Palencia es una emoción:

28 febrero 2009

Mi médico se equivoca gravemente.

El sol de invierno lleva varios días calentando con firmeza las mañanas de mi tierra y estoy de buen humor. Termina febrero y deja paso a la primavera, la época que mejor publicidad hace de la vida. Estos días la intensidad de la luz hiere con especial intensidad los parques y las calles de las ciudades y preñará de trigo los campos y reverdecerá las choperas. Y por ahí empieza mi buen humor, ni siquiera las noticias que cada noche recojo en los digitales consiguen ponerme de mal humor. Bueno, si exceptuamos una.

Si empiezo por lo intrascendente, me encuentro con Antonio Banderas, que se dispone a rodar a las órdenes de Woody Allen. A mí Banderas me parece de lo mejorcito del cine español, por encima de penélopes y Bardemes. Este hombre que no oculta sus simpatías políticas está a años luz de calidad humana de los anteriores, cae bien y es un actor completo. Sé que sólo es una cuestión de filias y fobias, pero me alegra saber que los actores españoles salgan adelante y triunfen a nivel mundial. Ya sólo falta que me guste el cine español. Sí, sé que no soy original, lo mismo dice media España. Nada de ello consigue perturbar mi buen humor, salvo una noticia de la prensa digital.

Quizá sea que mi médico me ha dado buenas noticias en los últimos días y me da nuevos bríos, pero me siento de buen humor mientras en Galicia y en Euskadi ha cesado el ruido de los mítines y la reflexión antecede a la jornada electoral; casi me da igual quien gane porque la palmada de mi médico en mi espalda y su palabra tranquilizadora actúan de bálsamo y acarician mi ánima con la misma efectividad que este sol primaveral de febrero. Ambos llegan cuando no les esperaba y me iluminan y reconfortan mi camino. No hay noticias en los digitales, salvo una, sólo una, que perturben mi buen humor. Ahí fuera, casi a mi lado, se posa un pájaro, se da media vuelta, me ve y sigue piando hasta que otro se posa a su lado y se van persiguiéndose. Demasiado bucólico pero es verdad, allá ustedes. Mi ánimo crece al ritmo de las temperaturas matutinas.

Me da igual a qué cargo empapela el juez Garzón, me da igual por qué unos dimiten y otros no, me da igual que la bolsa se hunda, sin duda alguna ya saldrá adelante y yo todavía no necesito mis dineros. En este momento ni siquiera parece tener relieve suficiente que Obama haya puesto fecha final a la “misión de combate” de EEUU en Iraq. Estoy casi feliz del todo.

Mi felicidad sería completa si no hubiera leído en un diario digital que el gobierno proyecta multar con sanciones de hasta 10.000 euros a quienes den cobijo a inmigrantes en situación administrativa irregular, conforme recoge el anteproyecto de reforma de la Ley de Extranjería, que tipifica como infracción grave “promover la permanencia irregular en España de un extranjero”. Oiga, ¿dar cobijo a un pobre hombre, indefenso y temeroso es una “infracción grave”? ¿Tanto como para 10.000 €?

Me deprimo, hay mañanas en las que uno no está para nada, hasta parece que empiezan a venir nubes gordas y oscuras dispuestas a tapar el sol. Me voy a meter en la cama y llamaré a mi médico a ver si no se ha equivocado con su palmada y sus palabras de ánimo.

26 febrero 2009

Pena de muerte, cadena perpetua

Es difícil no comprender el dolor que los padres de las víctimas sienten. Es relativamente fácil suponer el desgarro los que asesinatos inflingen en padres o cónyuges u otros familiares de las víctimas. No podemos sentirlo igual, es imposible sentirlo en la misma medida si es que tamaño padecimiento tiene manera de ser medido, si existe escala que pueda abarcar todo el tormento que se puede llegar a padecer cuando pierdes de manera tan cruel a tu hija, por ejemplo, pero sin embargo se puede comprender fácilmente.

España entera ha sentido hervir su sangre con los padecimientos que la familia de Marta del Castillo está arrostrando desde hace semanas; a la crueldad de la violenta muerte hay que añadir que tanto tiempo después su cadáver sigue sin aparecer. Cuántos padres nos hemos sentido afectados, cuántos nos sentimos unidos a ellos en su sufrimiento.

Es fácil sucumbir en momentos así a deseos de cambiar el mundo, de aprovechar cámaras y focos para alzar la voz y además de reclamar justicia buscar la manera de solucionar los problemas del mundo. Los padres de Mari Luz Cortés y Marta del Castillo tras el calvario que les ha tocado soportar han aprovechado su poder mediático para dirigirse a la Moncloa y solicitar la cadena perpetua como castigo disuasorio para los criminales más abyectos. Zapatero, con su sonrisa de cartón piedra, su habilidad en el cara a cara y su diplomática cercanía, ha recibido cordial y educadamente a ambos y, cabe suponer que tras consolarlos en la medida de lo posible, les ha dejado ir sin proporcionarles la solución que iban buscando.

Y otros más audaces reclaman la pena de muerte, afirmando también el poder disuasorio que esta pena capital puede tener para los potenciales criminales. Sin embargo las penas, por duras que sean, no suelen servir para reducir el número de delitos que se cometen en un determinado lugar, nadie se acuerda de ellas en el momento de asestar un cenicerazo en la cabeza de una pobre niña. Deben existir y deben ser duras, ajustadas a los hechos probados, y cumplirse en su totalidad salvo casos extraordinarios.

Y ahí, precisamente en cosas tan elementales como las que acabo de decir hay gran capacidad de mejora legal. Uno pierde la cuenta de cuántos códigos de Justicia se llevan elaborando en la Democracia, parece ocurrir como con las leyes de Educación, que cambian, o eso parece, con cada ministro, cada ministro quiere poner su nombre al nuevo código de Justicia, y sin embargo el cumplimiento íntegro de las penas impuestas no acaba de llegar.

Hay cosas que no deben ponerse a disposición de la opinión del pueblo sin que por eso merme el valor democrático de una sociedad. Si hiciéramos un referéndum desaparecerían los impuestos o las multas de tráfico y la gasolina sería gratis, no todo vale para ser aprobado por el pueblo, la Democracia tiene sus limitaciones.

La pena de muerte existe en medio mundo (¿sólo?) sin que por eso hayan disminuido los delitos en los lugares donde se mantiene. Es un error pensar que su aplicación conlleva necesariamente la desaparición o disminución de delitos especialmente repugnantes. En mi prescindible opinión un solo error que se cometa al aplicar este castigo a un inocente, error que no tiene marcha atrás ni compensación posible, invalida permanentemente su aplicación.

Incluso la crisis económica, ésa que convertía en antipatriotas a los que la nombraban, acude a finiquitar con este hecho detestable por el cual el hombre quita, muy legalmente, la vida a un semejante. En varios lugares de Estados Unidos, según informaban ayer radios y televisiones, se están dando pasos definitivos hacia su abolición. Una pena de muerte, con sus juicios interminables, con sus innumerables recursos, con sus abogados y tribunales durante largos años, supone un gasto excesivo que algunos Estados no pueden mantener sin grave deterioro de sus arcas. Hay quien propone que lo que se ahorre se invierta en solucionar casos antiguos sin resolver.

Es difícil no comprender el dolor que los familiares de las víctimas sienten, pero hay que legislar desde la serenidad.

