Palencia es una emoción:

31 marzo 2009

¿Qué credibilidad le queda a la derecha española?

En el artículo anterior a éste que está usted leyendo, impagable lector, he escrito que la derecha ha perdido la batalla de la credulidad social. Un lector, un antiguo alumno al que aprecio considerablemente, me pregunta en su post si no se trata de que la derecha ha perdido la batalla de la credibilidad. Ambas cosas, le respondo. Y echo la culpa a la Historia, a Aznar y a Trillo.

Como considero explicado lo de la pérdida de la batalla de la credulidad paso a explicar lo de la credibilidad, lo que espero me permita escribir hoy de lo que tenía pensado escribir hoy. A la derecha española, representada mayoritariamente por el PP, le ha perdido la tradición caciquil, mangoneante y mangante que en otras épocas históricas (¿sólo?) le ha acompañado. Y si algún lector me viene a decir que la izquierda española no es virginalmente inocente le diré que tiene razón, toda la razón. No me pregunten por qué, pero España ha decidido perdonar las rebeliones militares de la izquierda, quizá porque no tuvieron la trascendencia de las de la derecha, y las quemas de conventos y asesinatos de curas y de miembros de la CEDA y de la derecha en general. Sin embargo aún hoy andamos desenterrando, creo que justificadamente, a los muertos que los falangistas iban dejando por cunetas y tapias de cementerios. Si me piden una explicación no se la puedo dar, pero me parece que ésa es sin embargo la realidad.

Y permítanme no detenerme en analizar cuántos votos y cuánto prestigio le cuesta al PP su negativa a condenar, maldecir y rechazar el franquismo en las varias oportunidades que ha tenido y centrarme en cómo Aznar es el principal culpable de la victoria de Zapa en las elecciones de hace cinco años, aquéllas marcadas por los atentados de Atocha. Sin duda que esos atentados movilizaron miles de votos de la izquierda que iban a quedarse en casa y cambiaron el signo de otros muchos, contribuyendo a la derrota de Rajoy, es algo no demostrable pero que doy por supuesto. Es absurdo negar la influencia de unos atentados tan terribles y tan próximos a las elecciones.

La gestión nefasta, surrealista y absurda que el gobierno hizo de la catástrofe y las cualidades innatas de la izquierda para el agit-prop también fueron imprescindibles para aquellos resultados, pero el PP ya había quedado absolutamente retratado como “el partido de la guerra” ante una sociedad que la rechazaba mayoritariamente, haciendo piña en contra de aquella ilegítima invasión, y que consideraba la foto de las Azores y el apoyo verbal y político que Aznar daba a los ejércitos ocupantes de EEUU y Gran Bretaña como un grave error de imprevisibles consecuencias. El descrédito popular de Aznar y del PP ascendió a grandes niveles y sabido es que las elecciones se ganan o pierden por un fino colchón de votos que suele variar en cada elección.

Y ahora Trillo, que es de lo que quería escribir hoy, aunque me estoy quedando sin espacio. Sé que le acaban de preguntar a Rajoy por ello en TVE1, pero ni conozco ni me importa la evasiva que haya respondido, me importa un comino, ya es tarde. Es patético, doloroso, vergonzoso, repugnante, ofensivo e insultante (podría seguir) que Trillo no haya salido mil veces seguidas a pedir perdón por todo lo sucedido con el Yakolev 42 y a ofrecer otras mil veces su dimisión de todos sus cargos políticos. Eso si no tiene consecuencias judiciales, que está por ver. Que el PP no le haya exigido responsabilidades, que le haya dejado seguir en su puesto es trágico, deplorable, ignominioso, repulsivo, irrespetuoso e injurioso. Después de las declaraciones que ayer han realizado los forenses, que encontraron restos de tres personas en un mismo féretro, no haberle defenestrado políticamente es infausto, horroroso, vil, repelente, impertinente y despectivo.

Si después de estas declaraciones de los forenses queda algún votante alicantino que desee volver a votar a Trillo, si después de estas declaraciones de los forenses el PP le vuelve a presentar en sus listas ¿qué credibilidad le queda a la derecha española?

Pues eso, Alfredo, que posiblemente haya elecciones generales en cuanto pase la presidencia española de la Unión Europea y aparte de los dos partidos mayoritarios hay otros a los que entregar el voto.

29 marzo 2009

Diputados: ¿Por qué les pagamos?

Se supone que los diputados, y me refiero a todos, ahórrense ustedes ponerles las siglas de un partido, trabajan para nosotros, para apoyar nuestros intereses, para defender y mejorar nuestra calidad de vida. Son nuestros empleados, les pagamos su sueldo porque trabajan para nosotros. Es por lo tanto necesario que sepamos qué hacen, cómo “nos” trabajan y cómo se ganan la soldada, es necesaria, pues, la transparencia, marca de la honestidad. ¿Dónde queda esa transparencia, esa honestidad, la defensa de nuestros intereses, dónde queda su honorabilidad cuando expulsan del Parlamento a las cámaras y los micrófonos que pueden dar fe de todo ello? ¿Qué necesitan esconder, qué quieren que no sepamos, por qué se ocultan?


250 diputados de los 350 ejercen actividades remuneradas al margen de su escaño. Tertulias, conferencias, clases y negocios diversos, desde combustibles a despachos de abogados. Todo ello aprobado por el Congreso en dos dictámenes secretos… ¿secretos? ¿Qué nos ocultan, qué quieren tapar, qué nos esconden? Oigan, que trabajan para nosotros, que nos representan a nosotros, que les hemos votado nosotros. ¿Dónde queda su servicio a los demás, a los españoles, a la Justicia?


¿Y de esto nada tiene que decir los partidos? ¿Callan? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién?

28 marzo 2009

Vascos versus catalanes ¿Cuál es el futuro de los socialistas?

Vamos a darnos un tiempo y vamos a esperar la evolución de las cosas, pero todo apunta que las decisiones que en materia de gobernabilidad está tomando el PSE van en dirección contraria a las tomadas en su momento en Cataluña por el PSC. Quizá los resultados habidos en Galicia tengan algo que ver, quizá todo se reduzca a la peculiaridad de la situación en el País Vasco, quizá todo sea, simplemente, fruto de la sensatez de unos hombres (sí, sí, y mujeres) que pretenden lo mejor para su pueblo y para España. O quizá sea que López no tiene que hacerse perdonar haber nacido en Córdoba.

Insisto en que es pronto y el tiempo nos va a dar muchas decepciones a unos y a otros, pues el lehendakari López va a tener que templar gaitas con la fuerza todavía dominante del nacionalismo y atender muchos de sus requerimientos. Si pretende como parece sacar adelante un País Vasco en el que todos puedan convivir, en el que no haya vuelta de la tortilla, en el que nadie diga “Ahora es la nuestra”, la aventura no nacionalista de Euskadi puede llegar a buen puerto, pero nunca podrá oponerse frontalmente a la mitad de la población vasca ni desatender sus demandas. En cualquier caso, la solución que los socialistas parecen haber hallado es diametralmente opuesta a la que se tomó en Cataluña, donde la receta para vencer a los nacionalistas fue ser más nacionalistas, aplicar el cordón sanitario y marginar al PP, justo lo contrario que en Euskadi, ya digo.

¿Es más lo que une a PP y socialistas vascos que a sus homónimos catalanes? Hombre, las bombas, las amenazas y las extorsiones unen, qué duda cabe; acudir juntos a los entierros también, pero la defensa de la Constitución es seguramente un buen argumento de solidaridad. La pregunta es cómo el PSC hace compatible su defensa de la Constitución y su asociación con partidos que quieren combatirla. ¿Tienen tanto en común quienes no comparten ni siquiera su aprecio por la Ley de leyes?

