Palencia es una emoción:

31 julio 2007

Próxima construcción de 200.000 chalés adosados.

Soy de los convencidos de que Dios pensó en el verano para que pudiéramos escapar de la presión de la sociedad, para huir de las masas, de los gentíos, de la superpoblación, de la ciudad, asfalto, cemento y neón. Dios quiso que al menos de vez en cuando pudiéramos disfrutar de grandes espacios abiertos, de la Naturaleza que había puesto a nuestra disposición. Por eso creó el campo, llanura, montaña y mar. Libres y a nuestra disposición.

Pero en esto llegó el Hombre y descubrió el Mediterráneo, fundó colonias como Benidorm, Marbella y Torremolinos. Y levantó hoteles, restaurantes, apartamentos, discotecas y chiringuitos de pésimo gusto donde se volvieran a reunir los mismos que antes se reunían en hoteles, restaurantes, apartamentos, discotecas y chiringuitos de pésimo gusto en la ciudad. Y cuando ya no quedaba sitio empezaron a talar bosques en la meseta de Castilla y a levantar hoteles, restaurantes, apartamentos, discotecas y chiringuitos de pésimo gusto en Gredos y otras sierras del interior.

Algunos veíamos que íbamos a una situación insostenible, pero no nos hacían caso, nos llamaban catastrofistas y nos limitábamos a encogernos de hombros, quizá porque ni vivíamos ni veraneábamos en ninguno de esos sitios. Pero poco tiempo después empezaron a levantar nuevas colonias en la costa cantábrica con los mismos hoteles, restaurantes, apartamentos, discotecas y chiringuitos de pésimo gusto. Pero tampoco veraneábamos allí. Que les den, decíamos escépticos y atemorizados.

Pero entonces empezaron a construir detrás de la costa cantábrica. Y surgieron chalés como setas que poblaron los parajes más bellos del Valle de Cabuérniga, por ejemplo. Y nos tuvimos que ir de allí, dejar los maltratados prados de Ruente donde las vacas y sus esquilas fueron sustituidos por ladrillo y cemento y buscar otros lugares donde el clima fuese benigno, la Naturaleza ocupase el espacio que le correspondía en justicia y el frescor del verde lo llenara todo.

Y apareció el Valle Oscuro donde la sensatez todavía reinaba y pudimos volver a empezar. Allí las montañas y el verde parecían todavía intactos. O casi intactos. Mientras tanto las masas de veraneantes obtusos e ignaros seguían prefiriendo Calpe a Tresgrandas, Oropesa a Santa Eulalia y Santa Pola a La Borbolla. Y la locura de un paseo marítimo a la serenidad de un paseo por el río Cabra. Bien por ellos, allá ellos. Y en La Borbolla, en medio del silencio, la quietud, el frescor, la Naturaleza, la sencillez y la vida de siempre apareció también ese refugio donde Juan Antonio y Aurora, urbanitas convencidos del profundo valor del campo, cuidan con esmero a quienes conocemos el secreto del descanso y la buena vida.

Pero la amenaza continua, se anuncian nuevas construcciones por doquier, nuevos desmontes se están tramitando, nuevas grúas se están levantando. El error es persistente, el ladrillo quiere imponer su ley y para eso cuentan con aliados, quizá los mismos aliados que ya permitieron en el reciente pasado que se destruyeran otros lugares de la costa de Llanes, qué poco va quedando. La especulación urbanística amenaza la sierra del Cuera, volverán los oscuros maletines a comprar voluntades como ya lo han hecho en otros lugares y varios millones de casas se construirán en un abrir y cerrar de ojos. Hay muchos rincones del concejo llanisco que han seguido el irreflexivo camino de la autodestrucción con el estúpido consentimiento de sus munícipes. Le empieza a tocar al Valle Oscuro, por qué se iba a librar un lugar tan bello. ¿El posible siguiente paso?: Próxima construcción de 200.000 chalés adosados... con increíbles vistas a la pared de enfrente. Al tiempo.

Valle Oscuro, lo nuestro fue bello mientras duró.

29 julio 2007

Ibarreche, Ibarreche, qué mala leche


A veces los presidentes de Gobierno no buscan el bien de sus administrados por encima de todo. Desde luego no lo suelen buscar por encima de la propia ideología. Qué será lo que tiene el negro... lo que tiene la ideología que todo lo contamina.

El caso más recurrido suele ser el de los extremistas nacionalistas, aunque todas las ideologías tienen su propia gilipollez, como la del socialista catalán que echó la culpa del megaapagón de Barcelona a “Madrid”, a los que se resistieron a “catalanizar” la energía eléctrica española (ya lo está la gasística, dentro de poco habrá que pedir permiso al molt honorable para encender el mechero, el ventilador, arrancar el coche o poder pedalear en bici) o a uno que pasaba por ahí..., cualquiera menos los políticos administradores de Barcelona, socialistas en el Ayuntamiento y en la Generalidad, qué casualidad.

