Palencia es una emoción:

31 julio 2008

Un gobierno de la Señorita Pepis

Aznar anduvo enredando con el tema del atentado de ETA que no fue de ETA. Él y sus ministros se entretuvieron jugando con las palabras y, como poco, tardaron en aceptar que las bombas venían por otro lado. Entonces España se merecía un gobierno que no nos mintiera. Y ahora también.

Zapatero ahora ha enredado con la crisis económica. Entretener el tiempo negando la evidencia le sirvió de ayuda para ganar las pasadas elecciones. Anda Solbes diciendo que hay crisis donde su jefe la niega; un día es la peor crisis en los últimos tiempos y al otro ya no hay crisis, milagros de la ceguera interesada. Enredado en su trampa Zapa es incapaz de aceptar llanamente que estamos en crisis, anda loquito por poder aceptarlo en público sin que parezca que se desdice, que se corrige.

No puedo fiarme de un gobierno que niega la realidad. Reconocerla, aceptarla y asumirla es la primera condición para poder cambiarla. En los mundos maravillosos de Yupi nunca hay crisis, en la realidad terráquea las siete vacas flacas han sucedido siempre a las siete vacas gordas. Históricamente.

Quizá sea por eso por lo que este gobierno y su presidente no toman las medidas serias que todos los ciudadanos esperamos que tome de una vez. ¿Si no hay crisis qué va a hacer Zapa contra ella? Es ridículo, irrisorio e infantil que todas las medidas consistan en quitarse la corbata y hacer alarde de ello. Es imposible combatir una crisis energética y económica tan grave ciñéndose a bajar la velocidad permitida en los accesos a las ciudades, a limitar la temperatura en los edificios oficiales a 26º, a pedir que no se ponga el aire acondicionado o a regalar bombillas a los ciudadanos. O a poner la lavadora por la noche.

¿De verdad no tienen nada más serio? Éstas parecen medidas económicas de la señorita Pepis, al menos Fidel Castro regalaba ollas a los cubanos. Será que como en España ya nos hemos “limao” tanto superávit como teníamos no llega más que para bombillas. Sería pa echar a correr… en el caso de que hubiera crisis.

El PP perdió el gobierno, entre otras cosas, por andar enredando con la verdad…

29 julio 2008

La decadencia de Jiménez Losantos.


A veces hasta parece que la Justicia funciona y todo. Bueno, en realidad funcionará siempre, supongo, menos para los que pierden. El caso es que sentencias como la que condena a Federico Jiménez Losantos me reconforta. Jamás nadie manipuló los micrófonos como él, jamás nadie tronó tan fieramente como él, jamás nadie osó ofender a la profesión periodística como él, jamás nadie utilizó tan torticeramente los micrófonos como él.

Lo que él hacía y seguirá haciendo durante un tiempo, me temo, es cualquier cosa menos periodismo serio y objetivo. Periodismo basura, vaya. Pretender que un partido político evolucione como a ti te da la gana, vote como tú quieras y decida lo que tú quieras es pretensión demasiado grande para tal personaje. Más, mucho más poder que Jiménez tiene la familia Polanco y siempre supo disimular taimadamente pretensiones semejantes a las del ¿periodista? turolense. Incluso a ellos, después de tantos años, empieza a irles mal, Zapa les ha hecho un feo y ellos corresponden de vez en cuando con, todavía, pequeñas andanadas contra el Gobierno.

España es país de grandes comunicadores radiofónicos, que la justicia coloque en su sitio a quien ha pervertido su función, endiosándose y creyéndose con posibilidades de dirigir un país desde los micrófonos es cosa buena y reconfortante. Que tomen nota sus superiores. Me gustaría escuchar por las ondas de su emisora la lectura del texto de la sentencia. Afortunadamente tengo mejores cosas que hacer. Me conformaré con ser testigo de la decadencia del personaje, amén Jesús, o al menos de sus salida de la emisora episcopal.

