Palencia es una emoción:

28 septiembre 2006

UN CIEGO EN EL CAPITOL (I) EL CAPITOL

Alguien tuvo la humorada de colocarle al viejo y decrépito cine de mi pueblo el pomposo nombre de “Capitol” quizá queriendo arrastrar con el nombre el glamour y el exotismo de otras tierras, queriendo contaminarse de lujo y gloria. Ha fenecido hace ya unos años y, después de intentar sobrevivir amarga e innecesariamente como bar de copas, sólo espera pacientemente a que un día sea rentable echarlo abajo y construir en su solar una de las antiestéticas e impúdicas torres que coronan indecorosamente nuestros pueblos y ciudades. Tengo que acordarme, si la circunstancia me pilla todavía intentando sobrevivir, de comprar un ático modestito. Allí asomado a la barandilla de la terraza o del balcón, mientras a mis pies se extienden las vías entrecruzadas de la estación, camino de Burgos, de Madrid y Galicia, esperaré la llegada fantasmagórica de Rock Hudson o Dorys Day peleando a almohadazos o la de John Wayne que al frente de su diligencia vieja y desvencijada competirá con el expreso de las diecinueve treinta que efectuará su entrada dentro de breves minutos por la vía cuatro, andén tercero.
El cine es muy importante en la vida de los ciegos, más que nada por cuanto la permanente frustración va formando los caracteres. A mí las películas me las leía Mari Puri, la vecina de la casa molinera de mi padre. No sé por qué mi padre siempre vivió en casa distinta a la de mi madre. Yo, que había convivido con la situación desde niño, no veía nada anómalo en ello. Mi padre salía de trabajar del paso a nivel, entraba en casa de mi madre a dar los buenos días, desayunaba y acto seguido se iba a su casa a dormir. A primeros de cada mes mi madre, harta de fregar escaleras y portales, le devolvía la visita y salía de allí tres días más tarde con el dinero suficiente para aguantar un mes más. El hambre que habré pasao yo de pequeñito durante esos tres días de cada mes. Fue precisamente Mari Puri la que me hizo caer en la cuenta de que esas cosas no pasaban en ninguna otra casa. Bueno, en ninguna otra familia, quiero decir. Tenga en cuenta el lector que estamos hablando de 1960 y que en España no existía el divorcio, aunque mis progenitores practicaban el “ahí te quedas”que preconizaba Gila.
Pero les estaba hablando del Capitol. Bastantes años más tarde, Mari Puri, harta de la monotonía y del calor del verano, le robó el monedero a su madre y no tuvo reparo en invitarme al cine. Lógicamente me tuvo que ir contando escena por escena, pero lejos de cansarse hizo de ello un sacrificado deber que prolongó con los años. Gracias a ella me enamoré de Angie Dickinson. Y de Dorys Day y de Grace Kelly. Y de Silvana Mangano y de Tippi Hedren. Y de Ingrid Bergman. Creo que con el tiempo llegué a confundir a Mari Puri con algunas de ellas, sobre todo con María Antonieta Belluzi, la estanquera de Amarcord.
Era el Capitol, según mi fantasía se empeña en mezclarse con la realidad, un cine innecesariamente grande, ampuloso hasta el extremo, con pretensiones grandilocuentes, pero que no supo o no pudo actualizarse a tiempo, quizá porque su grosera clientela (formada fundamentalmente por una juventud hosca y holgazana, que se enfrentaba desesperanzada a un futuro laboral que terminaba al llegar a la categoría de “Mozo de vías y obras”) no daba para más. No dábamos para más. A ambos lados de la pantalla crecían unos enormes cactus de escayola que pretendiendo adornarla sólo la vigilaban estrechamente, quizá para que no escapara del ruinoso futuro que la aguardaba.
El Capitol, incluso durante sus mejores épocas y hasta el final de sus días laborales, mantuvo unas durísimas butacas de madera que después de noventa minutos de proyección dejaban duradera huella en las posaderas de los clientes. Solamente sabiendo esto, mejor aún, habiéndolo experimentado, es posible comprender sin asombro que tradicionalmente Mari Puri se sentaba en mis ingenuas, inocentes y virginales rodillas al cabo de los primeros treinta minutos de proyección y desde esa elevada posición iba “radiándome” la acción de la pantalla. Uno, que conoce personalmente la delicadeza de sus posaderas, comprende cuán innecesario y exagerado hubiera sido el sacrificio que le exigían aquellas incómodas butacas, en mi regazo se estaba mejor.
Hasta que una tarde decidió abandonar mis rodillas y empezó escalar sus posaderas por mis piernas con la excusa de que necesitaba apoyar la espalda. Así mientras Jerry Lewis se deshacía en muecas imposibles yo por primera vez sentí llegar la pubertad a galope tendido. La condenada Mari Puri olía tan bien y estaba tan cerca.... Jo, y yo tenía un problema con las manos, con las mías, quiero decir. Si ella las ponía en los brazos de la butaca... ¿Qué hacía yo con las mías?
Pero bueno, eso lo dejo para otro día, hoy sólo quería iniciarles en estas historias del cine de mi pueblo. Una vez conseguido mi propósito dejo este relato, Mari Puri se está cansando de escribir y yo de dictar. Hasta la próxima.

27 septiembre 2006

¿PERO TODAVÍA COLEA EL ONCE EME?