Pero gilipollez por gilipollez es Ibarreche, qué mala leche, el que ha dicho una de las mayores del verano. Y eso que yo tenía de candidato a este estúpido honor veraniego a un vecino de toalla en la playa de Llanes, que con barba de tres días, uñas mordidas hasta los codos, callos en todos los dedos de las manos y las chanclas llenas de cemento viejo, presumía ante dos chavalas de veinte años de haber comprado con sólo dos órdenes telefónicas “una de las mayores empresas europeas de tubos catódicos. Un pelotazo, tías”. Sin comentarios.

Pues ya digo que la de Ibarreche es mayor. Es mayor porque es ideológica, claro, y porque con ella pone en peligro a sus administrados. Resulta que Ibarreche, recuerdo que este rey de la ironía y del absurdo tuvo a un asesino etarra en la Comisión de Derechos Humanos, se opone radicalmente a que la Unidad Militar de Emergencias del Ejército Español pueda intervenir en situaciones catastróficas en el País Vasco. Para Ibarreche, qué mala leche, esto es una inadmisible intervención del ejército español en la vida del País Vasco. ¿Quizá si le quitamos la palabra “español”?

Mientras tanto el nuevo presidente de la Diputación de Álava ha mandado retirar todas las banderas españolas del interior del palacio provincial lo que sin duda ayudará enormemente al progreso social, económico y democrático de sus ciudadanos.

El equipo contrario se lanza en tromba sobre nuestra portería y Zapatero, de portero.

EL Jueves y la Libertad de expresión

Ciertamente la libertad de expresión es un bien carísimo en cuanto en ella se resume gran parte de las libertades todas e incluso de nuestra democracia. Ciertamente sin ella no hay sistema democrático, si uno no es libre para pensar y opinar no existen las demás libertades. Pero en la actualidad la hemos entronizado como máxima referencia de nuestro sistema de libertades y no es exactamente así. O no debe ser.

Toda libertad debe ser ejercida con responsabilidad, porque nuestros derechos limitan siempre con los derechos de los demás. Recuerdo que durante años me veía obligado a realizar un stop (¿Por qué no pondrán el nombre en castellano?) ante una tapia en la que una asociación de vecinos había realizado una pintada: “Todos los niños tenemos nuestros derechos”. Bien, nada en contra, naturalmente. ¿Pero por qué no se pintó en la pared de al lado “Y también nuestros deberes”?

Se nos suele olvidar esta segunda parte, todos tenemos derechos y deberes a partes iguales y la libertad de expresión conlleva el deber de ejercerla con responsabilidad. Si el dibujante de “El jueves” quería hacer una crítica a la monarquía o, como decían, a los 2500 € zapateriles no necesitaban ridiculizar a nadie, sea quien sea, de la importancia que sea y de la condición social que sea. Son absolutamente capaces de criticar y apoyar sin insultar, sin ridiculizar, sin dibujar a nadie desnudo y en explícitas posturas que sólo buscan provocar la risa. La risa más zafia, torpe y rastrera, por cierto. En caso contrario serían tan inútiles como los que pretendiendo defender la monarquía han proporcionado que telediarios y periódicos de toda Europa abran con dicha caricatura.

La libertad es un bien demasiado precioso para que abusemos de él y lo desgastemos, porque desgasta el abuso, no el uso. Y porque los demás, sean príncipes u obreros sin cualificar, necesitan ser respetados, tienen una dignidad personal tan válida como otra cualquiera.

27 julio 2007

Vacaciones basura de la España basura

Hace tiempo que uno se ha convencido de que las mejores vacaciones están lejos de la España-basura, esa España torpe, abotargada y borreguil que vacaciona toda en el mismo sitio, toda al mismo tiempo. Millones de españolitos amontonados bajo el sol que más calienta pelean diariamente por un metro libre de playa, un asiento libre en una terraza y un camarero libre que sepa atender al cliente. Ah, y por una paella hecha lenta y concienzuda y profesionalmente.

En esta España montada en el ladrillo cara vista y que adora babeante al becerro del euro la manada ha decidido, sin duda alguna siguiendo a los espaldas plateadas que tripulan nuestras decisiones, que las mejores vacaciones son amontonarse todos a la vez en las mismas carreteras, a las mismas fechas, en las mismas playas y achicharrándose bajo un mismo sol de escándalo que no perdonarían si luego no pudieran presumir de haber ligado bronce en tal o cual playa de extrema y pasajera moda, donde una vez fue visto un famosillo de tres al cuarto que nada ha hecho por la Humanidad salvo tirarse a una guarrilla de portada sólo para hombres.

Hay otra España que relaciona la vacación con la huída de las infernales temperaturas con que la Naturaleza nos condena habitualmente por estas fechas. Hay otra España que vacaciona donde las temperaturas son todavía aceptables, donde la presión humana es todavía soportable, donde la soledad es todavía confortable y donde el verde se eleva hasta tocar el mágico escudo de las nubes protectoras que el viento y el mar envían a estrellarse contra la barrera de montañas.

Hay una España consciente que prefiere la lozanía de una brisa natural al ozonopino de una discoteca de moda, que elige el agua salvaje de una torrentera antes que el güisqui de importación y que antepone un súbito anochecer ente neblinas a la playa de llegar, ligar y follar.

