Palencia es una emoción:

30 diciembre 2009

Otra sublime profecía de Zapahuero

“Zapatero ya ve la puerta de la recuperación y prevé crear empleo en 2010” según acabo de ver en la edición digital de Público.
 ¿Recuperación? Pero si Zapahuero ha negado que estemos en crisis. La prensa ya no sabe qué inventar para atacar al gobierno que defiende a más parados que nadie.

29 diciembre 2009

Zapahueropeos

Los hados han querido proporcionar dos semanas de vacaciones a los lectores que me siguen en la prensa de papel. Los viernes pasado y próximo, días de mis columnas, son días sin prensa. Así que me he permitido descansar un poco, ustedes comprueban que en Internet uno sigue enchufado a la columna, y dedicarme a pensar en el próximo año, el año en que seremos Zapateuropeos. Zapahueropeos.
 
Nuestro gobierno esta gastado, desgastado y malgastado. Se le acumulan los problemas sin resolver o mal resueltos (hay que hacer una gran excepción con el asunto de Air Comet) y ni Rubalcaba es lo que era ni la vicepresidenta está con las fuerzas habituales. Zapa sí, Zapa sigue con su ritmo acostumbrado, sin hacer caso a la realidad y tan lleno de frases hueras como vacío de soluciones. Decir que la tierra es del viento puede ser un hallazgo literario y filosófico pero seguimos sin encontrar soluciones.
 
Y en éstas se nos echa encima Europa. De Zapahuero pasaremos a Zapahueropeos. Que le compre quien no le conozca, cuatro millones de parados (en marzo cuatro millones y medio) le preceden. Que los parlamentarios canarios que han apoyado sus presupuestos para el próximo año hayan afirmado que son malos para España pero buenos para Canarias y aún así los hayan apoyado señala certeramente en qué perversa situación nos encontramos. En qué perversas manos nos encontramos.
 
Zapatero es cada vez más Felipe González de los últimos años, cada vez está más alejado de la realidad y más sólo en la Moncloa, así que tendrá que abrazarse a Europa y a sus líderes más carismáticos y progresistas (pongamos a Sarkozy y Merkel, por ejemplo) para poder salir sonriendo en las fotos y que se hable de él aunque sea bien. Va a ser un semestre de sonrisas permanentes, de recepciones colosales, de Obama hasta en la sopa, de ruedas de prensa, palacios y salones embellecidos y guardia de honor. Serán seis meses de cohetes de feria y fuegos artificiales europeos “king size”, pero que se tranquilice Europa, el abrazo no será un abrazo eterno. Lo de la presidencia sólo va a ser un turno, un semestrito de nada, y luego habrá de volver a la realidad española. Lo de los europeos no van a ser cuatro años. Bueno, ocho. O más, quién sabe.



27 diciembre 2009

Mediocres, puteras, sexualizadas series de televisión (Canal MEZZO)

Viendo un canal francés de música clásica he contemplado con especial deleite un anuncio que me llama profundamente la atención por lo excepcional de su mensaje, por el hondo contenido social que conlleva y por lo absolutamente opuesto a la realidad española actual que resulta.



En él, salvo error u omisión míos, se contempla a una niña que sale corriendo a la calle, pero su padre la detiene antes de que cruce la calle y la atropelle un coche; en la segunda escena los padres hacen que se ponga el cinturón antes de que el coche familiar se ponga en marcha; finalmente en la tercera escena los padres obligan a la niña a ponerse el casco antes de montar en bici. Y...

Y en la última escena los mismos padres protectores abandonan a la niña, ahora sola e indefensa, ante la televisión. La imagen final presenta a la niña pasando de canal en canal sin ningún límite y presenciando con la aterrorizada cara que se puede suponer todo tipo de escenas.

El mensaje final viene a preguntar por qué los padres que tanta protección brindan en unos casos a su hija la abandonan ante peligros mayores sin su amparo. El anuncio es magnífico en su producción y absolutamente excepcional en el mensaje que envía a sus destinatarios finales. Qué quiere usted que le diga, viéndolo han pasado ante mis ojos los nombres de determinadas series españolas, malditas series de televisión barriobajera, pero sobre todo me ha venido a la cabeza la indiferencia, la despreocupación y la abulia con las que las familias españolas abandonan a sus hijos ante la pequeña pantalla.

Tanto o más que esa despreocupación me inquieta la indiferencia de las autoridades que tienen a su cargo la vigilancia de la normativa sobre las televisiones y muy especialmente el abandono de los menores por parte de las autoridades que deben protegerlos. ¿No tienen nada que decir ni hacer en la situación actual?

Los partidos políticos ponen especial énfasis en el control de los informativos de las diferentes cadenas. Se equivocan, la mayor carga educativa para el pueblo español va en las series, en las zarrapastrosas, mediocres, puteras, sexualizadas y ordinarias series de las televisiones españolas.

24 diciembre 2009

Que se meta la navidad por donde le quepa

Parece mentira pero no conozco a ningún ciudadano de a pie preocupado por la permanencia o no de Díaz Ferrán en la presidencia de los empresarios españoles. No sé si usted, lector, es una excepción en el pueblo español y le quita el sueño este asunto. A mí me apena que se presente éste como uno de los grandes problemas de España.

Sinceramente, yo también puedo ser una excepción. Sí, me preocupa y mucho que se nos amenace con llegar a los cuatro millones y medio de parados en marzo próximo. Me preocupa, y mucho, que los políticos sean el tercer problema de España. Pero me preocupa más que los españoles sólo nos interesemos por los problemas económicos, con ser sumamente graves, que estamos atravesando.

No puedo dejar de pensar en aquellos que acaban de perder su puesto de trabajo. O que llevan meses buscando, sin hallarlo, otro nuevo. Sin trabajo no hay pan y sin pan no hay vida. Pero me molesta que los ciudadanos no veamos más allá de nuestras narices económicas. Nadie parece prestarle atención a la crisis de valores que estamos sufriendo, a nadie parece interesarle las modificaciones sociales que se están dando en nuestro mundo, todo lo que no sea dinero no existe, al parecer.

España se encoge de hombros cuando su propio presidente dice que el concepto de nación es muy discutible. ¡Su propio presidente! Nadie, salvo unas minorías eclécticas, parece discutir una ley de aborto que nadie echaba de menos. Los mismos diputados que apoyan los presupuestos de España reconocen que son malos para España. La corrupción de los políticos llega a extremos intolerables y a pesar de ello muchos de los corruptos más conocidos volverían a ganar la elecciones en sus propias circunscripciones. De la educación, de la familia, de la autoridad… ¿qué educación, qué familia, qué autoridad?

Perdónenme, quizá esté deprimido, quizá esté viéndolo todo negro, o quizá simplemente es que estoy de mal humor, a mí las navidades me ponen de mal humor. O quizá sea simplemente que uno de los políticos españoles más radicalmente laicistas, que ha cambiado de posición en las barricadas sociales situándose ahora en las filas profesionales de “Público”, ha tenido la osadía de escribirme para felicitarme la navidad. Manda cojones, ustedes me perdonarán. ¿Qué entenderá este paisano radicalmente anticlerical por Navidad? ¿Por qué siendo parte importante del periódico que más manipula, critica e insulta a los católicos me desea feliz navidad?

Sé que estoy mezclando dos asuntos que a la mayoría de los lectores les parecerán inconexos, pero me da la gana, velay, he dejado que mi cabeza fuera de un asunto al otro sin control. O a lo mejor que un ateo reconocido me felicite la navidad, es decir el nacimiento de Cristo, es culpa de la mezcolanza, también inconexa, de valores distintos y contrapuestos.

A lo peor es que no debería preocuparme de lo que no sale en los periódicos, a lo peor es que debería preocuparme de lo de Díaz Ferrán aunque yo no sea empresario, achacar el paro al odioso capitalismo y culpar de mi mal humor al furioso intervencionismo vaticanista y a la prensa amarillista.

