nuevo que pretende cambiar el orden “constitusocial” de las cosas me alarmo.
Partidos nuevos han surgido muchos en España en los últimos tiempos, casi podría decirse, sin miedo a la exageración, que nace uno cada día, que tenemos tantos partidos políticos destinados a cambiarnos la vida como días tiene el año. Que de ellos sean serios y tengan posibilidades de futuro ya se conocen menos casos. Que a las primeras de cambio haya conseguido entrar en un Parlamento ya van quedando menos. Y que hayan nacido a las claras para cambiar la esencia nacionalista de la vida política de la comunidad autónoma a la que pertenecen, sólo se me ocurre uno.
Lo políticamente correcto es una dictadura social que todos padecemos, que a todos nos encorseta, limita y que impide nuestro crecimiento cultural, político y social. Si Ciutadans ha venido a demostrar que es tan honesto y válido ser nacionalista como no serlo ha de encontrar su hueco en el panorama político español. De ellos me gusta que quieran cambiar el cerrado ambiente oficial y social de una comunidad autónoma, darlo la vuelta, sacudirlo y dirigirlo en dirección contraria a la que cualquiera de los restantes partidos políticamente activos pretende llevarlo. Son como los 30 estudiantes de Madrid cuyo autobús se salió de la carretera e hicieron de contrapeso en su interior para evitar que volcara y cayese por un desnivel.
Me provoca simpatía la campaña de olvido primero y persecución después provocada por las anteojeras predispuestas y predireccionadas de la prensa catalana, tan abotargada, tan subordinada, tan subvencionada. ¿Y tan prepagada? Uno siempre siente simpatía por el débil, por el a priori perdedor, por el indefenso, por aquel que tiene todas las papeletas para ser obsequiado con una monumental bofetada de la vida especialmente cuando se enfrenta a fuerzas tan superiores como los poderosos partidos políticos tradicionales. Pero viviendo, trabajando y escribiendo desde la profunda Castilla, tan olvidada del Estado, tan rechazada por todos, me separan ideología y estrategia.
Desde la discrepancia su presencia me parece un sanísimo y ejemplarizante movimiento renovador que ya ha tropezado en la real o supuesta antigua militancia de Albert Rivera en el Partido Popular. Debe Ciutadans vigilar sus espaldas, que no le marquen otro gol en fuera de juego, que no les apuñalen cuando celebran su victoria. Cuesta creer que se consideren un partido de izquierdas si su líder acaba de estar coqueteando con el Partido Popular. Y los pies de barro de Ciutadans son la ideología. Sin ideología no se es nada en la batalla de los ciudadanos que votan... ideología. Que todo lo que una a los Ciudadanos de Cataluña sea su antinacionalismo no es suficiente para hacer frente a las grandes batallas de acoso y derribo que se les avecinan. Lo último que Cataluña necesita es que su partido renovador muera de éxito. Tan joven, tan niño.

Cuando los dictadores van desfilando

Han querido los hados que dos asesinos sangrientos agonicen al mismo tiempo, loado sea el Señor. Dos enemigos del mundo se despiden de él, empiezan a desfilar para fortuna de generaciones venideras, entre lágrimas de sus partidarios y aplausos de los bien nacidos que piensan que el Hombre está por encima de los hombres y de sus creencias y opiniones. A ambos les pasará como a Franco, al que sólo la Historia ajustará cuentas, ambos van a morir en sus camas, en la tranquilidad de su reino terrenal, habiéndose ido de rositas de este mundo traidor que premia a los malos y castiga a los buenos con las penas del infierno en vida, porque sólo infierno puede haber sido la vida de quienes han tenido la mala fortuna de oponerse a Pinochet o Fidel Castro y ser conciudadanos suyos. ¡Cuántos chilenos y cuántos cubanos han entregado sus vidas para engrandecer el ego de estas alimañas con aspecto humano.
Cuando los dictadores van desfilando llega un momento de consuelo para la Humanidad que ha vivido sojuzgada bajo sus botas liberticidas. Que sometiesen a sus congéneres en nombre del pueblo, de la nación, del proletariado o en el nombre de Dios no hace al caso, todos han dejado huella de su maldad, de su cerrazón, de su cortedad de miras, de su vida rastrera y de su megalomanía en las tapias de los cementerios y en las cárceles que han poblado sus respectivos países.
Cuando los dictadores van desfilando la Humanidad debe permanecer en silencio y contener un suspiro de alivio, a la espera de que los que vengan detrás no quieran subirse al caballo de la intolerancia y les hagan buenos. Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en todos aquellos que les animan, les explican o les justifican desde las cabeceras de los periódicos, desde las entradillas de las radios o desde los controles de televisión, debemos pensar en todos aquellos que se han puesto a su disposición, que se han tendido a sus pies desde partidos, sindicatos y organizaciones sociales. Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en las condiciones que han hecho posible su ascenso al poder, en quienes les han aupado, apoyado y sostenido. Y en quienes les han facilitado la excusa. La excusa innecesaria.
Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en todos los que aún quedan al frente de gobiernos de todo el mundo, aquellos que por tener todavía los apoyos políticos suficientes, léase petróleo, gas, bombas nucleares o millones de productores baratos, seguirán muriendo pacíficamente en su cama dentro de muchos años, rodeados del cariño de sus fuerzas militares que vigilarán entrañablemente metralleta en mano y ojo avizor para que nadie se desmande y puedan tener esa muerte dulce y serena que ellos negaron a millones de compatriotas.
Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en aquellos que en nombre de la Revolución, en nombre de las clases populares o en nombre de la economía están dispuestos a sustituirlos, prontos a darles el relevo y a que su obra, su maligna obra, quede empequeñecida por la propia. Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en todos aquellos que consideran el Poder como la propia casa, en los que de él han hecho su hogar que no están dispuestos a abandonar aunque para ello tengan que modificar una Constitución que les prohíbe permanecer más de un tiempo limitado.
Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en todos los demócratas de toda la vida que jamás admiten un error, que cargan siempre las culpas, fallos y defectos, especialmente incluidos los propios, en el partido contrario. Cuando los dictadores van desfilando debemos pensar en todos los demócratas que insultan a sus rivales, que denigran sus propuestas y que las descalifican, en todos los demagogos que secuestran la bandera nacional y a los que jamás se les pasa por la cabeza la posibilidad de haberse equivocado.