He vuelto de vacaciones de la España que todavía pervive ajena al mundanal ruido veraniego, extraña aún por poco tiempo a la fiebre del ladrillo destructor. He vuelto boquiabierto de que todavía se le ofrezcan oportunidades al asesino de paisajes que sabrá aprovechar. Con el tiempo toda España, de norte a sur, se convertirá en una Marbella de mierda, donde el cielo sea de hormigón, el suelo de metacrilato y las montañas no sean más que un aceptable cartón piedra pintado de verde que simule los frescos prados que una vez fueron por toda la cornisa cantábrica.

16 julio 2007

La derecha suspende en Agit-Pro

No sé si lo del Prestige fue una historia y la del San Pedro otra o ambas son una sola historia que se prolonga verano tras verano. Sea como sea el caso es que a veces la vida se repite. O que llueve sobre mojado. Lo de Galicia, aún con menor tamaño, se repite en la otra esquina de España, en Ibiza.

Y la derecha española sigue en pañales, sigue sin conectar con sus bases, con sus millones de votantes, y sigue sin aprender esa labor de agitación y propaganda que, quizá por razones históricas, siempre se le ha dado bien a la izquierda tradicional. Y que tan buen rendimiento le da. ¿Dónde está el truco, dónde la diferencia?

Conmemoramos en este momento el segundo aniversario del gravísimo incendio de Guadalajara, cuando el corazón de Castilla ardió por los cuatro costados y once ciudadanos murieron sin que temblaran las estructuras del Estado, sin que nada pasara, sin que nadie dimitiera, sin que nadie se avergonzara. Desastre por desastre es perfectamente comparable al del hundimiento del Prestige, aquella muestra de la inutilidad de algunos altos cargos del PP que no supieron reconducir la situación y minimizar los daños.

Pasando por encima de que la cara dura de los gobernantes es siempre la misma con independencia del carné que porten en el bolsillo, si se observa cómo las respectivas oposiciones manejaron la situación para aprovechar ambas tragedias y arrimar el ascua a su sardina se saca la clara consecuencia de que la derecha no tiene ni idea de cómo hacer pagar a la izquierda sus errores. Será cuestión de movilización popular, de que la izquierda está siempre más motivada que la derecha, tradicionalmente más comodona y reservona, será que a las gentes de derecha les da vergüenza reconocerse como tal o serán criterios éticos y morales pero la repercusión mediática, la gravedad aparente, los aparentes errores de los políticos fueron mucho más graves en el caso de la tragedia de Galicia. La izquierda y sus portavoces arman mucho más ruido propagandístico, trasmiten mucho mejor sus mensajes de angustia e incomprensión ante “la necedades de la derecha”.

Han pasado dos años y aún seguimos espantados por la magnitud de aquella catástrofe en las castellanas tierras de Guadalajara, seguimos sin saber todavía cuántas y cuántas llamadas realizadas a los servicios de emergencia fueron inútilmente atendidas, por qué la carencia y luego la tardanza de los medios para combatir el fuego o quién cometió la torpeza por la que murieron once bomberos en un incendio de 12000 hectáreas y tres días de duración. Sin embargo la fecha va a pasar casi desapercibida para la ciudadanía, las protocolarias movilizaciones van a ser las justitas para cumplir con el aniversario.

Semejante situación se puede apreciar también con el caso del naufragio del “Don Pedro” en Ibiza. Aunque desastre por desastre no es comparable con los dos anteriores la torpeza de las autoridades en el manejo de la situación sí lo es, y si Rajoy habló torpemente de “hilillos” la ministra en esta ocasión ha hablado de “regueros”. El caso es que no se trata de un buque de transporte de crudo, ¡menos mal!, pero llevamos ya varios días de desidia y fugas, con repetidos intentos, rudos y vanos, de taparlas y la mancha de fuel ya ha llegado al parque de Ses Salines.

Pero la derecha española parece incapaz de sacar partido a las limitaciones y a la incompetencia de los gobernantes socialistas, no sabe manejar a su favor una crisis de este tipo con la repercusión mediática y popular que tienen las de la izquierda, con la movilización de voluntades que supuso la tragedia de Galicia. Qué ineptitud para encauzar a su favor los miles de votos que podría suponer si la situación la pillara la izquierda.

¿Y qué decir de la izquierda municipal andaluza mezclada con la corrupción urbanística de Juan Antonio Roca y compañía? Ay, si la derecha estuviera, que también lo está en otros sitios, mezclada con estos asuntos pocos limpios. Ay, lo que habría que oír a Pepe Blanco, qué titulares nos ofrecería la prensa adscrita, qué entradillas oiríamos y veríamos en los medios audiovisuales propicios si los alcaldes de Ayamonte, Estepona o Mijas no fuesen socialistas. ¡Cuántas manifestaciones habría tenido que soportar el Presidente de la Junta de Andalucía debajo de su ventana para exigirle que clarificara su postura durante los largos años de gobierno de Jesús Gil. Si no se llamara Chaves, quiero decir.

Pero la derecha es incapaz de manejar estas situaciones a su favor, es incapaz de sumar a las gentes, a sus gentes, para que arrime el hombro.