21 diciembre 2009

Copenhague y Granada: La estulticia humana en primer plano


Hay ocasiones en que lugares muy distantes y asuntos inconexos encuentran en la memez humana un punto de enlace. Hay momentos en que el hombre dedica grandes esperanzas, grandes dispendios económicos y dilapida cuanto de sensato hay en él emparentando asuntos dispares que en principio no tendrían más conexión que la estúpida humanidad de sus perpetradores.

¿Cuánto ha costado la cumbre internacional de Copenhague? Ya no hablo de estimar el gasto económico que ha supuesto, que sin duda debe ser importantísimo y valoradísimo, sino cuánto ha supuesto de despilfarro de trabajo, de esfuerzo, de ilusiones. Y cuánta malversación de esperanzas. No tardarán en darse cuenta, pronto alguien descubrirá que esta reunión ha supuesto un consumo energético y una producción de contaminación mayúsculos, que eran los primeros objetivos contra los que se trataba de luchar.

Copenhague ha sido una mala broma, una muestra de la estulticia humana, de la cerrazón de algunos, me da igual quienes. El fracaso de todos los líderes mundiales, incluida la hermosa frase huera de Zapahuero, debe hacernos perder las esperanzas en todos los líderes mundiales. La energía consumida sólo en reproducir en tinta, en imágenes o en sonido la frase tonta de la semana zapateril es para preferir que Copenhague no hubiera existido, para desear que todo fuera un mal sueño. Nos han engañado, nos han llamado tontos y la cara que se nos ha quedado demuestra que tienen razón.

En Granada se vuelve a repetir la historia de la estulticia humana. Ahora andamos a ciegas, tentando el aire para buscar una salida en esta reunión de ciegos memos en que hemos convertido España. En que se han convertido los historiadores de España, quiero decir. A saber dónde andan los restos de Lorca, Jesús, qué empeño. Que les pregunten a los familiares y herederos.

Nos han mareado durante años con los restos del gran poeta, ubicándolos en diferentes sitios, volviéndonos tarumba con sus hipótesis, para encontrarnos ahora, después de tanto bombo, tanta prensa, tanta atención y tanta inmadurez política que sólo sabemos que no sabemos nada.

Grandes adelantos de la Humanidad se han llevado a cabo por casualidad, quizá incluso cuando se buscaba otra cosa o cuando alguien sólo trataba de entretenerse un rato. Este final de 2009 se distinguirá por la memez de quienes han protagonizado estos últimos fracasos. De quienes nos han mostrado, bien paladinamente, su incapacidad, de quienes ni por casualidad han obtenido ni la décima parte de sus propósitos. Ni por casualidad.

19 diciembre 2009

Pregón de navidad en el Casino de Palencia: "Como un general ante un pantano"



Quiero empezar por agradecer a la Junta directiva que haya pensado en mí para este pregón navideño, aunque no sé si han hecho una buena elección pues soy un profundo descreído de las motivaciones sociales de estas fiestas. Quizá habrían tenido más acierto si, como ha hecho alguna cadena de televisión, hubiesen pensado en algún personaje de relevante peso social, conocido por su dedicación al progreso científico como Ana Obregón o por su entrega generosa a los parias de la sociedad, pongamos a Belén Esteban. Sea como sea, estimados amigos, la cosa ya no tiene remedio y es tarde para cambiar de opinión.

Aún el Alzheimer no ha hecho suficientes estragos en mí como para olvidarme de la ilusión y despilfarro de energías con que celebraba estas fiestas cuando todavía era un niño, pero, qué quiere usté que le diga, a uno la vida le va moldeando y ya nada es igual que entonces. Los mismos años que quitan fuerzas proporcionan serenidad y me tomo las cosas con cierta distancia.

Así que cuando llegan estas fechas me vienen a la cabeza momentos de mi infancia, santa infancia ya tan lejana, y la comparación me pone melancólico y ñoño. Entonces la Navidad era una celebración social y costumbrista, como ahora, pero también y sobre todo, íntima y familiar al mismo tiempo. Había para su celebración una causa próxima a los sentimientos más nobles del ser humano que nos impelía a reunirnos, a estar alegres y satisfechos dentro de la precariedad de aquella época y satisfacer a los demás, causa de la que ahora a veces se prescinde.

Cuando yo era niño los silbatazos cotidianos de Abilio sólo me interesaban en Navidad. Abilio se asomaba todas las mañanas del año al portal de mi casa, hacía sonar con fuerza su silbato profesional y a continuación gritaba a viva voz el nombre de los vecinos que tenían carta. Para un niño como yo recibir el correo era siempre emocionante, pero en navidad era turbador. Entonces abría con inmediatez la puerta de mi casa y resbalándome por el arambol llegaba el primero a los pies de Abilio. A veces literalmente a sus pies, porque nunca a nadie se le ocurrió poner radares en aquella escalera de vecinos y lo del freno yo no lo tenía totalmente controlado.

El aumento de la correspondencia era la primera señal de que se acercaba la navidad. Con las habituales cartas del médico, las facturas, letras e hipotecas llegaban siempre “felicitaciones de navidad”, entonces no estábamos tan adelantados como para llamarlas “christmas”, ustedes perdonarán. Eran felicitaciones de parientes lejanos que me sacaban de mi reducido mundo infantil, que llegaban con fotos de pueblos hermosos, perfectamente urbanizados y ajardinados, seguramente con montañas al fondo y con habitantes sonrientes, rubios y con traje tirolés.

Aquellas tarjetas tan llamativas me señalaban la existencia de mundos ajenos a mí, a mi escuela y a mi dulce maestra, a mi Venta de Baños natal y a mi Palencia querida, granero de España, etcétera, etcétera. En mi pueblo la plaza era de carbonilla y el guardia municipal era cojo, pero por ahí fuera había otros pueblos con flores y árboles y jardines con columpios y guardias altos y fuertes con penacho en la gorra de plato. Además, en aquellos sellos salían exóticos pájaros multicolores y en los de aquí salía por lo general Franco y eran verdes o rojos o morados, pero casi siempre monocromáticos como los procuradores en Cortes de entonces.

A la sazón la navidad comenzaba cuando lo mandaba mi madre, como debía de ser. No dependía de que los Ocho días de Oro y la Quincena Blanca hicieran un hueco suficientemente grande para poder instalarla en el calendario; la navidad entonces tenía suficiente entidad por sí misma como para tener espacio propio en el almanaque. Estas fiestas empezaron a desilusionarme cuando vi por primera vez que el híper de las afueras de la ciudad colocaba los arcos de bombillas el tres de noviembre, en ese momento estuve a punto de jurar enemistad eterna entre estas celebraciones y yo.

Repito, en aquel tiempo la navidad empezaba cuando mi madre lo ordenaba. No en noviembre, como marca ahora la televisión, que es la estrella que guía a los reyes magos del consumo, sino que ya iba muy adelantado diciembre cuando me decía “Anda, hijo, sube a casa del vecino y que te pinte una postal”. Ahí ya no había dudas, era la señal definitiva, y yo subía precipitadamente donde Lauro a que me pintase una postal, la copiaba con la misma honrada torpeza que mantengo hasta ahora y la presentaba al concurso local de tarjetas navideñas en el que reiteradamente quedaba clasificado en último lugar. Eran aquéllas unas tarjetas llenas de simbolismo religioso, que habrían resultado políticamente incorrectas en estos momentos en que nos cogemos la navidad con papel de fumar, pero cada contexto tiene sus servidumbres y esos son avatares para no tratar en esta ocasión.

No recuerdo, a pesar de los años pasados que aquellas navidades tan lejanas fueran en blanco y negro, como podría parecer obligatorio. Antes al contrario, eran navidades de múltiples lápices de colores, del verde musgo del patio de mi casa y del rojo apagado de los gallineros de enfrente. Y del azul oscuro y siempre prematuramente envejecido del traje de los factores de RENFE de la estación de Venta de Baños. Yo en Navidad venía a Palencia en el “chispa” de las cuatro y treinta y cinco. Bueno, yo a Palencia venía en tren casi todos los sábados, pero en Navidad el viaje tenía más interés y venía más veces.