02 diciembre 2006

SOCIALSEPARATISMO Y NACIONALTRASFORMISMO DEL PSOE

Anda el PSOE enredado con los nacionalismos, coqueteando con ellos para pode gobernar. No importa con quién, lo mismo se coge del brazo de un partido independentista como ERC, en cuyos evidentes propósitos separatistas colabora con tal de tocar poder, como de partidillos regionalistas, minoritarios hasta casi la inexistencia, como es el caso de Cantabria. Pretende el PSOE de este modo gobernar poder transformar la sociedad. Dejar a España que no “la conozca ni la madre que la parió”, remedando aquella soplamemez de Alfonso Guerra hace ya tantos años.
¿Transformar la sociedad? ¿Habla en serio el PSOE de transformar España? ¿Pero todavía hay alguien en el mundo que crea que éste es el propósito de los partidos políticos? ¿Hay alguien que no piense, y hablo seriamente, que se trata de mantener el poder por mantener el poder? ¿Acaso no son los partidos políticos grandes empresas, incluso multinacionales, cuyo único propósito, ni generoso ni altruista, no sea copar el poder? ¿No es el caso de Cantabria un ejemplo clarificador?
¿De verdad quiere el PSOE transformar el poder y perpetuarse en él por los siglos de los siglos? Póngase a servir a los más débiles, sin ofrecer otra vela al diablo, claro. ¿Cuántos años lleva gobernando el Partido socialista cuando descubrimos que el 20% de nuestra sociedad es pobre de solemnidad? ¿Cuántos años lleva el PSOE “transformándonos” (Por cierto, ¿en qué?) cuando acabamos de descubrir que hay una de cada cuatro familias con graves problemas? Se trata de ocho millones de españoles, ¿Qué diantres llevan esperando para combatir esto? ¿Cuántos años nos gobernó Felipe González? Añádanle los que llevamos soportando este socialestupidismo de Rodríguez.
¿No sería infinitamente prioritario arreglar ese infecto problema de la seguridad social sobre los matrimonios homosexuales? Ya sé que lo uno no quita lo otro, ya, ya sé. Pero ¿no debería haber preocupado hasta el hartazgo mucho más lo primero que lo segundo? ¿No habrá muchos más miembros de la sociedad que necesiten más y mejores médicos que poder casarse con alguien de su mismo sexo? Actualmente hay médicos, pregúntenme, pregúntenme, que tienen que doblar sus consultas porque carecen de sustitutos.
¿No habrá infinitos más sectores sociales preocupados, miles y miles de personas afectadas, por las ilimitadas limitaciones de los hospitales, con enfermos por los pasillos, médicos y enfermeros estresados, colas de operaciones de varios meses que por el tamaño de las hamburguesas de Burger King? Yo les puedo hablar de una operación del corazón en Barcelona en la que el enfermo lleva meses esperando y todavía no conoce la fecha de su intervención. Meses. Del corazón.
¿Y necesita el PSOE (o el PP, a servidor le da igual, ambos se han aliado con todo el que se ha dejado) unir su destino a los socialseparatistas de Galicia para cambiar la enseñanza en España? ¿Quiere Rodríguez Zapatero, o el conservador presidente de mi desamparada Castilla, visitar el estado tercermundista del centro en el que yo imparto mis clases? Oiga, que se lo digo yo que lo padezco todos los días laborables: socialtercermundismo.
Que empiecen a trasformar España por los más débiles y desamparados. Dejen de proteger a las regiones más ricas, prósperas e industrializadas. Es sólo un ejemplo, tengo más.

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