Vamos a darnos un tiempo y vamos a esperar cómo evolucionan las cosas, pero todo apunta que las decisiones que en materia de gobernabilidad está tomando el PSE van en dirección contraria a las tomadas en su momento en Cataluña. No obstante, llegarán las incomprensiones de los constitucionalistas cuando el lehendakari López gobierne también para todos los que no lo son. De momento se nos prometen soluciones para que Euskadi sea de todos. Y esperemos que ningún político revanchista piense ahora aquello de “La calle es mía”. Esto no es el monopoly.

27 marzo 2009

Aquel Yakolev-42, lacra del PP

Uno lleva demasiado tiempo observando el comportamiento de los partidos; de los partidos en el gobierno y de los partidos en la oposición, con unos líderes y con otros; unos años con unas posturas y otros con otras… y jamás he acabado de comprenderlos, de comprender su funcionamiento, de comprender sus razones, de comprender por qué están tan aislados de la realidad, de la calle, de lo que el pueblo quiere, de la realidad de los votantes que los aúpan y derriban. Lo del Yakolev, lo de la guerra de Irak, la estúpida inacción de un gobierno cuya máxima joya legislativa es que se aborte a “todo pasto”, niñas de dieciséis años incluidas, como si eso fuera la piedra filosofal a la que agarrarse para crear una España feliz, la arcadia ibérica socialista. Y en todo ello entra además que nunca nadie reconoce un puñetero error, salida de Kosovo incluida.

Para montar el via
je desde Turquía de aquel Yakolev 42, tan extraordinariamente indecente, ignominioso e indigno de nuestros militares, no hace falta un Ministerio de Defensa. Timo’s Air, no lo habría hecho peor. La ineficacia, la inexperiencia, la incompetencia más clamorosa en la organización y contratación de aquel decrépito artefacto volador se vio superada por la inutilidad, la incapacidad y la ineptitud del manejo de todo lo que vino después del accidente. No sé las culpas judiciales que Trillo tendrá que hacerse perdonar, allá los tribunales si se ponen con él, pero su dimisión debería haber formado parte inmediata del paisaje de aquella increíble suma de inaceptables acontecimientos. Con eso el PP habría purgado parte de su pecado, su pésima imagen no habría sufrido tanto y tal vez habría rescatado alguno de los miles de votos que aquello le supuso de pérdida. Mantenella y no enmendalla.

Olvidarse del dolor de las familias, pensar que las víctimas y sus familiares, su pesar, sus sentimientos, eran menos importantes que la imagen que el partido y el Gobierno ofrecieran fue parte de su inmenso error de aquellos días. Despreciar las emociones y ponerlas en un segundo plano era ofender a los muertos, a los familiares y al Ejército. Actuar con aquella falta de tacto es incomprensible en una organización política que depende tanto de la imagen que los ciudadanos tengan de ella. Pasar por encima de los valores humanos de quienes eran servidores de España y sus familias es algo que sólo puede llevar a cabo quienes están tan lejos de la calle, algo sólo comprensible para quien viva encerrado en una torre de marfil, viendo como un extraterrestre lo que ocurre… en el planeta Tierra.

Aquello le costó al PP un chorro de votos. Parece que el partido de Aznar nunca ha sabido manejar bien las crisis. Ocurrió igualmente con la guerra de Irak, los atentados del 11-M y la crisis del Prestige. Ninguna de estas tensas situaciones las supo manejar Aznar, en todas perdió la batalla de la calle. No, no hablo de si hizo bien o no, de eso ya he escrito otras veces, y ni siquiera tiene que ver que ahora la Justicia, tantos años después, les haya dado la razón en el alejamiento del Prestige (¿Dónde se han metido los del “Nunca máis” que no abren la boca ahora?), que cuando a uno le conceden la razón tantos años después no sirve para nada, ni siquiera para reparar la honrilla personal.

Con tantos cerebros cobrando, con tantos asesores (no tantos como Zapa), con tantos abogados, con tantas ejecutivas, con tantos comités resolutivos, con tantos sueldos tan elevados, ¿tanto cuesta pensar bien y sacar adelante situaciones de ese tipo? ¿Ven como la gente de la calle es mucho más sensata, más lista (no hablo de inteligencia, pero a lo peor también) y mejor entrenada para la vida real que los grandes partidos políticos?

¿Una vez estrellado el malhadado avión tanto costaba hacer bien las cosas, sin precipitación? ¿Tanto costaba ponerse del lado de los débiles, de los que habían perdido al hijo, al marido o a la esposa? ¿Tanto costaba sufrir con el que sufría, padecer
con el que padecía, llorar con el que lloraba?

24 marzo 2009

El gobierno más marxista de Zapatero.

La decadencia se ve venir de lejos, casi todo el mundo la nota excepto los protagonistas. Le pasó a Felipe González, todos veíamos su incapacidad para oponerse a tanta corrupción como limitó su capacidad de decisión durante sus últimos cuatro años. Y nunca se enteró de su decadencia, se lo tuvieron que decir los ciudadanos en una votación que para él fue terminal. En menor medida le pasó también a Aznar, aunque perdió sus elecciones más por prepotente y chulo con el tema de la guerra que por decadente. O no, a lo mejor la decadencia consiste precisamente en eso, en creerte por encima de la Verdad y de la Justicia, en pensar que estás por encima de la voluntad de tu pueblo.

Y le está pasando a Zapa, el presidente que negaba la crisis, el presidente del pleno empleo, el presidente de la sonrisa de cartón piedra y la mirada de hielo. El presidente del optimismo a raudales nos está llevando a un negro pozo sin haber luchado, sin haber tomado decisiones firmes, contundentes y serias para librarnos de los males del infierno capitalista. Conste que regalar bombillas “made in China” no cuenta, no sirve, no es eficaz, no va a ninguna buena parte. Es una decisión marxista. De los Hermanos.

Cuando se produce un episodio de contradicción, de descoordinación, de absurdo marxista, de los Hermanos, del tamaño del que acaban de protagonizar Carme Chacón, Bernardino León y Moratinos es que la decadencia está muy adelantada; cuando el error es tan de bulto, tan de libro de primeras letras, tan de niño de teta, es que los protagonistas han dejado de ser útiles y merecen ser relevados. Cuando no se dan cuenta del ridículo que han hecho, del bochorno y las risitas internacionales a sus espaldas es que la decadencia ha minado sus meninges. Cuando su presidente calla y se esconde ladinamente tantos días debería… ¿será que no le queda ningún chiste que contar, ningún conejo en la chistera?

A lo peor es que este gobierno está lleno de marxistas, de los Hermanos, y por eso cuando más problemas sufren más problemas originan y más desorden causan: Solbes, el ministro en perpetua dimisión; Sebastian, el genial ministro de las bombillas; Maleni, la ininteligible ministra de hundimientos varios; Bibiana, la ministra de abortos a los dieciséis; Beatriz Corredor, la ignota ministra sin competencias, desaparecida desde el primer consejo de ministros; Bernat Soria, el ministro de los condones. Ah, y Bermejo, el exministro de cazas sin permiso…

Este gobierno empieza a oler mal, a tener mala sombra, a vagar sin rumbo, a gobernar a ciegas como quien pretende acertar en una diana con los ojos vendados. A estas alturas la sala del Consejo de Ministros empieza a parecerse al camarote de los Hermanos Marx. Claro, también puede ser que Mister Bean decida cambiar el gobierno.

¿Cabe algo peor? Sí, que vuelva Charlot. Algunos le reclamaban antes de lo de Galicia.

23 marzo 2009

Algunos españoles tienen la desfachatez de ser castellanos

El Estado de las autonomías chirría ásperamente por causa de los compromisos que por unos votos imprescindibles adquieren algunos presidentes de gobierno. El actual, sí, pero no sólo al actual.