A la puerta de la estación de Venta de Baños, frente al bar Sandoval, se sentaba una castañera, eternamente enlutada como seguramente obligaba su profesión y aparentemente inmóvil. Siempre he pensado que las castañeras (y castañeros, conste) hacen una ciudad más entrañable, dulce y habitable, además de dotarle de personalidad propia. Digo yo que en Palencia nuestras autoridades deben estar de acuerdo pues se les ha reconocido sus méritos con la escultura de la Calle Mayor delante de Diario-Día, permítanme que siga diciendo Diario-Día. A mí me parece que las ciudades que no tengan castañeras deberían crear plazas oficiales de castañeras municipales con categoría de funcionarias y otorgarles un título honorífico de ciudadanas heroicas y ejemplares. Y ciudadanos heroicos y ejemplares, por supuesto

El caso es que aquella castañera ni pestañeaba ni sonreía al alargar su brazo regordete al final del cual estaba mi peseta o dos pesetas de castañas con las que yo entretenía el viaje hasta llegar a Palencia. No llamen pretencioso ni pueblerino a alguien de Venta de Baños si les dice que aquí la estación parecía de juguete, casi de portal de Belén. Llegaba el tren a la parada de Palencia y la calle Mayor se llenaba de potenciales clientes que colmaban las aceras y la calzada, entonces todo el mundo viajaba en tren, el coche era un lujo asiático y de las autovías nadie había oído hablar. No estábamos todavía en los tiempos modernos en que si algo no se puede vender o comprar no sirve para nada a pesar de lo cual la navidad implicaba necesariamente un aumento del consumo en muchas familias.

Al llegar a la calle Mayor mi padre emprendía un recorrido familiar que se repitió muchas veces muchos años y que empezaba por la perfumería Clarysol, pequeño establecimiento donde todavía recuerdo a mi abuelo detrás de un ventanuco cobrando y dando el cambio y a mi tío Trin atendiendo a los clientes. Después de salir de Clarysol pasábamos por el Patio de Castaño que entonces era un rincón puramente palentino, con su viejo y encantador “Central Hotel Continental”, y no un mesetario y fatuo Manhattan de ladrillo cara vista y cristal.

Después llegábamos a Pastor, donde mis tíos Pascual y Carmen vendieron los primeros frigoríficos y las primeras televisiones de Palencia. El local, muy amplio, espacioso y con numerosos recovecos, estaba siempre lleno de piratas salvajes y de princesas por rescatar que nadie más que yo veía porque se escondían detrás de la oferta del mes o de la lavadora más moderna del mercado. Yo siempre vencía y me llevaba a los secuestrados sin pagar rescate ninguno, claro que los piratas de entonces no llevaban bazookas ni kalashnikov ni negociaban con nadie más que conmigo.

En Calzados Hoyos nos esperaban mi tío Seve, quien por cierto acostumbraba a pasar largos ratos en esta casa, y mi tía Felisa. Después de saludos y parabienes, después de “jolín qué frío hace” y “quítate el abrigo que aquí se está bien” continuábamos hacia el Salón, aunque antes yo me escapaba a la papelería Morrondo, un poco más allá de Hoyos, donde compraba algún tebeo del Capitán Trueno y alguna figurita del belén para compensar aquellas que inevitablemente perdían cada año un brazo, la cabeza o tal vez simplemente la corona.

En el Salón, en el romántico templete de entonces que a mí se me antojaba propio de Sissi Emperatriz, yo jugaba a ser el director de una orquesta que atacaba polcas y valses vieneses que bailaban elegantes parejas endomingadas. Sospecho que en el actual templete los niños soñarán con pelis como “Aterriza como puedas” o “Perdidos en la terminal” y los maestros de su imaginaria orquesta atacarán “Tengo un tractor amarillo”… Y saldrán derrotados, conste, y huyendo a la carrera. ¿Sus bailarines endomingados? Cualquiera de los muñecotes de la familia Simpson y no me hagan pensar.

Tarde o temprano había que volver a casa, donde por fin, después de meses de estudios nos habíamos reunido todos los hermanos, qué atrasados eran mis padres que tuvieron la ocurrencia de tener cuatro hijos, con lo cara que está la vida. Lo que más me llamaba la atención entonces eran los ritos familiares que cada año parecían de obligado cumplimiento. En la cocina y con un lleno hasta la bandera, en un escenario cuya gala señalaban mandiles recién estrenados, cucharones viejos y soperas de día de fiesta, todos contribuíamos a ir creando el ambiente de la velada posterior. Siempre me pregunté cómo se las arreglaban para pasar desapercibidos el resto del año la vajilla de flores, la cubertería de las ocasiones especiales y las copas de champán, ésas que jamás contuvieron nada que no fuera “Sidra-champán El Gaitero, famosa en el mundo entero”.

Mi madre se multiplicaba para preparar varios platos a la vez mientras yo bastante tenía tratando de no aburrirme y de estorbar lo menos posible. Al espeso ambiente contribuían los vecinos que llamaban, iban y venían llenos de buenos deseos, pidiendo y ofreciendo utensilios o consejos para la cocinera, y se creaba un entorno de camaradería y ajetreo entre todos que se cortaba paulatinamente según iba cayendo la tarde, momento en que cada mochuelo retornaba a su olivo con su mochuela y sus mochuelitos.

Entonces no había ningún Carlos Arguiñano que entre chistes populares y expresiones jocosas contase al ama de casa cómo preparar la mesa para una ocasión especial. Las recetas más populares procedían del acervo familiar o de la tradición popular, eso sí, muy probablemente recogidas en algún libro de la Sección Femenina para el ama de casa moderna. Al contrario, el entretenimiento general, mientras esperábamos el advenimiento de las televisiones actuales con series tan hermosamente educativas como “Escenas de matrimonio”, “Física o Química” y “Sin tetas no hay paraíso”, era la radio, concretamente “La Voz de Palencia”, la única emisora de toda la provincia, que llegaba hasta sus oyentes en Onda Media. Onda Media que por la noche se volvía una jaula de grillos de casi imposible escucha por la mezcolanza de multitud de emisoras en un solo punto del dial. Permítanme que en este acto de añoranza en que he convertido esta prédica aluda nostálgicamente a Cimbalillo cuya sintonía campanil me gustaría volver a escuchar alguna vez.

El caso es que a esa convivencia de cuatro hermanos pertenecen los mejores recuerdos navideños, de cuando bajábamos al corral a buscar musgo en las zonas más sombrías, de cuando desembalábamos y montábamos el belén y sobre todo de la sobremesa de navidad o de año viejo en la gastada cocina de mi antigua casa, momentos de confidencias, de resúmenes de ausencias y de algarabía general. Ahora que lo pienso, no sé cómo se las va a arreglar mi hija, la muy adolescente es hija sola.

Pasados los años he envejecido mal y hay ya demasiadas cosas por las que no paso, la tolerancia nunca ha sido mi fuerte y no soporto que la sociedad me ordene que tengo que divertirme un montón porque es navidad, que tengo que ser extraordinariamente feliz y amar a mis semejantes por encima de todas las cosas, resulta que es algo insoportable, insufrible e intolerable, sean tan amables de perdonarme. Actualmente no basta con ser moderadamente feliz, no basta con divertirse razonablemente, el exceso parece ser imprescindible en esta época. Cuando a uno le preguntan cómo lo ha pasado parece como que diera vergüenza decir que ha estado en casa, sin sobresaltos, serenamente, soportando tranquilamente a cuñados, sobrinos y demás familia.