25 febrero 2009

La ley del talión en la herriko taberna

El País Vasco se ha rendido, hace ya mucho tiempo que sus habitantes, no todos pero casi, se entregaron con sus armas y bagajes al enemigo. El enemigo es ETA, claro, así que no seré yo el que acuse a nadie de cobarde ni de entregarse sin pelear. Como mucho acuso al Estado de no saber defender a sus ciudadanos, de no saber defender sus intereses económicos, políticos y humanos. Así se rinde cualquiera.

Hay, todos lo sabemos, un elevado porcentaje de vascos que apoyan el terrorismo, siguen sus métodos y celebran con cohetes cada muerto, cada extorsión, cada secuestro. Sabido es que en todos los pueblos hay siempre un chulo-matón. Es el caballo de Troya al que los vascos no han sabido desplazar. Pero también hay gusanos consentidos que se comen la manzana social desde dentro. Con la excusa de que por cosas de política no vamos a reñir, se sustituye al asesinado por otro musolari y a seguir la partida, que son dos días. Ya digo, gusanos.

Pero hay otros vascos, la mayoría, de toda opinión, filiación y situación, que no han encontrado suficiente apoyo social ni político de las instituciones del Estado para echar del pueblo al matón que a todos acobarda. Además de que en todos los pueblos hay un matón, también suele haber un tonto del pueblo que generalmente le sirve muy bien, pero ese es otro gallinero en el que no voy a entrar. Porque cuando el matón se exhibe orgulloso y desafiante, sin encontrar oposición ni freno, predica con su ejemplo y crea escuela. Y entonces, debajo de las piedras surgen más matones entre los más tontos del pueblo. Y entre todos se ríen las gracias, se palmean las espaldas y se jalean las barbaridades. Pero, insisto, hay otros vascos, la mayoría, de toda opinión, filiación y situación, que no han encontrado apoyo social ni político de las instituciones del Estado para echar del pueblo al matón que a todos acobarda. Así que se han rendido.

Pero la culpa no la tienen ellos, habitualmente no está permitido portar armas en España ni para defenderse de los que te acosan, así que no tienen la culpa. Simplemente el Estado se ausentó del lugar, dejó a los vascos a la buena de Dios y su puesto lo tomaron ETA, sus secuaces, los más brutos de cada pueblo… y aquellos políticos que echando interesadísimas cuentas electorales no han sabido/querido oponerse sólidamente, con valores democráticos (¿o el orden y la paz social no son valores democráticos?) y con la fuerza de la ley a los matones que, a estas alturas, son ya legión. Estos políticos son la representación del Estado y sus instituciones que cobarde, vil y traicioneramente se han entregado al enemigo.

Así que ETA y sus monaguillos creen, con bastante razón, que todo Euskadi es orégano y ponen bombas no sólo con absoluto desprecio del inocente a por el que van, como es obvio en toda organización asesina, sino con absoluto desprecio del inocente… a por el que no van. Como el vecino este que armado con una maza fue a la herriko taberna más próxima a devolverle ojo por ojo los destrozos que habían causado en su casa. Olé sus cataplines, olé sus flores inguinales, olé por la enorme maza que colgaba entre las piernas del personaje en cuestión. Todos deberíamos sacar una conclusión de estos acontecimientos, porque cuando el Estado no te defiende surge la ley del Oeste y entonces el más rápido con el colt se convierte en rey del lugar, en el gallito del OK Corral.

24 febrero 2009

Las dimisiones hacen que un país sea más habitable.

Me encantan las dimisiones, me encanta que haya dimitido el ministro Bermejo. Es más, creo que habría que inventar un nuevo verbo que portara los contenidos semánticos de dimitir y cesar a la vez, la situación política española lo demanda desde hace años. Necesito que haya más ceses, dimisiones, que la gente “dimicese” a mansalva.

La verdad es que el pobre Bermejo se lo había ganado a pulso, nada más subir al pedestal de su nombramiento empezó a acumular méritos para ser cesado. Fue innecesariamente combativo, ingenuamente provocativo y fatuamente altivo. ¡Que le cesen! La verdad es que enseguida empezó buscándose la enemistad frontal de todo el que fuera del PP. Y terminó encontrándose la enemistad frontal de todo el que fuera del PSOE. Es lo malo que tienen esas cosas, que son los tuyos los que te dicen que adiós, muy buenas y que te vaya bien. Reconozcamos que Bermejo se trabajó a fondo su dimicese desde el primer momento, quería ser más zapaterista que Zapatero y eso no se le permite a nadie, el líder es siempre el líder y no admite que nadie le haga sombra.

Pero sin duda son necesarias más dimisiones, hacen falta muchas dimisiones para que este nuestro país empiece a ser medianamente habitable; todavía no sabemos de quién serán, pero ya empiezan a aparecer los primeros nombres, ya hay dedos índices que empiezan a señalar a rostros conocidos.

La sospecha de corrupción amenaza al PP, ya hay un nombre que va unido a la desconfianza y cámaras y micrófonos empiezan a fijarse en él. Hay numerosos indicios, de momento sólo indicios, que arrojan sombras de recelo sobre esos personajillos oscuros y taimados que se esconden siempre en la periferia de los partidos, trepas barriobajeros que como ratas viven a costa de las millonarias migas que dejan caer las organizaciones políticas. Y haría muy bien el PP en arreglárselas para demostrarnos que no hay nadie del partido amparándolos y protegiéndolos, que no hay nadie del partido implicado en tejemanejes sucios, poco honestos e incluso delictivos.

Sin embargo todo en el PP parece moverse en sentido contrario. En vez de encabezar las investigaciones internas para que la pulcritud triunfe, tanto Rajoy como Esperanza Aguirre están demostrando muy poco arranque limpiador y justiciero, todo apunta a trabajos alambicados y torticeras comisiones parlamentarias que emborronarán más aún las turbios ambientes donde tan a gusto se mueven estas alimañas.

Y como en el caso de Bermejo todo empezó con un ataque desaforado… de amigos y compañeros del propio partido, pues del seno del PP madrileño parecieron partir las primeras filtraciones de espionaje, que es, recordemos, por donde empezó todo esto. La vida pública nacional nos muestra su aspecto más impúdico, ofreciendo a los ciudadanos un aspecto de república bananera, un continuado ejemplo de insultos y faltas de respeto mutuas que se ven mil veces reproducidas en radios, televisiones y periódicos.

No puedo saberlo, pero supongo que todo ello se trasmite a la vida privada de los ciudadanos, quizá los sociólogos adviertan qué repercusión tiene esta estúpida tensión, esos malos modos, esos burlas irreproducibles que unos vierten sobre otros y que todos vemos cada vez que empieza un programa informativo. Convencido como estoy de la elevadísima influencia de la televisión en la vida cotidiana de los ciudadanos mucho me temo que esa situación se reproduzca luego, ciertamente en otra escala, en la calle, en los bares y en los centros de trabajo.

En España hacen falta muchos dimiceses, hacen un país más habitable. El pésimo ministro que ha sido Bermejo se ha marchado con viento fresco, pero no debe ser el único, hay otros políticos que deben irse sin dar lugar a que una comisión parlamentaria teóricamente creada para investigar y aclarar lo sucedido acabe por emborronarlo todo para ampararlos.

21 febrero 2009

QUE LOS JUBILATAS HUBIESEN ANDADO MÁS LISTOS, COÑO.

Llevo largo tiempo escribiéndolo. Si la derecha española hiciese algunas de las barbaridades que comete la izquierda, nada quedaría a la derecha de Zapatero. Alfonso Guerra habría sido un mojigato progre de tres al cuarto comparado con el rojerío socialproletarista que nos gobernaría y Pepe Blanco sería un moderado centrista. Si la derecha española cometiese las tropelías de esta izquierda anticuada, señoritinga y engreída, toda España se lanzaría echando espumarajos por la boca contra los indignos fascistas, atrabiliarios sátrapas que viven del sudor del pobre obrero. A la derecha, palo y tente tieso.