Hasta el momento presente España carece de un partido bisagra de ámbito nacional que sirva de sostén a los sucesivos gobiernos. Ese papel lo han representado siempre los nacionalistas, cobrándoselo permanentemente de diversos modos. Eso pasó con González, con Aznar y ahora con Zapatero. Y seguirá pasando dentro de tres años. Si llegamos, ya veremos.

La influencia de esos partidos nacionalistas llega no sólo a la elaboración de leyes que afectan a todos los ciudadanos, independientemente de si viven o no en esas autonomías nacionalistas. En todas las legislaturas el peso nacionalista se hacía patente en la legislación sobre cobro y distribución de impuestos, las cesiones que el Estado iba realizando a las autonomías las iban marcando esos partidos nacionalistas… de acuerdo con sus propios intereses. Todavía todos nos acordamos de Aznar hablando catalán en la intimidad… cuando le convino.


Y nos llegamos en la deuda histórica, que es otra forma de sacar los cuartos del bolsillo común para entregarlos a unos pocos, allá donde haya un grupo de parlamentarios cuyos votos necesite el gobierno central. En el caso de Andalucía las permanentes victorias de Chaves y el estable apoyo de los ciudadanos andaluces hacían conveniente publicitar el desvío de una riada de dinero hacia aquella autonomía.

Y ahora Cataluña, que tantos años lleva reclamando esa deuda histórica, no se conforma con la pantanada que Zapa le promete. Ellos, los nacionalistas catalanes, no pueden ser como el común de los mortales; ellos, los nacionalistas catalanes, siempre necesitan más y ha llegado la hora de cobrarse antiguos apoyos al gobierno central y más recientes traiciones de éste. Todo el dinero les resulta poco, también con la ayuda del PSC.
Algunos españoles tienen la desfachatez de ser castellanos, de haber nacido y vivir en la cuna de España (sí, en una de las dos cunas; Aragón también) e identificarse más que nadie con la idea tradicional de España. Quizá sea por eso, pero en Castilla no hay movimiento levemente regionalista (obsérvese que digo “levemente” y “regionalista”) que prospere, no existe ningún parlamentario que plantee graves pulsos institucionales al Estado ni partido que pueda vender caro su apoyo al gobierno. Ni siquiera los parlamentarios del PSOE (del mismo PSOE de Andalucía, primos hermanos de los de Cataluña) representan entre nosotros papel semejante. Del PP mejor hablamos otro día, que ni está ni se le espera.

Así que los castellanos que se fastidien, no hay manera de que nadie les pague la deuda histórica por ser engendradores de España, nadie que les pague la generosa entrega de un idioma castellano al que incluso hay quien pretende llamarlo “español”, nadie que nos compense por los tres millones de emigrantes que han ido a enriquecer otras regiones (por cierto, castigadísimas por el franquismo), generando allí la riqueza que no pudieron generar en sus casas, pagando allí los impuestos de justicia social que no han podido pagar en Castilla.

No, para Castilla no hay deuda histórica, Castilla no existe, ni pincha ni corta en esta España actual. Castilla se trasladó en los años cincuenta y sesenta a los Altos Hornos del País Vasco, a las industrias textiles de Cataluña o a las cadenas de las fábricas suizas o alemanas. ¿Quién queda en los campos abandonados, en los envejecidos pueblos, para reclamar nada para Castilla? ¿Juan Vicente Herrera? ¡¡¡Socorroooooo!!!

(Y no he hablado de esa suma desvergüenza que es el cupo vasco y el foralismo navarro, prueba de que no todos los españoles somos iguales ante la Ley)

22 marzo 2009

¿El aborto en las procesiones?

Permítanme que utilice las páginas digitales de este periódico para manifestar mi incomprensión hacia la Semana Santa andaluza. Bueno y alguna más, que las últimas noticias dicen que el mal se está extendiendo por toda España. Por todo el Estado Español, quiero decir. ¿No se debería prohibir semejante exhibición religiosa en un Estado laico o aconfesional?

¿Pero estamos en un Estado laico o no? ¿O en realidad sigue Franco rigiendo los destinos de España? Porque si uno sale a la calle en Semana Santa parece que nada ha cambiado, unos cuantos ciudadanos toman las calles por la fuerza de sus guirnaldas inguinales y pasean sus imágenes religiosas entre tambores y cornetas, mientras el resto de ciudadanos, sanos ciudadanos que apostamos por un Estado de todos y no sólo de los católicos, debemos resignarnos a ser arrinconados mientras ellos se enseñorean del centro y los barrios más nobles de todas las ciudades. Y encima este año aprovecharán dichas populares manifestaciones culturales para criticar la futura ley del aborto, ley democrática del mismo Estado demócrata que todos los meses les da la paga por… ¿Por? ¿Por qué?

Resulta que, según informa hoy la prensa, diversas cofradías y hermandades de Semana Santa se aprovecharán del tirón popular que la Semana Santa tiene para entrar en el terreno de la política y manifestar su oposición a la ley del aborto, exhibiendo un lazo blanco en señal de protesta contra dicha ley. ¿Con qué derecho entran en un debate político ajeno a los asuntos religiosos que son los que los congregan? ¿No estará la vieja derecha troglodítica de Rajoy detrás de todo esto? ¿No pretenden ganar las próximas elecciones antes de que sean convocadas? ¿Se habrán creído de verdad que Zapa, nuestro preclaro líder, va a dimitir en seis meses?

¿No deberían los cofrades limitarse a lo suyo, a sus cosas religiosas, sin entrar en política, en vez de aprovechar este circo folklórico-costumbrista, que encima pagamos todos, para criticar al gobierno más progresista que jamás hemos tenido en Esp… en el Estado español?

¿Cómo se les permite morder la mano que les da de comer? ¿Con qué derecho critican los cristianos la Ley del aborto? ¿Quiénes son los cofrades cristianos para aprovechar las celebraciones religiosas para sus fines? ¿Quiénes, las Hermandades religiosas cristianas para atacar la ley del aborto? ¿Cómo se les ocurre a Cofradías y Hermandades religiosas católicas defender la opción política de la Iglesia, con qué derecho los penitentes defienden durante sus procesiones religiosas las tesis del cardenal Rouco Varela, quiénes son los obispos para servirse de la Semana Santa para atacar al gobierno y sus democráticas leyes? ¿Cómo es eso de que se politicen hasta los actos folklóricos como las procesiones? ¿Qué tienen que ver la Semana Santa, los cofrades, los penitentes y las Hermandades con los obispos y éstos con la ley del aborto? ¿No es esto entrar en política apoyando una determinada opción en detrimento de otras?

Si es verdad que a Zapatero, líder del pueblo, le quedan seis meses debería darse prisa en prohibir la celebración de la Semana Santa por la calles… Las calles son de todos y ningún grupo social debe apropiárselas. Hay que acabar con la Semana Santa, el culto pueblo español progresista debe cesar de acudir a estas manifestaciones de folklore decimonónico y antañón. ¡Los católicos usando a sus anchas sus celebraciones religiosas contra el gobierno!

(Llevo todo el sábado pensando por qué unos hombres profundamente cristianos osan criticar al gobierno socialista, mezclan para ello la política con las celebraciones de Semana Santa, apoyan las tesis vaticanistas contrarias al aborto y defienden la vida desde el mismo momento de la concepción. No se me ocurre qué tiene que ver una cosa con la otra, es que no me entra en la cabeza…)

20 marzo 2009

EL SÍNDROME DE DIÓGENES EN EL SISTEMA POLÍTICO ESPAÑOL.