Porque ésa es otra realidad convenientemente oculta de las fiestas navideñas. Encima vienen tus parientes a ocupar tu sillón favorito, a dormir en él la siesta mientras tú friegas los platos y a poner todo el día las televisiones de deportes. ¿No hay ocasiones en que maldita sea la gracia que tiene la navidad? Pues encima tienes que convivir con esta caterva de parientes que parecen salir de la nada, disfrutan de tu casa con las manos en los bolsillos y se van… cuando ya no queda más turrón. Y mientras buscas inútilmente temas de conversación para entretener con ellos las largas horas de inanidad, tus amigos de toda la vida, con los que de verdad querrías haber pasado el tiempo entre comilona y comilona, siguen en los mismos garitos de siempre, que tanto te gustan, dándole al vino de Ribera sin echarte de menos.

Antes vivíamos la Navidad, en singular y con mayúscula. Ahora consumimos las navidades, plural y minúscula. Hemos pasado de una sociedad ingenua en la que cualquier pequeña novedad provocaba general satisfacción a otra permanentemente insatisfecha aunque deje vacíos los anaqueles de los hipermercados, y en ese ¿avance? hemos ido desprendiéndonos estúpida y banalmente de algunas tradiciones y sentimientos que venían siendo usuales, sustituyéndolos por otras costumbres extranjerizantes y en buena parte laicistas. ¿Por qué todo lo extranjero tendrá entre nosotros tanto predicamento? Hasta las tradiciones: ¿Por qué no nos bastan nuestras tradiciones? ¿Por qué necesitamos colgar de nuestros balcones ese horrible hombre del saco vestido para llamar la atención, ese espantajo con pinta de Papá Noel enano que más parece sanguinolento piojo reventón? ¿Por qué parece que nos ha invadido una horrorosa plaga de papanoeles de trapo dispuestos a escalar todos los edificios de la ciudad? Sugiero a las autoridades locales que instituyan un impuesto o tasa municipal a las comunidades de vecinos empeñadas en esta bárbara manía ¿Por qué necesitamos llenar de horteras luces multicolores las fachadas, ventanas y balcones de nuestras casas particulares? ¿Quién ha convocado esta competición de vulgaridad, mal gusto y ordinariez? ¿Qué necesitamos demostrar a quién? ¿Por qué?

Y la última pamplina salida de la tontuna colectiva, esa nueva patochada social que consiste en enviar miles de SMS navideños y de fin de año con el único afán de descubrir quién es el más ingenioso de la clase, el que inventa la consonancia más tosca y provoca las mayores risotadas de la pachanga familiar. Cuando se acercan estas fechas los dueños de las empresas telefónicas deben frotarse las manos con la chocarrería colectiva y con los suculentos ingresos que millones de SMS que pueblan el éter yendo y viniendo de teléfono en teléfono, llenos de buenas intenciones de cartón piedra, dejan en sus arcas.

Ahora ya no necesito el tren, vivo en Palencia y vengo al centro en mi propio coche, convenientemente pagado duramente con mi sueldo y el de mi esposa y algo de colaboración del banco, nada altruista no se vayan a creer, y aparco cómodamente en pleno centro de la ciudad, lo que es un alivio para los ciudadanos… y para las arcas municipales.

A cambio los palentinos disfrutamos de una ciudad confortable y bien cuidada, con un centro urbano cómodo y aún reconocible a pesar de que no siempre se ha sabido conservar aquello que nos identificaba como castellanos y palentinos. Palencia es hoy una ciudad de la que podemos estar orgullosos, con antañones edificios singulares, que hemos de saber mantener como herencia, y nuevas aportaciones modernas en forma de barrios y parques nuevos, amplios y diáfanos, que nos esperan como nuevos templos de la convivencia social. Si Palencia tiene multitud de razones para presumir una de ellas sin duda reside en sus numerosos y afortunados parques, desde el clásico, romántico y emblemático de la Huerta Guadián al más amplio, moderno y abierto de la isla Dos Aguas, pasando por esa pequeña guinda que es el recoleto y familiar parque de Ramón Carande.

Dicen de los castellanos los autores clásicos que somos sobrios y austeros, quizá sea que nuestro paisaje y nuestras ciudades nos han formado así; hoy por el contrario tenemos una ciudad llena de espacios abiertos propicios al encuentro y a la charla detenida, una ciudad que, rehuyendo épocas pasadas, se está construyendo lejos de esos monolíticos bloques de cemento, plástico y neón que una vez creímos que eran los obeliscos que representaban la modernidad.

Salgamos a una ciudad que nos espera al otro lado de estos muros repleta de arcos de bombillas multicolores que representan hermosas escenas invernales, hojas de roble, trineos, velas y estrellas variadas, anunciándonos alegremente las fiestas del solsticio de invierno, no vaya a ser que se nos cabree el personal laicista y nos acuse de imposición cultural, que, seamos sinceros, para muchos estos días son para celebrar lo que no creen. Pero si ustedes celebran la Navidad y no quieren perder las raíces originales acérquense a la plaza mayor, visiten el nacimiento tradicional que nos regala nuestro ayuntamiento y vayan reservando un hueco para la tarde del seis de enero.

Y ya que tanto he hablado de tiempos pasados permítanme sentirme como un general ante un pantano y decirles: “Queda oficialmente inaugurada esta navidad”. Disfrútenla.

18 diciembre 2009

Yo votaría “no” a las corridas de toros

A veces es doloroso tener opiniones, lo fácil, lo deseable, podría ser esconder la cabeza debajo del ala y dejar que salga el sol por Antequera. Me pasa con el tema de los toros. Me encantan en general las tradiciones, me apunto a todas ellas porque explican nuestras raíces, hay que saber de dónde venimos para sabe dónde vamos y mejorar. A la de los toros no. Y miren que me cuesta, y miren que me duele tomar esta postura.

Sé que en buena medida la votación del Parlamento catalán no es sólo “animalista”, sino también separatista. Por eso mi postura me duele más. Pero debo ser consecuente conmigo y mis ideas. Por lo menos hasta la equivocación final.

No hay mayor estupidez humana que hacer daño, no digamos si es a un semejante, pero también a un animal. Indefenso, a pesar de sus cuernos; indefenso, a pesar de su supuesta bravura. No hay mayor estupidez que hacerlo por placer. Muy humano eso de hacer daño por placer.

No sé si realmente hay que prohibir los toros, esto de prohibir, regular, limitar, condenar y restringir la libertad empieza a ser una costumbre demasiado socialista, pero algo hay que hacer para impedir barbaridades como la del toro de Vega en Tordesillas, o lo que hoy se denuncia en las cartas al director de “El País”, sucedido en Villanubla, también en Valladolid, donde según la denuncia se ha alanceado a varias vaquillas. Algo habrá que ir haciendo para evitar tanto sufrimiento animal placentero para el animal... superior que dicen que somos.

Me duele, me cuesta, porque los toros y la Historia de Castilla y de España entera están sumamente entrelazados, abrazados, unidos. Las fiestas populares del más pequeño villorrio de España pueden no entenderse si no hay corridas de toros, la Historia de los reinos de España, de sus nombramientos, bodas y bautizos están íntimamente ligadas a las fiestas populares de toros, a pie o a caballo.

Pero estamos en el siglo XXI y hay cosas que no pueden ser y que son imposibles. Imposibles de mantener, de defender y de votar. Yo voto no a las corridas de toros en toda España. Y salga el sol por Antequera.

Monseñor del PNV

Seamos cínicos y asombrémonos de que parte del clero vasco sea nacionalista. ¿Acaso nos cabía alguna duda? ¿A qué viene el escándalo? Pero si llevamos, ¿cuánto?, sabiéndolo, comprobándolo en la vida diaria, analizándolo en cada libro, en cada artículo que ha salido sobre el País Vasco. Que le monten este número a Monseñor Munilla entra de lo esperado. De lo desesperado.

Palencia hasta hace años fue una provincia de prueba. O de premio. También. Años atrás todo político que empezaba pasaba por el Gobierno Civil de Palencia para foguearse, hacer sus primeras armas y acumular experiencia. Hecho el aprendizaje se iba con su experiencia a rendir frutos a otra provincia más afortunada. Y hubo políticos para los que el Gobierno Civil de Palencia representaba un retiro dorado previo a la jubilación. Es lo que tiene ser una provincia pequeña. Poco conflictiva, quiero decir. O sea, entregada, cabizbaja y resignada, seamos sinceros. Y con nuestros obispos nos ha pasado lo mismo. De todo hemos tenido los palentinos.