España siempre le ha perdonado todo a cierta izquierda iconoclasta, siempre le ha disculpado, siempre le ha concedido otra oportunidad más, que en el fondo los pobrecillos son buenos chavales. Véase la que se habría armado si a un ministro de derechas se le hubiese hundido el metro de Barcelona, o si se le hubiesen caído los túneles y puentes que se le han caído a Maleni. La de mierda que le habría caído encima al ministro de derechas que se hubiese ido de cacería en las mismas condiciones sospechosas que Bermejo. A la izquierda se le debe perdonar todo, dice Pepe Español, seguramente con buena voluntad y todo. En eso las derechas españolas siempre han tenido mucho que aprender de los propagandistas de la izquierda. Y muchos complejos que vencer. No es que España sea de izquierdas, que lo es, sino que además tiene vergüenza de ser de derechas.

Habría que oír a Pepiño Tronante si el PP hubiese manejado a unos amables y confiados ancianetes para llevárselos a un discurso de Rajoy. Cuánta tinta en las primeras planas, cuántos decibelios en los mítines, cuántos minutos en la radio, cuántas entradillas en la televisión, cuántas fotos en los digitales… Cuántos minutos de tertulias, cuántos intelectuales rasgándose las vestiduras… cuánto llanto y rechinar de dientes, cuántas acusaciones de cavernalismo ideológico, de trogloditismo político, de manipulación, de sectarismo, de abuso de unos pobres ancianos que después de dejar su vida al servicio de España eran manipulados por la derecha guerracivilista…

La de rayos, truenos y centellas que hubiesen descargado sobre el causante, el “aprovechante” o la madre que parió a cualquiera de los dos. España andaría mesándose los cabellos, mordiéndose las uñas y dándose cabezazos contra las esquinas. ¡¡Que vuelve la derechaaaaa!! La de cilicios que llevaría España en las nalgas, cuántos cánticos funerarios, cuántos himnos de desesperanza entonarían los actores y cantantes cejiles para combatir a la derecha golpista que vuelve, otra vez más, a las andadas. Cuántos meses de envenenadas alusiones a la derecha más derecha de toda Europa.

Pero, ah, como se trata del Bloque Gallego, honradas gentes de izquierdas, honestos defensores de una nación sojuzgada por el fascismo Español, respetados políticos que todo lo dan por el pueblo, habrá que acordar que sólo se trató de un error de algún personaje de medio pelo, algún subalterno sin jerarquía ni autoridad, sin que implique, salpique ni complique a nadie de importancia. Viva la izquierda, su savoir faire y su acertada labor de agitprop. Y que los jubilatas hubiesen andado más listos, coño.

La derecha no ha sabido, desde luego por culpa propia, separarse del franquismo, del falangismo y del tontoloscojonismo que ya denunció aquel alcalde socialista. La derecha española, mayoritariamente representada por el PP, confunde el culo con las témporas y no ha sabido librarse de sus cuarenta años protegiendo, amparando y defendiendo al franquismo, dejando al pobre Pepe Español mezclar ambos conceptos, facilitándole la tarea a una izquierda mucho más ducha en saber cómo dirigirse a la masa y qué decirle para tenerla contenta.

España tiene zapaterismo para rato, que no hablo de socialismo, mientras el PP siga creyéndose la única derecha posible, mientras el ciudadano español medio no vea al PP equiparable con la derecha europea, desacomplejada, antifranquista y dispuesta a defender la economía y la calidad de vida de las clases sociales más necesitadas de apoyo, mientras el PP no se deshaga inmediata, automática y fulminantemente de tanto mamón aprovechado que va a aprovecharse de su cercanía del poder. Ya digo que la derecha española es una acomplejada.

20 febrero 2009

El gorrino que se daba asco a sí mismo.

El cambio en la imagen del chaval ha sido enorme, aunque no tan grande como el cambio actitudinal. Sergio Javier, esa fuerza, muy bruta, de la naturaleza que agredió a una inmigrante ecuatoriana ponía cara de no haber roto un plato en toda su vida. Correctamente vestido, con el pelo recién cortado, se encontraba delante de un juez que no tardando tomará una decisión sobre los próximos años de su vida y pretendía salir lo mejor librado posible. Claro, para ello una imagen más tradicional y una actitud sumisa podían venir bien. Lo estaba pasando mal, aunque los focos y los micrófonos de toda España volvían a estar pendientes de él no era ahora cuestión de pavonearse como lo hacía pocos días después de la agresión.

Entonces paseaba ante las cámaras por las calles de su barrio como el gallito del lugar, sonriéndose y exhibiéndose con aire de superioridad y altanería, creyéndose el centro de la vida nacional cuando no era más que el centro de la podredumbre mundial. Su forma de contestar a los periodistas, su manera de seguir su vida normal como si tal cosa, su ofensiva dignidad ofendida distaban mucho de aparentar la más mínima reflexión sobre sus actos machistas, racistas y puramente fascistas. A pesar de que los días iban pasando el hombre nunca dio la más pequeña muestra de ablandar sus sentimientos hacia la que había sido su víctima. Desdeñoso y distante se mostraba altanero, radical y despectivo con todos los que le rodeaban… supongo que excepto con aquellos amigos que se sentaban con él en la barra del bar a consumir caña tras caña.

Ahora… ahora no podía seguir actuando de la misma manera, sin duda alguien ha sabido aconsejarle y su actitud de estudiada autocrítica y postiza humildad pueden ahorrarle una buena temporada en chirona. Simplemente refiere haberse bebido doce o trece cañas, como si eso fuese una actividad cotidiana tranquilizadora, y haberse metido unas cuantas pastillas de éxtasis, algo natural y normal que todos los ciudadanos hacemos cada mañana al salir de casa.

El muy valiente dice ahora que se da asco, que siente asco de sí mismo, que nadie se merece recibir aquella paliza… Son expresiones que nunca había dicho antes, a pesar de tener durante muchos días decenas de cámaras y micrófonos a su disposición, son sentimientos que nunca manifestó a pesar de haber tenido amplias y prolongadas oportunidades para hacerlo. Durante muchos meses se ha privado muy cuidadosamente de manifestar nada parecido… hasta que ha visto las orejas del lobo del este juicio.

A todo gorrino le llega su sanmartín, que se haga estricta justicia.

18 febrero 2009

La novia del asesino y la madre de la novia del asesino.

Confieso que veo poco la tele, incluso cuando estoy muchas horas en casa. Aunque debo confesar que a veces no la veo, la duermo. Desde luego lo que no veo ni harto de vino son las pedestres series españolas, si hacemos excepción de “Cámera café”, y esos bárbaros programas supuestamente de actualidad en las que atolondradas señoras entradas en grasas, embrutecidas hijas entradas en gilipollez y mastuerzos padres entrados en pitopausia mental van a contar en público sus miserias. Quizá debiera mejor decir que veo poco la televisión… española.

Así que les ruego a ustedes que me disculpen por no estar enterado al cabo de la calle de que la novia del asesino confeso de Marta del Castillo ha acudido a una o varias televisiones, a ésos u otros programas parecidos, a soltar su particular visión de esta feria lujuriosa, cochambrosa y desventurada en que hemos convertido la tragedia de esta joven sevillana.