Alabada sea la Justicia

24 julio 2008

La verdad es que tengo un buen “polvo”


Puedo prometer y prometo que hace muchos años que no he visto deliberadamente ningún capítulo de ninguna comedia televisiva española. Como mucho, los espacios promocionales o los últimos minutos de alguna mientras esperaba por otra cosa. Pero también prometo que con eso me basta para saber por dónde van los diálogos, qué tipo de personajes ofrecen y qué clase de argumentos presentan. Y me da pena, ustedes me sabrán perdonar tan atrevido juicio.

O es mucha casualidad o desde hace una eternidad sólo me han llegado retazos de comedietas bastas, ordinarias y soeces, personajes que pertenecen todos a una clase social iletrada, ignorante e inculta, próxima al lumpen. Crecen y por todas partes aparecen y se multiplican personajes que con sus gracietas pretenden ser populares, salidos del pueblo quiero decir, pero que más parecen seres deformes salidos de un juego de espejos cóncavos y convexos. Pobre Valle-Inclán.

Sospecho que todavía no hay en España personajes tan bajos como los ejemplos que en estas comedias se ofrecen, que edifiquen sus existencias en las memeces simplistas que nos ofrecen los guionistas de nuestras cadenas televisivas. La pregunta es si vamos a tardar mucho en comprobar cómo la realidad vital reproduce la ficción televisiva y si entre nuestros amigos, conocidos, familiares, vecinos o compañeros de trabajo no surgirán quienes remeden las tramas argumentales de las más denigrantes series en la vida real. La zafiedad y lo grotesco ofrecen siempre ejemplos que los más brutos están dispuestos a seguir. Esto es igualar la educación de todos… al nivel de los más necios, ignorantes, analfabetos, inmoderados. ¿Dentro de poco toda España será así?

Imagino que todo obedece a un plan preconcebido para absorber el poco seso que a algunos les queda (¿Quién inventó la expresión “comer el coco”?) e imponer la ruindad, la ignorancia y el tremendismo efectista entre las capas más populares de la sociedad. ¿Para mejor dominarla? Porque esto ocurre en mayor o menor medida en todas las cadenas televisivas, incluidas las llamadas conservadoras. No puede ser si no se da una coalición, un convenio, una sacra alianza entre las fuerzas del Averno para alguna maligna determinación que no conocemos.

Los españoles están siguiendo con devota fruición y entrega religiosa las aventuras televisivas de varios grupos familiares, vecinales o sociales llenos de ordinariez y bastedad, con unas miras de futuro que no van más allá de la próxima esquina, con argumentos repletos de simplezas ineficaces para enfrentarse a un público medianamente exigente, culto y preparado. Y conste que sólo me estoy refiriendo a, pongamos, la secundaria obligatoria. EL BUP de hace unos años.

No he visto ningún capítulo de “La Lola”. Nada, cero, ni un solo minuto, pero su publicidad me sorprende en la radio con frecuencia. Acaba con la frase admirativa “¡La verdad es que tengo “un polvo!”. Y varios millones de españoles correrán todas las noches a verla. Joé, como está el patio. España, quiero decir. ¿De qué vale que los gobiernos se llenen la boca con “Educación universal y gratuita” u otras cosas semejantes? Tres cuartos de hora de cualquiera de estas maravillas de la literatura llenas de excrementos verbales educa más que todo un curso de Educación para la Ciudadanía.

Si se pudieran coleccionar todos los argumentos en un libro de texto ofrezco altruistamente un título bien sugerente: “Educación para la villanía”

22 julio 2008

Támara de Campos

Estoy de vacaciones, paso las horas viajando entre Tierra de Campos y la montaña palentina, visitando pequeños pueblos escondidos en la inmensidad de la llanura o en la falda de cualquier montaña.