13 julio 2007

En nombre de lo políticamente correcto, censuremos a Cervantes


El hombre empezó a pintar, a cantar, a escribir cuando ya tenía asegurado todo lo imprescindible. A nadie le dio por pensar en ritmos y armonías, cadencias y melodías mientras tenía que preocuparse de salir al bosque a ver si encontraba algo que cazar. Sólo cuando lo más elemental está asegurado el ser humano se pude dedicar a pensar.

Según lo cual alguien en Inglaterra tiene demasiado tiempo libre para dedicarlo a pensar en solemnes chorradas. Alguien está demasiado desocupado para dedicar ese, para otros, escasísimo tiempo a buscarle tres pies al gato. Alguna mente parcialmente tarada ha decidido que los cuentos de Tintín, o al menos uno de ellos, es políticamente incorrecto. “Tintín en el Congo” concretamente. Eso pasa cuando alguien “se la coge con papel de fumar” y se siente ofendido por los demás, aunque no quieran los demás, quiero decir.

Alguien ha descubierto que este cuento de Tintín es profundamente racista, ofende porque describe en clave de tebeo (casi se me escapa ese anglicismo innecesario que ustedes conocen) a los ciudadanos, salvajes, sí, salvajes, del Congo de principios del siglo XX y ha pedido que sea retirado de las librerías. Y la Comisión británica para la Igualdad Racial (CRE, en sus siglas en inglés) ha lanzado una iniciativa para prohibir la venta de este libro. Hay que joderse con la tontería del siglo XXI. Yo me siento ofendido por el giliprogresismo políticamente correcto de ese señor, que lo retiren a él.

Hergé, el autor de esa pieza de la cultura popular del siglo XX que es Tintín, creó al personaje en 1929 y lo creó como no puede ser de otra forma conforme a las pautas culturales de esa época, siendo lógicamente un producto de su tiempo, que responde a los clichés, a los conocimientos y a las circunstancias del momento histórico en que fue escrito. Pretender que responda a las circunstancias actuales es propio de quienes creen que el mundo debe adaptarse incesantemente a sus propias creencias y opiniones.

Sin pretender comparar a Cervantes, Lope o Quevedo, ¡o Shakespeare!, con Hergé quizá esas mentes calenturientas se llevarían una desagradable sorpresa si leyeran (¿leer ellos? Vade retro) las..., esto..., las.... “curiosas” opiniones que estos grandes autores universales manifiestan en su abundante obra sobre algunas razas (judíos, gitanos), gremios o clases sociales de su época. ¿Deberíamos censurar a estos enormes genios literarios?

Apuesto a que más de uno diría que sí. Y luego pasarían a otro foro a defender la libertad de expresión de cualquier autor antirreligioso. Tan campantes. Y es que a algunas mentes calenturientas les sobra demasiado tiempo para pensar.
En lo políticamente correcto. En lo convenientemente político.

12 julio 2007

Cómo ser más bruto que el Getafe C. de F.

Hay varios temas de los que uno debe escribir si quiere tener rápido y seguro triunfo en esto del columnismo. Seguro que mis lectores se multiplicarían si escribiese de fútbol o de sexo. Seguro que mis poco frecuentes apariciones en la tele serían infinitamente más seguidas si vistiese de otra forma, si apareciese cuidadosamente desaliñado y con barba de tres o cuatro días y si de vez en cuando soltase alguna “coz” verbal contra estamentos u opiniones que la sociedad tuviese por consagrados.

Hay temas que son fácilmente publicitados, muy seguidos por el gran público y que son un éxito seguro. Criticar a la Iglesia Católica, por ejemplo. Reírse de ella. Burlarse de los sentimientos religiosos de millones de personas... eso da muchos lectores, fama y apoyo por doquier. A veces a uno le colocan en una hornacina o pedestal como a los mismos santos a los que critica. Qué fácil es censurar a la Iglesia, tomarse a chirigota sus opiniones y sus emblemas más sagrados.

Con frecuencia hay actores, autores y pintores, acreditados miembros de los estamentos de la progresía ofical, que consiguen grandes llenos de público a base de mofarse de sentimientos, símbolos o ideas religiosas. Creo que todos recordamos que algo de esto ha sucedido hace poco. Sale gratis, nadie te plantea una querella en defensa del honor o nada parecido. Al contrario, en algunos medios te promocionan como paladín del progresismo, excelso defensor de la Libertad de expresión al que ataca vilmente toda la caverna social representada por los obispos y la feligresía... del PP

Ahora ha sido el Getafe Club de Fútbol, o la agencia publicitaria que ha creado para ellos esta campaña, el que se recrea con imágenes ofensivas, escenificando pasajes de la Biblia en los que personajes como Abraham e incluso Jesucristo van negando su devoción a Dios para entregarse a las divinidades paganas del fútbol. Su equipo es lo primero y lo prefieren ante todo. Ante TODO. Este club castellano utiliza imágenes sagradas, queridísimas para los cristianos, sólo para hacerse publicidad y aumentar sus socios. Manda narices lo brutos que pueden algunos llegar a ser por una cosa tan banal como ésta, eso se llama matar moscas a cañonazos.