Aquí nos bastaba con que fueran obispos. Y ya. Sin más. Habríamos aceptado pulpo como obispo de compañía. En este caso hemos aceptado a monseñor Munilla con normalidad, dispuestos a conocerle y quererle a poco que se dejara, sin preguntarle donde había nacido, qué carnet tenía ni que credo profesaba. Bueno, lo del credo es que ya se le daba por supuesto. Se le daba porque era obispo y nos bastaba. Parece ser que a los guipuchis no les basta. A los curas guipuchis, quiero decir. A parte de los curas guipuchis. Giputxis.
A nosotros nos bastaba con que viniera de parte de Dios. Estos curas abertzales pretenden además que tenga carnet de partido. De su partido. Del partido de ellos, evidentemente. No basta que venga de Roma, que venga de Dios. No les basta que sea nacido allí. No les basta que hable euskera. Quieren que venga del PNV, quieren que el PNV sea Franco y proponga una terna. Eterna. Quieren que sea el monseñor del PNV. ¿Y si se cambia el apellido a…, pongamos, Munillaterrikoetxea?
Me pregunto quién ha movilizado al 77 % de los curas giputxis. Por qué. A veces las cosas se salen de madre y es difícil volver a encauzarlas. Me pregunto si estos giliputxis pedirán a sus fieles el carnet antes de decir misa, de darles de comulgar o de confesarles. ¿Habrá salvación fuera del PNV? ¿Me bastaría ser independentista de Venta de Baños para que me dieran la extremaunción? ¿Tendrían que consultar con Sabinetxea?

17 diciembre 2009

¿Curas vascos "universales"?

Yo nunca he pensado que los curas debieran limitarse a predicar el evangelio. Otro gallo le cantaría a la Iglesia católica si se hubiese mojado en asuntos de justicia terrenal La Iglesia tiene una política social, evidentemente, pero su voz se oye mucho más cuando habla del aborto que del paro, por ejemplo. La Iglesia debería llevar siglos más implicada en los problemas sociales... o al menos debería mostrar públicamente más su implicación. Sin embargo esa implicación en los asuntos de justicia social debería ser siempre de manera apartidista, equilibrada y distanciada de nombres de partidos.

Por eso entiendo que los curas abertzales hablen y se manifiesten. Su problema no es que no les guste Monseñor Munilla; su problema, el problema de la Iglesia vasca, es su íntima conexión con una ideología determinada y controlada por un partido, y su desconexión, ahí, ahí, de quienes no estén en esa onda política.

En el artículo que publico el viernes en la prensa de papel, y que publicaré ese mismo día aquí, hablo de la llegada de Monseñor Munilla a Palencia, de su entrega a la diócesis y de lo que Palencia le demandó a su llegada: nada. Se le aceptó como pastor simplemente por ser pastor, por venir de parte de Dios, no de parte del partido en el poder. A los obispos le nombra Roma, no les nombra Sabinetxea. A los católicos toca aceptarles y ayudarles. O apuntarse a otra Iglesia, a otro club. Por cierto... ¿Católico no significa “universal”? Pues eso.

15 diciembre 2009

España me da vergüenza, ¿será grave?


Y cuando digo España no me refiero, aunque también, al gobierno, que ya lleva lo suyo. Me refiero a España, a los españoles, a la sociedad española, conformada por gente… por gentuza como nosotros.

Estamos viviendo una perversión de valores; no un cambio, al menos no sólo un cambio de valores, quizá incluso estamos viviendo una pérdida de valores y de ello somos culpables todos los ciudadanos que lo permitimos asombrados y acobardados.

No me refiero al chantaje secesionista que con relativo éxito (en verdad sólo buscaban abrir hueco y lo han logrado perfectamente, tiene razón Albert Boadella) están llevando a cabo entre los que quieren imponer la independencia y los que quieren imponer (al mismísimo Tribunal Constitucional) el estatut, con el simple argumento de que lo han votado los ciudadanos de Cataluña(¡!). Y todo ello con la dejación de la sociedad civil que asiste en silencio y como si la cosa no fuera con ella.

No me refiero a que con la bajada de hombros de una sociedad anestesiada y aletargada se esté ampliando una ley del aborto que nadie demandaba, salvo unas insaciables clínicas abortistas, y que permite que las niñas de dieciséis años aborten sin conocimiento de sus padres (no vaya a ser que se cabreen y les riñan, oiggg). Y todo ello con la dejación de la sociedad civil que asiste en silencio y como si la cosa no fuera con ella.

No me refiero a una sociedad que permite, sin reacción y casi con simpatía, que unas cochambrosas e indecentes series televisivas eduquen a generaciones de niños y jóvenes en situaciones sexuales impropias de la edad, pues los supuestos límites de horario en televisión se incumplen diariamente. Y todo ello con la dejación de la sociedad civil que asiste en silencio y como si la cosa no fuera con ella.

Tampoco me refiero a una sociedad que no reacciona cuando un padre lleva a juicio al maestro de su hija porque la ha puesto de cara a la pared por no hacer los deberes. Y todo ello con la dejación de la sociedad civil que asiste en silencio y como si la cosa no fuera con ella.

Ni siquiera me refiero a una sociedad que calla (¿abochornada?) cuando una hija de trece años lleva a juicio a su padre, que la encontró borracha a altas horas, porque la agarró por las axilas y se la llevó "en volandas" hasta el coche después de dos intentos inútiles de exigirle que volviera a casa de su madre. Y todo ello con la dejación de la sociedad civil que asiste en silencio y como si la cosa no fuera con ella.

No me refiero a ninguna de estas cosas pero me refiero a todas ellas y a muchas más que ocurren con la dejación de la sociedad civil que asiste en silencio y como si la cosa no fuera con ella.

España, la sociedad española, me da vergüenza, ¿será grave?

14 diciembre 2009

Arriba Italia, abajo Berlusconi

Los asiduos de este blog ya conocen mi debilidad por todo lo italiano. Italia es un gran país que visito todos los veranos y del que hace tiempo he quedado admirado. No se trata sólo de Venecia y Roma, quizá las ciudades que más visitamos los españoles, ni de Pompeya o Capri, sino de toda Italia, toda su cultura latina y mediterránea lo que ha prendido en mí. De Italia me gusta todo, su modo de vida y su gente me hacen sentir que no estoy en el extranjero. Perdón, rectifico, de Italia me gusta todo menos su presidente del Consejo, ustedes me disculparán.

En la corrupta sociedad occidental solemos admirar a quien tiene más éxito social, medido casi siempre en dinero o popularidad, y nos olvidamos de otros valores, dignidad, ética y generosidad, por poner los tres primeros ejemplos que han salido del teclado. En ese sentido Silvio Berlusconi puede concitar la admiración de muchos italianos, no sé dónde he leído que los italianos no condenan su vida disoluta porque en realidad aspiran a ser como él. Berlusconi nada en dinero, en popularidad y en poder, tres de las cuatro cosas que la decadencia occidental adora. La otra es el sexo, claro, y Berlusconi también anda sobrado, al parecer, aunque haya tenido que ser de pago.

Berlusconi tal vez pase a la Historia como un gran estadista, aunque para ello mucho deberían cambiar las cosas, pero ya ha pasado por ser el símbolo refulgente de la bajeza moral y social de nuestro primer mundo. Su vida es un perfecto ejemplo de la ausencia de valores trascendentes, de valores superiores, de entrega al dinero por el dinero y al poder por el poder. Y al placer por el placer. Occidente es así, disculpémosle, supongo, o fusilémosle al amanecer.

Con frecuencia sus intervenciones en los foros internacionales causan vergüenza ajena, haciendo sentir inaceptable su presencia junto a los líderes de la sociedad occidental; su exhibicionismo impúdico de nuevo rico, manifestando sin recato sus millones, su poder y sus putas, debería retirarlo de la escena política entre sentimientos de bochorno y sonrojo.