Hoy he visitado Támara de Campos, un recogido y silencioso pueblo de calles muy limpias y muy cuidadas. Sus cincuenta habitantes han sabido remozar todo el espacio urbano con acierto y cariño, utilizando con gran criterio las subvenciones públicas para proteger y promocionar su enorme patrimonio. Aquí nació Sinesio Delgado, fundador de la, ahora, polémica Sociedad General de Autores.

Aunque sus orígenes son muy anteriores, Támara de Campos pasó a los libros porque junto a ella tuvo lugar en el año 1037 la batalla por la que el reino de León pasó a formar parte de Castilla por vez primera. Se trata pues de un pequeño lugar lleno de Historia que a partir de esa fecha fue favorecido por los reyes de Castilla. En el centro del lugar, en lo alto de un pequeño cerro, una iglesia románica, que fue hospital de peregrinos y ahora museo etnográfico y casa consistorial, preside el pueblo.

La mayoría de sus casas están cerradas y deshabitadas, pero al final de su calle principal enseguida destaca la enorme mole de su parroquia. San Hipólito es una auténtica catedral, si multiplicáramos por cien los habitantes de Támara aún sobraría sitio en su interior. A los lectores que no lo conozcan les llamo la atención sobre su púlpito en piedra policromada, su maravilloso órgano excepcionalmente situado sobre una columna y su pila bautismal. De su grandioso retablo churrigueresco o de la reja que lo protege no quiero añadir nada pues las mejores palabras que yo pudiera escribir quedarían siempre pobres ante su magnificencia. Reto al lector a que busque información, especialmente gráfica, en Internet.

Pero tan espléndido pasado y tan gloriosa Historia contrastan dolorosa e irónicamente con el futuro de un pueblo condenado al mal que asola a toda Castilla: envejecimiento, emigración y desindustrialización. Támara tiene difícil porvenir, sólo hay un par de niños y muchos viejos entre sus cincuenta habitantes y no hay más trabajo que el que proporciona la inmensa llanura cerealista de Tierra de Campos. El panorama es descorazonador pese al empeño que sus habitantes ponen en perseverar y progresar. Todo esto lleva años ocurriendo y no hay quien lo pare. Por la Junta de Castilla y León y por el gobierno de Madrid han pasado multitud de gobiernos de los dos principales partidos sin que nadie haya hecho nada.

Nuestros diputados, nuestros senadores, ¿cuántos han pasado por los escaños en tantos años de democracia?, siguen asistiendo a los plenos y a las comisiones sin que hasta el momento hayan conseguido detener esta sangría que afecta a casi toda Castilla. Jamás se ha tenido noticia de que uno solo de ellos se haya rebelado ante esta injusticia, jamás ninguno ha levantado la voz en el congreso para hablar de Támara de Campos. O de Villarmentero, de Olmos de Ojeda o Revilla de Santullán, por nombrar comarcas bien alejadas y diversas. Jamás ni uno solo de nuestros representantes políticos ha presentado ante su partido, sus líderes y sus múltiples comités, comisiones y burós una sola exigencia, una nota de protesta ante el permanente deterioro de los pueblos y regiones de Castilla. Jamás ni uno de ellos osó oponerse a los designios supremos de sus líderes, jamás nadie defendió al pueblo, jamás nadie se enfrentó a las sacrosantas decisiones de Aznar o Zapatero. Acatamiento, sumisión, obediencia. Todo por el partido, todo para el partido.

Ahora llega la hora de discutir la financiación autonómica. José Montilla, ya ha puesto en un brete a Zapatero, le ha amenazado, le ha exigido y le ha coaccionado. Los ricos quieren más de la tarta común, los socialistas ricos exigen más de los socialistas pobres, a la mierda la justicia social, viva el desequilibrio territorial, ay si Marx levantara la cabeza. Y Zapa sonreía. La sonrisa de Zapa, qué poema.