Corremos el peligro de acostumbrarnos. La corrupción ha vuelto cuando todos la habíamos dada por desaparecida y puede que venga a instalarse entre nosotros para permanecer. No hay quien se salve, no hay quien pueda llamar tuerto al contrario sin caer en la cuenta de que él está ciego. Corrupción de corrupciones y todo es corrupción. Es España, señores, hagan juego.

Será sin duda casualidad, yo apuesto por ello, pero las más altas cotas de corrupción se alcanzaron con los últimos gobiernos de Felipe González y ahora, de nuevo con el PSOE en el poder, han vuelto. Pero no, no estoy acusando, que la corrupción, sus sombras y sus sospechas alcanzan a todos, basta con repasar la actualidad. El caso es que nos vemos inmersos en un ambiente de suciedad y de enfermedad social; si pusiéramos banderitas en un hipotético mapa de la España corrupta no tardaría en empezar a faltar sitio para clavarlas. La corrupción no entiende de partidos y la duda de la desvergüenza alcanza a todos, al menos a todos los importantes y a alguno menos importante. Habrá que pensar que el hombre, al menos el hombre político, es malo por naturaleza y se deja seducir fácilmente por el dinero, quizá simplemente variando la medida en función de la cuota de poder alcanzado.

El caso es que las primeras planas de los periódicos se llenan de noticias de este tipo, a veces interesadamente, a veces sesgadamente, pero siempre reiteradamente, tapando la vida ordinaria, cubriendo la sociedad con un fondo de preocupación sin que nadie parezca reaccionar. Corremos el riesgo de acostumbrarnos y convivir con ella con absoluta naturalidad, tal cual sucede en países del tercer mundo que todos tenemos en la cabeza, en los que se ha infiltrado en las cañerías del Estado y forma parte natural de él.

Se nos hace ya familiar leer cada mañana las acusaciones mutuas entre unos y otros, no hay mañana en que no descubramos la mugre que se arrojan los principales partidos entre sí sin que se den cuenta de que todos están quedando enfangados, de que pronto van a dejar sin opción política límpida a sus respectivos votantes habituales.

Los espías del PP de Madrid, el preocupante misterio de los trajes del presidente valenciano, los desvíos de fondos del Ayuntamiento de Elche al PSOE, pequeños ayuntamientos como en La Muela… España entera parece someterse gustosa al reinado de la marranería política, tonto el que no se haya quedado entre los dedos con algún billete que pasara cerca, tonto el que no se haya beneficiado abusivamente de tanto dinero como ha corrido a espuertas en los últimos años.

Esto se va convirtiendo en habitual, pronto conviviremos campechanamente con el cáncer en las entrañas del Estado y no podremos combatirlo. Y será demasiado tarde, que no parece existir intención política de corregirlo. Una vez un amigo que había viajado por varios continentes me habló de cómo en algunos abandonados países del tercer mundo la población no combate sus graves problemas, sino que se adapta a ellos. Está pasando en España, los principales partidos no se han tomado esta situación con la importancia que puede llegar a tener, no la combaten y simplemente la utilizan como arma arrojadiza. Padecemos el síndrome de Diógenes y nos estamos acostumbrando a convivir con la suciedad y el abandono políticos, guardamos en las férreas estructuras de los partidos una enorme cantidad de porquería sin que los interesados se den cuenta de que alguien puede abrir los armarios, levantar las alfombras y demostrar a la Humanidad la podredumbre que encierran. Para entonces a los españoles no les importará…

17 marzo 2009

¿Desde cuándo el toreo es una Bella Arte?

En todas las familias hay un pariente lejano y semidesconocido al que soportamos estoicamente, un pariente con el que todos cargamos cual pesada cruz a cuestas. En mi caso ese penoso pariente que apoya al Barça cuando pierde el Madrid pero que es del Madrid cuando pierde el Barça dice que soy un raro. Si tuviera la ocurrencia de perder el tiempo en contestarle le diría que no soy raro sino original. Claro que él no lo entendería, los matices, tan clarificadores, no son lo suyo, de filigranas no entiende. Sin embargo ésta es una ocasión en que me siento un ciudadano demasiado original. Quizá sí, raro. Mi pecado es que no entiendo que a unos toreros se les otorgue la medalla de las Bellas Artes… ¡Bellas Artes! Toma del frasco. ¿Bellas Artes?

Así que si no entiendo que el toreo sea una Bella Arte imagínense lo que me interesa o preocupa la polémica causada porque uno o dos de los toreros más famosos hayan devuelto la medalla que en su día les fue otorgada. Me la traen al pairo todos ellos, y ustedes perdonen la desvergonzada expresión pero para desvergüenza la de aquellos que piensan que torear es equivalente a pintar “Las Meninas”, escribir los “Episodios Nacionales” o interpretar “El Barbero de Sevilla”. Y les premian con medallas.

Que con lo que está cayendo en el terreno económico haya señores de la Administración (socialista en este caso, populares anteriormente, por lo que creo) cuya labor sea pensar cada año en un torero al que colocar la medallita me permite suponer que estamos en manos de insustanciales políticos, de mostrencos funcionarios de primer nivel, de mequetrefes mentales que emplean su tiempo en interpretar una opereta cómica mientras el barco se hunde. Seré raro, pero me parece que es para echarse a temblar.

Que ciudadanos y periodistas andemos ocupados en descifrar las rivalidades internas de estos señoritos millonarios, en criticar, comentar y reproducir una y mil veces sus estultas declaraciones, sus vanidosas manifestaciones (por lo general preñadas de palabras huecas, frases sin sentido, anacolutos, redundancias y burlas a la sintaxis más elemental) en vez de concentrarnos en buscar una salida a tanto parado, a tanta empresa en quiebra y a tanto ministro inútil e ineficaz, indica que somos un país con demasiada desvergüenza y demasiado atolondramiento, pero allá cada uno con su inconsciencia.

El problema consiste en que hemos chocado con un iceberg y para entretenernos mientras dura el naufragio declaramos que el toreo es una Bella Arte, que José Tomás, (el torero digo, no el sastre) es Goya, que Paco Camino o El Viti son como Miguel Delibes y que Paquirri es Manuel de Falla. Dentro de poco diremos que Paquirrín es Macaulay Culkin, por poner a alguien precoz. Pretender identificar a los toreros con los grandes genios de las Bellas Artes es una equiparación injusta, dolorosa y demasiado osada proviniendo, como me temo, de gentes cultas de las que cabe esperar seseras más asentadas y brillantes. Comparar una estocada, un par de banderillas o un pase de pecho con la habanera de “Carmen” o una rima de Bécquer es como comparar a mi pariente con Einstein.

Los grandes pintores, escritores, músicos o actores de la actualidad deberían manifestarse todos ante las plazas de toros abucheando a los toreros al abandonar el ruedo. Si la noticia ha llegado al otro mundo, personajes tan ilustres como Lope de Vega, Valle Inclán o Machado tienen que revolverse en sus tumbas y reclamar a las bibliotecas del mundo que les devuelvan todos los ejemplares de sus obras.

16 marzo 2009

Yo quisiera ser chófer de una autoridad política.

Cuando yo sea mayor quisiera ser chófer de una autoridad política. Aunque fuese de una autoridad de medio pelo, que está visto que en España todo político, por poco importante que sea tiene derecho a chófer. Y yo me quiero apuntar. En estos tiempos que se avecinan de crisis, paro y mucho politiqueo quizá la única profesión sin paro sea la de chófer de un político. Aunque sea de político de medio pelo, ya digo.

Seguramente somos el país donde más cargos públicos se mueven en coche oficial y con chófer pagado por el sufrido contribuyente. O sea, por mí, con lo que aumentan mis derechos.

Sólo contando los cargos más importantes de las 17 autonomías salen, según cuentas de la prensa, 1200 coches oficiales. ¡Manda! Y eso que no contamos a alcaldes y concejales de las principales ciudades. A mí no se me da mal conducir y si encima se trata de llevar uno de esos enormes y lujosísimos vehículos blindados que se gastan nuestras autoridades la cosa me encanta más. Me apunto al lujo… trabajando, claro.