La decadencia es mala, todos te apoyan mientras eres fuerte y tienes poder, todos aparecen como sumisos y complacientes amigos... mientras te necesitan o te temen. Cuando por las vueltas que tiene la vida careces del poder que otros ansían y envidian... aquellos mismos que te adulaban te vuelven la espaldas, que se lo pregunten a los exministros.

Pero más vueltas da la vida. Deja que venga Bin Laden.

09 julio 2007

Noviazgo, matrimonio, divorcio: Una sociedad exprés

Leo en un periódico digital la historia alucinante de una española exprés. Según ella misma cuenta se enamoró, se casó y se divorció a velocidades que ni Fernando Alonso. Su noviazgo duró doce días y se divorció a los dos meses de matrimonio. Y me parece a mí que sin haberse dado cuenta se ha convertido en paradigma de parte de los males de nuestra sociedad. Una sociedad de vértigo es una mala sociedad, una sociedad que todo lo quiere para antesdeayer es una sociedad enferma, que no sabe lo que quiere, que no valora lo que tiene y que muy posiblemente se aburre de lo que tiene.

Siempre se ha dicho que vivimos en una sociedad con prisas, generalmente refiriéndonos a las prisas urbanas, con el trabajo, el cole y la familia a mil leguas unos de otros, yendo sin resuello de acá para allá. Pero el problema va más allá, la prisa es ya por vivir, por vivir precipitadamente, hay que disfrutarlo todo cuanto antes mejor, no sea que no nos dé tiempo. La acumulación de sucesos venturosos en el menor plazo posible se confirma como una de las prioridades de nuestra vida, quizá porque tenemos miedo de que nos sobre tiempo para pensar, el gran demonio de nuestra época. Vade retro.

Estamos perdiendo el norte, estamos perdiendo la razón de vivir, estamos viviendo para el placer vertiginoso, hedonistas acelerados que somos. Hedonistas irresponsables también, me temo. Ganas me dan de escribir una oda a la vida retirada, pero me suena que ya lo ha hecho alguien mucho mejor que yo. Además, en el siglo XXI sería una ingenua e infeliz ocurrencia y para ocurrencias ya tenemos bastante con las que se producen en los plenos de las Cortes.

La vida exprés se parece demasiado a la comida rápida; comida basura, vida basura. Pero lo contrario a la comida basura no es El Bulli, no es necesario comer en el llamado mejor restaurante del mundo para comer bien y saborear una cocina sabrosa, sana y de calidad. Basta con comer en la propia casa o en alguno de los miles de buenos restaurantes que pululan por las Españas. Peo sobre todo basta con comer con más serenidad y delectación, disfrutando de lo que se está haciendo en ese preciso momento, sin esperar con nerviosismo e impaciencia a lo que va a venir después.

Con la vida debe pasar igual, seguramente. Para huir de la vida basura no debe ser necesario llevar vida de marqués multimillonario, quizá baste con tener una vida digna, saboreando cada uno de los pequeños momentos de cada día, llevando la complacencia a un paseo urbano, a cualquier valle rural de la España profunda, disfrutando de una soleada mañana en la compañía adecuada. Eso sí, viviendo con más serenidad y delectación, disfrutando de lo que se está haciendo en ese preciso momento, sin esperar con nerviosismo e impaciencia a lo que va a venir después.

Yo trato de enseñárselo a mi hija. Todos los días.

08 julio 2007

Zapatero discrimina a 36 millones de españoles

A veces uno no entiende nada. A veces uno entiende menos. Y cuando se trata de entender a los votantes uno puede que lo entienda todo. Qué más nos dan las cosas, para qué vamos a ponernos a pensar, mientras no nos toquen el bolsillo, mientras la economía vaya bien. Nada importa nada, salvo llegar al verano que viene con suficiente dinero para poder irnos al Caribe, a uno de esos hoteles donde te colocan una pulserita y tienes todo gratis durante una semana. Una semana sin salir del hotel, playa, restaurante, habitación, playa, restaurante, habitación, playa, playa, restaurante, habitación, playa, restaurante, habitación. Y mientras podamos mantener tan intelectual tren de vida todo lo demás nos da igual.

Y es que hoy me han sorprendido dos notas de la actualidad que los votantes dejarán pasar una vez más con estúpida indiferencia. Y no puedo dejar de preguntarme cómo es que me han sorprendido, qué ingenuo soy:

La primera: Unas declaraciones de Carme Chacón, nueva ministra por las gracias del dios: “Me esforzaré en corregir la tendencia centralista de las estructuras de la Administración”. La cita no es exacta, aunque sí el sentido de la expresión. Y cuando lo oí se me erizó el vello. Oiga, cuénteme qué es el centro tan privilegiado, ¿Madrid, que paga más impuestos que nadie? ¿Castilla, donde resisten los pueblos más envejecidos, abandonados, incomunicados y aislados de España? Más: ¿Y quién corrige la evidente tendencia catalanista de los últimos gobiernos y por lo tanto contrarios a los intereses de las demás regiones de España? ¿Y quién corrige a favor de los castellanos la evidente tendencia catalanista de los últimos gobiernos?