Nadie ha hablado en nombre de los castellanos, nadie nos ha defendido, no pintamos nada en una España volcada en otros. Nosotros apenas existimos, carecemos de fuerza, de poder, de importancia. ¿Qué queda de aquella Castilla en esta España? Ni uno solo de nuestros diputados socialistas, silentes cobardes, responderá media palabra a Montilla como no la dijeron los otros cuando la aznarada. Siempre por delante está el partido. ¿Se supone que están llamados a defender… a quién? Yo quiero ser catalán, que me defiendan Montilla y los suyos.

Silencio es nuestro mal; Sumisión, el de nuestros representantes. Resignación y mansedumbre, los de nuestros votantes.

19 julio 2008

José Montilla me produce envidia.

A veces uno se pregunta por qué tiene que callarse estoicamente ante algunas decisiones de los representantes políticos de su provincia, por qué tiene que aguantarlos sin haberlos votado jamás. Supongo que todo se justifica en nombre de eso que llamamos Democracia. Y que el remedio sería mucho peor.

Porque yo no he votado a ninguno de los actuales, ni de los pasados en muchos años atrás, diputados o senadores que representan a mi provincia. Y me dan envidia, mucha envidia, algunos de los que representan a otras provincias. José Montilla, por ejemplo, me da mucha envidia.


Y no me la da por su ideología, por su poder o por su cara bonita. Me da envidia porque sabe defender a sus votantes por encima de la disciplina de partido, algo de lo que carecen los representantes políticos de mi provincia, entregados todos a la insoportable labor de caer bien a sus respectivos líderes para promocionarse, sea en la calle Ferraz o en la Calle Génova. Todos ellos ejecutan asombrosamente bien la muy conveniente labor de callarse la boca y plegarse a las directrices emanadas de sus respetivas sedes, jamás nadie ha oído a ninguno de ellos rebelarse ante una decisión perjudicial para los intereses de sus representados, jamás ninguno de ellos, del signo que sean, ha puesto a su provincia, a sus votantes, por delante de su propio partido.

Esa actitud de sumisión a la disciplina partidaria la pudimos observar frecuentemente en Juan José Lucas, anterior presidente de Castilla y León y después presidente del Senado, que seguramente terminó su mandato con dolor cervical de tanto asentimiento continuo a la labor de José María Aznar en cualquier circunstancia, pero también en los actuales diputados regionales o nacionales que apoyan, siempre muy disciplinados, las tareas del Gobierno o de la oposición sin que jamás se les haya oído una sola voz disidente, viva el partido, sólo el partido y todo lo que diga mi partido. “A mis votantes, a mis representados, a mis defendidos… que les vayan dando mientras yo esté sentadito en este escaño.”

Los castellanos somos gentes desafortunadas en el devenir político de España. Si fuimos la excusa de Franco para edificar “su” España, y enfatizo el posesivo, fuimos también su mano de obra barata para promocionar el desarrollo económico de otras regiones mientras la nuestra se hundía en la decadencia, en la despoblación y en el envejecimiento. Pero la Democracia no nos ha servido de mucho más. Divididos en cinco regiones de la Srta. Pepis, los castellanos somos ahora mismo el hazmerreír de un sistema autonómico en el que no pintamos nada, en el que se toman decisiones tan graves como la financiación autonómica, sin que nosotros podamos hacer nada. No somos nada, no pintamos nada ni en lo político ni en lo económico ni en lo cultural ni en lo social.

Y los actuales diputados del partido del gobierno callan. Callan con la misma miseria y cobardía que callaron los otros años atrás. La enorme injusticia que se va a cometer estableciendo como criterio de reparto la población es una manera de apoyar a los más ricos (¿Y dónde quedan los ideales “socialistas”?) y una dolorosa injusticia para una tierra despoblada y envejecida, sin tener en cuenta que la Educación, el médico, el correo o cualquier servicio del Estado tiene que llegar en las mismas condiciones a todos los ciudadanos, que son iguales en derechos aunque vivan en un pueblo de diez habitantes, en el más profundo de los valles o en la más alejada de las montañas.