Y siempre será un trabajo poco estresante, nunca tendremos que correr para llegar a los sitios, nada se puede inaugurar si no estamos nosotros. Sea quien sea nos tendrá que esperar, será un trabajo sereno, sin urgencias ni preocupaciones; al contrario, lo malo pueden ser las esperas, claro. La vida de un chófer de un líder político tiene que estar marcada por las esperas demasiado largas: conferencias, mítines, reuniones de gobierno, reuniones con los homólogos… Esperar puede ser de mortal aburrimiento para alguien como yo, pero habrá que echarle paciencia, no todo iba a ser lujo y buena marcha. Además siempre puedo aprender a jugar a las cartas con los otros chóferes, tal vez el tute, como los machotes de mi pueblo, tal vez el mus, como los que se las dan de intelectuales mientras se hurgan los dientes con la esquina de la carta…

La enorme cantidad de importantes cargos, y costosísimos, que hay en España me podrían garantizar un puesto de trabajo seguro y de larga duración. Si sé ser simpático y caerle bien al importante en cuestión, créanme que se me da bien hacer la pelota, ya tengo trabajo fijo para sortear la crisis. Que se hunde España, que la crisis acogota a todos los ciudadanos... ¡que se jodan! Mi político nunca tendrá la tentación de ir a pie o en trasporte público. Un político no es político respetable si no tiene coche con chófer, jamás renunciará, ergo… yo siempre tendré trabajo.

Y mientras dure en mi puesto puedo ir labrando mi futuro, por si acaso un malhadado día mi político pierde las elecciones, Dios no lo quiera. Sólo se trata de estar ojo avizor e ir tomando nota discretamente de cada circunstancia de cada día, tener siempre apuntado con quién come, con quién se reúne, qué trajes lleva, qué billetes de avión compra y con qué dinero, qué periódicos lee, cómo le gustan las mujeres… Si manejo bien mis cartas cuando mi político acabe su mandato tendré un dossier suficientemente interesante para cualquier periódico de la oposición. Los lectores estarán encantados de conocer desmenuzadamente qué hizo cada día (¡Y con quién lo hizo!) nuestro amado líder, si se descalzaba en los viajes largos, si se cambiaba de ropa con frecuencia, qué emisora escuchaba... Eso me supondrá, en el caso ya aludido de que mi líder perdiera las elecciones, una suculenta cantidad de dinero que muchos periódicos y algún político de la oposición estarían deseosos de pagarme a tocateja y sin rechistar. ¿De la oposición? O él mismo si sé asustarle lo suficiente y puedo agarrarle por donde más duele, tal y como está el patio de enfangado nunca se sabe.

Que se hunde España, que la crisis acogota a todos los ciudadanos... ¡que se jodan! Mi político nunca tendrá la tentación de ir a pie o en trasporte público. Un político no es político respetable si no tiene coche con chófer, jamás renunciará, ergo… yo siempre tendré trabajo.

13 marzo 2009

El profesor Neira, insoportable machista

No siempre me tomo las cosas con filosofía. Siempre suelo tener prisa para llegar a casa, ya puedo encontrarme en un lugar paradisíaco -sepa el lector que me encanta el campo y en especial la montaña palentina- y con los mejores amigos, que siempre tengo prisa por llegar a casa. Es donde mejor me encuentro, claro. Sobre todo es la serenidad de mi cuarto de estar, un poco de música barroca y un periódico lo que más me llama. Ah, también les confieso mi pasión por los sanfranciscos. Estos días estoy leyendo, poco a poco, haciéndola durar, la entrevista que el domingo pasado publicaba la revista semanal de El PAÍS con el profesor Neira.

Un personaje interesante el valientísimo nuevo héroe de esta sociedad decadente. Hay varias de sus respuestas que me han llamado la atención y a las que quiero publicar acotaciones poco a poco. La primera me ha saltado a la vista porque era un entrecomillado que venía destacadísimo por el editor, por arriba, en un recuadro de más de una columna de ancho y con un tamaño de letra muy superior al resto. Dice el señor Neira: “Lo que debe distinguir el trato a la mujer desde niños es la deferencia”.

Y me pregunto cuándo es más valiente este arrojado profesor universitario, si cuando recriminó al imbécil que golpeaba a una chica o ahora al manifestar públicamente y sin recato que "a la mujer hay que tratarla con deferencia… desde niños".

Me dan ganas de escribir que el golpe recibido le trastornó y no sabe lo que dice, me dan ganas de decir que la paliza le teletrasportó a la España de los años sesenta o setenta, me dan ganas de llamarle cualquier disparate que le haga preguntarse en qué mundo vive, me dan ganas de llamarle la atención por machista perdido, por vivir fuera del mundo real, por ofender a la dignidad de la mujer. ¿Sabe el profesor Neira en qué “jardín” se ha metido? Y más cosas aún, y más peligrosas: ¿Conoce Bibiana Aído, la ministra miembra, estas declaraciones de este troglodítico personaje? ¿Y no piensa hacer nada al respecto, se va a quedar cruzada de brazos sin echarle los perros?

A Jesús Neira hay que hacerle un monumento, no sólo por demostrar un valor que el 90% de los ciudadanos se cuidarían muy bien de demostrar, sino por atreverse a decir en público, sin inmutarse y sin sonrojarse, que a la mujer hay que tratarla ¡“con deferencia”! ¡Y desde niños, dice! Pero, ¿nadie le ha comunicado a tan bizarro profesor que la doctrina oficial de la España de 2009 dice que todos somos iguales y ya que lo somos sobran las deferencias hacia las mujeres? ¿Qué atraso es ése de dejar el asiento a una señora (ya nadie dice “señora” ahora todas son “mujeres”, el cambio es curioso, indicativo y notable) en el metro o en el autobús? Pero si todos somos iguales, que se lo busquen ellas. ¿Y cederles el paso en un lugar estrecho, en una puerta, pongamos? Vamos, por favor, eso es machismo subliminal que Doña Bibiana y sus acólitas no deberán permitir.

A mí mi madre me enseñó todas esas cosas, cosas que ya no sirven, cosas que ha quedado obsoletas y que la sociedad actual rechaza, cosas como acompañar a las “señoras” dejándolas el lado interior de la acera, ocupando yo el más próximo a la calzada. Ya ves, España, qué boberías se pensaban entonces en la sociedad atrasada, cutre y machista de hace treinta años. La culpa es de Franco, seguro. Lo que ha progresado España desde entonces, ahora si alguna “mujer” no encuentra asiento se jode y va de pie. ¡Oiga, que somos todos iguales! Tratar a la mujer “con deferencia” es machismo del más salvaje, atrasado y troglodita, debe ser combatido y expulsado de la sociedad igualitaria como la que aspiramos a construir.

Y todavía me queda jugo que sacar a la entrevista de la semana pasada en EL PAÍS semanal. Denme tiempo, que desmitificaré a este fascista machista disfrazado de héroe defensor de las mujeres.

11 marzo 2009

El paso perdido del PP

Al final se demostrará que el PP tiene razón y nadie ha espiado a nadie en la Comunidad de Madrid. Y permítanme por unos instantes conceder a Esperanza Aguirre el beneplácito de creerla a pies juntillas. Aunque sólo sea por unos instantes…

La tradición española une a la derecha de cualquier época con la corrupción, incluso con la compra de votos si acudimos a la Historia. Y no, no quiero decir que la izquierda española esté limpia de toda sospecha, también arrastra sus justificadas culpas, incluso en la actualidad, cuando tanto suenan los problemas del PP. Pero la Historia de España es la que es y ese terreno ha sido fuente de jugosas anécdotas y de profunda desconfianza desde tiempos inmemoriales. Por eso el PP ha perdido una gran ocasión de mandar a paseo todas esas anécdotas, las verdaderas, las falsas y las del medio.