La segunda: Dice hoy el diario oficial del socialismo español que Zapatero basará su ofensiva electoral en ofertas sociales y gestos a Cataluña y al mundo de la Cultura. Doy por supuesto, como la economía nos seguirá dando para ir al Caribe el año que viene, que va a triunfar electoralmente, por lo que tendrá que cumplir estas promesas. Ni la más mínima objeción a las ofertas sociales, con mi dinero, y a los gestos al mundo de la Cultura. Pero.... ¿Gestos a Cataluña? ¿Más? Oiga, ¿y a mi pueblo cuándo? ¿Por qué, gestos a Cataluña? ¿No es una de las autonomías más adelantada económica y culturalmente? ¿No es una de las regiones más influyentes en la política de todos? ¿Cuándo se va a dignar usted pensar en los castellanos? Ya está bien, hombre, ya vale de discriminaciones dentro de los propios españoles. ¡¡Que se vaya a su casa, se encierre y tiren la llave de una puñetera vez!!

Y que nadie sea tan estúpido como para ver en mis palabras ningún sentimiento anticatalán, sino anticatalanista, claro. Son asuntos diferentes, ser anticatalán es una memez, ser anticatalanista es una postura política tan aceptable o rechazable como ser antisocialista o antipopulista.

Lo del cine español

Básicamente ya lo sabíamos todos sin que por ello se levante el más mínimo escándalo: no hay quien vea una peli española. Y no me pregunten cuál es el problema, que servidor no se lo va a resolver. Hace tiempo que, visto el panorama, yo regresé al cine en blanco y negro o en las primeras pelis en color. Y conste que no es que me quedase parado en ellas sin seguir la evolución del cine mundial, no.

Lo que me ocurrió es que a medida que iba madurando dejaron de gustarme las últimas que había visto y que en un primer instante me habían interesado. Y no sólo no me quedé parado ahí, sino que regresé a las grandes pelis de siempre que se habían hecho siempre. Algo así como si después de haber disfrutado de las últimas copas de Europa del Real Madrid echara de menos a Di Stefano, Gento y Amancio Amaro. Y llámenme lo que quieran.

Pero es que es algo que no ha vuelto a pasar, nunca más se ha hecho una gran película, de ésas que merecen ser recordadas entre las grandes obras de arte. Hay seguramente buenos filmes, ésos que me entretuvieron y gustaron durante años, pero ya no hay grandes trabajos que puedan alguna vez encabezar una imaginaria lista de películas más recordadas.

Y en el cine español nunca ha habido suficientes grandes obras de arte. A ver si ahora vamos a echar de menos a Esteso y Pajares. O Alfredo Landa, que no es que quiera mezclarle con los anteriores, pero eso. Dicen que uno de los grandes fallos del cine español es la carencia de buenos guiones, que es que están todos liaos a hacer series de éxito para la televisión. Sospecho que el trasvase de genios de una pantalla a la otra no nos solucionaría nada, que es otro lenguaje y sobre todo otro espectador.

Lo que a mí me parece es que en sus películas, las de los cineastas españoles, jamás aparece la sociedad española, jamás sale nuestro mundo, nuestros vecinos, nuestra familia, sino que siempre sale una sociedad estereotipada, falsa, ajena a nosotros, unos personajes y un mundo al gusto de guionistas y realizadores, no de los espectadores. Jamás son nuestros problemas, nuestros chistes, nuestras dificultades y nuestras historias los que se cuentan. No es nuestra vida real, más o menos real, al menos nuestra vida posible, sino que en general se fabrican historias militantes, para dar una determinada imagen interesada, para trasmitir un mensaje político-social, para tratar de conformar unos valores (Ojo, eso pasa también en las series de la tele) que no son los que tiene nuestro mundo, valores que no gustan a determinados sectores cinematográficos.

Claro que hay que apoyar al cine español, tan difícil no debe ser hacer una buena película, tan extraña no debe ser la fórmula que ya han manejado ellos mismos con acierto en alguna ocasión, y las subvenciones no es un mal camino para hacerlo, quizá mejor que el de obligar por cataplines a las salas y a las televisiones a programar películas españolas que nadie ve porque a nadie interesan.

El cine español vivió en otras épocas su momento dorado, quizá haya que mirarse en ese espejo, buscar las raíces de aquello que triunfó, la crítica social, la ironía, el conjunto de problemas que todos tenemos, las aventuras que nos gustaría correr y, por favor, por favor, por favor, los personajes que cualquiera de nosotros encontramos cualquier día. Que los autores no confundan fascinación, aventuras e imaginación con alucinación, desvaríos y pesadillas.

05 julio 2007

El Estado de la subvención

Nos hemos convertido poco a poco en eso, en un Estado que lo subvenciona todo con tal de ganar las próximas elecciones. Por lo que la subvención se ha convertido en una subasta, si tu ofreces dos mil quinientos voy yo y ofrezco tres mil, a ver quién da más, a ver quién gana más. Votos.

Con lo que me ha costado comprarme la casa, con lo que me ha costado sacarme el carné de conducir, con lo que me ha costado mi hija. Estoy convencido de que he nacido treinta años antes de tiempo. Si todos los que nacimos cuando yo nací naciéramos ahora seguro que no teníamos este problema de envejecimiento social. Toma tropecientos millones de golpe. De personas y de euros, claro, pobre Estado. Y, mira, llegábamos a tiempo de que nos subvencionaran por el mero hecho de nacer.