El 11-M, “ése” 11-M, estaba yo ingresado en un hospital, ya hacía un rato que había amanecido y encendí la radio. “Un atentado en Madrid” –dije en voz alta. E inmediatamente la acompañante del otro enfermo con el que compartía habitación se puso en pie como impulsada por un resorte, se puso una chaqueta y dijo: “Ay, madre, hay que ir a votar, ahora sí que voy a votar. Voy a arreglarlo todo (determinadas obligaciones profesionales, especifico yo) que el domingo hay que votar”.
A partir de ese momento y hasta la noche no hubo descanso, alternando la radio y la famosa televisión de monedas que hay en todos estos hospitales fui poniéndome al cabo de la calle de todo lo que había pasado y sufriendo por no poder estar frente al ordenador.
La cosa parecía clara en un principio, había sido ETA y lo que quería era influir en las elecciones. Ésa era la votación de ETA y me pareció entonces razón suficiente para anular aquellas votaciones. Luego vino todo el totum revolutum que ustedes conocen, incluidas manipulaciones claras del Gobierno, errores (¿intencionados?) de alguna prensa y manifestaciones nada espontáneas sino inducidas e ilegales ante las sedes del PP. Al final todos los indicios racionales, excepto determinados flecos de no siempre fácil explicación y que todavía están por completar, nos llevan a pensar que los atentados fueron obra de fascistas islamistas.
Aún quedan dudas y lagunas sobre la autoría definitiva de los atentados o cómo fueron llevados a cabo, pero la verdad es que me da exactamente igual quién puso las bombas, quién las financió y quien lo aconsejó. Al final los Tribunales de Justicia determinarán y personalmente asumiré lo que ellos decidan. A efectos políticos me sigue dando igual quién está detrás de todo ello, sigo pensando que aquellas bombas tenían la clara y contundente finalidad de influir en la libertad y en la decisión de los electores, razón suficientísima para atrasar las votaciones un par de meses, además estoy convencido de que el resultado hubiera sido similar al que fue.
Pienso que el Gobierno del PP se equivocó al no hacerlo, pero una vez que se decidió seguir adelante con aquellas urnas también debemos reconocer que tienen todas las bendiciones democráticas, no hay ni un solo “pero” que ponerles y el Gobierno que fue su resultado es el Gobierno legítimo de España. ¿A qué viene tanto alboroto en los titulares de radios y periódicos por machacarnos con presuposiciones, indicios, falsedades y opiniones sobre todo ello? ¿Por qué tanto empeño en deslegitimar un resultado que tiene todas las bendiciones democráticas?
Ambas partes, Gobierno y Oposición, los de entonces y los de ahora, tienen culpas y aciertos repartidos en proporciones semejantes, nadie puede arrogarse el monopolio de la honradez, de la verdad y del acierto, ambos se jugaban demasiado para ir de hermanitasde la caridad.
¿Saben una cosa?: En uso de mi libertad nunca habría votado a ninguno de estos dos grandes partidos. Si hubiese podido ir a votar.

26 septiembre 2006

ENVIDIA DEL PRÍNCIPE

A mí también me van las rubias, como al Príncipe de Asturias, sólo que no he tenido la suerte de que la mía fuese periodista para que me saquen en la tele tanto como a él. Además, rubia por rubia, prefiero a Paris Hilton que es más rubia, está más bronceada y tiene más dinero. Cualquier día haré algo para que oiga hablar de mí.
Dicen que el príncipe va a tener otro hijo y no me preocupa porque no tengo nada claro que lleguen a reinar. Tener hijos no es difícil, yo tengo una hija, lo jodío es tener suegra y tenerla en casa. En esto sí que envidio a los príncipes de Asturias, sobre todo a él, que la tiene lejos. Qué chollo.
Ni siquiera me preocupa que cambien o no la Constitución para que herede no sé muy bien quién. Tampoco me casaríacon ella, con la Consti, si como dijo alguien hace años fuese una chavala minifaldera. No me atrae lo más mínimo, es injusta, fuerte con los débiles y débil con los fuertes.
En cambio lo que a mí me preocupa es que Castilla y León (Una de las cinco partes en que los iconoclastas de la Transición dividieron a Castilla. ¿Ya puestos por qué no dividieron a Cataluña o a Galicia?) ingresa un nueve por ciento de dinero menos que la media de las demás autonomías. Sí, un casi un diez por ciento menos, ni que nos sobrase el dinero. O sea, que además tenemos que poner la cama. O el más pobre dando limosna. Y esto ni toda la familia real que renunciara a sus prebendas lo iba a solucionar. Todo ello gracias a un sistema de financiación autonómica profundamente injusto, que da más a quien más tiene y se lo niega a las comunidades despobladas, abandonadas y desindustrializadas.
Les apuesto a que Juanvi Herrera, ese político acomodaticio y genuflexo que padecemos los castellanos del norte, no le dice nada a Zapa-Cero cuando venga esta semana a hacernos una visitilla, que va a venir. No tiene valor para echárselo en cara, no se atreve, no dirá nada. ¿Y saben por qué? Porque este sistema de financiación autonómica que beneficia a las regiones más dinámicas, aquellas a las que no les han expoliado su industria, que no les han expoliado su población, y que por lo tanto perjudica claramente a regiones como las castellanas, se lo debemos a su antiguo jefe, José María Hace Na.
Claro, si alguien supone que yo debería estar feliz porque unos señores de Madrid van a tener una hija estará muy equivocado. Más me importa el futuro de Castilla, sí, y de España, que el de la monarquía. Yo al príncipe le envidio lo de la suegra, ya digo, pero nada más, ni esposa, ni hija ni siquiera el trabajo, que yo cierro mi negociado cada tarde a la misma hora y sanseacabó hasta el día siguiente.
Ahora que lo pienso, qué más dará si Juanvi se lo dice o no se lo dice a Zapa Cero si no le va a hacer ni pajolero caso. En Castilla no tenemos un puñao de parlamentarios que acogote a los sucesivos gobiernos y ya sabemos lo que esas cosas parlamentarias motivan a todos los presidentes. Vamos, alguno aprendió catalán de la noche a la mañana con tal de hacerse con la silla del poder....Zapa Cero va a venir, se va a hacer unas cuantas fotos y se va a reír de Juanvi y sus secuaces cuando empiecen a cantarle (por jotas, espero) nuestras penas. Porque penas sin parlamentarios no son penas.

