Resulta que, como parte de una iniciativa solidaria (¡encima!) y para celebrar la próxima navidad, el tal Oliverio ha diseñado unas camisetas de Navidad que en vez de cualquiera de las tradicionales y muy ajadas felicitaciones exhiben la frase “Es Navidad, ¿Follamos?”. Lo dicho, tintorro, absenta o "cretinez" supina. Mira que hay maneras inteligentes de huir de cuanto la parafernalia navideña pueda tener de repetitivo, vulgar y cutre, pero este hombre no ha sabido encontrarlas. O es que no las buscaba.
Cuando vale todo vale cualquier cosa, equiparamos todo y lo reducimos a la nada. Nada hay de mérito, de valor, nada es trascendente. Todo da igual, nada es superior a nosotros. Cuando no ponemos nada por encima de nosotros es que nos ponemos por encima de todo. Que nos endiosamos, vaya. Yo estaría dispuesto a aceptar un mundo sin Dios, al menos sin un Dios público, quiero decir, por alcanzar un acuerdo de convivencia entre las diversas sociedades humanas. Pero colma mi extremadamente corta paciencia no que determinados sectores nieguen la existencia siempre discutida de Dios, sino que tras negarla se autopropongan ellos o sus obras como nuevos dioses posmodernos con pretensiones marmóreas. Y con este adjetivo aludo sobre todo a la dureza de su rostro. Eso es un “quítate tú pa ponerme yo”, algo tan sumamente humano que es imposible que sea divino. Todo da igual, nada vale si no es lo mío, y si es navidad, o adviento o el día del arco iris, follamos.
Nuestra sociedad ha reducido la navidad a un conjunto de ritos burgueses carentes de toda emoción espiritual o religiosa sin que para ello hayamos necesitado la prodigiosa originalidad de este posmoderno italiano dispuesto a reducir toda la existencia, no sólo la navidad, al sexo por el sexo. Porque ése es el mensaje trivializador que se esconde detrás de tan tétrico “follamos”, el sexo desprovisto de toda la magia, reducido a la parte más mecánica y animal que hay en nosotros, desprovisto de la parte espiritual. Sólo sexo y hedonismo, lo demás no importa, es lo que el tal Toscani viene a decirnos.
La vana progresía que inunda las mentes de quienes prefieren evitar la manía de pensar por cuenta propia lanza el mensaje de que cualquier intrascendente excusa, sea la época del año, tal vez el color del cielo o la dirección del viento, es razón suficiente. Para follar. Porque lo importante no es la navidad sino la osadía, la provocación, las portadas que hablen de uno aunque sea mal. Y millones de ciudadanos que han prohibido a su cerebro todo ejercicio y que siguen estrictamente los dictados de esta corte de patanes vividores se comprarán esa camiseta, sonriendo satisfechos de lo progres y graciosos que son y de lo modernos que van. Tan henchidos y satisfechos como faltos de personalidad y necesitados de becerros de oro a los que adorar.