Quizá al final se demuestre que el PP tiene razón y nadie ha espiado a nadie en la Comunidad de Madrid y que Esperanza Aguirre es la gran esperanza blanca de la derecha española, quizá. Pero inventarse esta minicomisión de investigación, controlarla y manipularla, citar y no citar a discreción e interesadamente y cerrarla precipitadamente no parece dirigirse a cerrar las sospechas sobre los cargos implicados. Y no, me repito, no quiero decir que la izquierda española esté limpia de toda sospecha, también arrastra sus justificadas culpas, incluso en la actualidad, cuando tanto suenan los problemas del PP.

Aún dando por descontado que Aguirre tiene razón y que no hay ningún miembro de su partido que haya cometido algún desmán, el PP madrileño ha perdido una enorme ocasión de demostrarlo, de dejarlo clarito y patente para que todos los ciudadanos podamos enterarnos y no albergar dudas. De esta forma, con estas torpes maneras, con imposiciones a golpe de mayoría, con tal precipitación como se ha obrado, siempre quedarán dudas, siempre la sospecha de que no se ha querido investigar a fondo podrá ser enarbolada cuando resulte conveniente.

El PP ha perdido una gran ocasión de mandar a paseo todas esas anécdotas, las verdaderas, las falsas y las del medio. En vez de dar un paso al frente y demostrar a las claras su posición límpida y honesta permite que siga en todas las cabezas las dudas, en vez de ponerse el mandil y tomar el estropajo prefiere apagar la luz y pasar página con rapidez.

Claro que también habiendo dado ese paso al frente para demostrar a las claras dicha posición límpida y honesta podría haberse encontrado con algún garbanzo negro, alguien indigno de la confianza que le habría sido otorgada. Y tras apartarlo cual apestado de las filas del partido y una vez exhibido en la plaza pública (y en su caso entregado a las autoridades) el PP podría demostrar a las claras su posición de firme oposición a chanchullos, componendas, intrigas palaciegas y pasteleo partidario. Pero no ha sido así.

PD No acabo de comprender cómo a cuenta de todo esto el Partido Socialista de Madrid no ha acudido a los actos organizados por la comunidad de Madrid en recuerdo y homenaje de las víctimas del 11-M. Utilizar un acto de este tipo para la política partidaria es mezquino. Entre unos y otros así nos va.

10 marzo 2009

A dormir a la (puta) calle

Tenemos un gobierno inerte de inactivos, inoperativos e ineficaces ministros mientras que hay ciudadanos que tienen que pelearse para comer las sobras de los restaurantes. O incluso dormir en la calle. Los españoles no conocen a sus ministros, todas las encuestas avisan no sólo de la impopularidad del gobierno, algo que pasa con mucha frecuencia, sino de que no los conoce ni la madre que los parió, por utilizar aquella frase que Alfonso Guerra hizo feliz. Esto ya es nuevo, que la gente no sepa quién le cobra los impuestos, quién tiene que pagarle el paro o quién determina en qué se gastan sus dineros es nuevo. Y grave.

Resulta que tenemos un gobierno de ministros parados, que parecen permanecer en sus despachos viéndolas venir tan alegremente mientras la crisis se cobra cada día varios miles de trabajadores. Mientras las hipotecas se quedan sin pagar. Y a dormir a la calle, claro.

El caso es que estamos ante el gobierno más inactivo, inoperativo e ineficaz de los últimos años justo en el momento más preñado de malos datos, el más preocupante de los últimos años, con una crisis sin precedentres. Pregunten, pregunten. Será que se han creído de verdad que no hay crisis, yo todavía me acuerdo de Zapa negándola… Pero desde el ministro de las bombillas a Solbes, el ministro “malgré lui”, nadie parece disponerse a combatir la que está cayendo en la economía española. Y la vicepresidenta en Gambia.
Eso sí, ley del aborto tenemos, tendremos, como la máxima contribución del Gobierno al bienestar de los españoles. De las españolas, incluidas esas niñas que no tienen autorización para comprar tabaco ni alcohol pero pueden abortar por su propia cuenta, porque como pueden tener hijos se supone que son mayores también para abortar. Coño… ¡pero si también pueden fumar y beber! Nada, salvo la ley del aborto infantil, ha hecho nuestro gobierno por nosotros.
Hartos ya de estar hartos hay un grupo de ciudadanos que se han decidido a llamar la atención de quien proceda (por si alguno no se da por enterado, se refieren al Gobierno) yéndose a dormir a la calle. Cuando la primavera todavía anda haciéndose de rogar, con el fresquito que tiene que caer en Madrid a las seis de la mañana, pongamos, ellos se van a dormir a la calle, más concretamente en los alrededores del metro de Callao.

¿Cómo es posible que un gobierno socialista observe con tal inacción el deterioro de la vida de los ciudadanos? ¿Socialista? ¿Dónde han dejado eso de “parias de la Tierra”? ¿Socialista? ¿No se les cae la cara de vergüenza ante el espectáculo de los hambrientos disputando un puesto ante los contendores de los restaurantes? Ah, eso sí, mi vecina que tiene dieciséis años puede abortar, qué éxito Zapa, qué éxito. ¡Socialista!

09 marzo 2009

Mecagüen el día del padre

Quien esto escribe es un convencido de la inutilidad de todos o casi todos los “días de”. Juraría que la mayoría de ellos sólo sirven para aplacar los instintos populares, traducidos en instintos comerciales o instintos reivindicativos. Antes de que las tres retroprogres de todos los días se me echen encima también afirmaré que el día de la mujer, que acabamos de pasar, es muy mono, muy divertido y hasta puede que sirva para concienciar a cuatro señoras hartas de fregar y de aguantar a sus respectivos. Porque para concienciar a quienes pagan de menos a las mujeres o quienes les niegan derechos por el mero hecho de serlo no sirve para nada, ellos pagan menos y se frotan las manos, ya está. Pero al día del padre le tengo una especial inquina. Y al de la madre. Y a otros semejantes, coño.

Que me repito, que lo único que buscan es excitarnos las bajas pasiones comerciales, que es un día postizo, falso, de cartón piedra, que sólo sirve para que se hagan de oro las televisiones anunciando colonias de hombre y corbatas. Y para que se hagan de oro los fabricantes de colonias de hombre y de corbatas. En una sociedad como ésta, en la que la autoridad, toda pero especialmente la paterna, está desaparecida en combate es una estúpida contradicción que se celebre ese día. Es una estúpida costumbre en una estúpida sociedad en estúpida contradicción.

Pero, ¿qué narices vamos a celebrar el día del padre si la sociedad actual ha puesto cerco a la figura paterna, desvirtuado su valor y arruinado su primordial tarea educativa? En nuestra sociedad los valores que solían trasmitir los padres (y las madres, retroprogres que me seguís) han desaparecido, si no totalmente sí en buena medida. Ahora lo que mola son los padres agilipollaos que se niegan a combatir por la educación de sus hijos, que es que con lo que cuesta prefiero ver el partido de la tele mientras me tomo esta cerveza; ahora lo que mola son los padres agilipollaos que prefieren esconder la cabeza debajo del ala en vez de pelear ardua y empecinadamente con sus hijos, sea por los estudios, sea por los horarios, sea por las costumbres; ahora lo que mola son los padres agilipollaos que han cedido, encantadísmos de la vida, la educación de sus hijos adolescentes a las series de televisión, series tan delicadas y enternecedoras como “Sin tetas no hay paraíso” o “Escenas de matrimonio”, por sólo citar dos de las muchas que enmiendan el panorama del “prime time” en casi todos los cuartos de estar de España.