Pero el caso es que leo que ha acudido, incluso entiendo que algún informativo ha reproducido al menos unos breves segundos de sus declaraciones. Lo que me confirma la miseria moral, la podredumbre y la perversión de valores de las cadenas de televisión y de los espectadores que escogen pasar sus minutos ante esos programas. No sé quién fue antes, si los espectadores que tienen el tosco gusto de ver esos programas o los programas que necesitan a esos espectadores. Nunca sabremos si fue antes la hediondez cultural de unos o el deseo de hacer caja de los otros. Sé sin embargo que se complementan, se apoyan y se retroalimentan, que se necesitan mutuamente.

Desconozco qué pasa por la cabeza de la madre que “recoge” en su propia casa al ¿novio? de su hija de catorce años y permite que conviva con ellos, eso sí, sin acostarse juntos. ¿Sin acostarse? Que no me digan que se trata de una manera de apoyar al pobre chaval huérfano, no, que tenía casa y trabajo, que tenía su propia vida jalonada por un rosario de novietas anteriores más algún problema con la justicia. Existen sin duda mil maneras de apoyar al muchacho sin meterle en casa, sin comprometer a tu hija, existen muchas maneras de apoyar al zorro sin meterle en el gallinero. ¿Qué mentalidad es ésa, qué degeneración de valores es?

¿Qué mentalidad es ésa que te lleva a exhibir a tu hija ante las cámaras impúdicas de una impúdica España para que cuente su impúdica historia? ¿Qué sociedad estamos construyendo para que productores de televisión se froten las manos con este envilecedor asunto? ¿Qué perversión de valores estamos afrontando que impide que millones de espectadores aprecien la indecencia de esta beoda sucesión de acontecimientos?

La sociedad degenera y valores de privacidad, discreción y cautela perecen ante el reteñir de las monedas que los productores televisivos depositan en las seguramente precarias cuentas bancarias de estas familias. El dinero, que siempre lo pudo todo, es, ahora como siempre, el becerro ante el que se postra bobalicona, baboseante y borreguera, nuestra sociedad actual. La diferencia puede ser que ahora es el único becerro de oro de una sociedad de pocas miras, corto entender y ningún alto criterio moral. Lo que se perdió Judas por haber nacido dos mil años antes, ahora estaría paseándose por los platós presumiendo de su hazaña y llenándose los bolsillos.

16 febrero 2009

El asesino de Sevilla no tiene toda la culpa

Y les ruego que antes de pillarse un “globo” fenomenal esperen a leer toda mi columna, luego enfádense y pónganme verde si les parece conveniente. Pero el asesino de Sevilla, sólo presunto, claro, no es enteramente culpable. Lo que de lejos no quiere decir que sea inocente…

Y piensen ustedes que también me estoy haciendo mayor, he visto una España y estoy vislumbrando otra. Contra una batallé activamente cuando tuve edad para ello, la otra me decepciona también profundamente. Con absoluta humildad yo me atrevo a repetir las palabras del filósofo: “No es esto, no es esto”. No es esto lo que queríamos, no es esto lo que buscábamos.

Hemos construido con esfuerzo una sociedad que ha buscado con tesón y con sacrificio salir del atraso económico, de la autarquía y de la emigración masiva. Y ahora, cuando no emigramos, sino que “nos emigran”, cuando nadábamos en dinero, nos estamos muriendo de éxito, estamos cayendo en una implosión social y económica.

Hemos buscado el oro y lo hemos encontrado, hemos alcanzado los logros económicos que nos proponíamos y para ello hemos tirado por la borda determinados valores tradicionales, sustituyéndolos por otros, a veces muy importantes también, a veces contradictorios. Sin embargo, al mismo tiempo, hemos dejado abandonadas enormes áreas de desarrollo humano, emocional, afectivo, de relaciones mutuas, dejándolas en barbecho, olvidándonos de lo importantes que son determinados valores, pensando que la incorporación de los nuevos valores nos salvaría. Ha fallado gravemente la educación, las normas sociales, los valores que transmiten de manera imperceptible la sociedad y la familia. Eso si habiendo dinero a espuertas necesitáramos valores. Hablo de valores trascendentes en general, claro, no necesariamente, aunque también, espirituales. A veces parece como si hubiéramos pensado que habiendo leyes que regulen nuestros comportamientos y nuestras actitudes ¿para qué valores?

En consecuencia hemos creado una sociedad que no puede con su complejidad, con sus contradicciones, con sus problemas sociales. Y que por lo tanto surgen infinidad de contravalores, contradicciones y limitaciones. Y hemos exportado esos contravalores, antes propios de una clase social de pocas luces, escasos recursos y menos educación, a toda la sociedad. El lumpen ya no está situado en unos determinados márgenes sociales, económicos o culturales, ahora cualquier estrato social puede comportarse como parte del lumpen. Nos hemos preocupado en demasía de lo material, de lo artificial, del cartón piedra de la actividad social, no nos hemos interesado por el interior de los individuos.

A mayor nivel económico mayor decadencia, es una realidad histórica que se ha repetido innumerables veces en el trascurso de los siglos, que le pregunten a Roma. Puede que ahora, con la reestructuración financiera y laboral que se avecina, veamos sobre nosotros la reedición de esta espiral secular.

15 febrero 2009

Colectas, misas y despachos de lujo

Soy socio de Manos Unidas. Es el instrumento ideal de la Iglesia católica para dar trigo además de predicar. Quizá otro gallo nos cantaría a los católicos si todos predicáramos con el ejemplo, que es la manera más eficaz y directa de dar trigo a quien lo necesita. Soy personalmente pesimista respecto al futuro de los sentimientos religiosos y altruistas en una Europa Occidental que es el vivo reflejo del rico epulón. Y sin embargo…

Y sin embargo mi parroquia, en la que no abundan las familias
adineradas, acaba de recaudar un 33% más que el año pasado en la colecta de Manos Unidas. Me parece un ejemplo de solidaridad que conviene publicitar en estos tiempos de crisis y de anticlericalismo, de anticlericalismo y crisis. Un 33% más, oiga.

Y eso encaja con la noticia de que medio millón de personas más señalaron la casilla de la Iglesia en la última declaración de la renta. Un total de ocho millones y medio de contribuyentes aportaron un casi un 39% más, 241 millones de euros. La Iglesia está formada por seres humanos, lo que inevitablemente nos lleva a que comete inmensos errores y por lo tanto es tan perfectible como criticable, pero a veces deberíamos tener más presente la labor social que acomete. ¿Cuánta gente come en el mundo (o estudia) gracias a la labor social de la Iglesia? A veces me da por pensar que su futuro es negro, que los ciudadanos abandonamos en masa todo lo que sea religiosidad, espiritualismo o trascendencia, que lo que nos va es la pela, el sexo y el hedonismo más salvaje y puro. O tal vez, simplemente se trate de sobrevivir como se pueda hasta final de mes, lo que no siempre es tarea fácil. A veces, sólo a veces, un par de noticias como éstas me desmienten.

Todo ello en la época en que los políticos dilapidan decenas de miles de euros en lujosos despachos, eclécticas sillas y carísimas mesas de reuniones. Y me refiero a cualquier político y de cualquier orientación, que en todas partes cuecen habas, de todo hay en todas las diferentes viñas del Señor y que malos y buenos los hay a partes iguales fuera y dentro de la Iglesia, en la derecha y en la izquierda.

Y mientras usted ha leído este artículo un político ha forrado su despacho de maderas exóticas y otro ha aceptado un soborno.

14 febrero 2009

Garzón, la foto, los venados muertos

Nunca he comprendido la caza, nunca he comprendido a los cazadores. No estoy exento de contradicciones, hubo un tiempo en que veía las corridas de toros televisadas y me entretenía una tarde con ello. Pero hace diez años me regalaron a Fermín, mi perro de agua. Y con él todo cambió, y con él cambié todo.