24 septiembre 2006

EL PRESIDENTE DE ITALIA DEBE PEDIRNOS PERDÓN

Conste que llevo varios días dándole vueltas en la cabeza y no me he animado a escribirlo hasta ahora, en feliz coincidencia con una botellita de vino dulce que me he sabido procurar hace un rato. El caso es que pienso que Italia debe pedirnos perdón a los españoles. Bueno, a medio mundo, según creo, pero no quiero hablar en nombre de los demás. Italia debe pedirnos perdón, coño.
Y debe comparecer el presidente de la república en república presentación, ante cámaras y micrófonos de medio mundo para disculparse por la invasión de las legiones romanas, aquella afrenta ignominiosa que nos causaron hace tantos años pero que algunos llevamos clavada en el alma como la gran ofensa que entonces fue para una nación de guerreros indomables y libres como éramos en aquel momento. A chulos no debe haber quien nos gane y puestos a exigir disculpas a los árabes no sé por qué ponerle barreras al tiempo y detenernos en el 711. Y aún me estoy planteando que el presidente de Irlanda pida disculpas por las invasiones de los celtas, pero no sé si llegar tan lejos. Cuando la botellita vaya acabada me lo pensaré.
Conste que es algo que no me ha surgido así como así, eh, no, nada de eso. En primer lugar pensé que debía ser el alcalde de Roma el que empezase a pedir disculpas ciudad por ciudad, a diestro y siniestro, pero caí en la cuenta de que iban a ser demasiadas disculpas seguidas y que el hombre no iba a tener tiempo de gobernar una ciudad tan caótica como la suya, que bastante tiene el pobre. Además, que muchas ciudades de las que se cepillaron los romanos ya ni existen ni se le conocen descendientes. Mejor, pensé posteriormente, que se hiciera por comunidades autónomas y que Juan Vicente Herrera, ese semidesconocido presidente que tenemos en Castilla y León, recibiera las disculpas de su homólogo del Lacio, pongo por caso, aunque sólo fuera por lo de Numancia y cosas así.
Pero, apurado mi tercer vaso de mistela, tampoco me convenció la idea, así que finalmente decidí a través de este blog acudir lo más alto posible y que fuera el presidente de Italia el que nos pidiera perdón por tantos siglos de dominación salvaje que destruyó aquella floreciente civilización que vaya usté a saber dónde habría llegado de no ser por el salvajismo de una intervención armada en la que el imperialismo hizo lo único que sabe hacer aún en estos albores del siglo XXI: Dominar a los más débiles por la fuerza de las armas, del fuego y de la sangre y someterlos a su colonización.
Y no se crean ustedes que me pienso detener aquí, no. Estoy seguro de que a medida que la botella vaya bajando yo iré subiendo y acabaré por exigir disculpas al presidente de la República Federal de Alemania y al de Francia. Al tiempo. Bueno, a la botella. Ambos tienen razones históricas, con ambos tenemos aún cuentas que ajustar, hay muchas deudas que saldar.
Y si a alguien se le ocurre pensar que España tiene disculpas que pedir a otros que lo vaya olvidando, nosotros los invadimos violentamente, sí, pero ésa fue la única manera de imponer la civilización a una horda de indios salvajes y semidesnudos que deben estarnos agradecidos por haberlos introducido de aquella manera en el mundo civilizado de occidente.
He dicho.
Que me traigan otra botella.
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(Un par de horas más tarde, después de la segunda botella) Agabo de gaer en la güenda gue lo de Francia tiene más morbo. Ahora gue esdá de moda devolver a gada museo lo gue fue suyo nos íbamos a poner moraos gon la de imágenes gue nos denían gue devolver los gabashos, la de hornacinas vacías gue denemos gue gompledar gon sus imágenes originales, la de aldares mayores gue se quedaron vacíos guando la francesada. Gue se vaya brebarando el bresidente De Gaulle.

23 septiembre 2006

CASTILLA, VÍCTIMA DEL NACIONALISMO

Sobre Castilla, antaño nación poderosa y hoy región casi inexistente y dividida en cinco autonomías, sobre su obra y sus ciudadanos ha debido caer una maldición que la hizo víctima de cuantas circunstancias políticas han ocurrido en España desde hace muchos siglos. Que esté tranquilo el lector que no me voy a remontar al manido episodio de los Comuneros ni a calentar sus neuronas con citas de la Histeria de España. Pretendo sólo hacer ver cómo nuestra resignación y mansedumbre forman parte de la decadencia política, económica y cultural que están acabando con una tierra que ya no tiene capacidad para exportar ni ideas ni productos ni los cientos de miles de hombres que han enriquecido otras tierras, desertizando nuestros campos y envejeciendo nuestros pueblos hasta la desaparición.
Castilla ha sido, gracias a nuestro silencio culpable, víctima del nacionalismo español de siglo XX que la tiranizaba e identificaba torticeramente su idioma y su cultura con España, con “su” España, haciendo de nuestra manera de ser castellanos la única manera políticamente correcta de ser español. Mientras se ensalzaba nuestra cultura y se imponía nuestra lengua, anulando nuestra personalidad y manipulándola, se nos esquilmaban nuestros ahorros encauzándolos por ejemplo a financiar el metro de Barcelona, al tiempo que se cerraban nuestra industria textil y alimentaria, trasladándolas a otros lugares, a los que, oh, maravilla, habían de emigrar forzadamente los mismos hombres que habían sido privadas de ellas, abandonando nuestros campos y ciudades. Castilla pasó de ser dominadora a ser abandonada, la región en cuya halda había enraizado España se vio rechazada por aquellos cuyo nacimiento había procurado.
Durante la Transición política de finales del pasado siglo Castilla apareció siempre como la fuente de todos los males, reo de todos los delitos, acusada de todas las infamias de la dictadura. De la opresión, pobreza, atraso, falta de libertad, oscurantismo, centralismo, sobre todo del centralismo, la culpable era Castilla. Como si en Cataluña, País Vasco, Andalucía, Galicia o en cualquiera otra región no hubiera encontrado el Franquismo apoyos humanos, políticos y económicos con sesudos nombres y apellidos para mantenerse firmemente anclado en el poder durante 40 años. En la formación de las Comunidades autónomas los castellanos éramos los grandes apestados. La frase más repetida era la “No, con Castilla, no. Todo antes que formar parte de Castilla”.
La Rioja, Cantabria y León pretendieron salir de la región geográfica, humana e histórica a la que siempre habían pertenecido (y en algún caso cuyo idioma habían prohijado, hasta el punto de que ahí están las dos primeras discutiendo cuál fue la verdadera cuna del idioma... ¡¡castellano!!) y a la que ahora negaban cual Judas traidor. Sólo León, cuna de Martín Villa, (“León debe formar una Comunidad con Castilla por razones de Estado”) quedó integrada con una parte de Castilla.
¿El resto de Castilla? Víctima del nacionalismo, claro. La partición de Castilla fue cuestión impuesta por los nacionalismos periféricos, aterrados de lo que una Castilla fuerte y unida podría intervenir en la política nacio..., “estatal”. Ah, no, Castilla no podía tener influencia en el nuevo Estado que se estaba preparando dijeron los nacionalistas que esperaban medrar como lobos hambrientos. Más centralismo no. Más atraso no. Más incultura no, dijeron aquellos mismos que habían sido mimados en inversiones e infraestructuras por el reiteradamente rechazado centralismo. Y el nacionalismo español bajó la cabeza y se subió los calzoncillos hasta las axilas, protegiéndose la “hombría” con las dos manos por si acaso, pensando estúpidamente que con ello aquellos nacionalistas, primeros beneficiados económicos de la dictadura, se conformarían ahorrando muchos años problemáticos a España.
Y el nacionalismo español “tragó”. Y por ello se inventaron autonomías falsas, postizas, de cartón piedra, como Castilla-La Mancha (Siempre pregunto por qué no se hizo una Castilla-La Alcarria o Castilla-La Tierra de Campos). A la voz de “Todo por España, todo contra Castilla” El nacionalismo español se acongojó, condenando así a Castilla a representar el papel secundario que ahora desempeña, el que quisieron aquellos que pretendían seguir beneficiándose de la democracia como se beneficiaron del franquismo.
¿Y los castellanos? Acomplejados y callados, sin conocer su problema, votando mayoritariamente a los que la esquilmaron, pensando sólo en España, claro. ¿Y los que la defienden? Obsesionados con parecerse a otros nacionalistas en vez de querer parecerse a los hombres de la Tierra que quieren defender, intentando emular a aquellos a quienes los castellanos rechazan, que se beneficiaron de nosotros en dictadura y democracia.
Por cierto, si esos nacionalistas periféricos fueran listos sabrían qué hacer para robarle votos a PP y PSOE en su principal vivero de votos.