Como a todos los chulos de pueblo le ha llegado la hora de enfrentarse con el loco del lugar, o con otro más chulo todavía, y ha salido violentamente trasquilado. Afortunadamente sus heridas no son graves y no parecen pasar de las típicas de una riña tabernaria, el agresor ha sido felizmente detenido y en su momento deberá comparecer ante la Justicia italiana.

Es imposible alegrarse de la agresión ni sentir por el matón más que deseos de internamiento, sea en una cárcel o en un hospital mental, si es que en Italia no los han cerrado. Un personaje como Berlusconi no puede provocarme sentimientos favorables, no los tengo hacia un líder político carente de valores positivos y tan obscenamente decadente que sirve como antítesis de quien una civilización, occidental y teóricamente cristiana, debería elegir para manejar su timón y llevar su rumbo.

12 diciembre 2009

Obama, el cinismo y el señorito de Leire Pajín

Para que no se me alarmen los lectores destemplados afirmaré sin esperar más que Obama puede llegar a ser el mejor presidente de los EEUU. Eso no quita que su discurso al recibir el nóbel (con minúscula este año) de la paz sea puro cinismo.

La batalla más dura de Barak Obama no va a ser Afganistán ni Irak; donde va a tener la pelea más fuerte va a ser en su propia casa, contra el enemigo interno, contra aquellos que creen que extender la seguridad social a todos los ciudadanos es poco menos que entrar en un paraíso socialista. Deseo de todo corazón que tenga éxito, pues llevará más justicia social (¿se le pueden poner apellidos a la justicia?) a un país de grandes capas de pobreza, por mucho que al mismo tiempo sea el paraíso capitalista con el que sueña medio mundo. Si algún día consigue acabar tan hercúlea tarea habrá hecho méritos más que suficientes para recibir varios premios Nóbel.

Pero todavía Obama, la gran esperanza negra, no reúne méritos suficientes para haber sido galardonado con tan especial enaltecimiento. Él mismo lo reconoció, aún a medias, en su discurso al admitir que puede haber muchas otras personas con más méritos que él para ello.

Y sin embargo no sólo se llevó el galardón a casa para ponerlo sobre el televisor (ah, no, que en las teles de plasma ya no se puede poner encima ni un toro bravo ni una sevillana aflamencada ni un premio nóbel) sino que justificó con su discurso pacifista el mantenimiento de dos guerras en diversos lugares del mundo.

Sé muy bien, antes de que algún lector avispado me lo recuerde, que la mayor parte de la culpa debe recaer en aquellos que sin suficientes méritos, tal vez arrastrados por la popularidad del personaje, le señalaron con el dedo de la fundación Nóbel. Cierto, cierto, se esperaba de estos personajes un punto mayor de racionalidad, cordura y equilibrio, quizá incluso que se hubieran resistido a dejarse arrastrar por la opinión pública del pueblo (la redundancia es buscada, conste) del que se supone que ellos, élites eclécticas entre las élites, no deben formar parte.

Si realmente llega el día, feliz y dichoso, en que Obama haga algo por la paz del mundo, tal vez instaurar regímenes democráticos en Afganistán, Irak (¿Y China y Cuba y las monarquías teocráticas y petroleras?), ¿qué premio se le otorgará? ¿Qué florida, rebuscada y galáctica frase se le ocurrirá a Leire Pajín para equipararle con su señorito?

11 diciembre 2009

Los zejartistas y la Tercera República




Ya no saben qué inventar, el caso es que la ocurrencia de meter al Rey en esta historia de Aminatou Haidar es doblemente interesada, mientras salvamos de la quema a Zapa metemos en un apuro a la monarquía y avanzamos un paso hacia la Tercera.

Hay un cierto empeño con la tercera república, debo decir que a mí me importa un comino la tercera, la cuarta y la monarquía también. Me da igual que la figura decorativa que encabeza el Estado se renueve cada cuatro años o que sea siempre la misma. Ni el uno me asegura estabilidad, equilibrio y justicia ni el otro supone un superior desembolso económico como algunos pretenden. Digo yo que con el paso del tiempo el Rey habrá aprendido por el mero hecho de acumulación de experiencia, lo que no le ocurriría al presi de la República. En contra: que al segundo se le puede largar con facilidad. Hombre, al Rey también se le puede mandar urgentemente a otro lugar, tenemos experiencia los españoles, pero cuesta más.

Pero estaba en que me da igual, sinceramente no movería un solo dedo por apoyar a una o a otra; ambas, monarquía y república ya nos han mostrado sus limitaciones a lo largo de nuestra Historia. Otra cosa es que yo tenga seguro que la tercera República llegará y no tardando, las presiones en ese sentido tienen más fuerza que el encogimiento general de hombros que es la posición habitual de la sociedad española al respecto.

Con lo mal que le están saliendo últimamente las cosas a Zapa, con la acumulación de problemas que supone su “reinado” en las últimas semanas, cabía esperar que los suyos le echasen un capote en forma de reto al Rey. Mientras nos liamos a hablar de ellos Zapa puede permitirse el lujo asiático de hablarnos maravillas de su propia trayectoria sin que a nadie del auditorio le de un ataque de intencionadísima e indisimulada tos. Sic transit gloria mundi, Zapa, quién te ha visto y quién te ve. La cohorte de dorados pelotilleros están a la que salta para hacerle un favor… del que tal vez resarcirse más temprano que tarde.

¿Que estuvieran los sindicatos apoyando...? Pues eso, me remito también a los puntos suspensivos anteriores.

08 diciembre 2009

Presidentes autonómicos contra la Constitución

Vamos a empezar por el principio, llevo 31 años pensando que esta Constitución no es buena, que España cometió un error al aprobarla y que es causa de gran parte de nuestros males actuales. Y una vez dicho esto diré que es la única que tenemos y mientras no la reformemos o no tengamos otra habrá que respetarla, acatarla y luchar democráticamente por cambiarla.

Así que no entiendo que buena parte de los presidentes de las autonomías no haya acudido al fiestorro oficial. Casi todos del PP, pero no sólo del PP. Las razones aducidas recuerdan a las que dan los niños cuando se corren las clases y son sólo eso: excusas baratas.

Viene bien un puente tan largo como éste para salir de casa a otra ciudad o ir al campo. Viene bien para acercarse a los grandes centros de compras y dejar allí nuestro dinero que es lo único que ya va quedando de la antigua navidad. Pero aquellos que son actores principales de nuestra política tienen una obligación para con la Ley más importante que nos une (¿O nos ata?) por mucho que les parta por el medio un fabuloso finde.

Todos los presidentes autonómicos deberían estar presentes en vez de escaquearse y hacer novillos infantiles, cuentan con infinidad de prebendas, la del sueldo generoso no es la más importante, que contrapesan estas incomodidades. La fiesta de la Constitución debería ser una de las más significativas para quienes se llenan la boca defendiéndola. Y sin embargo estaban en la playa, en el pueblo o en el centro comercial.

Claro que entre los que han acudido hay alguno que está pensando permanentemente la manera de saltársela y hacer de su estatut un sayo. No falta la actitud farisea del que ha acudido a la fiesta a dar supuestamente su apoyo a la primera ley de España mientras amenaza con toda suerte de catástrofes como no se interprete dicha ley de la manera que él dice y que a él interesa, interpretación que perjudica gravemente a otras autonomías que tienen las mismas razones que Cataluña para sentirse nación, que también como Cataluña tiene lengua propia y que también desearía tener acuerdos, conversaciones y relaciones bilaterales con el Estado. Pero no pueden (y en buena medida por las incapacidades, miedos y sumisión de los políticos locales)

Sin embargo de esta Constitución nace esta España desigual, la España de la Ley del embudo, ancho para uno y estrecho para otros, la España de las diferencias, la España de privilegiados económicos y la España de los emigrantes.