Fermín y yo llevamos casi once años juntos, paseando por la orilla de nuestro río, paseando por el camino de Santiago, paseando por el camino de la vida. Y a través de él he aprendido a sentir más la existencia, a valorarla más, a defenderla más. En todas sus posibles manifestaciones, especialmente en los animales, casi siempre indefensos, casi siempre a nuestra merced, casi siempre nuestras víctimas. Fermín me mira directamente a los ojos, sin tapujos, casi impúdicamente, y se detiene el mundo. Me mira directamente a los ojos y a través de los suyos veo el valor de la vida. De la vida animal. Pueden ustedes no comprenderme, pero por los dulces ojos de Fermín llegué a la salvaje mirada de un toro de lidia y no comprendí cómo a uno se le puede querer y mimar y cuidar y atender y al otro se le puede matar ante diez mil espectadores. Y torturar.

Rechazar la caza fue más fácil, ya digo que nunca me gustó, nunca la entendí, nunca le encontré el encanto, nunca vi la diversión. No he llegado a encontrar sentido en ella, nunca me he asomado al placer que puede producir matar un animal benigno e indefenso, cuya sola existencia es un don natural, cuya vida es una manifestación de la Naturaleza, un regalo para la vista, una ofrenda para la inteligencia. Quitar la vida es algo intrínsecamente malo, negativo, ofensivo al buen gusto, contrario a las leyes naturales. ¿Por qué iba a querer un hombre dotado de inteligencia, del don del discernimiento, de la capacidad de elegir entre el bien y el mal, quitar la vida a un animal inferior sólo por el puro placer de matar? ¿Por el puro placer de qué?

Un amigo muy querido me dicta que matar a un animal que crece inocente y libre en un bosque, sin mayor trabajo que encontrar alimento en cualquier época del año, sin mayores ataduras que encontrar hembras en época de celo, es sólo propio de animales salvajes. O de hombres brutos, incultos y sin capacidad de raciocinio. Y tal vez envidiosos de la libertad del otro. Sin embargo sé que no es así, sé que está equivocado. Conozco personas infinitamente cultas, asombrosamente inteligentes que son cazadores; hay personas a las que admiro y que son apasionados de los toros.

Incluso hay jueces prestigiosísimos que acuden a cazar decenas de venados y una vez terminada la matanza pasean erguidos y orgullosos entre los despojos, tal vez pavoneándose de su hercúlea hazaña. He visto mil veces esas fotos, en periódicos o revistas de hace veinte o treinta años, en películas antiguas… y nunca las he comprendido. No se me alcanza ni de lejos qué sentimientos puede albergar un ser humano cuando se pasea entre los cadáveres que su habilidad mortífera ha ocasionado.
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Cuando cae el sol y la jornada de caza ha concluido, cuando se exhiben los trofeos, mi ignorancia presupone que para ser repartidos, y los cazadores comentan las incidencias de la matanza… ¿qué piensan esas mentes preclaras, qué conclusiones sacan esas cabezas privilegiadas? ¿No pasa por ellas el destrozo que han ocasionado, la muerte que han acarreado, simplemente llegan a casa y proclaman “Ay, cariño, qué día más bueno hemos tenido en el coto”?

13 febrero 2009

Altanería y socialismo

Los socialistas están tan seguros de permanecer veinte años más en el poder que ya ni se molestan en disimular, hasta Garzón se atreve a brindar en nombre de tan larga permanencia en el palacio de la Moncloa. Garzón sin ser del PSOE es su mejor valedor, el mejor publicista del partido, el supervendedor del mes de la supertienda del PSOE. Lo que no parece que sea de recibo en un juez que se centra en temas tan espinosos, tan entremezclados con la política partidaria.

La prueba de que no están interesados en el bello arte del disimulo es que no sólo no ocultan sus franquistas modos sino que los exhiben con orgullo y sin prejuicios. La altanería, que siempre fue signo de esos superficiales gilipollas endomingados que timan a los prebostes pringados del PP, se instala siempre en los círculos del poder cuando el poder se siente seguro. La altanería que se emplazó en el PSOE cuando lo de González y permitió el crecimiento de Roldanes y hermanos de Alfonso Guerra acabó con el mayor poder político que ningún español había tenido hasta el momento.

El PSOE está crecido gracias a Rajoy y a su inoperancia y se siente seguro. Sabe que tiene para rato montado en el BOE porque España entera tiene tanto aguante como cobardía. Cuarenta años de dictadura franquista son muchos años para que España haya salido sin complejos. Los españoles aguantarán lo que le echen antes de creerse que ser de derechas es políticamente lícito. El hundimiento económico, el paro, la recesión, el cierre de empresas… cualquier cosa es soportable antes que votar a la derecha. Incluso a los españoles no les importa observar con indiferencia la aparente connivencia entre el poder judicial y el poder político. Lo de la mujer del César pasó a la historia…

Claro que si la derecha está representada por Rajoy… dan ganas de votar a Roldán como gobernador del Banco de España. Los socialistas están tan seguros de permanecer veinte años más en el poder que ya ni se molestan en disimular.

09 febrero 2009

El aeropuerto de Madrid: que no se llame Adolfo Suárez.

Estoy convencido de la importancia y trascendencia de Suárez en la política española. Creo que a estas alturas pocos, sólo los más sectarios, dudarán del valor de su herencia política y del alcance de su obra. El paso del tiempo, cuando hemos padecido dictadorzuelos democráticos de la escasa altura moral de Aznar y Zapatero, cada uno en su enanismo ideológico, cada uno en su sectarismo grandilocuente, ha engrandecido el valor de quien dirigió con gran acierto la Transición española, ese periodo en el que podíamos habernos partido la cara unos a otros y acabamos dándonos abrazos y palmaditas en la espalda y que sin embargo Zapa desprecia ahora. La enfermedad de Adolfo Suárez pone un punto de humana compasión en todos aquellos que observamos su decadencia.

Sin embargo haríamos bien abandonar la conmiseración por un enfermo al que tanto debemos. Cierto que probablemente España esté en deuda con Suárez, más aquellos que más cerca de él vivieron, más quienes más le combatieron, cierto que tal vez le debamos un homenaje, cierto que su familia debería recibir el calor de millones de ciudadanos. Sí, pero no debemos poner su nombre al aeropuerto de Madrid.

Los tiempos en que los políticos daban nombre a nuestras calles y plazas deberían haber pasado. Los políticos no son un valor universal que se respete y mantenga al paso de los siglos, antes al contrario. El valor de los políticos está siempre sometido al vaivén de los tiempos, a las fluctuaciones de la sociedad, a la subida y bajada de los valores que una sociedad un día enaltece y al otro desprecia. Los que ya tenemos algunos años hemos visto demasiadas calles, demasiadas plazas, demasiados edificios, demasiados arcos de triunfo en honor de valores que han dejado de ser considerados por la sociedad. Con Adolfo Suárez terminaría por pasar lo mismo. La Historia ya le ha colocado en el sitio que merece, o está en proceso de hacerlo. Homenajéesele, si se considera necesario, que seguramente lo es, pero no así.