22 septiembre 2006

Hedor a España negra y vengativa

Debo ser un bicho muy raro, me parece lógico que algunos se empeñen en ese invento de la memoria histórica, que anden levantando sepulturas comunes por nuestros campos y cunetas y que se empeñen en reivindicar la República. La Segunda, claro. Pero no estoy seguro de que yo lo hiciera si estuviese en la misma tesitura, por ahí viene la rareza. Visto desde este momento histórico creo que me parecería absurdo y que no conduciría a nada si alguno de mis ascendientes hubiese sido fusilado. Por cierto, mi padre estuvo a puntito de serlo y sólo la suerte le salvó. Ésa suerte les evitaría ahora a ustedes leerme.
Si a mi padre le hubiesen fusilado (Después de concebirme a mí, porfa) por nada del mundo le dedicaría una de esas esquelas que aparecen últimamente en los periódicos con una leyenda que dijera: “Asesinado por las hordas marxistas”. O “Vilmente fusilado junto a otros republicanos ejemplares por los golpistas fascistas”. Me parece que eso sería usar su memoria como arma arrojadiza casi un siglo después en esa vana guerra de esquelas que se ha desatado en la prensa española, estoy seguro de que él no lo querría. Un absurdo, vaya.
Sí, sí, supongo que sí querría saber qué, cuándo y cómo pasó, y sin duda enterrarlo dignamente, recuperando su memoria con decoro y sobriedad. Pero usarlo contra la otra media España (“Mirad lo que habéis hechooo”) más de medio siglo después, me parecería justamente lo contrario de lo que yo debería hacer. La culpa fue de todos, ni la República marxista enemiga de España ni el Fascio irredento impulsado por la caverna vaticana, por poner ejemplos, salen inocentes de la más elemental prueba del algodón de la pureza de intenciones.
Además, cargar los muertos y el dolor al otro bando no serviría para nada. Siempre están “ellos”, los “otros”, la otra media España que también tiene sus muertos y sus duelos y que sin duda se parapetaría tras ellos para disparar dignidades atacadas y ofensas todavía vivas después de setenta años. Enfrentarse a duelos, a muertos y a dignidad vilipendiada no lleva a ninguna parte, todos tienen sus muertos, sus duelos y su dignidad.
Creo que muchos españoles llevan el enfrentamiento a flor de piel. Todavía no tengo claro si llevan el enfrentamiento en general o “aquel” enfrentamiento en particular. Somos frentistas a poco que escarbemos bajo nuestra epidermis y sin embargo no estamos para echarnos culpas unos a otros porque ambas españas cometieron suficientes errores para que siempre alguien del otro bando (¿?) pueda decir “Y tú más”. Y si aunque “una” fue la España que se rebeló me pregunto si la “otra” no lo provocó, consciente o inconscientemente.
Aún ahora nos encontramos con declaraciones y actitudes frentistas si examinamos con cuidado las afirmaciones de algunos (unos pocos de la derecha, otros pocos de la izquierda y bastantes de los nacionalistas, incluidos aquellos que curiosamente titubearon a la hora de decidir a quién apoyaban cuando lo del 36) políticos ejercientes. Deberíamos hacer un esfuerzo por no revolver nuestro turbio pasado o por revolverlo intentando no arrojar polvo a la cara de los demás. Usando toneladas de discreción y esperanza de futuro, todos saldríamos ganando.
El frentismo actual se ha trasladado incluso a los periódicos, derechas e izquierdas se enfrentan a esquelas de revancha con hedor a España negra y vengativa, pero también a titulares a cinco columnas que con frecuencia se resumen en el ya relatado “Y tú más”, lo que mata bastante menos que una bala, hay que reconocer. Nunca sabes qué España periodística va a helarte el corazón, así que por si acaso yo estoy suscrito a las dos. El problema es que la derecha también se presenta en prensa dividida y enfrentada, como casi siempre, y el dinero no me llega para tanta suscripción.