¿Cómo una sociedad que sabotea por mil mecanismos distintos el correcto desempeño de la tarea paterna se propone celebrar el día del padre o de la madre? Sólo se explica porque vivimos en una sociedad tan estúpida que no ve más allá de los veinte o treinta euros que tiene en el bolsillo y parecen quemarle tanto que está deseando deshacerse de ellos sea como sea. En los últimos años hemos salido de la pobreza en que se encontraba España y… No, no, perdonen, esperen que rectifico (¿pobres nosotros?): En los últimos años España ha salido de una etapa de austeridad y nos hemos convertido en nuevos ricos, acostumbrados a gastar cuanto sea menester porque nos da la gana, porque por fin podemos y porque tengo que demostrar a los demás lo rico y rumboso que soy. Y hala, a celebrar el “día de” de la manera más sonora y visible que sea posible. Somos una sociedad hedonista y además gilipollas porque necesitamos que los demás nos vean lucirnos. Lo malo es que viene crisis, a ver cómo la sorteamos sin que los demás noten que ya no tenemos “posibles”.

Y todavía no me he metido con el significado que tiene el hecho de que nadie se acuerde de que el día del padre viene del día de San José. Pero eso en la sociedad actual, laica, hedonista, monetarista, comercial, artificial y más postiza que un decorado de cartón piedra ya no cuenta. Si ustedes deducen que estaba de mal humor mientras he escrito lo anterior tenían buena razón: posiblemente me vayan a regalar una corbata o una colonia.

07 marzo 2009

País putrefacto

Este blog debe ser uno de los que batan el récord de críticas… multidireccionales. Si algún lector tuviera la paciencia de leer lo que otros lectores han ido dejando como respuestas a mis artículos podrían comprobar cómo los palos han llovido al menos desde ambas grandes direcciones ideológicas. No me atrevo a presumir de absoluta neutralidad, claro que como todo hijo de vecino tengo mi corazoncito, pero por una parte ese corazón no pasa por ninguno de los dos grandes partidos actuales y por otra puedo presumir de no comprar ideas por bloques. Ése, el de las ideas por bloques, me parece a mí uno de los males de la política española: Todo lo que dice MI partido me vale, es bueno, santo y digno de todo elogio y alabanza mientras que todo lo que dice TU partido debe ser rechazable. Empezando por las ideas políticas y siguiendo por la corrupción. Que nos permitimos el lujo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y en la corrupción estamos.

Que la corrupción se ha convertido en caballo de batalla cotidiana sirve para demostrar que vivimos en un país putrefacto. Que todos los periódicos titulen todos los días con casos, supuestos, reales o mitad y mitad, de políticos comprados es perfecto síntoma de que hemos perdido el rumbo político, vivimos desorientados y hemos (la sociedad entera, pero especialmente algunos dirigentes) puesto nuestro norte en el domino, el manejo y la manipulación de los demás para beneficio propio. Y van y se llaman políticos, hombres al servicio de la “polis”.

La profundidad de este mísero sistema de vida debe ser enorme y seguramente alcanza las entrañas de una parte de la sociedad cuando se ha convertido de manera duradera en objeto de debate social. Se impone una regeneración, un resurgimiento de la sociedad, una manera de aplicar determinados mecanismos ajenos a los actuales partidos políticos, o al menos ajenos a su modo de funcionamiento actual, lo que nos lleva a la cuadratura imposible del círculo de la realidad terrenal. ¿Terrenal? ¡Pedestre!

El PP es ahora el partido más acuciado por la, permítanme ser políticamente correcto, presunta corrupción. Pero no sólo es el partido conservador, que tenemos embarcados en semejantes problemas a algunos alcaldes del PSOE y a alguna política de mediana importancia del mismo partido.

Las reacciones no son siempre las mismas, en el partido del gobierno hay una permanente lucha por embarrar la situación del PP, cargando las tintas sobre una realidad evidentemente existente, y se ha procedido con rapidez a quitarse del medio al alcalde de Alcaucín, acorralado por graves acusaciones. Pero ni esto ha sido siempre así, acordémonos de tiempos pasados cuando las evidencias eran negadas por Felipe González ni se ha actuado siempre con la misma rapidez y contundencia que ahora se demanda.

La peor parte en la actualidad se la lleva el PP, sobre él y sus miembros diluvian las acusaciones, pero en vez de remangarse y ponerse duro a la faena de desenfangar la actualidad parecen dispuestos a cubrirse unos a otros, a maldefenderse y a negarlo todo. De ellos parece imposible esperar regeneración, renacimiento y recuperación de la vida política y social. No hay nada como una comisión de investigación tipo “esperanzaaguirre” para que no se investigue nada, para que no se aclare nada y para que nada llegue a los ciudadanos, o a los tribunales en su caso, de forma que quienes se hayan manchado las manos y las conciencias sean desenmascarados y dejen definitivamente la actividad pública. Les falta conciencia de limpieza.

Y, permítanme dejar mi opinión en otro sentido, que tampoco me caben muchas esperanzas en el caso del partido contrario, la experiencia conocida no es para echar las campanas al vuelo. La experiencia… y la patente percepción del sectarismo de algunos de sus miembros más relevantes, desde Zapa hasta José Blanco, pasando por Rubalcaba, ministro del Interior. Y menos mal que el ministro de “Injusticia” ya ha sido sustituido. Otro que también brillaba por su imparcialidad… ¡Señor!

06 marzo 2009

Socorro, mi hija puede abortar.

Permítame aclarar, amigo lector, que el titular que acaba usted de leer es una inexactitud pensada para atraerle a leer este artículo, pero necesito que mi angustia sea atendida por todos ustedes.

Porque leo que el Gobierno, a través de su nueva ley de aborto, va a permitir que mi hija abortara, en el hipotético caso de que estuviera embarazada y tuviera dieciséis años, aunque yo no quisiera y sin que nada interesara lo que yo pudiera o quisiera decir. Y que el gobierno se permita tomar decisiones sobre mi hija sin tenerme en cuenta, saltándose mi patria potestad a la torera, es una muestra de estalinismo despótico que ilustra qué tipo de sociedad estamos construyendo.

Les ruego que me crean cuando les digo que ni soy ningún padre tiránico, sino simplemente exigente, ni ningún retrógrado que aproveche cualquier argumento con tal de arrojar críticas y reproches sobre un gobierno. Créanme, también, cuando les digo que voy dirigiendo la educación de mi hija en la medida que me es posible para que haga un uso responsable, ecléctico y respetuoso consigo misma y con los demás de su sexualidad, de su libertad y de su voluntad… cuando llegue el momento. Intento educarla, informarla y orientarla, en la medida que ella, sus amigos y la sociedad me dejan, para que ese uso que ella haga de su sexualidad sea bastante más tarde de los dieciséis años, desde luego. Otra cosa será la decisión que ella tome al respecto, claro.

Pero hay cosas que no soporto, como que el gobierno se entrometa en mi vida familiar y me diga qué puede y qué no puede hacer mi hija sin mi permiso. Más cuando esa intromisión cae en flagrantes contradicciones. Mire, mi hija, que aún no tiene los dieciséis años, no está ya en edad de que yo le dé un cachete en alguna circunstancia extraordinaria. Y digo “cachete”, no digo “paliza” mi nada semejante, y digo “circunstancia extraordinaria”, pido al lector que interprete mis palabras en su justo valor. Pero si aún así yo le diera tal cachete, sigo hablando de alguna circunstancia extraordinaria, resulta que el Estado se me echaría encima con su maquinaria y podría condenarme como ha condenado ya a otros padres.