Búsquese para ponerle un nombre a un aeropuerto el de cualquier persona que haya portado valores culturales, científicos o morales reconocidos por todos. La Historia de España está plagada de literatos, pintores, investigadores, filósofos y descubridores que son plenamente reconocidos por la sociedad entera. ¿Por qué no un aeropuerto “Miguel de Cervantes”, “Francisco de Goya” o “Calderón de la Barca”? La lista es interminable, seguro que los lectores tienen mil sugerencias que hacer. Adelante.
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PD En mi blog de Periodista Digital un lector habitual sugiere: ¿Qué tal ponerle "De la Cierva", el nombre del inventor del autogiro?

Renovación o corrupción

Les confieso que estoy deprimido. Siempre he sabido que los grandes partidos sólo son máquinas de poder, sus estructuras están pensadas para ganar elecciones, mantenerse o justificar su pérdida del poder. Ése y no otro es el fin último que los justifica y explica. Los partidos no están diseñados para trasformar la sociedad hacia un mundo más justo y adecuado. Todo por el poder y todo con el poder. Fuera del poder los partidos no existen, bueno, quiero decir que no tienen razón de existir. Por eso la corrupción que no nos deja, que nos acogota y devora.

Y eso ustedes lo comprueban cada mañana cuando acceden a las portadas de los periódicos o enchufan su ordenador a la web de un diario digital. Cuando el mal está extendiéndose y no hay manera de pararlo procede la amputación. En el caso de una democracia son los votantes los que deben amputar del cuerpo de la democracia aquellos partidos que pongan en peligro la vida social, política y económica. Pero todo el organigrama del Estado, sin embargo, está pensado para que esto no suceda. Nos guste o no vamos a tener que convivir largamente con la corrupción que devora las entrañas del PP, espías incluidos, y la corrupción socialista. Porque, no nos engañemos, lo del PSOE, lo de antaño y lo de Touriño, también es corrupción. O a lo peor lo de Touriño, por ser legal, sólo es una gran gilipollez, una memez histórica y una gran burla a los gallegos, a sus impuestos y a sus esfuerzos económicos por salir adelante. No será perseguible judicialmente, pero debería ser perseguido democráticamente.

A Rajoy le crecen los enanos, ¿cómo es posible que pueda ganar unas elecciones generales para gobernar España quien no sabe gobernar su propio partido? La inacción de Rajoy es prueba de su torpeza, de su ineptitud. Lo que los españoles le agradecerían que levantara las alfombras, que airease la sede de la Calle Génova y pusiese de patitas en la calle a tanto aprovechado que sólo busca egoístamente el beneficio propio y que perjudica sus posibilidades electorales, que mancha el nombre del partido y que arroja por la ventana las pocas posibilidades que ya de por sí tenía el PP de ganar a Zapatero.

Rajoy pasará a la historia como el peor opositor de España, nadie lo había tenido tan fácil para desgastar al gobierno, en medio de una gran crisis económica que los ministros encargados no saben cómo atacar. Pero el PP, quizá centrado en sus espías, quizá centrado en sus candidatos con dinero en las islas Caimán, no parece tener una sola propuesta que ofrecer a España, no tiene una alternativa al gobierno. No puede aplicarse el dicho de “nadar para morir en la orilla”. El PP de Rajoy no está nadando, morirá ahogado en el centro del río... porque está nadando hacia atrás.
Pero en el PSOE siempre han surgido también corruptos y sin necesidad de retroceder a la época de Felipe González. Y además ahora tienen a Touriño. Puede que su actuación no deba ser perseguida judicialmente, puede que no entre en los límites de la corrupción, pero entra en los límites del desprecio por sus gobernados, del encogimiento de hombros ante la que está cayendo, de la insolidaridad, del antisocialismo. Gastarse esos millones en el coche, en las sillas, en el cristal que se oscurece, en el suelo chachipiruli a tantos cientos de euros el metro cuadrado es de una supina ofensa al sentido común, a la lógica, a la coherencia y al catecismo socialista que predica la solidaridad con los más débiles y parias de la Tierra. Dice el PP que el PSOE trata de ocultar esto filtrando los documentos de la corrupción de empresas próximas al PP. Puede que sea cierto, pero es lo de menos. Lo importante, lo doloroso es que es verdad.


Por eso hace falta regenerar la vida política, recuperar la honradez y el altruismo como guía de la sociedad, como conducta a seguir por todos quienes intervienen en la toma de decisiones. Hace falta una limpieza general que se lleve por delante tanto político gastado, tanto político viciado, tanto político de mente estrecha, sectaria y egocentrista. La sociedad ha de reinventarse para no morir de enfermedades degenerativas, ha de renovarse para no pudrirse. El problema de esta endogámica sociedad partidista es que no parece existir nadie para poner el cascabel al gato. Y si aparece el candidato, carecerá de dinero, de apoyos en los medios y fenecerá.

07 febrero 2009

¿Puedo estar de acuerdo con Arsenio Escolar?

Llevo cerca de quince años escribiendo columnas de opinión, nunca me ha gustado que los periódicos utilicen regalos para promocionarse, alguna vez lo he dicho en mi columna con el beneplácito del director bajo cuya gerencia escribía. Una empresa periodística tiene que vender periódicos, no edredones, DVDs, o bolsas de playa. Entonces, si hace ya todos esos años, un pipiolo haciendo sus primeras armas de opinión, me permitía disentir de la empresa periodística en la que participaba… ¿cómo no estar de acuerdo con Arsenio Escolar cuando se queja de los periódicos que se financian con los anuncios de prostitución?
Un periódico no puede vendernos su filosofía de salvación –en definitiva es lo que pregona cada uno de ellos- no puede señalarnos su camino hacia una sociedad perfecta si al mismo tiempo apoya –porque le reporta golosos beneficios económicos- la explotación del hombre por el hombre. O de la mujer por el hombre.

Está claro que la prostitución no debería tener cabida en una prensa que se considere seria, democrática y que pregone un mundo mejor.

05 febrero 2009

Dice Rosa Díez: Regenerar la vida política española

En numerosos países han surgido movimientos políticos, a veces extraños, estrafalarios o sinvergonzones, a veces honestos, dispuestos a cambiar de arriba abajo todo el sistema político. Intuyo que ésta era una de las intenciones de UPD y Ciutadans. Puede que la primera consiga, aún yendo con cuentagotas, su propósito, de los segundos es mejor olvidarse. Al menos de momento.

Dice Rosa Díez que en este momento político ha coincidido el peor gobierno con la peor oposición. Entiendo que esta frase sentenciosa es fruto también de las conveniencias políticas de la señora Díez, pero que además es realidad.

Se desmorona el paisaje económico y social que nos acompañaba de toda la vida, que nos acompañaba firmemente desde hace ya unos años y todo parece ocurrir entre la indiferencia de gobernantes y sus opositores.

Los unos sonríen, miran al tendido y piensan que ya escampará. Toman medidas precipitadas, pequeños parches pensados en otras circunstancias para ayudar a los individuos durante un tiempo, no pensados en las actuales circunstancias para ayudar a la sociedad de modo definitivo. Eso sí, sonríen mucho y ponen cara de tranquilidad a pesar de que el agua llega al cuello de más de tres millones de familias.

Los otros se callan, se encogen de hombros y se espían. No tienen una mala solución a mano, nada proponen. Sólo nos enseñan sus asperezas y sus divisiones internas. No parecen tener recambio a la ineptitud de su líder y sólo parecen tener esperanzas si echan la vista atrás.

A España le hace falta un líder carismático que diga lo que la sociedad se niega a escuchar pero necesita saber y practicar. Es necesario que alguien hable claro y diga sinceramente que las cosas van mal, que está bien sonreír mucho pero nuestra economía no saldrá adelante sin nuestro esfuerzo y sufrimiento; que en Educación estamos metidos en un agujero de enorme costo social; que en cultura somos el culo del mundo; que el Estado debe devolver la autoridad a claustros y profesores.