EL PELIGRO DE TANTO JUYBILADO SOCIALISTA

Ya sólo queda Rubalcaba. De la vieja guardia socialfelipista ya sólo queda Rubalcaba. Cómo se las habrá arreglado el hombre para sobrevivir y medrar a pesar de tanta purga zapateril es un misterio. El caso es que el PSOE se está llenando de jubilados y eso es malo, los jubilados son malos para el Gobierno. Yo aviso y si Pepe Blanco y compañía no lo quieren ver allá ellos, pero el asunto se les puede complicar por los jubilados del PSOE.
Maragall es el mejor exponente de cómo van de ánimos estos jubilados de oro del PSOE. Su cabreo es de los que hacen época, de cómo las gasta ya ha avisado su mujer que se ha borrado de las listas de afiliados del Psc. “Ahí os quedais” puede haber dicho. ¿Y qué va a hacer Maragall de tanto tiempo libre que le va a quedar? ¡Qué peligro! Lo mismo que los ancianos de mi pueblo. Y si no, al tiempo.
Otro tanto puede empezar a pensarse de José Bono, de Rodríguez Ibarra y de Paco Vázquez. La corriente más españolista del PSOE, defenestrada o ascendida a cargos en los que no pintan nada. Que no estorben, parece haber sido la consigna. Más jubilados dorados.
Lo bueno de los jubilados es que tienen demasiado tiempo libre. Pueden levantarse temprano o no. Pueden desayunar en casa o no. Pueden dormir la siesta o no. Pueden juntarse en la plaza del pueblo o no. Tienen mucho tiempo libre para pensar, examinar y opinar. Y eso es lo malo, que tienen demasiado tiempo libre. ¿Se imaginan tenerlos las 24 horas en casa?: “Y esta mancha por qué no se quita? No comprarías más barato en la tienda de la esquina en vez de irte al súper?”
Imagínense a todos estos brillantes socialistas ociosos, paseando por la calle Mayor de España, caminando despreocupadamente con las manos a la espalda, deteniéndose a observar si aquella hoja de árbol se decide a caer o no. Y según van paseando y hablando de cuando hicieron la mili, o de cuando eran importantes, qué más da, vigilan. Vigilan las nuevas construcciones de la avenida principal, controlan las obras de acerado, no se pierden aquella zanja que unos obreros llevan tres días abriendo un poco más allá. Vigilan y controlan, vigilan y controlan. Y hablan y comentan, incluso hacen una puesta en común en cada barra de bar donde paran a tomar el “chato” (Éstos lo tomarán de Vega-Sicilia, seguro) y critican los desaciertos del señor alcalde. O en este caso del presidente de Gobierno.
Los jubilados pueden ser un problema para Rodríguez Zapatero a poco que se descuide. Alguno de ellos ya ha dejado huella de la potencia y calidad de su capacidad verbal. Imagínenselos criticando al alcalde porque aquel semáforo lleva una semana sin funcionar o preguntando en voz alta que por qué tienen que abrir otra vez la calle si ya la abrieron la primavera pasada. O que por qué se negocia con ETA, se cede a los nacionalistas o no se llega a un acuerdo sobre la emigración con el PP. Lo malo de los jubilados es que tienen demasiado tiempo libre y la manía de gastarlo vigilando, controlando y criticando las modificaciones que se llevan a cabo en la sociedad. Es de temer el día que les dé por hablar y opinar. Encima ya ni pueden echarlos. Ya los han echado.

17 septiembre 2006

EL PAPA DEBE PEDIR PERDÓN

Son grandes personajes y líderes de opinión mundial que tienen detrás multitud de seguidores; sean políticos, economistas, sindicalistas o líderes religiosos son seguidos por demasiados millones de personas que están pendientes de lo que dicen o callan. La mayoría de ellos no acostumbran a escribir sus discursos, suelen disponer de “negros” suficientes para que se los escriban, ellos no suelen hacerlo casi nunca, aunque, bien claro, por lo menos deberían repasar en privado aquello que luego van a “soltar” en público. Algo parecido le ocurrió al Rey de España cuando en Cataluña y delante de las primeras autoridades catalanas afirmó que su idioma nunca había sido perseguido. En aquel momento nadie se rió por puro respeto, pero a la conclusión del acto le llovieron críticas en todos los medios de comunicación. Si Su Majestad hubiera preparado el discurso cabe suponer que jamás hubiera hecho tal afirmación.Imagino, o al menos quiero creer, que al Papa le acaba de ocurrir lo mismo. Con lo que está lloviendo en el mundo se le ocurre hacer en voz alta semejante afirmación sobre Mahoma y el Islam... Después de lo de las viñetas, después de tanta guerra injusta, después de tanta bomba y tanta masacre eso era lo que les faltaba a algunos de los grandes fanáticos islamistas, eso era justamente lo que estaban necesitando, la carnaza que llevan buscando tanto tiempo para azuzar las desavenencias entre ambas filosofías religiosas. Todo ello sea dicho sin limitar lo más mínimo la torpeza del Papa, la inconveniencia de sus palabras y sobre todo lo absolutamente innecesarias que eran.Sí, creo que el Papa debe correr a pedir perdón a todos los creyentes musulmanes. Debe tener la humildad necesaria para reconocer ante la comunidad internacional que se ha equivocado, añadiendo que tampoco era ése el mensaje que quería transmitir.
Habrá que admitir no obstante que además de su error hay mala interpretación buscada por parte de algunos líderes político-religiosos, deseosos de que el Apocalipsis se cierna sobre la humanidad, interesados en el enfrentamiento y en derramar la sangre de los “infieles”, lo que es decir de todos aquellos que no piensan como ellos.
Debe Su Santidad aclararlo todo bien prontito, antes de que el mal aumente con el paso de los días y los sustos y destrozos de estos días se conviertan en enfrentamientos sangrientos y, posiblemente, asesinatos. Pero sobre todo debe darnos cristiano ejemplo de humildad y reconocer que se ha equivocado, que nunca debió realizar tamaña afirmación, por mucho que además haya que centrarla en el contexto histórico en que su autor, emperador bizantino del siglo XIV, la realizó. Su gesto será sin duda ensalzado por todo el mundo, desde los escépticos a los religiosos pasando por ateos y agnósticos, excepto aquellos extremistas musulmanes que quedarán descubiertos y señalados públicamente
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15 septiembre 2006

HISTORIA DE UNA HORA (El toro de la Vega)