O se la apoya o se la combate, pero no se pueden hacer las dos cosas a la vez. O se la apoya con la asistencia y con las palabras de respeto que merecen los órganos emanados de ella sin amenazas, defendiendo sus artículos uno por uno, o no se la apoya y se la critica y se la combate educada, civilizada y democráticamente. No hay, no puede haber, medias tintas y menos entre los políticos. Con la de paro que hay.

06 diciembre 2009

El avance del Islam en España

Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Esta frase atribuida a varios personajes, desde ministros de Napoleón hasta toreros españoles, se convierte en realidad cuando hablamos de cortar el avance de los musulmanes en Europa. Mejor llevarse bien con ellos, me parece a mí, que cabrearlos a base de prohibirles los minaretes.

Se equivocan los suizos si creen que con leyes de ese tipo van a echar abajo la implantación del Islam en Europa. Empezando por las leyes de la naturaleza, el que más hijos tiene se expande más y más deprisa, hay que pensar que sólo es cuestión de tiempo que los musulmanes dominen Europa, de momento ya nos tienen acomplejaos. Dentro de nada, rodeaos.

La evolución de cristianos y musulmanes es contraria en muchos conceptos. Contraria no, opuesta, mejor. Mientras los cristianos somos más flexibles a la hora de aceptar a los demás y los derechos de los demás, si extendemos estas idea me estoy refiriendo a la Democracia, la mayoría de los países musulmanes, al menos los más belicosos, no aceptan una idea aproximada a la democracia. Y hablamos incluso de países socios importantísimos de Occidente. Uno, que desconoce lo suficiente del Islam para no atreverse a hablar demasiado, percibe oposición, todavía no sé si real, entre la cultura política derivada de esa religión y la Democracia.

En Occidente hemos puesto nuestro empeño en mejorar nuestras condiciones vitales, en aumentar eso que llamamos “calidad de vida”, haciendo del consumo y del ocio las estrellas de nuestras expectativas vitales. En ese empeño hemos olvidado valores sociales generosos, espirituales o emocionales, dejando con indiferencia a nuestras espaldas la cultura del esfuerzo o de determinadas virtudes (respeto a los ancianos, consideración a las autoridades, discreción social) que de pronto se han revelado como atrasadas o impropias de una sociedad civil ¿adelantada? como la nuestra.

En el mundo del Islam la religión no es considerada algo arcaico, atrasado y fuera de lugar, como ocurre entre los cristianos. La Fe en un mundo posterior, en una nueva vida, en un premio o castigo, algo que entre los cristianos parece relegado a los sectores más conservadores, les proporciona un motivo vital de especial importancia por el que vivir, lo que les da una fortaleza de la que a mi humilde entender carecemos en Occidente. Recuerdo un alumno musulmán que quería ser mayor para… aprenderse el Corán de memoria. Sus compañeros cristianos querían ser mayores para jugar al fútbol profesional.

Al final se van a imponer, échenle siglos si quieren, que al final seremos los demás los que tengamos que pedir permisos para construir campanarios… si es que en algún recóndito lugar de Europa queda algún cristiano que quiera edificar iglesias. La fuerza de los ejércitos puede durante un tiempo sostener el status quo, pero siempre finalmente la fuerza de las armas dejará paso a las fuerzas de los números y a las fuerzas espirituales.

Los suizos ya lo han votado. En Francia todavía no, pero un 41% de ciudadanos se oponen a la construcción de lugares para el culto musulmán. En Alemania pasa algo parecido. Sin embargo no se puede poner puertas al campo. Mejor llevarse bien con ellos, me parece a mí, que cabrearlos. Lo que hace unos años ocurrió en la banlieu de las ciudades francesas… se volverá inevitable.

05 diciembre 2009

Ha nacido un líder de derechas; Mariano lo tiene crudo

No acabo de decidirme, espero que sean mis lectores los que me ayuden a tomar una posición clara. Me refiero al chaval que iba a leer un artículo de la Constitución… (Hoy estoy lleno de dudas, ¿debo escribir con mayúscula la inicial de una palabra que muchos se pasan por la sobaquera con la misma facilidad que se toman un vasito de agua?) …que iba a leer un artículo de la Constitución y se ha hecho un pis en la puerta de cada sede sindical de las 17 autonomías.

No sé cómo tomármelo, si como una muestra de la juventud rebelde que, en uso de la libertad de expresión y por oposición a sus acomplejados y acomodaticios padres, no se conforma, no se calla y monta un cirio de no te menees en tan sacro santo recinto o como ejemplo de joven fachoso, seguramente profranquista y retrocatólico que con absoluta irreverencia ha abusado de la confianza que las instituciones habían depositado en él.

En principio el chaval tiene madera de líder y me despierta simpatía, así que quizá Rajoy debería ir tentándose la ropa y ensayando la carta de dimisión. Nunca se sabe lo que vale un hombre, o un chaval, hasta que le pones a prueba y le mandas a las Cortes a leer el artículo constitucional sobre los sindicatos. Es lo que tienen las derechas, que se pasan la Historia esperando a que llegue el mesías que los conduzca al Reino de los cielos y cuando lo descubren todavía es menor de edad. Conste que yo soy bastante cobardica y me habría quedado paralizado por el terror si por mi mente hubiera cruzado, a hurtadillas seguramente, la posibilidad de montar tal numerito en el estrado de la soberanía popular.

No acabo de tener claro si lo suyo es uso o abuso de la libertad de expresión. El chaval tiene un par de narices por ponerle unas banderillas negras a uno de los lobbys más poderosos de España. Que un adolescente se atreva a cantar las cuarenta a quienes no se atreven a cantárselas al baranda jefe de todas las Españas tiene bemoles. A la chita callando ha tenido tanta repercusión mediática como el Guayomin y su última guayominada, la que le ha montado a Herman Tersch. Digo yo que si El Guayomin tiene derecho a hacer lo que ha hecho con las palabras del famoso periodista, este chaval tendrá derecho a hacer lo que le de la gana con las suyas propias. ¿Si lo del showman de la sexta es libertad de expresión cómo vamos a condenar al chavalete lenguaraz?

Además en el edulcorado ambiente rococó en que viven sindicatos y Gobierno, debiéndose favores mutuamente, debiéndose favores vergonzosamente, lo menos que puede pedirse es que alguien rompa el jarrón de porcelana de Sèvres, o el espejo de Vesalles, a ver si los interesados espabilan y toman nota. El ambiente de camaradería entre gobierno y sindicatos es tal que no sé si en realidad mantienen las reuniones que nos dicen. Tengo para mí que no llegan nunca a sentarse a la misma mesa, simplemente llegan a la puerta de la sala de reuniones y empiezan a cederse el paso verbal e insistentemente (“Pasa, pasa tú primero”, “No, no, pasa tú”) de manera que las reuniones terminan ahí mismito sin haber llegado jamás a empezar.

No sé cuantos españoles militan, no me refiero a pagar la cuota sino a defender de manera efectiva razonamientos y posiciones, en cualquiera de los miles de organizaciones sindicales existentes. Quizá menos esos militantes a machamartillo algunos españoles hayan abierto los ojos y la memoria, preguntándose por qué a González le montaron huelgas generales por bastante menos y a Zapahuero le llevan bajo palio.

De momento el mozalbete ha marcado olfativamente el territorio de los sindicatos y puede que ahora otros vengan detrás deseosos de dejar su resto biológico (pis, ustedes ya me entienden) sobre el anterior, que una vez que se empieza nunca se sabe cuando van a parar. Rajoy, lo tienes claro.

04 diciembre 2009

Viva Franco, o eso dicen

Parece que la ultra derecha la ha vuelto a armar en Viena. Aprovechando que el Nervión pasa por Bilbao y el Athleti pasaba por la Europa Ligue, media Europa fascista se había dado cita en la capital austriaca. Y la han armado, como suele suceder en los fiestorros que este tipo de personal se monta, es que no se cortan un pelo.