La sociedad española debe saber que hemos abandonado determinados valores imprescindibles, esfuerzo, sacrificio, respeto, lucha, firmeza con el error, para una sociedad sana, si bien hemos alcanzado otros que venían siendo deseables.

En numerosos aspectos sociales hay que empezar a regenerar la sociedad desde muy atrás e impulsar valores abandonados que no han sido sustituidos por otros mejores. Los valores familiares no están pasando el mejor momento y es necesario recordar que a los hijos hay que educarlos en firmeza, austeridad y cariño, que sería conveniente huir, al menos parcialmente, de la abundancia y del hedonismo materialista.

En numerosos países han surgido movimientos políticos, a veces extraños, estrafalarios o sinvergonzones, a veces honestos, dispuestos a cambiar de arriba abajo todo el sistema político. O alguien toma aquí ese lugar de manera decidida o nos aparecerán mentecatos, payasos y fascistas racistas dispuestos a subirse en el éxito político a base de decir. Echen un vistazo a la historia reciente de Francia o de Italia y tomen nota. O la de Holanda.

Y no he hablado del comportamiento honesto de los políticos.

Becarias del mundo, uníos

Doblada se la ha metido La Sexta a Intereconomía. Y doblada debían metérsela todos los becarios a El Gran Guayomin. Ahora resulta que con tal de hacer caja todo vale. Como muchos sospechaban, todos menos los pardillos, la cosa de la becaria de la Sexta no era real. Los medios están tan enfrentados que parecen haberse apuntado al “Y tú más” y ya no vale tener razón (por cierto, ¿en qué?) sino que además hay que humillar al contrario. Como niños que se han agredido en el patio de una escuela, cuando llegan sangrando y preguntas qué ha pasado casi siempre es imposible descubrir quién y cómo empezó.

Media España estaba concentrada en la Sexta, unos para reírse y otros para llorar. Cabe suponer que los que más lloraron habrán sido aquellos que una vez fueron becarios en algún medio de comunicación, tenían que redactar notas de sociedad y traer y llevar cafés por cuatro duros. Si los cobraban. Toda la mala leche que se te debe ir acumulando en esas situaciones debería haberles salido ayer por las orejas al ver cómo sirven también de escarnio televisivo. Y estos guayomines que son de izquierdas, que van de solidarios con los indefensos, que dicen defender a los parias del mundo, son los que se toman a chufla a quienes en sus mejores sueños desean ser mileuristas. ¡Cuántos becarios quisieran!

El golazo por toda la escuadra de Intereconomía que algunos jalean debería hacernos pensar a qué punto estamos llegando con estas cadenas que son regalos concedidos por los diversos césares de este país nuestro a sus respectivos aduladores. Trampa por trampa y becaria por becaria llegaremos a no creernos lo que nos cuenten las más sesudas cabezas parlantes de nuestro espectro televisivo. Quien esto escribe consume información como otros respiran y empiezo a poner en duda todo lo que oigo en determinados medios. Hasta las señales horarias pueden estar siendo usadas para mofarse del rival o para desinformarme.

Señores, doscientos mil parados más nos contemplan, si no pueden ser un poco más serios que el próximo informativo lo presente Chiquito de la Calzada.

04 febrero 2009

El Gran Guayomin, el Gran Falangista

Lo que menos me gusta del Gran Guayomin no es que se llame Gran Guayomin pudiendo llamarse Gran Castilla o Magna Grecia. Vaya tontería buscarse un nombre en extranjero para... ¿para qué? Esto ya lo solucionó Miguel Ríos hace varios decenios cuando pretendieron obligarle a llamarse Mike Rios y se negó. Pero Guayomin se sigue llamando Guayomin ya en el siglo XXI, aunque se llame José Miguel Monzón, mesetario nombre del que bien podría sentirse más orgulloso. Será que Miguel Ríos es un moderno al lado del Monzón este.

Pero ya digo que lo peor de Guayomin no es que se llame Guayomin. Lo peor de este tipo de gente es lo pesaos y sectarios que se hacen, se parecen extraordinariamente a unos de la Falange con los que compartí cinco o seis horas de viaje en una lejana ocasión. Sólo admiten la más estricta fidelidad, la más rigurosa adhesión, la más absoluta afección. Aquellos falangistas podrían pasar por las armas a todo el que respirara desacompasado.

La peripatética troupe zapaterista encabezada por los restos de la familia Bardem resulta ser exactamente igual de cargante, igual de fascista, igual de despectiva para quienes nos empeñamos en no vestir el uniforme oficial, para quienes nos ciscamos en los becerros de oro oficiales, para quienes nos acordamos de la madre de los que se empeñan en hacernos pensar como ellos quieren que pensemos.

Estos personajillos tan orgullosos como vacuos, tan pagados de sí mismos como hueros, tan orondos como insustanciales, se consideran los reyes de la Creación (“civil”, por supuesto) porque una sociedad zafia, sanchopancesca, acomodaticia, con la barriga llena y la cabeza vacía, inculta, barriobajera y cuya inactividad cerebral les lleva a inyectarse en vena con devoción de militante neocatecúmeno programas como los del Gran Guayomin, les ha encumbrado a los altares de la modernidad.


A esta clientela ignorante que los adora a pesar de no ir jamás al cine; a este público zarrapastroso que los persigue a pesar de no leer jamás un periódico; a estos acólitos de la ineptitud cuyas limitaciones culturales quedan deslumbradas por el cartón piedra de este Jólivuz casposo y ruin que es el mundo del espectáculo español; a esta muchedumbre cuyo atraso formativo alimenta física y anímicamente a estos falangistas de izquierdas; a esta recua de conciencias adormecidas que sigue con interés baboseante las peripecias de estos histriónicos espíritus dictatoriales no le importa la intransigencia de este falangismo de izquierdas, lo aplauden como si en ello les fuera la vida.

En su torpe mente confunden “progre” con “izquierda”, “imposición cultural” con “modernidad” y “comportamiento barriobajero” con “desinhibición”. De esta humillante forma siguen la estela de la “hipo-gresía” mediática, creyendo que profesar la estulticia, la vanidad y el egoísmo que a cierta farándula distinguen les llevará algún feliz día a olvidar su triste vida gris repleta de esperanzas fracasadas y anhelos incumplidos.
A éstos vasallos de lo políticamente correcto, que han olvidado que una vez fueron seres humanos dotados de discernimiento, capacidad de decisión y voluntad propios, les parece divertida la intransigencia “granguayominiana” o “bardemiana” ante los descarriados que no seguimos su militancia falangista, les retroalimenta su intolerancia ante aquellos que nos atrevemos a desafiar su infalibilidad de papas laicos de la modernidad del siglo XIX. Sólo admiten la más estricta fidelidad, la más rigurosa adhesión, la más absoluta afección sin darse cuenta de que intolerancia e intransigencia son armas esencialmente fascistas (y estalinistas también) aunque se disfracen con el vestido oficial del progre reino zapateril.

Como les advertí, lo que menos me gusta del Gran Guayomin no es que se llame Guayomin pudiendo llamarse Gran Castilla o Magna Grecia. Pero ello no quita que los de Intereconomía sean unos pringaos a los que han pillado en una broma infantil.

03 febrero 2009

La indignidad de un Banco español

El Banco Santander va a resarcir a sus clientes timados por Madoff, esos privilegiados archirriquísimos VIP, con acciones del propio banco. Bernard Madoff se ha convertido con sobrado motivo en el sacamantecas de los nuevos tiempos, el hombre del saco que en vez de llevarse niños se lleva millones de quienes los han ganado honradamente con el sudor de sus obreros. Bernard Madoff es la negra bestia apocalíptica de este principio de siglo.