Lo malo de tanta subvención es que el Estado se cree con derechos sobre ti, con derechos de prohibirte fumar, beber o joder. Y eso que lo de joder está más que extendido por el suelo patrio, es una costumbre ancestral, no hay vecino o compañero de trabajo que no piense en joder al que está al lado, con la radio en la madrugada o escondiéndole el expediente AB75/07, por ejemplo. El caso es joder. Al prójimo.

Conste que lo de la subvención no me parece mal del todo, dependiendo a de a qué se da tanto dinero. En mi pueblo siempre se ha acusado a dos o tres familias de liarse a tener hijos en serie inacabable por aquello de las subvenciones, hasta se decía que a una señora calé su santo esposo le calentó la cara y las nalgas en varias ocasiones por haberse atrevido a pedir anticonceptivos a su médico. Quede claro que yo siempre pensé que eran comentarios entre racistas y costumbristas, que a mí siempre me ha gustado mucho el costumbrismo.

Pues eso, que depende de qué cosas se subvencionen. Y cómo. A mí eso de “Yo subvenciono más que tú” no me gusta. Y es lo que está pasando. Con nuestro dinero. Y lo que menos me gusta es que subvencione a todo bicho viviente. O naciente. Que los hay de alta cuna que no se lo merecen, pero de eso no se ha hablado, aquí le damos un montón de dinero a todo el que llegue al paritorio, sin importarnos la declaración de la renta, que es que a demócratas y sociales de toda la vida no hay quien nos gane, pa chulos yo y yo exprimo más a los españoles pa comprarme más votos que tú, que es en definitiva a lo que se reduce esta subasta del recién nacido, esta subasta del Estado de la subvención.

Además al Estado, al Estado bípedo representado por las diabólicas cejas zapateriles, no le entra en la cabeza que el problema más importante de la maternidad, de la ausencia de maternidades, no es el dinero, con lo importante que es eso. Si tenemos pocos hijos no es por el vil metal, sino por comodidad y porque nos gusta vivir bien, y ahora no hay quien cambie unas vacaciones por un hijo, con la lata que dan los hijos en vacaciones. A ver qué madre, o padre, moderna, o moderno, prefiere estar quitando mocos o cambiando pañales en vez de estar en el sillón de casa, cómodamente instalada, o instalado, viendo en “Salsa Rosa” las desgracias de Isabel Pantoja y Pachuli. O el fúrbol.

Y donde digo quitar mocos o cambiar pañales pongan ustedes educar. Educar es la tarea más difícil de la sociedad actual, quizá por eso Zapa quiere ayudarnos poniendo a todos nuestros niños a estudiar otra vez F.E.N., con lo antiguo que queda eso. Por eso, porque es muy difícil, los padres prefieren renunciar a tener hijos, que luego salen unos desagradecidos y no hay quien pueda con ellos. Ahí, en las estúpidas, gilipollescas, ridículas y “modelnas” cesiones que los padres guays han hecho ante sus hijos y su educación es por donde habría que empezar a buscar las raíces del descenso de natalidad.

Y en la comodidad y buena vidorra de los padres, ya digo. ¿Para qué tener hijos con lo bien que vivimos sin ellos?

04 julio 2007

Cosas que he de hacer antes de morirme.

Encontrar alguien que me llame, escucharle seriamente y luego decirle: “Oich, espera, que me llaman por la otra línea, luego te llamo”. Y llamarle. Pa que aprenda.

Que me devuelvan todos los libros que he prestado. Devolver todos los libros que me han prestado. Escribir ese libro pendiente que me ha de traer fama y honores. Post mortem.

Decir alguna de esas solemnes chorradas que algunos alaban tanto y luego pasan a la posteridad.

Decirle a esa vieja y fea compañera que no me saluda que es vieja y fea. Y saludarla.


Decirle a ese guardia municipal que YO tenía razón, que ÉL se equivocaba, darle una palmadita y dejarle que me invite a un café con leche.

Escribir mi epitafio: “Aquí yace uno que no sabía qué escribir para su epitafio”.

Ir de espectador a un programa del corazón y hacer un par de cortes de mangas a los patrocinadores, presentadores y participantes en general. Pagar un anuncio en los intermedios de esos programas para decir lo que pienso de esos programas.

Comer todas esas cosas que engordan o producen colesterol y que nunca me dejan comer. Beber todas esas cosas que nunca me dejan beber. Decirles lo que pienso a todo los que no me dejan comer o beber lo que yo quiero.

Ir al que fue mi pueblo de vacaciones favorito y decirle al alcalde lo que pienso de él, de sus antecesores, del urbanismo salvaje y de hacer chalés adosados en medio de los valles más bonitos de España.

Hacer pis en ese puñetero rosal tan bonito que nunca me ha dado más de dos o tres flores escandalosamente canijas, feas y siempre prematuramente ajadas.

Votar alguna vez al partido ganador. Hacer que mi perro comprenda todo lo que lo quiero. Rechazar la oferta económica de algún periódico.

Ir a tomarme un café con leche y un bollo suizo a la entrada de algún centro de trabajo multitudinario. Cuando las multitudes entren a trabajar.