José Montilla ha dicho que esgrimirá las balanzas fiscales para mejorar la financiación de Cataluña y que está dispuesto a crear problemas a Zapatero, “porque algunos le he creado y algunos más le crearé”. También ha dicho que: “allí en donde se tomen decisiones que afecten a los intereses de Cataluña el PSC estará con voz propia y autónoma”.

Es frecuente oírle retos semejantes. Qué envidia, pone a los catalanes por delante del partido. Yo también quiero representantes como él en vez de los actuales autómatas aprietabotones a las órdenes de sus señoritos de Ferraz, cuya más pesada tarea consiste en insultar ferozmente a sus oponentes. O de Génova, que tanto monta.

Cuánto daría por oír cosas semejantes a mis representantes, pero sólo soy un castellano, desgraciado de mí.

15 julio 2008

La balanza fiscal de Cataluña, de Castilla… y de Euzkadi

Hasta el gorro de la insistencia de los nacionalistas catalanes debían estar en el Ministerio de Economía y Hacienda después de que llevaran tantos años insistiendo en la publicación de las balanzas fiscales de las diversas autonomías. Olvidándose de que los impuestos los pagan los ricos para compensar a los menos afortunados, los catalanistas pretendían que la supuesta descompensación de su balanza fiscal les sirviera para acumular más privilegios económicos.


Cierto que pagan más los ciudadanos catalanes que los de Extremadura, por ejemplo. Sin duda porque hay más catalanes que extremeños y porque el dinero, con la colaboración de lso emigrantes extremeños, fluye con más facilidad, en Cataluña hay más ricos que en Extremadura.
Les ha salido mal y ahora sabemos que en Baleares, la Comunidad Valenciana y en Madrid, una parte de Castilla enajenada a la Castilla verdadera, también se pagan más impuestos de lo que se recibe de la caja común. Los que los nacionalistas catalanes buscaban, como ya ha dejado claro Carod en más de una ocasión, es un concierto económico con el Estado a imagen y semejanza del concierto vasco, la perpetuación eterna de una injusticia histórica, un anacronismo injusto que certifica que los más ricos y desarrollados pueden mantener sus privilegios medievales en pleno siglo XXI. Yo también quiero privilegio semejante para mi tierra, coño.

Lamentablemente los castellanos tenemos los líderes que tenemos, que eternamente callan y otorgan a sus casas madres en las calles Génova y Ferraz, pero si alguna vez se nos cruzara el cable ácrata de 1521 podríamos también exigir al Estado que se publicasen las balanzas… de emigrantes, por ejemplo.

Así podríamos seguir el rastro de los tres millones de castellanos emigrados desde que Franco se empeñó en deshacerse de Castilla a través de la despoblación, disolviendo a sus habitantes entre las fábricas de Francia, suiza, Alemania y los altos hornos de Vizcaya y la fábrica de SEAT, puesta donde no había población suficiente para echarla a rodar. ¿Por qué se llevó la gente a la fábrica y no la fábrica a donde ya había población?

Creo que sería curiosamente llamativa la publicación de esa balanza de emigración para comparar cuántos emigrantes castellanos hay en Barcelona y cuántos emigrantes catalanes hay en Soria, Palencia o Zamora, pongamos. Quizá muchos catalanistas cerrarían su plañidera boca, abriéndola sólo para mostrar su asombro.

14 julio 2008

Gloriosos Caídos por Dios y por España.


Lo mejor que se puede hacer con las placas que en multitud de iglesias se han dedicado a los vencedores de la guerra es arrancarlas, como lo acaba de hacer el Ayuntamiento de Pedro Bernardo, en Ávila. Castilla, la inmortal Castilla de la Generación del 98, nos ofrece todavía una panoplia de recuerdos franquistas en sus calles y plazas. No entiendo como los primeros damnificados por la dictadura persisten en alabar y magnificar a quienes tanto daño les hizo. Hay todavía multitud de calles dedicadas a héroes diversos de la Cruzada sin que a nadie parezca importarle eso ni los crímenes que cometieron.