Bueno, pues el banco Santander va a compensar a esos multimillonarios, que a su vez han sido timados por Madoff, con acciones por valor de 1.380 millones de euros. El coste de esta operación para el Grupo, antes de impuestos, es de 500 millones de euros, que ha sido íntegramente provisionado con cargo a las cuentas de 2008. "El Grupo ha tomado esta decisión dadas las excepcionales circunstancias que concurren en este caso y sobre la base de razones exclusivamente comerciales, por el interés que para el mismo tiene mantener su relación de negocio con dichos clientes", señalan portavoces del Banco.

Nadie parece oponerse, nadie ha salido a criticar una medida pensada para los más ricos, los que menos sufren esta crisis. Ni Zapa, que tanto parece dice haber presionado ayer a los banqueros, ni Rajoy, su torpe opositor sin argumentos, se han manifestado en contra. Ni sindicatos ni partidos han manifestado su disconformidad, todos parecen estar complacidos. Se supone que el Santander puede hacer con su dinero lo que le salga de salva sea la parte. Las partes.

Debemos vivir en al país de las maravillas, porque tampoco parecen haber hablado los accionistas ni las asociaciones de usuarios y clientes de banca. ¿Todo el mundo está de acuerdo? ¿Pero ésta no es una decisión que ofende la moral pública? ¿No es un escandaloso comportamiento amoral? ¿No es discriminatoria para centenares de ciudadanos con graves problemas que no pueden acceder a un pequeño crédito del Santander? ¿Nadie decidido a regenerar la vida social y económica española va a protestar?

¿No hay una ofensiva diferencia de trato con aquellos míseros ciudadanos a los que el Banco Santander ha embargado por no poder pagar una humilde casa o un imprescindible coche? ¿Todos estos ciudadanos que no tienen voz ante tamaña injusticia no van a encontrar a nadie que los defienda, al menos ante la opinión pública? ¿Cuántos comercios e industrias han cerrado porque el Banco Santander les ha negado una cantidad de dinero infinita y ridículamente menor? ¿Cuántos obreros han ido o van a ir al paro, a cobrar del Estado y de los impuestos de todos los españoles, porque su patrono no encuentra financiación?

¿A cuántos pobres desgraciaos padres de familia podría haber salvado el Banco de Santander con sólo un pequeña pérdida, incomparablemente inferior a lo mucho que va a dejar de ganar en esa indemnización a los ricos riquísimos? ¿Cuántos embargos habría evitado perdiendo mucho menos dinero y ahorrando sufrimiento a familias necesitadas? ¿Los bancos tienen un escalafón y si no tienes en tu cuenta una generosísima cantidad no te consideran cliente suficientemente digno? ¿Nadie va a levantar la voz? ¿Todos los accionistas están conformes?

La respuesta la da el mismo Banco y la reproduzco nuevamente a continuación: “El Grupo ha tomado esta decisión dadas las excepcionales circunstancias que concurren en este caso y sobre la base de razones exclusivamente comerciales, por el interés que para el mismo tiene mantener su relación de negocio con dichos clientes" señalan portavoces del Banco.

O sea, clases medias y bajas absténganse, que no son de suficiente interés comercial.

02 febrero 2009

Ánimo, Maleni, les tienes desesperados

Si Magdalena Álvarez estaba en el Ventorrillo de la Perra, mejor pa ella. Muchos envidiosos hay en la prensa española que se han propuesto cepillársela como símbolo de la ineficacia de Zapatero. Qué tontería, el mejor símbolo de la ineficacia de Zapatero es Zapatero. O Solbes. O Sebastian. O Bermejo. O… A mí me parece que la dimisión que había que pedir era la del señor que puso el nombre al sitio este donde estaba Doña Magdalena tomándose unas merecidas vacaciones de fin de semana. Como cualquier español. Como cualquier español no afectado por la crisis.

Maleni no tiene la culpa de que nieve tanto en Madrid este año. Reconozcamos que éste está siendo un invierno jodidillo y que ni el más atrevido madrileño se habría atrevido a predecir tantas nevadas sobre una capital de España que habitualmente tiene una temperatura demasiado elevada por culpa de tanto habitante, tanta calefacción y tanto coche. ¿Acaso Maleni no tiene derecho a un finde como cualquier hijo de vecino? Lo grave es que se vaya a un lugar con ese nombre, santo cielo, qué mal gusto.

Pedir la dimisión de Maleni son ganas de tocarle las guirnaldas inguinales a Zapa. Y a todos los españoles. ¿O es que alguien espera que Zapa les dé la razón y le quite la silla debajo del culo en el preciso momento en que ella fuese a sentarse? Zapa mantendrá siempre contra viento y marea a sus ministros más criticados, cesarlos significaría admitir que lo habían hecho mal. Y entonces el máximo responsable resultaría ser quien los había nombrado. ¿…?

Sinceramente, ¿creen ustedes que en esta ocasión el caos ha sido tan indescriptible como para denunciar que la ministra estaba de descanso? ¿No se ha solucionado todo con relativa prontitud? Algunos se repiten más que los copos de nieve. Ánimo, Doña Magdalena, no haga caso, son unos resentidos, todavía le quedan muchas nevadas que complicar.

01 febrero 2009

Jueces... ¡La leche merengada!

Que uno de los más viejos recuerdos que tengo sea el de mis padres explicándome aquello de “¡Pleitos tengas y los ganes!” explica que la justicia en España ha sido un cachondeo siempre. Que los españoles pretendamos hoy meter entre rejas a un exministro israelí demuestra además que estamos más sonaos que Rocky Marciano. Que aspiremos a meter entre rejas a todo el mundo mundial, con independencia del delito y de donde lo haya cometido, certifica que acabamos de inventar la justicia hispanouniversal, toma ya macho ibérico por un tubo. Pa chulos nosotros.

Bien estuvo lo de Pinochet. Hombre, era el estreno de la teoría que dice que nada de lo que ocurra en el Universo Mundo es ajeno a los jueces españoles, lo que es mucho decir, y por eso se podía disculpar, al menos parcialmente, que nadie está obligado a acertar a la primera. Que ahora pretendamos meter entre rejas a todo el que caiga mal a algún estrafalario abogado exterrorista es pretensión propia de ingenuos, distraídos o multimillonarios ociosos. O ganas de perder el tiempo.

Cuando ya hemos intentado juzgar a Franco… 30 años después de su muerte, ¿sobra dinero, sobra tiempo o sobran ingenuos en la Justicia española? ¿O hay demasiado listillo? ¡Anda que están los juzgados españoles para meterse en tamaños berenjenales! Pero si simplemente ordenar en estanterías los miles de legajos que están por los suelos debería ser ya trabajo de Hércules para nuestra anquilosada Justicia. ¡Sólo tratar de informatizar sus procedimientos debe ser para nosotros como poner un coche en Marte! (¿Pero eso no lo ha hecho ya alguien?).

Algunos jueces son la leche, otros… ¡merengada! Si pretenden juzgar al ministro de defensa de Israel… ¿A qué esperan para tirarse directamente a la yugular de Castro, de los dirigentes chinos o de cualquier dictadorzuelo africano, de los teócratas musulmanes petroleros? Y puesto que con Franco fracasaron, siempre pueden ir a buscar a Pol Pot, a Mao…Quedan, quedan muchos asesinos sudamericanos con galones a los que perseguir, ánimo.

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