Que todos somos influenciables es algo fácil de demostrar, para eso existe la publicidad, para eso existe el ejemplo y hasta para eso existen los mítines políticos. Si ustedes me permiten, hasta para eso existen los periódicos y los informativos de radio y televisión.
Más de una vez había visto de soslayo imágenes del Toro de la Vega, la tradicionalísima celebración de Tordesillas. Debo correr a asegurar que jamás le había prestado mucha atención, era simplemente algo accesorio, habitual y que formaba parte del ruido que nos envuelve y acompaña de por vida. Como las banderolas que adornan las alturas de una calle de pueblo los días de fiesta, están ahí, no les prestas atención pero forman parte de ambiente.
Pero este año y al hilo de las manifestaciones y protestas que lo han rodeado he prestado más atención, he mirado con cuidado las imágenes e informaciones que nos servían televisiones y periódicos y por primera vez me he detenido a observar, no sólo a ver. He esperado varios días a serenarme y a que se me pasaran las primeras impresiones, lo que voy a escribir no es producto de un calentón volátil ni fruto momentáneo de sentimientos nacidos de las profundidades viscerales.
He mirado y he visto a un animal rodeado por treinta mil fieras humanas, rugientes, desencajadas y excitadas que lo perseguían y acosaban durante una hora hasta la extenuación, un animal noble e inocente que durante una hora ha buscado absolutamente en vano una salida de tan salvaje marea de hormonas, alcohol y sudor, un animal fiero que sólo al cabo de una hora se ha rendido, sin encontrar más que la muerte como única salida, la muerte a bestiales lanzazos medievales.
Medievales, sí, que los primeros datos tratan de 1453, 1494 y 1593. Tradición, tradición, tradición. Yo soy un firme defensor de las tradiciones, amo las tradiciones, sé que sin tradiciones no somos nada, sé que sin conocer y celebrar nuestros orígenes no podremos nunca saber hacia dónde vamos. Pero me pregunto si hay que mantener invariables todas las tradiciones, si a medida que el ser humano evoluciona no convenía que también algunas de nuestras prácticas evolucionaran.
¿Podemos en el siglo XXI aferrarnos a los mismos hábitos, podemos mantener férreamente los mismos ritos sociales que en la época de la esclavitud, que cuando se decapitaba a los enemigos del Imperio, que cuando la mujer era un ser inferior, que cuando el Rey tenía siervos y vasallos en vez de ciudadanos? ¿Puede el ser ¿humano? del siglo XXI mantener a toda costa la misma filosofía vital que cuatrocientos o quinientos años antes? ¿Acaso mantenemos la antañona costumbre de retarnos en duelo de espadas a la caída de cualquier tarde? ¿Seguimos manteniendo la arraigada querencia de vengar con sangre las ofensas recibidas? ¿Acostumbramos a ir por las calles embozados con capa y sombrero? ¿Se sigue echando las inmundicias por la ventana al rancio grito de “agua va”? ¿O hemos evolucionado?
En los siglos XV y XVI no se conocía manera más civilizada de bregar con un toro, pero cuando la Humanidad es capaz de poner un cochecito en Marte, de atravesar en tren el Canal de la Mancha y de mandar cartas al otro extremo del mundo en un segundo ¿basta aludir a la tradición para mantener tan salvajes procedimientos? ¿Se puede torturar durante una hora a un animal aludiendo a que se lleva haciendo durante quinientos, mil o dos mil años?
Me pregunto si no habrá manera de mantener la tradición evitando el daño gratuito al animal, si como en otras partes no se podrá compaginar sensibilidad y tradición. En Manganeses de la Polvorosa se ha encontrado una solución a la costumbre de arrojar una cabra desde la torre de la iglesia, en muchos otros lugares ya no se corta desde un caballo a la carrera la cabeza de los gallos que cuelgan vivos de lado a lado de la calle.
Me pregunto si las tradiciones son inmutables por sí mismas, me pregunto si la Humanidad avanza. Hacia delante, quiero decir.
http://pedrodeh.blogspot.com/

14 septiembre 2006

ESPAÑA CASPOSA, RUBIANES Y LAS "JUMENTUDES" DEL PSC

Afortunadamente no puedo pedir la baja en las juventudes del PSC porque ya se me pasó el arroz. Bueno, y porque nunca habría militado en partido ninguno, tanta disciplina no es para mí, paso de consignas y de tener que defender lo que digan mis jefes aunque no me guste, caramba, basta de borreguismo, viva la personalidad. Si a mí alguien trata de imponerme que defienda al Pepe Rubianes le mando con el idem y sus escatológicas intransigencias. Al guano, o sea.
Jo no soc Pepe Rubianes ni harto de vino, lo digan las jumentudes de mi partido o lo digan las jumentudes del Partido Socialista Catalán, que son las que lo dicen. Para mí que los socialistas catalanes quieren vendernos como antifascismo las declaraciones violentas de un tío tan intransigente, tan intolerante y tan dictadorzuelo que defeca encima de todos los que no piensan como él. Que eso es lo que vino a decir cuando quiso rectificar porque media España, sólo media, se le echó encima. ¿No es eso fascismo en estado puro? O estalinismo, que me da igual en qué mejilla me den la bofetada, en nombre de qué me insulten o en nombre de qué me quieran imponer el pensamiento único.
Toca las narices que quieran vendérnoslo como el colmo de la tolerancia, del progresismo y del antifascismo. Y como cultura catalana, según el torpe Montilla, no te jode. Anda que no se revolverán en sus tumbas Ramón Llul, Ausías March y Antonio Gaudí, por poner los primeros nombres que a bote pronto me han venido a la cabeza. Dan ganas de decir que viva la ignorancia, pero me quedo con que viva la tolerancia y que se mueran los intolerantes. Quieren hacernos creer que la suya es la España moderna, europea y del siglo XXI, cuando en realidad es la España más casposa y decimonónica, la España de las pinturas negras de Goya en la que unos ciudadanos en blanco y negro se machacan a garrotazos para ver quién es más machote, la España que huye de la inteligencia y dirime sus diferencias a insulto limpio, la España que no se gusta, se avergüenza y en vez de esforzarse y mejorar prefiere calumniar al vecino próspero, al que envidia porque su negocio marcha viento en popa.
Hablando de intolerancia.... ¿dónde carajo se meten esos defensores a ultranza de la libertad de expresión cuando intelectuales de verdad, no del tipo Ayrgamboy o Famóbil, se quedan sin poder dar una conferencia en la Universidad? Quiero yo entonces verles defender la Libertad. Pero en realidad pasan de mandangas si el ofendido no es de lo suyos; les importa un bledo que determinados nombres que no militan entre sus filas se vean impedidos reiteradamente de hablar en público en determinadas universidades. No les importa la Libertad, las libertades, les importa la Libertad de los suyos, a lo que parece.
Y sus papás, sus papás políticos quiero decir, esos mayores suyos que tan indolentemente se fotografiaban a su lado el onze de setembre. El problema de la juventud española es que los mayores han perdido la costumbre de corregir a lajuventud, de marcarles límites, de controlarles, es algo que comprobamos diariamente quienes acostumbramos a convivir con chavales. Pues los papás políticos de esa jumentud socialista catalana algo deberían haber dicho, cualquier cosa menos identificar la Cultura Catalana (Lo pongo con mayúsculas porque se lo merece) con semejante diarrea verbal de un artista semidesconocido, de mediano éxito en un teatrillo de las Ramblas (Excepto ahora, que estará llenando), cuya mayor contribución a la cultura es Maki Navaja, aquel personaje barriobajero que representó en la tele.
Que Montilla haya soltado esa memez y que haya salido con Joan Clos en esa foto sin correr a curritos a los brutos jumentos del PSC sólo nos certifica que para apagar incendios en Galicia hace falta saber gallego, pero que para ser ministro no hace falta más que ser de la panda de Zapa-Cero.