A lo mejor ésa no deja de ser la única buena razón para mantener las placas, las cruces a los caídos y el callejero posfranquista: la absoluta indiferencia, si no de todos los ciudadanos, de la mayoría de ellos. A nadie le importa que en la provincia de Palencia haya todavía alguna plaza mayor de una importante ciudad dedicada a Girón de Velasco, el “León de Fuengirola” del Régimen dictatorial.



Pero mantener en la Castilla del siglo XXI la iconografía de una dictadura que arrasó un país es una incongruencia. Tres millones de emigrantes castellanos son tres millones de gritos, muertos, deportados y desaparecidos aparte, contra la existencia de placas como la de Pedro Bernardo, en las que todavía se hace elogio de una parte de españoles en contra de la otra mitad. La desindustrialización, el abandono, el envejecimiento de los campos castellanos para favorecer los altos hornos o las empresas automovilísticas de otras regiones son dolorosísimas consecuencias que Castilla todavía sufre.



Mantener estas ilógicas e incivilizadas actitudes y la exaltación de sus placas, lápidas y monolitos es un anacronismo que favorece el sectarismo de Zapa y sus pepiños radicales que quieren ahora desenterrar todo lo que ocurrió hace setenta años y arrojárnoslo a la cabeza de aquellos a los que nos importa un bledo algo que, tras haber aprendido la correspondiente lección, queremos olvidar para progresar unidos.



El Obispado de Ávila ha protestado por la acción del Ayuntamiento de Pedro Bernardo y amenaza con acciones legales porque todas las iglesias son dueñas de sus paredes, en las que están esas placas, y nada se puede o se debe hacer sin su permiso. Sin embargo a los católicos (Católico significa “universal”) debiera repelernos que nuestra iglesia no se haya desprendido de este lastre que perturba a no pocos. No es posible que una iglesia que se pregunta eternamente asombrada por el descenso de vocaciones y de fieles no haya reparado hace treinta años estos errores históricos que harían sonrojar a quienes se hicieran la más elemental autocrítica.



El ayuntamiento de Pedro Bernardo, pueblo que pasó por los dos bandos durante la contienda y en el que por supuesto ambos contendientes aportaron víctimas y victimarios, está gobernado por cuatro concejales independientes que se apoyan para ello en el único concejal del PSOE, mientras los cuatro del PP están en la oposición. A quien haya tomado la “precipitada” decisión (si han esperado tantos años… ¿había urgencia?) convenía decirle que lejos de ganar la batalla se ha puesto en contra de los familiares y descendientes de quienes allí figuraban por haber sido paseados por los “rojos”, que lejos de contribuir a serenar y olvidar viejas rencillas ha animado a los más exaltados, ésos que más problemas provocan, ésos que tanto abundan en cualquier bando, claro.


Nadie debe tomarse la ley por su mano. Las cosas que se deben hacer hay que hacerlas en modo y maneras debidas, respetando a los propietarios pero también exigiéndoles un comportamiento equilibrado con todos los españoles y más acorde con la realidad social actual.


Y con la Justicia. Humana y divina.

08 julio 2008

Imágenes de un verano degradante


Hace tiempo que tengo asumido que soy un bicho raro: No me gusta ir a las playas del sur y del Levante, donde va toda España. En realidad no me gusta ir a ninguna playa, pero menos a ésas achicharrantes, llenas de gente peleando por un metro cuadrao donde poner la toalla, con chiringuitos repletos de camareros maleducados, de clientes sucios y chillones y a tres euros el vaso de vino. Mea culpa, soy raro: ¿O sólo original?