La cosa ha ido de invasión del campo en no sé qué minuto y de follón, altercados y bengalas en cualquier momento o circunstancia, cualquier momento era bueno con la excusa del fútbol. Hasta, según dicen las crónicas, había banderas españoles preconstitucionales, las del águila, para entendernos, e incluso una curiosa foto nos muestra una pancarta que dice “Viva Franco”.

Pasando por alto que la dictadura de Franco no era estrictamente fascismo, quizá salvo en sus inicios, (no se me soliviante el personal lector de izquierdas, eso no quiere decir que no fuese dictadura ni que dejase de ser cruel, haya calma) no consigo entender qué diantre pintaba allí la mención al pobre Franco al que ni sus más fervorosos partidarios dejan en paz.

Lo que son las ganas de provocar, seguro que si en vez del Athleti estuviera jugando mi Venta de Baños CF estos paisanos habrían estado bebiendo cerveza y comiendo salchichas como Adolf manda. ¡¡Se habrían perdido las maravillosas triangulaciones del centro del campo cerrateño y los remates diestramente dirigidos a la catenaria del ferrocarril cercano!! (Bueno, más o menos cercano)

Sólo se me ocurre otra imagen tan pasada de moda, tan casposa y tan demodé como un jovencito fascista: Un comunista. Dicen que los extremos se tocan y a veces se tocan bien fuerte, incluso con bates de béisbol. A uno no se le ocurre como todavía puede haber juventudes fascistas cuando la escuela es obligatoria hasta los dieciséis, y con lo mucho que viajan hoy en día los chavales. Siempre he creído que viajando se aprendía la vida, se conocían nuevos lugares, nuevas gentes, nuevos modos de vivir y se le caía a uno la boina, lo que, según yo suponía, le llevaba a uno a ser más comprensivo y tolerante. Que el fiestorro lo hayan montado en la sufrida Viena es ya delirante.

Me resulta tan difícil comprender a la juventud fascista como a la comunista. No, bueno, no. Me resulta más difícil comprender a un chaval joven defendiendo a Castro y al loco ese de Corea del norte (no me viene el nombre a la cabeza y sinceramente no tengo el menor interés en ponerme a buscarlo) que a otro defendiendo a Mussolini, pongamos por caso. Tan extremado gilipuertas me parece el primero como el segundo, quede claro, pero al menos el comunista tiene suficientes ejemplos actuales en los que mirar los resultados de los intentos de crear la Arcadia Comunista. Salen todos los días en la prensa.

Los que quisieran buscar ejemplos de regímenes fascistas tendrían que leer o estudiar, y eso ya ha quedado claro que este tipo de personas no sabe ni quiere ni le interesa. Que viva Franco allí donde esté ahora mismo.

03 diciembre 2009

A Zapatero le crecen los enanos

Cuando un gobierno está de capa caída le crecen los enanos, le aumentan los problemas y hasta sus partidarios se ponen en contra. Hace tiempo que le viene pasando esto a Zapahuero, tras cada problema que soluciona le aparecen dos nuevos líos.

Lo del socialismo con el Sahara, por ejemplo, siempre ha sido un lío tonto; los socialistas, desde Felipe González hasta hoy, han tratado de pasar desapercibidos en este asunto, tratando de que los votantes más concienciados, que son los únicos que se preocupan del antiguo Sahara español, no se dieran cuenta de cómo escurrían el bulto. Pues ahora, precisamente ahora que a Zapa ya no le creen ni algunos de sus ministros, le estalla delantito mismo de los ojos el asunto de Aminatu Haidar. Mira que ha habido momentos más oportunos, pues no, ha tenido que ser ahora, cuando el gobierno se desliza sin freno. Ahora no debe quedar español que no sepa cómo en el PSOE se han lavado las manos en este espinoso asunto africano.

No hablo ya de convocar elecciones, que sinceramente no toca, pero Zapa debería ir pensando en que le relevase algún brillante cerebro de la ejecutiva socialista, pongamos Leire Pajín o Zerolo. Todo menos seguir así, que parece que le ha mirado un tuerto y le ha echado mal de ojo. Lo que le faltaba al PSOE es que se le cabrearan los internautas y se le está abriendo un cráter en uno de los grupos de votantes de carácter más progresista. El apoyo en la Red al manifiesto contra la Ley de Economía Sostenible del Gobierno es masivo y hasta el inocente Facebook se puede revelar como una pequeña fosa en la que enterrar miles de votos jóvenes y urbanos. El grupo que se ha formado contra la nueva ley zapateril va a batir récords en poco tiempo.

Y solucionado lo del Alakrana, solucionado de aquella manera, le estalla al gobierno otro secuestro, ¿se habrá corrido la voz de que secuestrar españoles es fácil y divertido? En España cuando nos aburrimos vamos a Ikea o al híper a pasar la tarde gastando el dinero que no tenemos. En África se entretienen secuestrando… españoles. La pregunta es si volverá el Gobierno a “no pagar” el rescate de estos otros tres ciudadanos. En definitiva sigue siendo otra manera de gastar el dinero que no tenemos, ya digo.

Mientras tanto el paro… ¿Paro? ¿Qué paro?

01 diciembre 2009

Belén Esteban como síntoma de España

Hace ya mucho que Belén Esteban representa sobre dos piernas la miseria moral e intelectual de España. Si un personaje cuyo cerebro aparenta ser del tamaño de un garbanzo se convierte en el centro de la vida social de un país es que ese país tiene cerebro de garbanzo. Y Belén Esteban va a presentar las campanadas en no sé que maldita cadena de telefollón porque va a producir unos réditos económicos a quienes la contratan, media España se romperá los morros por pillar plaza ante el televisor la noche de fin de año.

Si un personaje cuyas producciones intelectuales son de la riqueza de las de la Esteban es el centro de las neuronas de las comadres de un país es que ese país es como la Esteban: de pena. Da pena. No, no pretendo que contraten a Eduardo Punset para celebrar la nochevieja ni el año nuevo. Pero si un país otorga el triunfo social a series como “Sin tetas no hay paraíso”, “Escenas de matrimonio” y “Física o Química” y encima tiene como starlette endiosada a un personaje al que le cuesta Dios y ayuda encadenar cuatro frases seguidas, cuyo mayor mérito social fue encamarse con torero, es que ese país está en crisis social, cultural y personal.

El gran problema de personajes y países como los que estoy describiendo es que desconocen sus problemas. Están tan borrachos de seguridad, de autosuficiencia, su pobreza cultural y su falta de perspectiva es tan absoluta que nunca serán conscientes de su analfabetismo y sus carencias morales. Parte del problema de España es que ha derrocado los valores éticos que antaño tuvo entronizados sin haber colocado en las peanas laicas de nuestra hora otra escala que los sustituya.

La última vez que escribí sobre personaje tan ordinario y rudo sufrí estoicamente el contraataque de sus partidarios. Sin duda los tiene, no ocuparía en la parrilla televisiva el lugar que ocupa, ni su “caché”, galicismo usado para esconder la palabra “precio”, sería el que es si no tuviese legión de seguidores. Y exactamente ése es el problema de España, el número de cantamañanas que están dispuestos al combate para defender a su cantamañanas líder, lleve éste un nombre de futbolista multimillonario, el de una cantante de moda o el de una…, el de una… ¿qué coños es realmente esta mujer?

Porque esta mujer vive de sus escándalos, lo mismo que la España que la sigue devotamente, escándalos de vulgaridad y zafiedad, escándalos que denotan su falta de formación, de ética y de higiene mental. Como España en manos de un presidente que aprendió Economía en un par de tardes. No se me escandalicen, o España en manos de un presidente que nos llevó a apoyar una guerra ilegal, injusta e interesada.

Parece ser que al menos no le van a dejar dar las campanadas desde la Catedral de Santiago. Alguien queda todavía en España con sano juicio. Mezclar Santiago y su catedral con Belén Esteban es mezclar el jamón de Jabugo con la mortadela. O a Don Quijote con Filemón.

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