13 septiembre 2006

TONTO EL QUE TRABAJE

Conste que muchos no necesitábamos que viniese la OCDE a decirnos que la Educación en España va mal. Los que trabajamos en las aulas lo vemos todos los días, lo comprobamos permanentemente en nuestro esfuerzo diario. Carecíamos de las cifras exactas, ésas que nos dicen que el 30% de los alumnos repite secundaria y que el 30% de todos ellos abandona sus estudios antes de tiempo. No sé quién es el culpable, probablemente todos aquellos que de una manera u otra participamos en el sistema educativo tenemos mucho que ver en ello, cada uno en un grado diferente según su responsabilidad, según su posición en el organigrama educativo.
Pero hay algo de lo que toda la sociedad es corresponsable en igual o parecida medida: el absoluto desprestigio del esfuerzo. La sociedad civil española carece del sentido de la responsabilidad, es algo que no hemos sabido transmitir a nuestros hijos, hemos creado la impresión de que todo nos ha de ser otorgado porque sí, sin méritos, trabajo ni dificultad; hemos fabricado la falsa impresión de que todo se nos debe porque entra en nuestros derechos, hemos creado una sociedad hedonista en la que conceptos como esfuerzo, trabajo, sacrificio y obligación carecen de valor. Tonto el que trabaje.
Está en nuestro ambiente que lo importante es divertirse y gozar de la vida, que lo fácil es llegar al éxito, a cierto tipo de éxito, que lo importante y trascendente es divertirse y ser permanentemente irresponsables. Nuestras televisiones están llenas de personajillos de medio pelo cuya vida, o aquella parte que nos enseñan, aparece como ejemplo que se ofrece a los demás en medio de brillos, colorines y luces refulgentes. La dolce vita inunda la sociedad, trasciende la escuela y llega a multitud de hogares en los que la idea que se trasmite a los chavales es ganar mucho dinero cuanto antes. Se echa de menos un cierto sentido trascendente de la vida.Se nos ha llenado la cabeza con ideas, muy válidas por otra parte, sobre nuestros derechos, pero nadie nos ha hablado suficientemente de nuestras obligaciones. Todos tenemos derecho a todo, todos sabemos enumerar nuestros derechos pero nadie ha realizado el mismo hincapié en recordarnos nuestras obligaciones y compromisos con los demás y con nosotros mismos; que no nos hablen de nuestras obligaciones, no, no. Sólo una minoría selecta de padres parece haber comprendido esto y lo trasmite a sus descendientes. Por cierto, ¿tomaron ustedes nota la semana pasada de la barbaridad de dinero que los padres españoles entregan como propina a sus hijos? Pues eso, viva la vida, cigarras.

10 septiembre 2006

POR UNA NUEVA IZQUIERDA ESPAÑOLA

Sí, yo quiero otra izquierda: Quiero una izquierda que como cualquier izquierda europea y moderna tenga claro el concepto de nación y patria y no le dé vergüenza reconocerlo ni decirlo en voz alta; una izquierda que tenga la misma idea que la izquierda sueca, italiana o alemana respecto de lo que es su nación y su Estado, que piense que el internacionalismo empieza por reconocerse y aceptarse y quererse y valorarse uno mismo.
Una izquierda que esté tan orgullosa de sí misma y de sus ideas como de la nación que los acoge y del Estado al que tienen que defender. Yo quisiera que la izquierda española fuese como la izquierda francesa, permítanme poner un ejemplo cercano geográfica y culturalmente. Y no se me malinterprete: no, no quiero que tenga la misma idea jacobina de la organización del Estado, no estoy hablando de ello.
Quiero una izquierda como alguna derecha. Quiero una izquierda como la derecha catalanista, que jamás hubiera permitido aquellos insultos a la patria supuesta o real, me da igual, de todos, repudiando con toda razón a quien la hubiera insultado gravemente en lugar público. Quiero una izquierda que reaccione como hubieran reaccionado derecha e izquierda vasquistas, sindicato de CC.OO. incluido, que unidos como una piña jamás hubieran permitido la entrada a semejante energúmeno en ningún foro cultural (¡¡cultural!) y que hubieran defenestrado a aquel estúpido y risueño presentador que lo acompañaba.
Quiero una izquierda que no confunda la libertad de expresión con el insulto de un corazón retorcido y amargado, que no busque excusas estúpidas y falaces confundiendo la libertad con la falta de respeto y la zafiedad con la gracia; una izquierda que no ande cogiéndosela con papel de fumar cada vez que un ¿artista? semidesconocido insulte al resto de compatriotas, que no retuerza el vocabulario ni la expresividad ni la gramática para defender lo indefendible cuando un mal nacido profiera en voz alta insultos de grueso calibre para aquello que nos es común. Quiero una izquierda que tenga claro que el sentimiento de patria es demasiado valioso para dejarlo otra vez en manos de la derecha.
Quiero una izquierda que reaccione como estoy seguro de que hubiera reaccionado la izquierda francesa, sueca, noruega o griega (Por cierto, el nacionalismo en Grecia es bandera de los partidos de izquierdas) cuando un insensato semidesconocido pretendiera provocar a base de insultos (Siempre me he preguntado, ya que estaba en Cataluña, por qué no prefirió provocar insultando a Cataluña)
Yo quiero una izquierda moderna, que no se avergüence de defender tan orgullosa como democráticamente a su patria, una izquierda que no crea que la patria es un casposo valor propio de la derecha fascista, una izquierda para la que la patria tenga el mismo elevado valor que tiene para grupos de ultraizquierda como los miembros de las FARC, que no se avergüenzan de su propia bandera y no les importa reconocerla en plena campaña de actos terroristas.