Somos legión los que desde hace tiempo hemos decidido huir de los calores, de las gentes vocingleras y de las multitudes. No hay nada como el Cantábrico, un pueblo perdido a medio camino entre la montaña y el mar, suficientemente cerca de todo, suficientemente lejos de todo. Este año estamos pasando más fresco de lo habitual, las brumas no se deciden a dejar que asome el sol, y paseamos entre la naturaleza fresca y verde bajo el soplo del nordeste, deseando algo de calor que no acaba de llegar y escuchando en la proximidad los cencerros de las vacas. Eso sí, éstas son las noches que mejor he dormido en mi vida: Con manta, alegrándome de estar lejos de la meseta.

El paisaje no sólo lo componen nubes, montañas y vacas. Estoy convencido de que España es un país sumamente hortera, preocupado de mantener la apariencia, la peor apariencia posible; a marranos, maleducados y macarras no hay quien nos gane. Hoy he comido al lado de una personaja de ésas que van enseñando las bragas, Iba delicadamente maquillada, el pelo perfectamente ordenado, limpio y bien cubierto de laca; su ropa exquisitamente planchada y limpia, sus gafas de una conocida y carísima marca. La personaja hablaba y reía, gesticulaba y se inclinaba hacia delante para comer una paella de ésas prefabricadas para decenas de clientes antes de que lleguen, y cada vez que se inclinaba mostraba a todo el que estuviese allí el color verde botella de las bragas que asomaban impúdicas por encima de la cinturilla trasera de su pantalón. En este país nuestro de macarras y gentes ordinarias lo que acabo de describir ya no llama la atención, es normal. Perdón, que normal viene de norma, quiero decir que es habitual. Que viene de hábito, por eso muchos lectores me criticarán a mí en vez de a la personaja.

Yo visto de cualquier modo, pantalones informales con miles de bolsillos para guardar todo lo que llevo encima (llaves del coche, del hotel, teléfono, periódico, tabaco, la pipa, etc.) camisetas monocromas de manga corta, sudadera gruesa y una especie de chamarra desmontable que bien hubiera podido llevar Félix Rodríguez de la Fuente en sus múltiples y antiquísimas expediciones. Y un ridículo gorrillo para cuando asoma el sol entre tanta nube.

Lo cuento porque me encuentro con esa España hortera que están espabilando entre ZP y sus votantes. Pocas cosas más penosas hay en este verano que un anciano con pantalón corto. Todo mi respeto personal para él, cómo no, pero quien viste sus trémulas y blancas piernas con pantalón de explorador y lo deja salir así a la calle merece diez o doce azotes de los que dan en Arabia Saudita a los delincuentes. No hay dignidad más ofendida que la de ese pobre hombre, vestido por sus herederos, cuando se apoya en su bastón para cruzar al chiringuito de enfrente a tomar el aperitivo con que su hijo le envenena cada mediodía.

Sí, sí que hay ofensa mayor a la dignidad de los ancianos: cuando por la tarde sus familiares le ponen un jersecito marinero azul y blanco, bien ajustado al pecho, y le colocan en una terraza, soleada si es posible, para reírle las gracias y esperar a la herencia. El hombrico, satisfecho con la atención que le prestan, sonríe agradecido y de vez en cuando cuenta un chiste muy antiguo que provoca miradas de “la culpa la tienes tú” entre la prole.

La contraposición viene con Arturo. Arturo tiene 83 años, hace 35 que se quedó viudo y sacó a delante a tres hijos y una hija. Se ha pasado toda la vida segando con guadaña y maldice a quienes ahora siegan con tractor. Sin embargo su mirada triste trasluce una gran dignidad y una altura de miras increíble, todo la daría por sus nietos ahora que ya lo ha dado todo por sus hijos. Tiene una humilde casa en este pueblo de cuyo alambicado nombre no puedo acordarme y sale cuatro veces al día a tomar un vino al bar de enfrente, al único bar de los alrededores. Saluda muy amablemente a todos y entabla conversación, amigable, sencilla y entretenida, con cualquiera. Escucha y sabe contar de forma discreta su larga y complicada vida. Y la de los suyos.