Poner muy alto las radios y televisiones de mi casa, cada una en una emisora diferente. A las tres de la mañana.

Contratar un albañil o un fontanero o un electricista y estrecharle la mano por haber acabado la obra en el plazo prometido.

Saber cuándo voy a morirme. Escribir un artículo enumerando todas las cosas que he de hacer antes de morirme. Testar.

Irme de vacaciones fuera de temporada, ir a los centros comerciales en fechas y horas fuera de las habituales. Ir a mi banco a las once de la mañana.

Encontrar a todas las chicas que alguna vez me dejaron, felicitarlas y darles las gracias.

No hacer nada.

Pero todo ello sin prisa, eh.

Colonia Clunia Sulpicia Sicalíptica

Es lo que tienen la libertad y la democracia, que cuando llegan las vacaciones no te obligan a ir a la playa y te puedes ir donde quieras, al Caribe, a los fiordos noruegos o a Benidorm, Marbella, Calpe o Torremolinos. Y también te puedes montar en tu utilitario con Misanta y Misantita y largarte a visitar Clunia, a poco más de un tiro de piedra de tu casa.

No tienes que pelearte con nadie para que te haga hueco a tu toalla, ni tienes que aguantar tres horas de “Los 40 Subnormales” a todo volumen del gilipollas maleducado que hay treinta metros más allá. Sin necesidad de dar tres cuartos a Bin Laden, “pasando” de aviones, pasaporte y aduanas, viajas dos mil años atrás, te das un paseo por el foro de una auténtica ciudad romana y te impregnas de la madre de todas las culturas occidentales.

No sólo lo puedes combinar con sencillas compras en un mercadillo tradicional y con una comida “multinacional” y muy del gusto de nuestro presidente del Gobierno y sus aliados: gazpacho andaluz, lechazo castellano y crema catalana, sino que encima vuelves a dormir a tu propia casa, fresquita y silenciosa, con el gusto que da abrir y cerrar tu propio frigorífico, echarte en tu propia cama y al final del día hacer una visita a tu privativo, personal e intransferible “señor Roca”, algo que no se paga con todo el dinero del mundo. ¿Por qué no te dejarán hospedarte en los hoteles con tu sanitario de siempre, el de tu casa, el de toda la vida, el que echas de menos cada vez que sales?

Viajar es bueno porque se te cae la boina y aprendes cosas nuevas. Dejas a tu espalda sobrios monasterios románicos, misteriosos castillos góticos o fastuosos palacios ducales, magníficos sitios donde te quedarías a vivir. Si pudieras. Yo concretamente si no hubiera estado acompañado me habría quedado a vivir en un vulgar mesón de ladrillo caravista pero que tenía una camarera de estilo barroco-salomónico, especialmente sugestiva tal vez por contraste con la sobriedad de Clunia Sulpicia. O por otros motivos más personales, quién sabe.

Pero, perdón, perdón, ya me empezaba a emocionar, es lo que tiene el arte, que enseguida te dejas llevar por lo que ves y deseas tocarlo y comprobar por ti mismo de qué está hecha la belleza, pero sabes que no puedes, que está prohibido acercar la mano a determinadas maravillas, más que nada por la fragilidad de la materia. Porque te pueden romper la crisma.

Aterrizo: Les decía que había visitado la antigua ciudad romana de Clunia Sulpicia, cerca de Peñaranda de Duero. Y debo reconocer que, salvo lo de la camarera, es lo más apasionante que me ha pasado en los últimos siglos. Ingenuo, intenté pagar una visita guiada, a cinco euros por persona, todo sea por el arte aunque no sea barroco-salomónico. No, imposible, las visitas guiadas sólo son para grupos de más de quince personas, me dijeron. A joderse, dije yo. Y allí nos pusimos la familia, a darle vueltas al tríptico, intentando adivinar por dónde debíamos empezar la visita, qué emocionante, qué parte estábamos visitando en cada momento, qué misterio, y por dónde debíamos seguir, qué intriga.
Uno, bastante viajao y no poco leído, andaba con la cabeza hecha un puzzle (me perdonen pero no iba a poner “con la cabeza hecha un rompecabezas”) para adivinar por dónde andaba el templo tripartito, en qué consistía el “macellum” y qué diantre pintaba en todo eso la casa triangular, que ya hace falta ser enrevesado para levantar una casa triangular.

No sé a quién agradecer la cautivadora circunstancia, si a la Junta de Castilla y León, a la Diputación de Burgos o a la Comandancia de Marina, pero recorrer unas ruinas romanas, que correspondiendo a su lógico nombre apenas levantan del suelo dos cuartas, sin un guía y sin más información que un colorido tríptico es de lo más sicalíptico que te puede ocurrir en pleno siglo XXI. Alguien podría pensar que sería buena idea organizar una visita guiada cada media hora. O cada hora. O simplemente esperar hasta que haya esas quince personas. Pero para qué, ahora que estamos en la era de Ikea que nos dejen a nuestro aire, adivíneselo usted mismo, móntese usted la visita a su aire, nosotros le proporcionamos todo lo necesario: Un tríptico.

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