Pero si hemos quedado en que estoy aplicando una corrección a mi hija, pongamos que tuviera ocho o diez años, y no la estoy maltratando ni nada semejante… ¿con qué derecho se atreve el Estado a impedirme educar a mi hija como yo creo conveniente? ¿No nos retrotrae esto a la antigüedad clásica cuando el Estado arrebataba los niños a sus padres para ponerlos al servicio de las ciudades-estado?

Ese mismo Estado, con un buen criterio de protección a los menores, les impide beber alcohol si tienen menos de dieciocho años. De nada valdría que uno de esos estúpidos padres “súper enrollados” y “súper amigos” de sus hijos permitiera a su hijo de diecisiete años y medio tomarse una copita de anís… digamos que sólo a los postres de las comidas. El Estado se lo podría impedir y el “enrolladísimo” padre se tendría que aguantar.

Pero resulta que ese mismo Estado que impide a los menores beber alcohol porque considera que no tienen edad para ello les va a permitir abortar… ¿sin que mi opinión de padre preocupado, adecuadamente formado y profundamente responsable sirva para nada? ¿Va a resultar que mi hija no es mayor para beber alcohol, no es mayor para volver a casa a determinadas horas, incluso se considera que no está suficientemente formada para votar… pero sí lo está para tomar la decisión de abortar?
Oiga, ¿no se ha vuelto alguien un poco majara?

03 marzo 2009

La primera tarea del lehendakari López

Debo reconocer que este año han ocurrido acontecimientos que no esperaba ver. Que un negro fuese presidente de los Estados Unidos, por ejemplo, no entraba en los cálculos de nadie hace muy poquito tiempo. Que un López fuese lehendakari, tampoco. Uno debe acostumbrarse a las sorpresas en este siglo XXI, al parecer.

Para que un negro llegase a presidir el país más poderoso del mundo hizo falta que los blancos le apoyasen. Para que un López llegase a presidir Euskadi necesitó el apoyo de muchos vascos de siete apellidos vascos. A López le espera una gran tarea, parece difícil que se llegue a acuerdos con el PNV, para no caer en la política de confrontación, de “ahora es la nuestra”. Tender puentes le granjeará nuevos apoyos que le permitirán repetir en el cargo… si además realiza una política con resultados efectivos y visibles desde la calle, es decir, si realiza una política diametralmente opuesta a la política de lujos de Touriño. Pero además…

Pero además López tiene una principal tarea que llevar a cabo con paciencia pero inaplazablemente: recuperar a esos 250.000 vascos que han tenido que huir de sus casas por miedo a la barbarie. En primer lugar será ésa una política de justicia y de poner las cosas en el sitio del que nunca debieron moverse, pero además supone recuperar para los partidos constitucionalistas los votos de un cuarto de millón de vascos que no pueden votar a los partidos a los que quisieran.

Una de las atrocidades del franquismo, una atrocidad discreta en la clasificación de barbaridades del dictador, fue la del destierro. Numerosos españoles fueron desplazados forzadamente de su hogar porque a Franco y a sus conmilitones no les gustaban las actividades políticas de estos personajes. Que es lo mismo que lleva 30 sucediendo en Euskadi, sin que nadie haya osado impedirlo. Ese exilio acarrea además la pérdida del derecho de voto del mismo grupo de ciudadanos, pérdida de la que siempre salen perjudicados los mismos, pérdida de la que siempre salen beneficiados los mismos.

Recuperar a estos vascos de la diáspora y llevarlos de nuevo al que una vez fue su hogar es una hercúlea tarea que seguramente escapa de la posibilidad temporal de uno o dos mandatos parlamentarios, pero devolverles la posibilidad de votar en Euskadi es un objetivo mucho más fácil de conseguir en una legislatura. No se trataría sólo de una labor de justicia, sino de una labor de defensa de la Democracia y sus valores. ¿No se trata de defender la Constitución?
.
Pues a ello, López.

01 marzo 2009

¿Dónde están los millones que acabamos de ganar?

Nos llegan las siete vacas flacas, acabamos de merendarnos a la brasa las siete vacas gordas. Y ahora toca pasar hambre. ¿Por imbéciles o por estar en manos de ineptos? ¿Dónde está, dónde hemos metido, qué hemos hecho con los miles de millones que acabamos de ganar en los últimos años de crecimiento económico?

Partamos de una base de sinceridad, quien esto escribe no tiene ninguna idea de economía, a mí no me bastaban dos tardes, como a Zapatero le dijo Miguel Sebastián, para llegar a tener unas nociones elementales de Economía, con mayúscula. En ese terreno, sé lo que gano, sé lo que gasto y en qué lo gasto y sé cómo se me queda el bolso si no ando con cuidadín cada fin de mes. Y punto.

Pero sin embargo tengo un desarrollado sentido común, sé aplicar la lógica y sé sacar conclusiones de mi observación del mundo cruel en el que me ha tocado desenvolverme. Y sé que estos años anteriores el dinero ha circulado a espuertas y algunos se han beneficiado mucho de ello. Sé cómo han crecido determinados negocios, sé cómo han aumentado los beneficios de determinados empresarios, sé cómo se han modernizado los yates de recreo y cómo, al rebufo del crecimiento económico, las grandes empresas nacionales, las grandes multinacionales y los poderosos empresarios, amigos de los dirigentes del PP, del PNV, del PSOE, del Bloque Nacionalista Gallego y otros grupos de decisión han alcanzado más y mayores cotas de poder, riqueza y beneficios. Que no me hablen de beneficio del pueblo, ni del proletariado ni de las clases medias. Aquí quienes se han aprovechado, quienes han sacado enormes beneficios, casi siempre imposibles de medir, no han sido los parias de la Tierra ni las naciones oprimidas por España ni las capas sociales de extracción media.

No, dejémonos de coñas, dejémonos de burlas, dejémonos de mezclar churras con merinas y de distraernos sacando a colación asuntos que no vienen a cuento: ¿dónde están tantos millones como algunas empresas han ingresado en los últimos, pongamos, diez años? ¿Cómo es posible que después de cubrir de oro sus paredes ahora pretendan escurrir el bulto? ¿No hay una labor social que desempeñar, no es hora de arrimar el hombro, tal vez dejar de ganar tantos millones, tal vez incluso perder una parte de la inmensa fortuna acumulada y ponerse al servicio de la sociedad?

No hablo de la tienda de la esquina ni del taller de recauchutados del barrio de al lado; no hablo de esas empresas con cinco o tal vez diez empleados; no hablo de esos pequeños industriales que mantienen una empresa en la que todos los días salen a batirse el cobre porque cualquier día puede ser el último. Hablo de las grandes cadenas, de poderosas empresas que todos conocemos, hablo de esas industrias que en los últimos años se han cubierto de oro y de gloria, sociedades que han estado en boca de todos y cuyos beneficios se elevaban más altos que los rascacielos en los que estaban sus elegantes despachos. Sí, hablo de ellas, ¿no sería hora de que invirtieran toda esa riada de beneficios que han afluido a sus arcas en beneficio de la sociedad, en beneficio de sus obreros? ¿Cuando las ganancias eran superlativas los obreros tenían sueldos superlativos? Nadie, salvo las fortunas más poderosas, participaba de esa ingente ganancia, el obrero seguía en su cadena apretando o aflojando tornillos sin que tantos millones que daba a ganar le afectaran lo más mínimo, ¿cómo es que ahora se hace partícipe al obrero del desastre económico en el que él no tiene arte ni parte?

¿Dónde están tantos millones, no existe una manera de obligar a que el dinero que se han llevado algunos durante tantos años cumpla ahora una justa e imprescindible función social? ¿No hay manera de obligar a nuestros súper empresarios a devolver a la sociedad las vacas gordas de años pasados, ahora que nos amenazan las siete vacas flacas?

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