03 julio 2008

Discriminación en la Universidad vasca

Mi sobrino es un tío mundial, listo, alto, guapo, emprendedor, estudioso. La pera limonera es el chaval. Ojito, chavalas, que ya tiene novia formal. Cuánto me gustaría parecerme a él. Y encima es joven.

El fenómeno hizo su carrera de Fisioterapia hace ya unos años; gran profesional, habilidoso y trabajador puso su clínica privada y dedicándole muchas horas y mucho esfuerzo está sacándola adelante con gran empeño. Si será un fiera que como todavía no estaba suficientemente estresao quiso seguir estudiando y licenciarse en Ciencias de la Actividad Física y Deporte. Que se me había olvidado contarles que también es un deportista completo que habría sido capaz de seguir la senda futbolística de su abuelo si no se hubiese empeñado en estudiar tanto.

Volcado en su trabajo, y desplazado por ello de su casa, tuvo que suspender estos estudios de licenciatura en la Universidad Politécnica de Madrid. Pero el jodío chaval quiere ahora continuar la licenciatura. Me va a acomplejar. Más.

Bueno, pues que se fastidie que no puede, ya vale de faltarme al respeto debido, hasta aquí ha llegado. Menos mal que cuento con la colaboración de la Universidad del País Vasco. Estos nacionalistas están en todo y no me han fallao, que viva Ibarreche, coño.

Les cuento: mi sobrino, que porta orgullosamente el hermoso nombre de Pedro, vive en una provincia limítrofe con Euzkadi en la que no existe esta licenciatura. El muy párvulo pretendía matricularse en la Universidad del País Vasco porque allí está la Facultad que le pilla más cerca de su lugar de residencia, vaya por Dios. Como es lógico sigue trabajando y tiene que atender a sus responsabilidades profesionales en su clínica con las que pagar su vida y ahora también el resto de años que le quedan para licenciarse en Ciencias de…, bueno, de eso que les he dicho antes y que resulta tan largo de decir.

Bueno, pues no puede matricularse, que se fastidie. Los Ibarretxe boys no le dejan. No, el Rh no tiene nada que ver, tampoco importa que no sepa euskera (si mi sobrino se pone a aprenderlo lo hace en dos semanas, como Zapa aprendió economía, pero sin llevarnos a la ruina). El pajolero crío no puede continuar en la UPV sus estudios empezados en Madrid… por haberlos empezado en Madrid, hala, a fastidiarse los maketos, joé.

El caso es que empeñado en matricularse ha empezado a revolver por Internet para consultar los plazos, las condiciones y todo el papeleo burocrático a que tan aficionados somos desde antes de Larra. Incluso los vascos. Y va y busca que te busca se encuentra con el siguiente enlace que pone: “Solicitud de plaza para continuar estudios”. Date, ahí está, “continuar estudios”, pincho y solucionado, se dice a sí mismo, feliz antes de tiempo.

Pero entonces va y se encuentra con las siguientes tres posibilidades:
A) Alumnado que desea continuar los mismos estudios (Titulación) y proceden de otra Universidad o de otro Centro de la UPV/EHU (Traslados)
- Pues, na, qué pena, ése es mi caso pero yo no procedo de la Universidad Vasca, sino de una de Madrid. Tengo que seguir buscando.

B) Alumnado que haya iniciado estudios Universitarios y que desee iniciar otros estudios Universitarios distintos.
- No, no, “otros estudios distintos no”. Yo, los mismos que empecé en Madrid, Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, que es lo que me va. A ver el siguiente apartado…

C) Alumnado con estudios Universitarios iniciados en el Extranjero

- Joé, ¿y ahora qué hago yo? Que tampoco procedo del extranjero. ¿A ver si va a resultar que lo que me están diciendo es que soy extranjero? ¿No será eso lo que nos quiere decir Ibarretxe? ¿Tendré que aceptar que soy extranjero pa matricularme?

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