08 septiembre 2006

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DE RUBIANES

No estoy seguro de que existan las libertades; de lo que estoy seguro es de que existe o al menos tiene que existir la Libertad. Sin Libertad no hay libertades. En la Libertad están todas las libertades, así como en el Derecho están contenidos los derechos. Las libertades consideradas una por una no existen si no existe un Régimen de Libertad que las ampara a todas y las acoge.
Dicen que va a nacer un partido de Centro. Sólo puede existir un partido de Centro si existen Derecha e Izquierda. Las libertades existen porque se compensan entre todas, se limitan y contrapesan entre todas, se engrandecen entre todas y entre todas se apoyan. Cada libertad y cada derecho existen porque existen la Libertad y el Derecho.
No existe la libertad religiosa sin más; no existe la libertad de manifestación, sin más. No existiría la libertad de pensamiento si no existiera la libertad de ejecutar aquello que se piensa. O existen todas las libertades y todos los derechos o no hay Libertad ni Derechos.
No existiría la Libertad de expresión si cada uno fuésemos diciendo todo aquello que pasa por la mente, incluidas especialmente las más calenturientas, sin ninguna cortapisa, sin las limitaciones que las libertades de los demás, sin el contrapeso de los derechos de los demás.
“Cagarse en las muertos” de un mal vecino, por ejemplo, no puede ser puesto como ejemplo de libertad de expresión. Que siete chavalas se paseen desnudas por una playa, se toqueteen y se besen y escandalicen no puede ser contemplado como libertad, puesto que existen unos cuantos cientos de bañistas que se siente ofendidos y tienen su derecho a bañarse sin sentirse incordiados.
Nadie se atrevería a calificar como derecho de expresión a quien quisiera “cagarse en la puta Andalucía”, en el padre de todos los extremeños o en la madre de todos los habitantes de Torredonmarcelino, pueblo que tengo la esperanza de que no exista. En caso contrario los afectados podrían sentirse justamente ofendidos, indignados y tendrían todo el derecho del mundo a entablar las acciones judiciales que un Estado democrático pone a su alcance. Y aunque he tratado de evitarlo no puedo resistirme a caer en la fácil y demagógica tentación de preguntar qué pasaría si yo saliese en mi programa de tele cagándome en la puta Cataluña o la puta Euskalherría, barbaridad que no estoy dispuesto a cometer porque ambas autonomías merecen mi máxima consideración, como por otra parte es lógico e inevitable, y porque por nada del mundo quiero yo parecerme al tal Rubianes ese.
Pero los cefalópodos que quieren defender al ¿artista? aludiendo a su libertad de expresión no tienen ni pies ni cabeza. Rubianes tiene mil maneras de decir lo poco que le gusta España, alguna España o algún modo de ser de España, como después ha querido puntualizar. Se lo estamos oyendo todos los días a más de un energúmeno metido a político de campanario y nadie se escandaliza.
Si eso es libertad de expresión yo también podría ir al pueblo de enfrente a decirle que son unos hijos de puta, a los inmigrantes podría decirles que son todos unos chorizos que vienen a robarnos y hasta me atrevería a decir que los negros son inferiores a los blancos. ¿Si yo pensara tamaña serie de disparates (¿Necesito aclarar que no las pienso ni por lo más remoto?) y en mi defensa aludiera a mi libertad de expresión, qué pensarían semejantes cefalópodos sin pies ni cabeza?
Hay cosas que no se pueden defender y además son indefendibles.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEL TAL RUBIANES

No estoy seguro de que existan las libertades; de lo que estoy seguro es de que existe o al menos tiene que existir la Libertad. Sin Libertad no hay libertades. En la Libertad están todas las libertades, así como en el Derecho están contenidos los derechos. Las libertades consideradas una por una no existen si no existe un Régimen de Libertad que las ampara a todas y las acoge.
Dicen que va a nacer un partido de Centro. Sólo puede existir un partido de Centro si existen Derecha e Izquierda. Las libertades existen porque se compensan entre todas, se limitan y contrapesan entre todas, se engrandecen entre todas y entre todas se apoyan. Cada libertad y cada derecho existen porque existen la Libertad y el Derecho.
No existe la libertad religiosa sin más; no existe la libertad de manifestación, sin más. No existiría la libertad de pensamiento si no existiera la libertad de ejecutar aquello que se piensa. O existen todas las libertades y todos los derechos o no hay Libertad ni Derechos.
No existiría la Libertad de expresión si cada uno fuésemos diciendo todo aquello que pasa por la mente, incluidas especialmente las más calenturientas, sin ninguna cortapisa, sin las limitaciones que las libertades de los demás, sin el contrapeso de los derechos de los demás.
“Cagarse en las muertos” de un mal vecino, por ejemplo, no puede ser puesto como ejemplo de libertad de expresión. Que siete chavalas se paseen desnudas por una playa, se toqueteen y se besen y escandalicen no puede ser contemplado como libertad, puesto que existen unos cuantos cientos de bañistas que se siente ofendidos y tienen su derecho a bañarse sin sentirse incordiados.
Nadie se atrevería a calificar como derecho de expresión a quien quisiera “cagarse en la puta Andalucía”, en el padre de todos los extremeños o en la madre de todos los habitantes de Torredonmarcelino, pueblo que tengo la esperanza de que no exista. En caso contrario los afectados podrían sentirse justamente ofendidos, indignados y tendrían todo el derecho del mundo a entablar las acciones judiciales que un Estado democrático pone a su alcance. Y aunque he tratado de evitarlo no puedo resistirme a caer en la fácil y demagógica tentación de preguntar qué pasaría si yo saliese en mi programa de tele cagándome en la puta Cataluña o la puta Euskalherría, barbaridad que no estoy dispuesto a cometer porque ambas autonomías merecen mi máxima consideración, como por otra parte es lógico e inevitable, y porque por nada del mundo quiero yo parecerme al tal Rubianes ese.
Pero los cefalópodos que quieren defender al ¿artista? aludiendo a su libertad de expresión no tienen ni pies ni cabeza. Rubianes tiene mil maneras de decir lo poco que le gusta España, alguna España o algún modo de ser de España, como después ha querido puntualizar. Se lo estamos oyendo todos los días a más de un energúmeno metido a político de campanario y nadie se escandaliza.
Si eso es libertad de expresión yo también podría ir al pueblo de enfrente a decirle que son unos hijos de puta, a los inmigrantes podría decirles que son todos unos chorizos que vienen a robarnos y hasta me atrevería a decir que los negros son inferiores a los blancos. ¿Si yo pensara tamaña serie de disparates (¿Necesito aclarar que no las pienso ni por lo más remoto?) y en mi defensa aludiera a mi libertad de expresión, qué pensarían semejantes cefalópodos sin pies ni cabeza?
Hay cosas que no se pueden defender y además son indefendibles.

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